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Catastro : Poesía Junio 20, 2012


La escritura residual (Entrevista al poeta chileno Jorge Etcheverry)
José Carlos Sánchez-Lara

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José Carlos Sánchez Lara    en 1984, cuando en la mayoría de nuestros países, muchos escritores aun hacían piruetas para asimilar el neobarroco y otras “caries”, Jorge Etcheverry se adelantaba entre otros pocos y escribía un texto (libro) como: “LA BRUJA”. ¿Era usted consciente, en ese momento, de estar estableciendo “cierta” diferencia?

 

Jorge Etcheverry      No en ese momento, pero siempre he tenido conciencia de que lo que hacía era bastante diferente de lo que hacían los otros poetas contemporáneos y la generalidad de mis predecesores—sin que esto quiera decir que no haya reconocido la presencia de ciertas influencias o predilecciones —ya desde mediados de los sesenta, tiempo de mis primeras publicaciones.

 

   Una parte de su escritura nos sitúa en una suerte de “ficción absoluta” o en lo que Magdalena Ferreiro ha llamado un mundo “saludablemente distorsionado y lúdico”; sin embargo otra nos remite, casi periodísticamente, a una realidad concreta, ontológica, hostil. ¿En cuál de los dos terrenos le parece a usted que ha “cultivado” una “voz” más auténtica, más sólida?

 

J.E.     La que aparece primero cronológicamente es la que yo considero una escritura mía más ‘tradicional’ personal, porque sigue de algún modo siendo el meollo de mi escritura, es intergénerica, fragmentaria sobre todo entre poesía y prosa, lo lírico es un elemento o voz, tiene apoyatura rítmica y es multialusiva, multirreferente y diríamos intertextual, con elementos de citas o alusiones de otras escrituras, de personas, de alguna manera y a veces con una suerte de escritura automática y la intención última de crear una especie de atmósfera distorsionada que como totalidad refiere a un ‘estado de cosas’, como lo llamo. Después han venido incursiones incluso en la poesía así llamada ‘comprometida’, la antipoesía, etc. Yo no sé si llamar ‘más sólida’ al primer estilo, de El Evasionista, Tánger/La bruja, gran parte de Reflexión hacia el Sur, Hablativo agente y Cuaderno de bitácora, respecto por ejemplo a los poemas de La Calle o Vitral con pájaros, que representarían esas otras vertientes.

 

■  En “Cuaderno de bitácora” usted refiere: “Me parece haber seguido un camino brusco y accidentado […]”. ¿Pudiera leerse esto, de algún modo, como una  autodefinición de su estilo poético?

 

J.E.    De alguna manera sí, desde el comienzo, estamos hablando de 1965, lo que yo hacía era bastante a contrapelo, ya que en los 60 en Chile, entre otras cosas se reaccionó contra el surrealismo anterior y la poesía farragosa o complicada, etc. y la factura formal de mi poesía no era de lo más popular, luego vienen las incursiones en prosa, crítica, novela, ensayo, la plástica y un poco la actuación, las incursiones en otro idioma (el inglés) y otros tipos y estilos de poesía, el antipoema por ejemplo, el jaicú —versión criolla y paródica del haikú. A lo mejor también hay algo de ‘brusco y accidentado’ en ciertos poemas largos, con diálogos, cambios de voces, interrupciones etc.

 

■  Un excelente escritor cubano, en su no menos excelente ensayo EL ARTE DE GRAZNAR, dictamina que: No hay mejor enemigo para un poeta que sus propios poetas contemporáneos. ¿Qué cree usted de esta afirmación?

 

J.E.    No sé si enemigos, lo que sí recuerdo las rivalidades de lo que podría decirse concepciones poéticas cuando yo y otros coetáneos creamos ‘la Escuela de Santiago’, pero por otro lado participábamos en algunas instancias y luego aquí en Canadá, en Ediciones Cordillera, editorial de los escritores chilenos exilados que funcionó entre 1978 y 1996, se publicaron libros de La Escuela y la obra de Gonzalo Millán, bastante opuesto a mi poética, que sin embargo publicó una excelente entrevista mía en Contemporary Poetry a raíz de la publicación de mi primer libro. Entonces, no sé si enemistad. A veces nos encontrábamos con poetas contemporáneos de otras concepciones y prácticas poéticas en el mismo lado de las barricadas, en los sesenta y comienzos de los setenta, y luego en el exilio.

                                                    

 

 Ahora dos preguntas sobre un mismo tema:

 

■ Guillén dijo alguna vez: “Un escritor no tiene las influencias que persigue, sino las que merece”. ¿Qué opina de esto Jorge Etcheverry?

 

J.E.    De alguna manera hay que matizar este comentario agregándole a la habilidad innata—tener dedos pal piano— y a lo que se llama inteligencia, lo que se llama una formación, es decir que es bastante difícil que un autodidacta pueda entender ciertos textos en cuya confección entra un montón de material proveniente de otras fuentes, etc. Yo diría que no se trata de las influencias que el autor persigue o merece, sino las que está capacitado o puede tener.

