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Notas
Una poesía en la encrucijada
Jorge Etcheverry

Luego de que la primera oleada de poetas chilenos llegó a Canadá en los dos primeros años desde el golpe de estado del 11 de septiembre del 73, pasó bastante tiempo antes de que se plantearan el problema del público a que se dirigían. Cargados con un bagaje que incluía, junto al compromiso político en todas las variedades del abanico de la izquierda, la tradición literaria nacional y la tradición literaria occidental, primordialmente francesa, de la vanguardia y los diversos ‘istmos’ sucesivos, estos autores comenzaron apenas llegados a involucrarse en las tareas de solidaridad, en la lectura, difusión, y escritura de su obra, en aventuras editoriales diversas, en la publicación de textos en idioma francés e inglés de manera azarosa, según las oportunidades y contactos que se fueran presentando. Podemos asumir que en esta misma situación se encontraron los escritores salvadoreños, otra comunidad relativamente numerosa de autores latinoamericanos en Canadá, y en cierta medida otros autores colombianos, argentinos, uruguayos, dominicanos, mexicanos, venezolanos, costarricenses, peruanos, etc.,.

Así, la poesía latinoamericana ‘made in Canada’ se ha situado desde sus mismos inicios en una encrucijada. En general, y dejando por un momento a un lado el asunto del compromiso político, bastante generalizado en esta poesía debido a que proviene en gran parte de una situación de exilio, esta producción se ha visto solicitada lingüísticamente por los idiomas hegemónicos oficiales, el inglés y el francés, pero en general y con pocas excepciones, como el boricua Rafael Barreto Rivera, se ha mantenido como una producción en español que accede puntualmente al ámbito de la traducción y publicación en las lenguas oficiales según el azar de los contactos, relaciones y círculos en que se desenvuelvan los poetas. Esta poesía accede en forma igualmente puntual a las solicitaciones de material específico por parte de la institucionalidad literaria de la corriente principal, de acuerdo con las tendencias sociales, culturales y políticas del momento, a saber el compromiso político, la situación de los derechos humanos, la poesía femenina, homosexual o indígena, y en cierta medida, y hasta mediados de los noventa. Estas prácticas de escritura, hebras en el multifacético tapiz de la poesía hispano canadiense, pasan así puntualmente al ámbito de la corriente principal, en general con un formato de ‘cuota’ o de ‘representatividad’ dentro de un marco de proyecto multicultural o intercultural propugnado y llevado a la práctica con bastante éxito sobre todo por el partido liberal y aceptado más bien a regañadientes por los autores tanto hispánicos como de la corriente principal, pero por razones distintas.

Las políticas encaminadas al ‘mosaico cultural’ de Canadá, en el sentido de la preservación de los distintos patrimonios culturales y su integración armónica en la sociedad, es un complemento de la política del bilingüismo y determina de manera significativa incluso la política exterior del país. Estas políticas le han otorgado un marco institucional y posibilitado no poca infraestructura a la poesía latinoamericana en el país.

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Según lo anterior, pareciera que esta poesía se viera determinada principalmente por el ‘contenido’, refiriéndonos a la división u oposición casi intuitiva entre ‘forma’ y ‘contenido’. Pero si bien lo que ha determinado fundamentalmente la demanda del mercado han sido los elementos del contenido, en el caso, por ejemplo, de la poesía chilena, se unía a esta demanda la tradición, práctica o costumbre que formaba parte del bagaje de los poetas, de lo que aquí se llamaría la ‘experimentación’, y que resaltaba el aspecto ‘formal’ o de la expresión, o estilística. La confluencia de ambas solicitaciones produjo por ejemplo el libro poema La Ciudad, de Gonzalo Millán, que amalgamó el contenido políticamente comprometido y de denuncia con la experimentación huidobriana del lenguaje poético, y que aparece claramente influido por la inmersión en un nuevo medio lingüístico. Mi misma producción fue calificada en su momento como una combinación de surrealismo y compromiso político. Así, de alguna manera y parcialmente, en la situación por así decir ‘fundacional’, por lo menos de la poesía chilena en el país, se dejaba entrever el surgimiento de una neo vanguardia en el sentido clásico, que combinaba la experimentación lingüística con el radicalismo político.

Por otro lado, la poesía latinoamericana en Canadá, como toda producción literaria trasplantada, en gran medida aparece vuelta hacia el espacio originario, ya sea en una versión de illo témpore o de una estadía en el infierno, variando según el período tanto colectivo como personal enfocado por los poetas, siendo los polos de este eje a la vez espaciales y temporales. El enfocar el lugar de origen significa a la vez representar un ‘antes’ por oposición a este ‘ahora’, y esta poesía es en gran medida una poesía del recuerdo, como lo manifiesta la obra de Claudio Durán y Jorge Neff entre los chilenos, y que es “tema recurrente” en la poesía del autor salvadoreño Julio Torres-Recinos.. Pareciera que esta temática es la más abundante en esta poesía, como en toda producción cultural trasplantada. A esta variante se ha venido a superponer una versión que tematiza el trasplante y el exilio, la condición nómada como un estado de existencia, y que refleja el aumento del desplazamiento de individuos y poblaciones en el mundo contemporáneo. El autor, y por extensión la comunidad de que forma parte, se convierten en entes transitorios, en desarraigado permanente. Luciano Díaz y Alfredo Lavergne trabajan en la actualidad proyectos poéticos en este sentido

