I
Comienzo
en este silencio engendrador de apocalipsis
en este mundo cincelado a pura palabra de aire
en el tiempo prohibido de la memoria escrita
a crear
esta larga esplendorosa pesadilla
de una mujer de carne hueso sangre
un perfume de cenizas renacidas
y un ansia de rescate en la palabra.
Con un sello sin leones ni penachos
decido aislarme en el espacio más abierto
que me guarde de este encierro
de estas paredes que extrañas ideologías levantan
encarcelando torturando imponiendo silencio
en mi garganta.
Porque vivo en el espacio en que la imaginación
libera
porque camino en círculos en la realidad
que traiciona
escribo poemas del refugio
en el interior de la lengua
poemas que surgen de la parálisis
y de la urgencia por descubrir que todavía se está viva.
Creo la metáfora abarcadora de la gran pesadilla
palabras para inscribir realidades a fuego blanco
poemas que no pueden tocarse
porque están encerrados en mis ojos
que no pueden arrancarse porque se han vuelto piel de mi voz.
En el tiempo del encierro
donde se vive por siempre consigo misma
la palabra abre mundos
en la apacible ternura del poema.
II
En el cuarto donde siempre hay que esperar
el recinto donde reparten destinos
aplicando leyes fabricadas en delirios de poder
siempre hay una puerta
con vidrios como bocas
que muestran otros cuartos otros vidrios otras bocas
y gente esperando
tratando de adivinar, con la garganta seca,
qué forma tomará su vida,
el largo pasaje de la libertad hacia el encierro
como un túnel de ansiedades
Detrás del cristal fíligranado
la voz se adelgaza
como una línea de sonidos buscando encuentros
entre las que esperan.
Como un pez, coletea la voz
desapareciendo en ondulantes burbujas
llenas de preguntas y de miedos.
La voz sin sonido agudiza los perfiles
recortando las líquidas estepas con extraña exactitud
como un cuchillo cabalgando entre las rosas.
Detrás del cristal la voz ya no es voz.
Cuando en la secuencia alocada
de otros cuartos otros vidrios
de interminables corredores fabricantes de destinos
ellas, las que esperan, abren la boca
para hablar, para gritarse entre ellas ¡aquí estoy!
sólo se ve
un espiral loco
inusitadamente vacío de sonidos
huyendo hacia el origen
donde la luz es sombra.
III
Cuando la incomunicación
es un lugar establecido
por regímenes hechos de locuras y de odios
una
a veces
se siente sola y desespera.
Aunque la mano trasnochada y retorcida
gima
irguiendo su forma como llama
o como grito
nada toca, nada ase.
Aunque los ojos se vuelquen y huyan
buscando
signos signos en la noche helada
nada tocan, nada ven.
Aunque el corazón se despedace
urgiendo a la sangre su desboque denso
y vea en el vacío
el oscuro sabor de una presencia incógnita
nada toca, nada arrastra.
El cuerpo aterido
en la noche en llamas
en la noche helada
nada, nada.
Reimpreso con permiso del editor de Broken Jaw Press Inc., del libro "Túnel de proa verde/Tunnel of the GreenProw (1998)", en:
http://www.brokenjaw.com/catagog/pg5a.htm.