 

■ ¿Le parece que a partir del postmodernismo, el viejo concepto de las influencias en literatura ha caducado, o simplemente cambió su perspectiva? 

 

J.E.    De alguna manera creo que existen las viejas influencias, pero se trata de afinidades y de contextos enteros, cosas de cultura o época, por ejemplo ahora nadie puede decir que tiene influencia de Campoamor o Echegaray, en su momento sí, además nadie dice “yo quiero superar a Neruda”, o escribir como este o el otro, sino que el autor que supuestamente influencia se convierte en un parangón del cuento, o la novela, o el poema en el horizonte del influenciado, como factor del gusto, de la identificación, puede que a alguien cuando piensa en ‘poesía’ se le ocurran por ejemplo los veinte poemas de amor y entonces va a tender a escribir igual. Además puede que el cine, es decir otra manifestación cultural, la música popular, el habla popular o el lenguaje religioso sean también fuente de influencia para un poeta por ejemplo. A veces pueden tratarse de nuevas versiones de obras clásicas o consagradas, más o menos conscientes, o el deseo de escribir de alguna manera ‘contra’ un cierto tipo de prosa o poesía predominante, por ejemplo decidir hacer una novela breve centrada en un carácter marginal que pasa en un día, ‘contra’ una épica de varias generaciones y cientos de páginas.

 

■  ¿En su opinión, le parece que contribuyen las editoriales a que los mejores —y más reveladores— discursos de la poesía contemporánea, lleguen a ser parte de la vida intelectual? Y en cualquier caso ¿a qué cree que se deba?

 

J.E.    De alguna manera es así, pero existe un proceso previo a la comercialización de la mercadería que constituye el libro, que es el de la consagración crítica periodística y académica de la obra y sobre todo su autor, que son pasos indispensables intrínsecamente conexos al proceso editorial y que en el fondo constituyen publicidad. Es decir que hay que responder afirmativamente a la pregunta, con el agregado que la ‘contribución’ de las editoriales, es decir la comercialización del libro (el modo privilegiado de la mercancía libro en el sistema a la postre triunfante, del mercado) es la que impone lo ‘mejor’ con los años. Es decir que las repetidas ediciones, masivas y en diversos idiomas, con millones de copias vendidas y su acompañamiento de crítica y comentario en diversos niveles constituirá la ‘vida intelectual’. Donde se da la experimentación y la ruptura, los ensayos, es en la así llamada small press, en los zines, en las iniciativas de autopublicación, aunque a veces siguen estándares tan repetitivos y reglamentados como sus parientes ricos en esta época de homogeneidad.

 

■ ¿Cree usted que la mejor poesía es aquella que encuentra el modo de hacer resistencia a los clichés ofrecidos, a los discursos predecibles de la literatura?

 

J.E.    Sí, definitivamente, y eso no tiene nada que ver con los valores que sustente o transmita, sino por el inevitable gasto de las formas de decir  y expresar que requieren una nueva forma para poder ser percibidas. Un tipo de poesía cuyo nivel de por así decir diferencia o extrañeza no se ‘gaste’ sería ideal, pero quizás sea imposible.

 

■ En su poesía se percibe una conciencia política de primer orden. ¿Es algo preconcebido por J.E. al asumir el acto creativo; o simplemente otro de los discursos posibles que toma en cuenta al escribir?

 

J.E.    El asunto es que en general se suele identificar la conciencia política con un cierto tipo de discurso poético del compromiso, con bastantes precedentes y formas establecidas, casi una retórica. Pero yo diría que si bien hay cierto tipo de poemas que presentan en forma clara una problemática o anecdotario político, en general una gran parte de lo que hago sería político en un sentido amplio, aunque a veces se trate de poemas en prosa a veces con mucha imaginería y de sentido no inmediatamente accesible. Por otro lado hay algunas cosas que hago que no tienen absolutamente nada de político, aunque creo que la vida misma es de alguna manera política.

 

■ En tanto escritor ¿cómo se define Jorge Etcheverry?

 

J.E.    Como Jorge Etcheverry, es decir que en realidad no se me ha ocurrido nunca definirme como escritor, pero hay alusiones que hago a veces en poemas de un personaje que podría ser yo.

 

■ ¿Cree usted que lo peculiar de un paisaje, determina el carácter de una escritura?

 

J.E.    De alguna manera sí, de ahí que en un número de la revista Orfeo muy controvertido y atacado cuando salió a la luz la Escuela de Santiago, encontraba que el entorno de la ciudad por ejemplo, de Santiago en particular —y de ahí la megaciudad latinoamericana— necesitaba o secretaba un cierto tipo de escritura (fragmentario, de múltiples voces y estilos).

 

■ ¿Se considera a partir de la diáspora, un autor al que influyen los paisajes de su propio origen; o cree que los paisajes que conforman hoy su entorno han sido más decisivos al apropiarse de un background donde mover su escritura?

