Niños y balas, en el patio
según mi madre
“Mamá, mamá, están disparando”. Los zumbidos como de abejas, pero más fuerte. Nosotros corríamos. La mamá decía, moviendo los brazos "Para adentro niños, por Dios". Sólo sabíamos que el regimiento se había sublevado en la madrugada, que “se negaban a ejecutar las órdenes" y no sabíamos qué era eso de las órdenes, o ‘ejecutar’como en los libros de matemáticas: interés rata por cantidad, Pero nos entramos mientras esos insectos zumbaban en el patio, porque hacíamos caso y el papá que salía como un rayo, abrochándose el uniforme, hablando algo de los tiros y los ojos azules echando chispas, mordiéndose la legua de rabia y el perro pegaba tirones a la cadena y ladraba y no se veía al Gato, el ordenanza, chicoco y pelado, vestido de gris y siempre sonriente, que le limpiaba las botas al coronel. En los diarios viejos que guardaba la mamá veríamos con los años el titular sobre el papel ya amarillento "Sofocada la insurrección del Valdivia". Vivíamos en la Población Militar. Los soldados se cuadraban cuando pasábamos a la escuela y nos gustaba llevar amigos a tomar onces a la casa para que los vieran en el camino y les decíamos" es que el papá va a ser presidente". Pero pusieron al Caballo Ibáñez, y el papá le gritaba, lo subía y lo bajaba, y le hacía los discursos y después llegaba un auto y un oficial con regalos para las niñas del Coronel y el papá no salía de la casa hasta que rodeado de automóviles iba el Caballo a convencerlo de que saliera. E1 papá decía siempre "este infeliz", pero el infeliz lo mandó deportar a la isla de Pascua y después lo dieron de baja en el ejército.
Leyenda del Quebec
En el seno de una familia de pura cepa de vasta tradición rural la única hija siempre manifestó rarezas. La madre quiso que abandonara la tierra y se fuera a educar a la ciudad. Eran tiempos duros y gracias a estas crisis corrientes en el campo se empieza a poblar ya desde entonces la urbe de Montreal. Pero no quiso. La madre enferma y muere. Se cuenta un episodio de la niña a las puertas de la muerte haciéndose enterrar por el único criado fiel que no emigró en busca de mejores horizontes. Poca gente queda en los campos y menos en los bosques, por la peste y otras cosas. Al día siguiente sale del lodo, devora a su perro que habían enterrado junto a ella. El mayordomo de la hacienda se ha ido apoderando poco a poco de las tierras. Una especie de tormenta aniquila su casa, sepulta a su familia. Hace volar cosas con que ella vuelve a amoblar la vieja casa familiar. Durante la sublevación mestiza sus horrendos emisarios obligan a mercaderes y lugareños a proporcionar armas y pertrechos. La investigadora pudo rastrear en una vieja enciclopedia ese nombre familiar en un pueblo perdido en las colinas de Alsacia. La estudiante graduada asistente de la investigación es descubierta una noche vuelta un ovillo delirante en un rincón de la cocina. Su madre la llama: “mijita, mijita”. Eso fue realmente lo que me despertó (diario del antropólogo que vive en la pensión).
Niñita con cuervo anonadado
La niñita recién brotada como una florcita en Estos Andurriales del Mundo
Adonde a nadie se le habría ocurrido venirse a vivir o a evolucionar si no fuera por las urgentes necesidades que le plantea la mera supervivencia a nuestras especies en la Madre Tierra, y no es que nos estemos quejando
Levanta en la calle el dedito e indica hacia arriba—todavía usa las mismas palabras para señalar o mandar a todo que brota, repta, vuela, camina o simplemente existe: MaMaMa
El cuervo suspende por un momento su pesado vuelo de alas negras y mira hacia abajo anonadado, croquea
Como sus primos jotes zopilotes en otras latitudes que me son más caras
Ah, y me olvidaba
Otro cuervo en otra parte de esta ciudad—que ellos vigilan— parado en una rama a medio congelar
Con similar croqueo saluda el paso de un amigo mío al que le dicen El Cuervo
Que pasa debajo de su árbol (es pintor) con la pintura de un cuervo bajo el brazo