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Prosa
Frutos del país
Jorge Etcheverry Arcaya

Se juntaron para planificar la antología, había algunos fondos, unos concursables que estaban casi seguros, otros de donaciones particulares, algunas empresas y una viñas chicas pero que iban a empezar a exportar hacia Asia Pacífico. La idea era utilizar esa frase como título, un volumen que iba a reunir a los poetas de todas las regiones, de las diversas generaciones, que se iba a echar al bolsillo los antagonismos de las provincias contra la capital, la mirada en menos de ésta hacia las susodichas, iba a incluir a mujeres y a los diversos géneros, a los diversos pueblos originarios, a los comprometidos y torremarfilíneos, sin absolutismos ni influencia de partidos, logias, círculos académicos, grupos de amigos. Claro que no se podía incluir a todo el mundo, ya estaba la Antología Absoluta. Sería un libro de bastante páginas, con versión electrónica, que iba a destacar a los poetas representativos, que ya tenían algunas menciones, alguna crítica, aparecían en antologías, en realidad, como dijo uno, iba a ser “una muestra representativa”. El título “Frutos del país” aludía a esos establecimientos tradicionales y populares que vendían eso, es decir, frutos del país. Eso tenía un dejo nostálgico, bucólico, campestre si se quiere. Pero había unos problemillas, dijo otro de los asociados, si se trata de “frutos”, no va a faltar alguien que se queje, porqué no “frutas”, es menos patriarcal, aunque no sea el nombre tradicional de los establecimientos que denota el título, y ya asentados en la mentalidad popular. “pero también está asentada en la mentalidad popular la frase “quien me quiere me aporrea””, dijo la única mujer en el comité, y claro, tenía razón. “Además”, terció el primero, “con la llegada de inmigrantes de todas las latitudes, si usamos esté título, ¿cómo vamos a darle cabida a los representantes de esa nueva población chilena?”. Otro respondió, “ya serían chilenos, acuérdense de que ahora producimos kiwis, salmón del Atlántico, arándanos, para nombrar a algunos de los productos que exitosamente se han aclimatado a nuestro terruño”. “Y qué pasa con los de afuera”, preguntó la mujer. “Bueno, ahí la cosa se complica”. “Pero desde ya, por lo menos les vamos a mandar fruta”.