 

J.E.    Creo que de alguna manera y por circunstancias vitales los paisajes nuevos terminan por tener importancia, pero los anteriores, de la gestación y formación onto y filogénica siempre son decisivos en la conformación y mantenimiento de imágenes recurrentes, mitos, estructuras lingüísticas, atmósferas, etc., operando incluso desde el inconsciente, los sueños.

 

 

■ ¿Le parece que para que se produzca buena literatura el escritor debe permanecer inmerso en lo que Adrianne Rich llamó Un cierto estado de disonancia cognitiva?

 

J.E.    No sé si se puede hablar de disonancia, lo que implicaría la existencia de una realidad inobjetable y perceptible de suyo frente a cual hay maneras correctas o adecuadas de percibir o conocer y respecto a las que uno se desvía disonando. No conviene establecer conceptos críticos desde la base de un realismo ingenuo. Lo que sí hay una cierta mirada o postura marginal en relación a un estado de cosas presente dado, que abarca más o menos el todo, lo que se percibe como ‘estado de cosas’ y de lo que el escritor se percibe como un tanto al margen, lo que posibilita una especie de visión distanciada y bastante reveladora.

 

■ La escritura ¿un acto de negación? Y en ese caso ¿qué niega?

 

J.E.    Nunca me la he planteado como acto de negación, quizás de distanciamiento y distorsión, de apropiación e infección de las maneras de uno en el universo creado —y de ahí y remotamente en el lector. Pero sí, entonces de alguna manera una destrucción, y a veces en que la mirada distanciada se enfoca en uno, de uno mismo, aunque así uno esté sucumbiendo a la trampa moderna (cartesiana y sartreana) de la trascendencia de la conciencia.

 

■ ¿Qué le ha mostrado el ejercicio de la poesía, acerca del lenguaje, y los lenguajes?

 

J.E.    Que de alguna manera la poesía se elabora en el centro del lenguaje, su gestación gesticular, su referencialidad, su capacidad expresiva y apelativa, sus leyes de desarrollo, y que en realidad los diversos lenguajes se organizan de la misma manera, oposiciones y reconciliación de opuestos, transcurso, polarizaciones axiológicas, resistencia y ductilidad, etc.

 

■ ¿Le parece que toda poesía  puede ser comercializada?

 

J.E.    Teóricamente depende de que un determinado discurso poético obtenga la atención crítica y editorial, lo primero para legitimizarse y lo segundo para comercializarse. Más bien a la inversa. Si hay la necesidad de difundir una mercadería, la publicidad (en este caso la crítica), aparecerá sin problema. En la sociedad de consumo se puede empacar y vender casi todo.

 

 ■ “Toda democracia es una ontología del circo” ¿Al respecto, qué opina Jorge

Etcheverry?

 

La verdadera democracia es lo inalcanzable que reside en el fondo de toda utopía. La utopía es lo inalcanzable y es una causa perdida, según Borges, en “La forma de la espada”, las únicas causas dignas de un caballero. Es imposible un socialismo absoluto que proscribe el afán de lucro de las esferas de poder y decisión de la sociedad, así como los afanes escatológicos y de poder, y las anfractuosidades de las diferencias étnicas, sexuales y culturales. Por lo mismo es la única ideología que puede tener un escritor y un poeta, situado al margen o a la distancia de la humanidad ‘de facto’.

 

■ Frente a la no-alternativa de la sociedad contemporánea, ¿cómo ve usted el futuro de la verdadera poesía?

 

J.E.    No sé si exista una verdadera poesía, y si la hay, no la conozco. A veces pienso que la poesía per se es la lírica, la que expresa al hablante y la que de algún modo todos pueden hacer, es cuestión de tener práctica en la expresión de un estado de ánimo, impresión, etc., incluso a través de un ‘correlato objetivo’, y que es el meollo de millones de poemas consagrados o no consagrados, sofisticados o no, novedosos o llenos de clichés. Hay otra poesía épica, celebratoria o fundacional, apelativa, o que explora y hace estallar las contradicciones del ‘estado de cosas’ a la mano, como la antipoesía. Considero que algo de lo que yo hago y he hecho (y han hecho algunos autores antes y ahora) está fuera de la ‘poesía’ y lo llamaría ‘parapoesía’.

 

■ ¿Cree usted que a partir del 11 de Septiembre, la sociedad contemporánea ingresó, de cierto modo,  en un nuevo oscurantismo?

 

J.E.    Pienso que las cosas se han acentuado, pero que eso ya se había iniciado décadas antes, además que parece que atañe a parte de Europa y a los países anglófonos protestantes desarrollados. En Latinoamérica por ejemplo estas mismas circunstancias sirven como caldo de cultivo para nuevos experimentos sociales y estéticos. Pero sí, en términos de los núcleos institucionales que manejan la guerra cultural religiosa y de recursos —la tercera guerra mundial de baja intensidad en curso— existe un oscurantismo que opone dos teocracias absolutistas en fondo no tan distintas, la fundamentalista musulmana con su feudalismo y su control genético del sexo femenino y la de los países anglófonos desarrollados protestantes empeñados en un proyecto de neocolonización.

