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La primavera se inicia en Ottawa con dos lanzamientos de libros de autores latino canadienses, que siendo latinoamericanos y poetas, son sin embargo lo bastante diferentes como para epitomizar la unidad en la diversidad que caracteriza a la literatura hispanoamericana, especialmente la poesía, incluso la que se produce por estos lados. El primer libro es el tomo bilingüe de poemas de Claudio Duran, La Infancia y los Exilios /Childhood and Exile, cuya versión en español se publicó el año pasado en Chile y que El Dorado lanzó aquí en Ottawa. Esta obra que publica Split/ Quotation—la cita trunca, se lanzará el 21 de abril en los Archivos de la Biblioteca Nacional con el auspicio de la Red Cultural Hispánica, el Taller Cultural El Dorado y la Embajada de Chile en Canadá. El otro libro que se presentará en abril, es un tomo de poemas en inglés titulado Cañaveral, obra del joven autor venezolano canadiense Carlos Pérez, a quien el poeta John Akpata describe y sitúa en su prólogo del mismo libro: “. Ottawa es una ciudad rica e internacional en que las palabras que crean los hombres devienen realidades potentes que nos conectan a todos. Y entonces aparece Carlos Pérez, un hombre educado y humilde, un escritor, un poeta, un revolucionario” (traducción mía). Carlos Pérez, oriundo de Venezuela, llega a una edad temprana a Canadá y su educación bicultural y bilingüe influirá en su producción literaria. A mi juicio este autor escribe una poesía todavía un poco en ciernes, que busca un estilo definitivo porque se trata de un poeta en plena evolución. En sus versos se produce un encuentro de al menos dos culturas y en ellos se vislumbra un proyecto un sincretismo entre la poesía latina de América Latina, el elemento rítmico y oral caribeño y una vertiente poética marginal, contestataria, comprometida y urbana, que proviene de la rica y variada poesía de los autores latinos jóvenes bilingues de Estados Unidos. Estos elementos se entrecruzan en los poemas de este libro, en el que no están ausentes los temas de la alineación del habitante de la Gran Urbe Desarrollada, ni del compromiso político con las grandes luchas sociales del continente que expresa por ejemplo la Revolución Bolivariana de Venezuela, que este joven autor abraza con entusiasmo. En esta poesía, en mi opinión hecha para ser recitada en voz alta y escuchada más que para la lectura ensimismada, no falta la joi de vivre y la celebración del hombre y la naturaleza y el sentido del ritmo presentes en la poesía caribeña. Este libro será lanzado en la sesión regular del Taller Cultural El Dorado el último viernes de abril, en la penúltima sesión que el taller efectuará en su presente ubicación en el Café Rasputins.
Ambos autores, uno chileno y el otro de Venezuela, abarcan por así decir dos extremos, dos proveniencias y dos generaciones dentro del prisma de la cultura latinoamericana en Canadá, que a su vez reproduce las diversas facetas del continente latinoamericano y su literatura, en este caso la poesía.
Claudio Durán fue un de los primeros exilados chilenos y tiene a su haber una sólida carrera pedagógica a nivel universitario en la Universidad de York en Toronto y ahora (de vuelta) parcialmente en Chile. Fue uno de los primeros autores chilenos en publicar en este país y es una voz poética sólida y establecida. El libro que se presenta en esta oportunidad incluye los hitos principales de 30 años de su producción poética. Esta obra es de alguna manera un diario privado, una crónica y un viaje, una recuperación de la vida y la poesía, cuyo sentimiento predominante es la nostalgia—característica distintiva de toda literatura transplantada—quizás más pronunciada en el caso de la poesía de Claudio Durán que en el de todos los otros escritores chileno canadienses. En la poesía de este autor se despliega también, a nuestro parecer, la eterna y nunca resuelta ambivalencia o tensión entre el ‘aquí’ y el ‘allá’, entre el país de origen y el país de acogida, también presente en la literatura trasplantada, que formula y vuelve a reformular. Este tema se manifiesta con la mayor intensidad en el caso de la literatura exilada, especialmente en Canadá en la poesía de Durán, donde adquiere caracteres más pronunciados que entre los demás escritores exilados latinoamericanos en el país. Los recuerdos de playas y ciudades de Chile se convierten en un bisturí que disecta la memoria y los afectos del lector. Esta poesía, y otra vez es opinión mía, se lee mejor en forma de libro, se frecuenta a solas y se coteja con las propias experiencias en un diálogo silencioso entre el autor y el lector.
INTRODUCCIÓN
Claudio Durán Cuando recorro los caminos del exilio imagino ir navegando entre los cerros del desierto cerca de la azul Antofagasta con sus cielos rojos como un llanto, y cuando miro el lago entonces recuerdo la herradura de Mejillones con sus aguas transparentes. Los verdes tan intensos que merodean aquí todo el verano y el otoño me hablan de los oasis y de los ríos que atraviesan el desierto como una bufanda, el Loa, el Vilama, el San Pedro. Las carreteras supersónicas cruzadas por múltiples sistemas de puentes y desvíos se me ocurren los caminos que aprendí a conocer con mi padre. Todo lo que veo, incluso los parques y quebradas, me dice lo que fue mi infancia.
Sugarcane Emancipation
Carlos Pérez
My land of labour and time singing along a coastal paradise, infected wounds of memories lost turning against a liberator’s son, blindly stretching light to the old forgotten scriptures amongst ship wrecks.
The many tears have long dried and the day’s smile is salvaged under screaming newborn children between the poet’s song, out of tune, a singer’s pen with neither the ink of the world, nor a single clue.
A single toiled Caribbean plantation many sugarcane revolutions drained into weathered and ruined royal ties. Today’s disorganized Europe in chains wandering descendents angry at all for having been born without being raised.
America is our name today and the condor of old lies dead, the sharp feathers have killed god and the rhythms have taken all souls as slaves don’t have chains anymore freely dance on their own sugarcane. |
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