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Catastro : Poesía Septiembre 25, 2020


Cucurbitáceas
Jorge Etcheverry Arcaya

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Dejemos que nuestros zarcillos invadan todo hueco o rendija permisibles—que nuestra clase de existencia sea la que cubra todos esos promontorios y anfractuosidades—que nunca haya algo heterogéneo entre nosotros—la igualdad eliminará la necesidad espejos

No, que nuestra amplia variedad dentro de lo mismo, que nuestra inacabable reserva de matices se resuelva en la diversificación de nuestra función. Las formas vitales más diversas se verán beneficiadas y es solo a través de acciones como ésta que se facilita el control y dominio sobre los otros

El diálogo de las formas de vida se desarrolla desde las amplias capas atmosféricas hasta la más ínfima molécula al interior de la probeta del científico, Qué digo, desde la grotesca forma del universo hasta el nivel subatómico

“Así como nos desvestimos en las ventanas o nos tapamos de pies a cabeza en los antros religiosos de la más variada arquitectura. Debemos abandonar el traje ficticio de todas esas miradas ansiosas que se quisieran manos, que casi nos desgarran la carne de los huesos. Mi abuela decía “la gordura es parte de la hermosura””.
Eso dicen todavía las niñas, y el diálogo de esta vez nada más que una variante del que mencionábamos antes y que podría haber pasado en un café que por suerte me quedaba bastante cerca, que a ellos les quedaba bastante lejos. Palabras que ahora se acercan gracias a las sofisticaciones de una tecnología casi recién armada allí en la oficina del lado con partes de hardware y logiciales provenientes de distantes proveedores que se ignoran mutuamente

Eso les permite detectar, aislar y amplificar ese hilo separándolo de los demás y casi infinitos filamentos de emisiones que cubren toda la ciudad, qué digo, el mundo entero—aunque en realidad estamos mintiendo cuando personificamos, a lo mejor hasta se trata puro de máquinas

No dejemos que los delirios de persecución, las paranoias, nos vayan comiendo el poco seso que nos va quedando. La persecuta antaño se desplegaba cuando a veces en un café como este y si se quiere exagerando un poco y como jóvenes que éramos, casi muchachos, y así nos dejábamos llevar por esas tantas posibilidades atroces, expresadas con un lenguaje rápido, muy coloquial, muy urbano, muy nuestro, que sin embargo no lograba proporcionar ningún amparo contra los tentáculos, enredaderas o ramificaciones de un destino aciago que se llevó a muchos de nosotros

No te detengas a pensar ni por un momento. Ese invento de la Madre Naturaleza no te ha traído más que problemas, sinsabores. Nuestros antepasados de colas prensiles se paseaban en la cúpula de las forestas, calmos y gráciles. Seamos como águilas, mejor, como cualquier cosa que se agota en la mirada que hace el inventario, en los músculos dóciles y rápidos en el agarre de la presa. Esta otra cosa que nos pusieron adentro de la cabeza nos trae puros problemas. Todo esto se puede concebir y de hecho lo hacemos, como una planta enorme, gigantesca—he oído o leído por ahí que alguna parte que hay un árbol así, que el más antiguo del mundo, que parece un bosque pero que en realidad es el mismo árbol que echa brotes—sus ramas se entretejen insidiosas en esta otra metáfora y echan brotes incluso en las condiciones menos propicias, más desfavorables—la ductibilidad de los tejidos vivos no deja de asombrarnos

Soles rojos y negros se arremolinan sobre nuestras cabezas y estómagos concretos. Un coro de voces femeninas se alza desde los pantanos. Los ángeles abandonan sus nidos. En lo profundo de la noche que nos ampara se incuba un dragón de fuego

Una bandada de murciélagos oscurece por un momento la gestación de estas páginas. Una figura vagamente sacerdotal avanza por una calle que brota desde el centro mismo de los sueños. Niñas jóvenes danzan en círculo, palomas levantan el vuelo

Todos tenemos nuestras historias
Problemas personales
Nacimos por ahí alguna vez
Tuvimos progenitores
La pasamos del uno
O como las verenjenas
Como se dice en Chile
Somos feos o bonitos
Mal que mal a todos
Nos han pasado cosas muy interesantes
Y otras muy fomes
Algunos tuvimos que salir abriendo
De nuestro dulce país natal
Para venir a pasar pellejerías
En una tierra extraña
Aunque a la postre nos haya ido de lo más bien
Entonces, no me encebollen los versos
O sí estamos enfermos
O nos vamos a morir
Poetas
No nos pongamos alharacos