 

■ ¿Qué temas le parece que la poesía debe reponer, desacralizar, mostrar de manera directa, o cruda?

 

J.E.    No creo que haya temas específicos para la poesía, eso sí que el manejo del lenguaje gasta todo tema, asunto, referente con el tiempo y tiene que surgir un arte que trastoca la forma y la hace centro de atención, metiendo de contrabando el significado y el sentido. El centro de esta renovación periódica del lenguaje (de los lenguajes) es la poesía. El desiderátum es una poesía cuya extrañeza o singularidad no se agotan y por tanto tampoco el appeal de su señuelo.

 

■ En “Sobre el sueño” de manera sobrecogedora, pero también muy hermosa, usted escribe lo siguiente: “Los hombres se levantan del sueño y dedican su vida a la  producción de fracasos”. Desde su primera lectura uno siente una empatía tremenda con aquella otra frase de Álvaro de Campos  en Tabaquería:

“[…] conquistamos el mundo antes de levantarnos de la cama, / despertamos y es opaco, / nos levantamos y es ajeno […]”

 

Dividiré mi pregunta en 3 partes.

1.-¿Cree usted que un poema existe para que exista una frase?

2.-¿Es en esta frase de su poema, donde se sustenta el resto del discurso?

3.-¿Tuvo alguna repercusión en su obra el ”descubrimiento” de Pessoa?

 

J.E.    1.- Creo que sí, de la misma manera que algunas frases de la letra de una canción ‘pegan’.

2.-No se me había ocurrido nunca, pero no creo, ese verso es por así decir una afirmación que supone lo anterior, es decir el sueño como el mundo ‘de verdad’ o puerta hacia el mismo, entre otras, respecto al cual el mundo concreto es visto como carente, o aspirante. 3.-Debo confesar que conocí a Pessoa cuando ya había escrito algunas cosas que considero definitivamente como mías, pero me interesaron cosas de él como por ejemplo la asunción de heterónimos en su escritura, cosa que he hecho de alguna manera.

 

■ ¿Cuáles son sus obsesiones fundamentales como escritor?

 

J.E.    No sé si obsesiones, el sexo, que ya fue señalado desde muy temprano, el sueño, ciertos ámbitos e imágenes, puertos, pájaros, el vuelo, la urbe y sus teje y manejes, en menor medida la utopía social y sus vertientes románticas, la rebelión, la marginalidad (era que no), las distintas instancias discursivas formando un entramado...

 

 

■ ¿Cómo interpreta usted la frase de Valery: “Los optimistas escriben mal”?

 

J.E.    En el sentido de que para escribir ‘bien’ es necesario un distanciamiento respecto a la realidad social y cultural consensual, una marginalidad en diverso grado, la falta de ilusiones en el mal sentido. Escribir conlleva un elemento cognoscitivo muy importante ya que básicamente y se diga lo que se diga la escritura, incluso la poesía, es representación, lo que implica niveles de selección, transformación, armado, etc. y por tanto comprensión y percepción relativamente agudos, lo que de alguna manera y dado lo que se llama la ‘condición humana’ no da pie para buenos escritores optimistas. Lo que no quiere decir que sean tontos graves. En una de estas, los optimistas escriben mal y los pesimistas no escriben, porque ¿para qué...?

 

■ ¿Qué importancia le adjudica al humor en la poesía?

 

J.E.    Esto nos conecta con la pregunta anterior, una manifestación de la distancia frente al estado de cosas y uno mismo es el humor, que está en la misma línea de la ironía y la parodia, componentes fundamentales en la poesía, aunque no siempre evidentes como tales.

 

■ Fue Maurice Blanchot quien dijo, repensando a Edmond Jabes: Escribir es volverse legible para todos e indescifrable para uno mismo. ¿Cómo ve Jorge Etcheverry esta afirmación?

 

J.E.    Los dos extremos me parecen falsos. Nada más lejano de la literatura que la legibilidad universal. Por el contrario, la dinámica de la literatura la lleva periódicamente a alturas de complejidad que originan movimientos contrarios cuando se llega a un cierto punto para garantizar una cierta variable legibilidad. Por el contrario muchas veces uno advierte rasgos de uno en lo que escribe.

 

■ Ahora una pregunta cercana a Nietzsche. ¿Conocimiento sin dolor?

 

J.E.    Para el primate humano en general el conocimiento es una fuente de intenso dolor, o por lo menos de malestar, ya que es un estado infrecuente. Se necesitan grandes niveles de dislocación y compensación, por ejemplo el uso de drogas, la vida bohemia, el sexo, se puede incurrir en estados de locura y en psicosis, para gratificarnos por el intenso malestar y fatiga que provoca la actividad intelectual y creativa, o para obligarnos a salir de esta tensión.

 

■ José Emilio Pacheco, escribió: La poesía es un organismo, envejece y muere. ¿Qué textos suyos considera más perdurables en el tiempo?

