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Catastro : Prosa Mayo 7, 2014


Tres textos breves
Jorge Etcheverry

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Tlön

El reconocimiento de un país, civilización o universo imaginario no son empresas que podría financiar la UNESCO, pero existe una organización filantrópica que opera con algunos fondos—“algunos”, para gente como uno es de todas maneras una buena cantidad—formada por donantes anónimos y que ya ha financiado empresas tales (in progress) como proyectos de nuevas versiones del Manuscrito Voynich y del Necronomicón, y están aceptando propuestas, según me han dicho, para una Carcosa (que ha saltado últimamente a la fama gracias a la serie True Detectives), la Nueva Jerusalén, Kadath y otras localidades, ciudades o regiones fantásticas que se me escapan en este momento. Tampoco voy a mencionar el nombre de los escritores e investigadores que han aceptado trabajar en alguno de estos proyectos, generalmente formando equipos de especialistas en diversas ramas de la ciencia, que incluyen siempre a escritores, por supuesto. El único proyecto personal que conozco hasta ahora es el que atañe al Necronomicón, que lleva a cabo desde ya hace años un colega coetáneo que no voy a nombrar por razones obvias. Si bien los fondos de la beca que recibe no son cuantiosos, le permiten complementar sus ocasionales ingresos en actividades profesionales que no voy a especificar, como me confesó el otro día, frente a una botella del regular vino Caleta, una mezcla de cepas chilenas y canadienses barata y bastante tomable. Yo me habría decidido en ese caso por un Frontera o un popular Gato Negro, o un vino portugués, pero las dependencias del Liquor Control Board of Ontario cierran más o menos temprano y después el trago se tiene que comprar en otros boliches que cierran a las once de la noche, pero que venden vino canadiense o mezclado con otras cepas. Debo agregar que estoy escribiendo desde Canadá y ya parece que estoy dando TMI (Too much information). Pero a lo que quería referirme es a las becas sobre Tlön, que viene del cuento de Borges, un proyecto de más envergadura, una verdadera enciclopedia que se estaría preparando, con detalles sobre la historia, instituciones, mitología, composición étnica y cultural, modos de vida, etc. . Para darse a conocer por la institución que financia esta vasta empresa, no hay más que postear en cualquier lista o página el interés personal de participar, luego uno recibe un email que de partida uno tiende a descalificar como otra onda de nigerianos o algo por el estilo. Es descarte superficial es el primer cedazo. Si uno tiene la habilidad de mostrar interés y cierto conocimiento, además de disposición para embarcarse, en una respuesta que no sea comprometedora en términos de la información que uno entrega, vendrán otros modos de contacto, que no voy a explicitar, y uno se hará acreedor de ciertos fondos (variables, como he podido comprobar en contacto ocasional con otros becarios). Como decía, el real interés, una preparación más o menos sólida y bastante discreción son la clave para participar en este proyecto. Nada más puedo decir.


Odradek II

Mientras me tomaba una sopa y me comía una arepa en un restaurante, mejor un café que no quiero nombrar, miro hacia el suelo inmediatamente delante del mostrador que ofrece golosinas dulces, que a esta hora prefiero no comer porque el azúcar me pone insomne y veo una mota de polvo, o mejor quizás un pelo con unas hilachas que lo envuelven, además del polvo, pero parece moverse, temblar un poco hacia un costado. Miro hacia la puerta, está cerrada, no hay corriente de aire. Ni ventiladores ni calefacción hay encendidos que pudieran provocar esa corriente de aire. No pasa la camarera haciendo ondear sus caderas. Pero esa cosa minúscula y desaliñada estoy seguro que se estremece, se mueve otro poco, en una fracción de segundo. Me calo el par de gafas de las dos que siempre llevo conmigo, esa para la distancia. El cabello y su mota de polvo y pelusilla gris están en una posición diferente y al comprobarlo siento algo helado e inmovilizador que siento proviene de eso. Dejo de comer, me pongo la chaqueta de cuero lo más rápido posible y celebro que en ese restaurante, o mejor café, uno pague en la caja, al momento de hacer el pedido, lo que me permite salir rápido, sin mirar hacia atrás y escabullirme lo más pegado posible a las paredes. Miro con pavor el cielo tachonado de estrellas que como tantos otros ojos amenazantes parpadean, ellas también te hielan la sangre de las venas, te invaden con un deseo de inmovilidad e intuyo más que comprendo la proveniencia de esa pelusilla que se mueve sin viento.


Razón, sillas, monstruos y cafés

“La razón que sueña monstruos me dijo la otra vez que ya no tiene mucho dónde elegir, que ya todo o casi todo ha sido inventado, imaginado y representado. Sentada de medio lado comentó que la silla era un gran invento “¿cómo imaginarse un conciliábulo por ejemplo de los griegos que hablaban echados?—todo el espacio que ocuparían, los de más lejos no entenderían nada. Entonces fue que decidieron hablar mientras caminaban, peripatéticos. Pero una se cansa, sobre todo en estos tiempos de tantas comodidades, de comida chatarra. Hasta a mí, que me gusta tanto hacer ejercicio, me están saliendo rollos. No se me nota, pero yo me doy cuenta. Mira, creo que los Starbucks, los Bridgeheads van a crear a la postre una revolución intelectual, que creo que nos está haciendo falta, aunque los iPod están un poco en el camino, porque con ellos la gente ni piensa ni conversa”. Sus ademanes de niña expresiva hacían brotar del aire formas inconclusas que no me atrevía a tratar de percibir con claridad. Entonces me desperté”. Eso me dijo ese joven aún que se junta conmigo a veces en este mismo café para contarme sus sueños. Me pasó su cuaderno lleno de dibujos. Se veía que no manejaba bien la técnica aunque mostraba bastante talento. Lo tengo ahora en la mesa del comedor, cerrado. A veces me fumo un cigarrillo, pese a mi edad, o me tomo una copa de vino o un café cargado y me atrevo a ojear una que otra página al azar. Después me cuesta conciliar el sueño en la noche. Lo voy a botar para la próxima recogida de basura.


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