Palomas levantan el vuelo. Sobre las ciudades calcinadas por las bombas, sobre niños de piel tirante y vientre hinchado. El pasado utópico y metamorfoseado se nos aparece en sueños. Hace algún tiempo tenía lápiz y papel en la mesita o estante al lado de la cama y anotaba los sueños. La vejez y la desidia me han hecho abandonar este hábito. Como la punta de vides que trepan por muros pétreos nos esforzamos por florecer de alguna manera. Como zarcillos que buscan hendiduras en que aferrarse. Que a veces alumbran los vacíos lúgubres con la flor efímera de la conciencia.

Alguna vez salvaremos la barrera entre lo vegetal—es decir la vida—todo viene de las plantas y lo así llamado mineral—no por nosotras, dicen ellas, todavía no tenemos voces

Abejas que se extinguen y pájaros—insectos diversos llevan nuestra semilla en sus patas, plumas y caparazones
Esta voz nos viene de prestado, es la de uno de ustedes

--la cancerberización está muy avanzada, mi amigo y maestro. Carecemos de instalaciones, instrumentos y fármacos adecuados para enfrentarnos a esta magna tarea.
No serán ya pájaros los que desplieguen sus alas sobre ese fondo de cielo firmamentoso, mira en cambio cómo esas bolitas peludas, las abejas, de ojitos brillantes despliegan alas, además de un radar que tienen que pone en relieve todas las cosas sin importar la densidad de sus moléculas—mientras vuelan durmiendo acaso soñando guiadas por ese tremendo olfato que se gastan, el radar sónico ya mencionado que manda y recibe pródigas las ondas. Con qué van soñando, ah, ahí está la cosa.

Pero a nosotros nos acecha la adicción. Chocolactericia es una afección sobre todo del metabolismo que pide más y más y exalta al consumidor sobre todo si acompañado de su cafesote, su puchito y deja a los susodichos y susodichas funcionando por algunas horas sin tener apetito para comer comida de verdad y luego viene el desplome. La planta de chocolate Pseuderanthemum alatum adorna jardines doquiera – El nombre chocolate, del Náhuatl originalmente xocolātl alimenta, reanima y aviva. Pero hace siglos como bebida le ha ido ganando terreno el café, la bebida que más se consume.

En las ciudades de casi todo el mundo me atrevería a decir que no hay una sola sin cafés de esos de ahora, llámense Starbucks, Second Cup, Bridgehead, que no congregue a multitudes de individuos para ejercer una vida social a sesgo, mirando de hurtadillas al vecino sin despegan totalmente los ojos de la tableta, o a las piernas de la niña sentada en otra mesa, si se trata de varones hetero o bi, sin que se note mucho en estos tiempos en que esto parece ser altamente ofensivo.

O a la inversa a los jóvenes de jeans apretados y bíceps tatuados fruto del esteroide más que del ejercicio, y por último, a todos quienes decoran sus extremidades, torsos e incluso a veces cuellos o mejillas con tatuajes, en una variada combinación que a la postre repite los mismos diseños y modelos. Una niña que conozco y con la que medio converso que trabaja en uno de esos cafés donde voy me dijo que le encantaría hacerse un tatuaje con alguno de los monos que pongo en mi blog, pero luego frunció su ceñito y me dijo “no, parece muy complicado y es raro, no es del tipo de los tatuajes que la gente se hace”. Claro que en perfecto inglés, porque nació hablándolo..
Vamos a poner pedazos de esto en el web, a ver si alguien agarra papa

“mira no te hagas ilusiones, yo sigo de bastante cerca esto de la nueva tecnología, que está cambiando cómo nos relacionamos, cómo conocemos, que pone a nuestro alcance los frutos del patrimonio humano, la creación, la historia desde nuestros albores remotos, el arte, que nos permite la comunicación instantánea con nuestros semejantes, el saludo fraterno mediando grandes distancias—todo está muy bonito, y como dicen y escriben los gringos looks good on paper—uno de los problemas que si me pongo a enumerarlos me voy a quedar ronca, es que acostumbra a la gente a ser comodona—todos están pidiendo que todo sea cortito y bonito, o dicho de otra manera en una de cititas estúpidas que la gente reparte por esta misma web de la que estamos hablando, “lo breve doblemente bueno”, u otra taradez que se le atribuye poco menos que a Einstein. Mira, mejor no sigamos hablando que me van a dar ganas de vomitar”

Después de estas pocas palabras la poesía se aleja entre las mesitas que arden y casi se disuelven en la terraza. En otras partes del mundo la gente no tiene idea del calor que puede hacer en Canadá.