 

J.E.    Yo creo que una cosa es lo que a uno le gustaría que quedara y otro lo que en realidad va a quedar. En mi caso, lo que no pasaba incluso con algunos compañeros de grupo, siempre supe que mi trabajo no iba ser nunca universalmente apreciado. A veces le he comentado a gente cercana a mí que si por ejemplo algunos de mis poemas de El Evasionista fueran lectura obligada en las instituciones educaciones secundarias, el mundo sería una cosa bastante extraña.

 

■ ¿Le parece la escritura una experiencia indemostrable, más que intransferible?

 

J.E.    No me parece indemostrable para nada y en gran medida me parece transferible, claro que hasta donde es posible traspasar técnicas y enfoques, y para las cosas más simples, ya que después entran cosas muy detalladas y específicas de formación, de contexto, incluso de ritmos fisiológicos y conexiones neuronales, etc.

 

■ ¿Cree que ese momento en que el afuera deja de importar a un autor, y que Sade denominó la apatía, es necesario y saludable para una obra?

 

J.E.    No sé si tanto, pero lo que sí es que muchas otras solicitaciones y obligaciones hacen perder la concentración, incluso a veces las de publicar, aparecer en eventos, etc. Básicamente creo que es imposible escribir con el mero propósito de hacer público lo que se hace o llegar a ocupar algún lugar en un panteón determinado, etc., en esos casos la escritura compensa una carencia o es un medio para una posición social, refleja una minusvalía identitaria, lo que no está mal pero que a veces puede llevar básicamente a la neurosis. No creo que la literatura tenga que ser siempre salvación personal o deseo de rescate y validación de la propia anécdota vital.

 

■ En “Rue de Grand Pre”  usted dice: “Rodrigo Lira era la única voz poética de Chile” ¿Se conocieron ustedes? ¿Se siente de alguna manera, influido por él? Háblenos, por favor, un poco sobre eso.

 

J.E.    No encuentro muchas cosas comunes y es un autor que no he leído mucho, más bien era su manera de ser y su anécdota vital lo que me llamaba la atención.

 

■ ¿Qué cree de la cobardía y el oportunismo literarios?

 

J.E.    Que se dan como en todas las actividades que deparan un rol social y satisfacciones económicas a veces, incluso a veces cierto poder. Ambos fenómenos refuerzan el hecho de la importancia social de la escritura. Un escritor se queda callado y no le mandan una fatwa, otro puede ser bestseller si sigue con cierto talento una onda que esté entrando. Son más bien actitudes de los autores individuales. 

 

■ Escribe Marina Tsvietáieva en su diario: “¿Unas condiciones favorables? Se sabe que para el artista estas no existen” ¿Qué piensa usted al respecto?

 

J.E.    Depende, para un artista toda condición puede ser favorable. Ahora si estamos hablando de bienestar, papel social, prebendas, reconocimientos, etc., entonces siempre es necesario que haya más.

 

■ ¿Cuáles son sus autores predilectos del XIX?

 

J.E.    Mencionaría a dos, a Rimbaud y a Lautreamont, lo que no creo que sea sorpresa.

 

■ Según su manifiesto poético, allá por los últimos lustros de la década del 70, usted califica su poesía como “retratos urbanos de circunstancias”. ¿Ha variado esta percepción con el correr del tiempo?

 

J.E.    No me acuerdo de eso, pero ya no me restringiría solamente a eso. Prefiero rescatar más bien que en mis textos más queridos habría la plasmación o captación de un ‘estado de cosas’, frase que figura como título de algunos de mis primeros poemas.

 

 

■ De una forma u otra nuestros países han  vivido (y viven) siempre bajo el influjo de los vastos soliloquios de sus muy vastas tiranías. En su opinión, ¿qué particularidades o variaciones observa, en el caso de Chile, en lo que Ortega y Gassett denominó: “La canción interior del poder”?

 

J.E.    Creo que es otra interpretación de la misma canción, incluso con la misma letra. Todas las dictaduras latinoamericanas siguen más o menos el mismo patrón. En el caso de Chile, el extremo nacionalismo de todos, incluso de la izquierda tendió a disminuir la ingerencia estadounidense en el golpe y la falta de conciencia de la dependencia (colonia vs. metrópoli) tendía a ver todo el proceso como un hecho puramente nacional. Es claro que por otro lado no había asesores americanos ni boinas verdes, y después de la dictadura, el país mantuvo el aparato legal estatuido en la misma y perfeccionó el modelo neoliberal heredado. La dictadura adoptó características especiales por el país mismo, fue más moderada, aunque eso vaya contra la opinión corriente, ya que el número de muertes es ampliamente sobrepasado por la guerra sucia de Argentina, las masacres étnico políticas de Guatemala, el genocidio ideológico de El Salvador, la verídica purga de dirigentes sindicales y comunitarios en Colombia, etc. En Chile no se pueden dar surrealismos tan macabros como los de Ciudad Juárez, por ejemplo, pero hay una opresión sutil de clase a todo nivel y una recóndita crueldad que no llega al crimen. Chile es un país que detesta la desmesura, de ahí que sus grandes poetas y narradores (Donoso, Bolaño) surgen como una saludable antítesis y el escándalo de De Rockha nunca pudo ser digerido.

