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Catastro : Poesía Enero 24, 2014


Canto I
Jorge Etcheverry

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 Versión Impresora 

A Erik Martínez

                             

I

 

Día húmedo. Bueno para escribir

Mucho más alto, no sé donde

Un opalino deshecho de galaxias una eléctrica entraña de pescado

La lluvia combate a morir a los relojes, se derrumban enormes aludes de sonido. Buen día para conversar

 

Toda la ciudad muerta, todos los lechos ocupados, todas las calles vacías, todas las calles húmedas

 

Así como en tiempo de gran calor, de gran exuberancia. Los hombres se pierden gritando en la espesura, repleta de reptiles acalorados y de pájaros.....no sé.....con el sol sentado en la nuca, sobre los hombros. Olvidados de sí mismos se ponen pañuelos al cuello

 

Desde los dormitorios obscuros. Sólo una luz plomiza baña la cara de los objetos. Los detalles se ocultan como los moluscos en la arena del fondo. El techo envuelto en sombras, que retrocede. O se desvanece

 

-con medio cuerpo desnudo-la parte superior- fuera de las frazadas-fumando quizás, quizás considerando   

la sinuosidad de los músculos--en el reposo--la enorme longitud de las piernas, que no conocen el sol, el brusco brotar de las manos, la inesperada delgadez de las muñecas, la longitud del sexo

 

Las palpitaciones del corazón bajo de un milímetro de papel arroz--pronto a romperse y partir aleteando alentando--parece--asegurando otro día de fatiga, para ampliar la ronda de los días--días de fatiga--el vuelo circular de los pájaros, al sol, gritando: días, días de fatiga. Nuevamente: Días. Días de fatiga

 

 

Vamos

por la floresta verde, sus anchas hojas, sus arañas de patas zancudas

 

Y no acertamos a pensar en nosotros, en nuestras mujeres--la mujer de sol, bajo el sol

Y consideramos, nuevamente, cada detalle que viene de afuera "la lluvia"

Y los hombres borrachos de calor en la floresta. Y la mujer húmeda en la lluvia

                    

 

                     


II

 

El buscador que marcha por el campo, estudiando cada brizna de pasto, cada cambio de matiz en el terreno

Con los primeros relámpagos, y tiene que terminar antes que se desate la lluvia

Y por cada brizna de pasto hay una gota de agua, fecundándola

así como en la costa el agua salada hace vibrar los matices de las rocas

 

Déjame pensar en nuestras interminables calles, blancas, vacías...

Como cuando estamos por dormirnos  ¿Cúal es la fuerza que elige y sustituye las imágenes, si somos todos espectadores?

 

Como los militantes de distintas tiendas políticas, pero que sustentan una común ideología

que interiorizados en el mecanismo de sus respectivos aparatos -se saludan

--Se conocían de niños-. Se están conversando hasta caer de bruces sobre la mesa, dormidos hasta el alba

 

 

 

III

 

 

Cada brizna de pasto una gota de lluvia, para que la fecunde. Bajo el sol. El conocedor, un potro de ojos facetados, dilata las fosas nasales. Las arañas destilan cierto líquido. Bajo el sol. En las hojas húmedas de la floresta

 

--Con un pañuelo al cuello, fumando. El techo envuelto en sombras se aleja o se diluye. Como en una eléctrica entraña de pescado. Considera la sinuosidad de los músculos, considera la longitud del sexo. La mujer de sol, en la noche, ebria de calor, como la noche

 

Como cuando estamos por dormirnos y ¿Cúal es la fuerza que elige y sustituye, que fecunda y marchita?  Si nosotros no somos espectadores?

 

-La mujer húmeda bajo la lluvia -borracha de calor en la floresta. La mujer de sol considera desnuda la sinuosidad de los músculos. Afuera nuestras calles, blancas, vacías. Considera las concavidades en la sombra. Cálida sombra. ¡Un elemento nuevo: El vino!  ¡Un licor de luciérnagas!

 

Las palpitaciones de las savias que corren por las venas de las grandes hojas de la floresta. Prontas a romperlas y fluir, alentando. Para ampliar la ronda de los días. Y se comunican a través de todos los matices, de todas las briznas de pasto. Caen los primeros relámpagos. Y la mujer húmeda busca al buscador antes de que se desate la lluvia

 


 

IV

 

-Con el sol sentado en la nuca, sobre los hombros, por un camino que sigue cada cambio de matiz en el terreno. Como un reptil acalorado y como un pájaro...no sé...luchan, los militantes de distintas tiendas políticas. Bajo el sol. Olvidados de sí mismos se toman mutuamente del cuello. Un corazón rompe un milímetro de papel arroz--y parte aleteando, alentando, asegurando "ya se terminaron los días de fatiga"--el otro bebe vino y cae de bruces sobre una mesa hasta que llega el alba. Y parte, aleteando, alentando "ya se terminaron los días de fatiga", asegurando, "para no ampliar la ronda de los días, días de fatiga". El vuelo circular de los pájaros, cuando gritan, en torno al sol, como un eco: días, días de fatiga

Sobre los propósitos abandonados, toda la ciudad muerta

Sobre los hombres que se pierden gritando en la espesura, repleta de reptiles acalorados y de pájaros

Sobre los dormitorios obscuros, bajo el sol

Sobre los moluscos que se ocultan en la arena del fondo

Sobre los militantes, caídos de bruces en la mesa, hasta que llega el alba. Un licor de luciérnagas

Sobre la mujer de sol y la húmeda mujer bajo la lluvia

Sobre nuestras interminables calles, blancas, vacías

Sobre los seres; moluscos y cangrejos, sobre mujeres, militantes. Y hombres que fuman en los dormitorios, (¿Falta alguien?) arañas de patas zancudas y pájaros

Y sobre estas palabras:

Parece. Días, días de fatiga. No sé. Terminemos.

 

 

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