Se levanta de la cama, se dirige con un par de pasos inseguros hacia la única ventana del cuarto diminuto que visto desde afuera y desde lejos se encarama como un punto festoneado de muchos otros que trepan por la pared del edificio infinitamente alto—parece—que simula ser parte del cielo que no está muy despejado que digamos—gracias a esas sustancias que usan ahora para las paredes que reflejan ese mismo cielo pero que un pueden ser de vidrio o cristal, carísimo y tecnológicamente exigente
O a lo mejor me equivoco, uno no puede saber de todo.

Pero tengo que seguir escribiendo, para eso me pagan

“Pero quizás en esas alturas donde todavía revolotean pájaros, donde el aire está menos rarificado que unos centenares de metros más abajo alguna vez el día está próximo se puedan implementar jardines colgantes o mejor desplegantes a la manera de abanicos para realizar fotosíntesis más puras. Quizás los mismos zarcillos que se arrastran y se agarran a toda grieta con algo de humedad, se aferran a cada anfractuosidad y surgen hacia arriba trepando muros decorando dinteles puedan llegar a estas alturas donde más allá de una capa superficial de la nube artificial y homogénea de la polución se abre, no muy prístino, pero en fin un espacio claro y una luz solar bastante aceptable, Una nueva clase jardineros de pulmones mejorados y no muy pesados cultivarán esos melones, sandías, calabazas, pepinos de nuevo tipo y de una apariencia que sorprenderá un poco a sus madres de raíces ancladas a la tierra antañona y que anuncian un futuro”

Hasta aquí iba el texto encargado por el Consorcio a ese autor no tan joven y no tan meritorio que digamos para conseguir inversores y apoyo institucional para el proyecto paraguas, umbrella en inglés, se trata de una ciudadela experimental que ocuparía algunas cuadras, con edificios muy altos por cuyas paredes trepan los zarcillos genéticamente modificados que serán la base de una selva traslúcida que se extenderá precaria sobre aparentemente frágiles terrazas produciendo todo tipo y variante de los frutos antes mencionados y a la ecología parasitaria que todo conjunto forestal vegetal secreta y cobija y quizás una nueva raza o variante humana. No por su genética, sino por su modo de vida. Una figura capitalista misteriosa y vilipendiada, ya muy anciano y se dice apoyado en sus funciones vitales por injertos mecánicos y virtuales estaría invirtiendo sus millones en lo que él considera su legado. Ese proyecto quizás irrealizable ha captado la voluble atención de múltiples sitios web fantasmas en la zona gris o negra del mundo virtual. Algunos sostienen que se trata en realidad de crear bases para el eventual aterrizaje de los extraterrestres.

A nosotros nos interesan además datos históricos, los Jardines Colgantes de Babilonia. Gracias al bloqueo, los cubanos se pusieron hace décadas a la cabeza de la agricultura urbana

Desde la ventana del Hotel Capri que en su momento fue de los Corleone o la familia que subyace a esa famosa cinta cuya tercera parte es la más débil, veíamos con la Sharon algunas ventanas de departamentos al frente en que se criaban pollitos, hortalizas. Grandes cucarachas inofensivas festoneaban las paredes de los pasillos del hotel en cuyo restaurante se podían disfrutar mojitos pagados bastante módicamente en dólares que aunque canadienses eran bastante ventajosos en términos del cambio con la moneda nacional.

pero una flor roja carnosa de fuego comienza a establecer las por ahora tenues retículas de nervaduras que casi
son invisibles para el OJO HUMANO del presunto espectador
testigo que en todos los géneros en que se escribe es el que se supone que va a dar cuenta, relatar lo que ha pasado, va a ser el que testimonia, el que da fe de los
hechos que presencia, es decir de esas cosas que pasan, que tienen lugar, que suceden ante sus ojos, en su presencia, al frente suyo y de las que es testigo

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