 

 

■ ¿Cuál es su visión sobre el concepto patria?

 

J.E.    Aparte del país concreto del que uno procede sería también el conjunto de las preferencias que uno desarrolló y por las que muchas veces luchó y tuvo que salir, y además ese otro territorio fantasmal que es eso que queda en la memoria, se transforma y estiliza y que desaparece a pasos agigantados del país concreto.

 

■ ¿Cómo ve la situación política en el Chile de hoy?

 

J.E.    Chile es dado a lo que llamaría sueños sociales o colectivos, el proyecto neoliberal está muy entronizado, y la dependencia, que establece esa oposición correlativa de metrópoli y (neo)colonia, sigue ausente de la conciencia del país, de la derecha y gran parte de la izquierda y sus nuevas versiones. En el fondo todos parecieran sentirse un poco a gusto en el Chile globalizado, se está bastante lejos, y en oposición, a los posibles proyectos alternativos que se están ensayando en el vecindario, salvo contadas elites que por el contrario perciben el papel ‘reaccionario’, para emplear este término añejo, a nivel continental de la institucionalizad actual del país y el sistema económico. Una especie de cabeza de puente de EEUU. Pero hay cosas bastante interesante, de alguna manera vinculadas con esa misma globalización, como el desarrollo de la comunicación electrónica, la actividad de sectores comunitarios de ‘grupos de intereses especiales’, jóvenes, indígenas, mujeres, regiones, que eventualmente pueden recomponer una izquierda que a la vez se inserte un poco más en el dinámica continental (de cambio), aprovechando que el Hermano Grande del Norte está ocupado en otra parte.

 

■ ¿Ha pensado regresar algún día definitivamente a Chile?

 

J.E.    En algún momento, pero nunca realmente en serio.

 

 

 

■ Sentimos que existe una gran porción de la crítica literaria que se nutre de conceptos muertos. ¿Cree que es esa  parte de la crítica, de algún modo, responsable de que se reediten y relean los mismos autores?

 

J.E.    Yo creo que eso va más allá de la crítica, la crítica es sólo una parte de la institución literaria, parte de la historia oficial institucional de un país, además está el mercado, la decisión de publicar algo nuevo representa un riesgo de capital.

 

■ ¿Qué cosas en su opinión le bastan a la poesía, y cuáles le son aborrecibles?

 

J.E.    Yo creo que la poesía evoluciona bastante, aunque luego vuelva a sus formas más tradicionales, hay una cualidad especial de la poesía que sin importar el tema, el formato, el estilo, el referente, se comunica como verdadera, es decir de alguna manera llega, y no es un fenómeno puramente afectivo ni cognoscitivo, depende en gran medida de lo estético, si sale escombro se malogra todo el poema. Por ejemplo es bastante raro leer poemas largos que mantengan la atención, que no se conviertan en unas cosas latosas. La artificialidad siempre se nota.

 

 

■ ¿Cree que los espacios públicos existentes en Canadá y EUA, son suficientes para la defensa y valoración de los escritores hispanos que no pertenecen a la llamada “literatura del estrellato”?

 

J.E.    Creo que en Estados Unidos hasta donde conozco hay más espacio, hay revistas, editoriales, por otro lado con 30 millones o más de hispanohablantes todavía es poco, pero es algo, y hay bastante variedad. En Canadá hay un inicio, no hay espacio público para los autores hispanos, a no ser los limitados que se han ido creando a través de la actividad de autores, algunos editores, críticos y profesores. En general esos otros escritores que no son las figuras comerciales existen en los márgenes, no tan sólo los hispanos, en Canadá.

 

 

■ Le mencionaré ahora algunos nombres. Nos gustaría de ser posible, que nos de una breve opinión.

 

Huidobro:

 

 

 

J.E.    Me gusta sobre todo el Altazor, veo un intento de refundación del lenguaje de intención vanguardista, que deriva en una alteración sintáctica y semántica, pero distinta a la vertiente que se basa en la materialidad del lenguaje, a la Neruda por ejemplo.

 

––––––––––––––––––

Borges:

 

J.E.    Me gustan mucho sus cuentos y ensayos, pero pienso que sus especulaciones, a las que otros toman como filosofía, son elementos narrativos y paródicos, lo mismo que su cosmopolitismo, que exagera de la misma manera que su otro lado criollo. Además inventa bastante. En un cuento dice que a una mujer escocesa casada con un diplomático argentino le gustaba vivir en Ottawa porque el clima se parecía al de Escocia.

 

–––––––––––––––––––

 

Vallejo:

 

J.E.    Me gusta mucho su poesía, incluso la más hermética o alusiva. No así su narrativa, que a veces asume un carácter real socialista a ultranza (Tugsteno)

 

–––––––––––––––––––

 

Beckett:

 

J.E.    Mi tesis de doctorado se centró en la trilogía de novelas de Beckett en relación a El Obsceno pájaro de la noche, de Donoso, novela increíble del mejor narrador chileno de todos los tiempos. Entre mis lecturas en los 60, que influyeron mi poesía están ciertos textos de Beckett que estaban apareciendo en EEUU. Es el expositor cultural literario límite de la edad moderna y el modernismo.

