Sol y sombra
Detesto las revistas de literatura porque son un conjunto de sollozos en primera persona, porque están hechas por ególatras a medio camino entre el suicidio y el aburrimiento. Porque la metafísica de sus artículos es capaz de deprimir cada instante de nuestras cortas vidas. Me adormecen esos lánguidos versos en los que un poeta llora lo que nunca mereció o una poetisa escribe lo que nunca se atreverá a realizar. Me resisto a digerir la cantidad de títulos que abarcan la creatividad de un diosecillo ebrio y las ínfulas de ciertos manieristas que defienden la ociosidad del cuerpo mientras viven en la miseria y cuelgan afiches en las paredes, de gente que murió de tuberculosis. Las revistas literarias son el perfecto refugio para algunos holgazanes que no se adaptan a las exigencias de la vida moderna. Nunca leo esas publicaciones porque sé que en el fondo están manejadas por gente que utiliza la figura del bohemio como pretexto para hacer dinero, porque están casi siempre hechas por críticos que viven cómodamente de apuñalar a los escritores creativos, porque estos escritores se atreven a filosofar sobre una vida a la que no pertenecen. Es por eso que son tantas y siempre han durado tan poco. Qué pudieron todos los poetas griegos contra una sola legión romana, qué consiguieron los filósofos demócratas contra Napoleón, qué obtuvieron las publicaciones republicanas contra la falange franquista. Qué puede todo el dinero y las editoras de las facultades de humanidades norteamericanas contra la aplastante simpleza de las políticas de Bush y Harper. Deberían aprender las maravillas de la aritmética estos púberes eternos para comprender que mil veces cero siempre será cero.
Pablo
Adoro las revistas literarias porque son perfectamente inútiles porque la metafísica de sus artículos es capaz de darle al César lo que no es del César. Reivindico el derecho a la creación a partir de la más rotunda ociosidad. ¡Que vivan los versos de amor y de odio, de acróbatas que desafían con un verso las leyes naturales! Aquellos que hacen temblar las dictaduras a pesar de no haber lanzado nunca una granada. Las revistas literarias son el perfecto antídoto al mar de fundamentalismo y lenguaje recortado a su mínima expresión por Internet. los diarios sensacionalistas, CNN en cualquiera de sus versiones y las telenovelas. Aprecio las críticas literarias porque a menudo saben distinguir los artistas de los farsantes olas pepas de oro en el mar de excesiva verbosidad.
Es por eso que son tantas y han durado tan poco, porque no hay muchos que aguanten una revista bien hecha y porque las multitudes entrenadas para el fast food, tienen temor de indigestarse de algún pensamiento que vaya contra el régimen light de sus reflexiones. Nada pudieron los Habsburgo, ni sus "monstruos de la naturaleza" contra un solo Quijote. Qué conocen los comunistas de salón que no se haya escrito en una revista literaria. No hay fatwa posible contra un creador empedernido.
Una revista literaria es como un periódico aquelarre donde se conjura a ese demonio llamado libertad. ¡Larga vida a las revistas de literatura!, porque cada instante de sus cortas vidas son capaces de almacenar manifiestos, cuentos o poemas que luego se harán inmortales. Salve la Revista Literaria. Nosotros, los que vamos a morir, te saludamos.
Saulo