Editorial
Mensaje Navideño
por El Director


La tradición cristiana de la Pascua despliega sus alas y cubre gran parte del hemisferio Occidental con la enorme sombra de sus alas que proyecta buenos deseos, sentimientos de ternura, compasión incluso digamos humanismo, y que brota de las míticas circunstancias de mi nacimiento. Algo hemos logrado, parece. Esta mi figura crucificada se ha convertido en uno de los hitos del amaestramiento del Animal Humano. No por nada me cansé de decirles que cada vez que hicieran el mal a alguien me iban a estar dando otro trago de vinagre a mí, me iban a estar añadiendo otra espina en la corona, me iban a estar hundiendo un poquito más los clavos en las palmas de las manos. A mi padre no le gustó mucho el asunto de mi venida al mundo, pero reconocía la necesidad de mandarme para acá a que arreglara un poco el negocio. Y era la única manera de: 1.- obligarlos a amarme; 2.- hacerlos que me identificaran con todos los otros seres humanos y así eliminar o mitigar el abuso o la crueldad (caso ideal que no creo llegue a producirse nunca, aunque me tenga que quedar aquí colgado por toda la eternidad). Los fulanos prefieren quedarse enredados en el simbolismo, beber mi sangre, comer mi carne, pero ahí se quedan, a la hora de los quiubos no tienen problema para andar metiéndole mano a las señoras de los amigos, a los cabros chicos, para tratar de aprovecharse de los demás, contándoles cuentos para quitarles sus cositas, a veces en nombre mío, sobre todo cuando tienen plata y manija. En un momento me acuerdo que dije que no había caso que entraran los ricos en mi reino, (como Dios es mi papá es como si fuera mío), “Es más difícil que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos”, clarito dije, eché a correazos a los bolicheros del templo, les dije a mis cronistas que escribieran eso destacado, pero con el correr del tiempo esto se fue haciendo más y más chico hasta convertirse en un parrafito, porque estaban entrando en la religión personas con bastantes medios, políticos importantes, y había que suavizar un poco el mensaje. Imagínense que con el correr del tiempo incluso salieron algunos en Europa, creo, que decían que si a uno le iba bien en los negocios eran signo de la buena voluntad divina y después se iban a ir al cielo. Pero en fin, está también toda esa otra cosa del infierno, que es como el cuco para esos cabros chicos, otra vez una idea para que se portaran bien, parece que no resultó mucho tampoco, pese a que en las últimas décadas le pasé el sobre azul a Gabriel, aunque no lo había contratado yo sino mi padre, y le di el trabajo a un señor ruso, Pavlov. Lo que pasa es que parece que la gente no tiene mucha imaginación, o como que les falta dar el pasito que falta. Me explico: cuando llega el momento de pasar del amor que me tienen a mí (dizque), que por otro lado se les despierta de puro verme sufrir, al amor al así llamado prójimo, ahí las cosas se hacen abstractas, el traspaso no se produce y se quedan dando vuelta en cosas de ritos, como esos canutos que vendían el cuero cabelludo de los indios o comerciaban esclavos, para dar unos ejemplos, y después no tomaban café, o no se corrían la paja, claro, las cosas facilitas que no les tocaran el bolsillo. Le tengo bien dicho a Pedro que cuando se presenten a las Puertas del Cielo esos tipos y señoras, algunos incluso uniformados con ropa negra, me los mande derechito al infierno, por tontos o por vivos, con esto seres ni yo con mi sabiduría estoy muy seguro, para qué decir mi papá, que en lo que a ellos respecta ya botó la esponja y anda en otra.

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La cita Trunca. ed. Jorge EtcheverryOttawa: Editorial Poetas Antiimperialistas de América. Dec 24, 2006
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