 

–––––––––––––––––––

 

Gonzalo Rojas:

 

J.E.    Me gustó mucho en su momento el libro Contra la muerte.

 

_____________________

 

■ Pertenece usted a una de las tradiciones poéticas más sólidas de la lengua española. ¿Cuáles considera los 3 autores más importantes de la poesía chilena de todos los tiempos (en el caso de que esa pregunta pudiera ser contestada, o formulada)?

 

 J.E. 

 

■ ¿Qué poetas le influyen, y cuales deliberadamente detesta o simplemente evita?

 

J.E.    En mi juventud frecuenté con gusto y admiración a Rimbaud, Saint-John Perse, Lautreamont, Ginsberg, Pound, de Rockha, T. S. Eliot, el Neruda de las Residencias, Whitman, luego se me fueron agregando Parra, Dalton, Cardenal.

 

■ ¿Como ve la recepción de su obra en su país natal?

 

J.E.    Bastante circunscrita, más que nada a nivel de otros poetas, aunque aparezco en algunas antologías de prosa y poesía, en los últimos años y gracias a la internet tengo más llegada, estos últimos años me han estado invitando a algunos eventos, a leer poesía, presentar ponencias...

 

■ ¿Qué poetas jóvenes chilenos prefiere, o simplemente ha leído?

 

J.E.    He leído a algunos y he puesto a otros en La Cita Trunca o hecho notas sobre ellos, por ejemplo a Armando Roa (joven para mí), Leo Lobos, Isabel Gómez, Aldo Patricio Jara Reyes, Juan Soñador, Boris Durandeau, Cecilia Palma, Omar Cid, pero he escuchado a bastantes más en mis viajes a Chile. Hay mucha diversidad y dinamismo en la poesía joven chilena.

 

■ ¿Qué importancia le concede en la poesía chilena a un libro como LOS GEMIDOS de Pablo de Rohka?

 

 

J.E.    Hay una cita de Jaime Huenún, poeta araucano, que dice “De hecho Pablo de Rohka fue uno de los antecedentes en América Latina de lo que después nos llegó desde Estados Unidos como poesía Beatnik. Por ejemplo: los gemidos, toda esta cosa experimental, el concepto de lo novedoso, al mismo tiempo que en Lima Vallejo publicaba Trilce. Pablo de Rohka es verdaderamente la vanguardia en Chile”. El hecho es que para mí tanto De Rohka como Ginsberg son maestros de un cierto tipo de poesía en prosa que leía y leo.

 

■ Exceptuando a Vallejo, que es un caso aislado, una parte importante de la nueva crítica considera que son Chile y Brasil los dos lugares donde mejor poesía se ha escrito en nuestra América. ¿Que opina acerca de esto?

 

J.E.    Creo que es cierto. En los últimos años he ido a leer y dar charlas a Chile y he tenido oportunidad de escuchar o leer literalmente a poetas de todas las edades, proveniencias, formaciones, zonas geográficas de Chile que me indicarían que hay voces muy valiosas, ensayos y experimentos, reincorporaciones y rescates, pero también un gran tradicionalismo y una cierta inercia, producto quizás de las décadas de dictadura y de la etapa posterior de rápida y fulminante adopción del neoliberalismo globalizador con su cotejo mediático que acentúa lo accesible, corto y plástico.

 

 

 

■ ¿Qué opina Jorge Etcheverry debe legar un poeta a las generaciones de escritores que vendrán?

 

J.E.    Unos cuantos textos que se lean y si es posible, que pueden advertir una manera de escribir, una técnica o educación de la percepción, de la mirada.

 

■ ¿Cómo le gustaría ser recordado?

 

J.E.    Con cierto aprecio y como autor de algunos textos.

 

■ ¿Qué cree sobre las antologías?  ¿Le parece que toda antología, de una forma u otra,  ejerce la exclusión?

 

J.E.    He sido coautor y autor de numerosas antologías, trabajos antológicos, enumeraciones de autores, etc. y creo que no hay otra posibilidad que la exclusión. Hay momentos germinales de una literatura en que es posible hacer antologías que cubran y representen un universo pero son raras, por ejemplo hace unos años hicimos una antología de la poesía latinoamericana Made in Canada, en que incluimos a la mayoría de los autores practicantes y publicados, eso es imposible en circunstancias normales. Hay antologías que siguen criterios tendenciales o políticos, otras que recopilan la historia de nombres ya institucionalizados según periodos canónicos para fines educativos, por ejemplo las antologías ‘nacionales’. Otras son promocionadas por críticos y autores de grupos interesados con fines de acceder al estatus derivados de la pertenencia a una institucionalizad. En el Chile de los sesenta y setenta, las selecciones antológicas de autores contemporáneos de la así llamada ‘izquierda tradicional’ se querían representantes de los ‘autores históricos’ que los afectados aceptaron gratamente, y discriminaban a los neovanguardistas por razones ideológicas y estéticas. Por otro lado, la agrupación vanguardista Escuela de Santiago—cuyos miembros eran en general en ese momento cercanos a la izquierda revolucionaria— por chance tuvo la oportunidad de producir una antología que tuvo bastante difusión y que a contrapelo del ‘espíritu de la época’ se basó principalmente en el surrealismo y la vanguardia chilenos para una antología duramente criticada. O sea que es mejor hacer de frentón una antología parcial declarando eso sí los criterios y preferencias.

 

■ Tras el poder representado en las grandes estructuras contemporáneas, se esconden los ”verdaderos cerebros exterminadores del hombre”. ¿Mito o realidad?

 

J.E.    No creo en esa visión conspiradora del sistema, muy gringa por lo demás y que asumen muchos radicales, liberales e izquierdistas en el mundo anglosajón desarrollado. No hay grandes cerebros, el sistema, como el universo de Plotino, que es un animal, es más que la suma de cerebros, individualmente bastante limitados, que lo componen. Al suponer grupos omnipotentes o poderosas cabezas oligárquicas detrás de las empresas bélicas o económicas a corto o largo plazo se están inventando figuras demoníacas y superhumanas frente a las cuales nosotros los pobrecitos oprimidos, discriminados, marginalizados o explotados perdemos el tiempo tratando de luchar.

 

■ ¿Cómo asume J. E. el lenguaje en una época en que sentimos que la palabra escrita puede hacer muy poco para subvertir lo establecido?

 

J.E.    Aun así, como vehículo de comunicación de ideas ha adquirido un nuevo impulso por los medios electrónicos. Lo que se ha perdido en potencial operante se ha ganado en difusión. Un efecto localizado mucho más tenue, pero un radio de acción mucho mayor.

 

 

■ Estamos absolutamente convencidos que de todas las artes ninguna expone y revela la verdad a los hombres como la poesía; aun así nos parece que el hombre rechaza mayoritariamente esa verdad que se le ofrece y prefiere consumir las producciones falsas que el poder enmascara bajo el rótulo de diversidad. ¿Cómo ve este fenómeno?

 

J.E.    No sé realmente qué es la verdad, y definitivamente soy partidario de la diversidad, sobre todo viviendo como vivo en el continente norteamericano unidimensional. No la diversidad de la comida típica, el bailecito, el traje y la cuota, que en realidad son diversificaciones que el mercado ofrece al consumidor con ilusión de cosmopolita y corazón liberal, y que en su base están unificadas bajo la compraventa del modelo capitalista de desarrollo. Lo que sí prefiero hablar es de veracidad, ya que la poesía puede sobrecoger y convencer, o dejar esa impresión, y por qué no uso el término ‘verdad’ a la postre epistemológico, es porque muchas veces ‘la poesía más oscura’ es la portadora de esa sensación en el lector, que implícitamente socava, supera y deslegitimiza el estado de cosas vigente, en una medida tan mínima como fugaz, pero que anuncia las ‘grandes alamedas’ de lo posible.

 

 

■ En el árbol de la poesía chilena: Parra, Linh, Rojas, Lira, Etcheverry ¿ramas de un tronco común?   Y en ese caso ¿qué nombre grabaría en dicho tronco?

 

J.E.    No sé si yo pertenezco a ese tronco, no me parece, lo que sí es que me encanta Parra y en ocasiones he usado la antipoesía o su principio. Lo único que me gusta de Linh son algunos poemas de ‘La pieza oscura’, y porque veo en ellos la influencia, para mí hace muchos años clara y sin problematizar el término de T.S. Eliot, que en esos años (los sesenta) yo trataba de traducir. Lira me impresionó más por su calvario y muerte que por su obra, que no recuerdo aunque en su momento leí y me entusiasmó. De Gonzalo Rojas me encanta Contra la muerte.

 

Pondría a Pablo de Rockha

 

José Carlos Sánchez-Lara

José C. Sánchez Lara (cuba, 1969), poeta y narrador. Con un libro de poesía publicado [REGIONES, premio Nogueras, 2004], varios de sus textos han sido recogidos en revistas universitarias norteamericanas [ver Rio Grande Review, The University of Texas at El Paso, volumen 25 Spring 2005] y cubanas [ver Azoteas 2003]. Actualmente radica en USA. sume una escritura del conflicto, dentro del lenguaje y los afueras posibles que cercan al poeta contemporáneo. En su poesía el dolor está camuflado por una ironía seca, o casi expresionista. Cualquier suceso de la literatura o la propia oralidad, le resulta elemento válido conque engrosar este discurso en ocasiones sórdido, acusador, chocante, aunque tangencialmente sentido, humano. Este texto sobre Jorge Etcheverry integrará en su momento el cuaderno LA ESCRITURA AMORDAZADA (ficción crítica).


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