En lo que respecta a sus relaciones con la comunidad etnocultural a que los autores pertenecen, se podría afirmar que existe una relación problemática. A pesar de la alta proporción de exilados activos en la comunidad latinoamericana en Canadá, que hace que en general haya un nivel educacional y de preocupación política y cultural relativamente alto en la comunidad, y a que haya existido en ciertos casos una relación orgánica inicial con las comunidades respectivas, las iniciativas de trabajo cultural muy rara vez surgen de la comunidad, sino más bien de los autores mismos, que en gran medida también se desempeñan como activistas culturales en una serie de terrenos, que van desde los encuentros internacionales, como la CCIE, que básicamente ha estado organizando y desarrollando la poetisa de origen argentino Margarita Feliciano, hasta eventos de lectura y música mensual como La tertulia.
Así, por ejemplo, existe una presencia de la actividad cultural literaria de los autores hispanoamericanos en los periódicos latinos, pero tiene que hacerse un espacio entre la vida social, el folclore, el deporte y la gastronomía, amén de los eventos culturales más de interés de la ‘corriente principal’ en lo que se refiere a la cultura hispánica. Un evento universitario, autores invitados de países latinoamericanos, actos culturales de difusión de la cultura nacional patrocinados por embajadas, etc., tendrán la preferencia de espacio y la primera prioridad respecto a una presentación de libro de un autor hispánico local.

Esta misma relación con el sistema de divulgación y preservación la experimentan las obras respecto al aspecto académico o universitario. La enseñanza del español en las universidades es básicamente la de una lengua extranjera, y los programas de literatura tienen por fuerza que centrarse en la enseñanza de los períodos y autores consagrados y representativos. Pese a las restricciones que esto impone a la presencia de la literatura y poesía latinoamericano canadienses en las aulas universitarias, con el correr de los años se ha ido consiguiendo un lugar. Existe el reconocimiento creciente de una literatura hispano canadiense, vinculada básicamente a ciertas temáticas, como la del exilio y el trasplante, y la incidencia en los departamentos de español se ha visto asegurada en los últimos años por conferencias, ponencias, mesas redondas, críticas y recitales en eventos universitarios hispánicos. Este trabajo ha sido realizado por los poetas mismos, en la medida en que han tenido presencia en la universidad, y de alguna manera ha hecho camino desde el ámbito universitario no hispánico, Vg., de la literatura comparada, los estudios canadienses, etc. Es decir, en ciertos casos, el espaldarazo tuvo que venir de la ‘literatura canadiense’ para luego hacerse sentir en los departamentos de español.

Además, la vinculación del poeta y escritor latinoamericano en Canadá con el territorio original, en primer lugar, o con el resto del mundo, ha sido bastante variable. En general, en el caso de los poetas chilenos, que es el que conozco de más cerca, se ha producido la por así decir reintegración exitosa de poetas como Gonzalo Millán y Naín Nómez, ambos galardonados con distinciones importantes y que cumplen un decisivo papel en la cultura chilena ‘del interior’, como todavía se la denomina en el ‘exterior’. También se mantiene un vínculo entre algunos autores aún residentes en Canadá, pero que en general eran los que ya habían llegado publicados de Chile. Esta presencia perviviente, o reintegración, en el caso chileno, se puede explicar parcialmente por el retorno más o menos simultáneo de un grupo de autores, profesores y críticos que formaban parte de la o las mismas generaciones y que de alguna manera se superpusieron parcialmente en la vida cultural del país, Podemos afirmar que recientemente la vinculación o presencia tanto con el país o región de origen como con el resto del mundo se ha acentuado en muchos casos, aunque en general se sigue un patrón asistemático.

La globalización cuenta como parte imprescindible con el desarrollo de la comunicación electrónica, que a la vez que mantiene a los diversos grupos de interés y al público en general informado más allá y a pesar de los medios de comunicación oficiales y de corriente principal de los países. Esto ha cambiado el modo de relación y de obtención de espacio y presencia de los poetas de que nos ocupamos: la vinculación con el país o región de origen en la esfera virtual, el surgimiento de la tarjeta de llamada telefónica y la televisión vía satélite, han cambiado fundamentalmente la realidad de la inmigración o el exilio. Por ejemplo, la única aparición colectiva en Chile de poetas chilenos en Canadá fue a través de un portal de literatura chilena de gran prestigio internacional y fuertemente combatido por ciertos elementos de la institucionalidad literaria y cultural chilena. Escritores.cl, tarea monumental que sostuvo por unos años Ernesto Lánger, en Chile. En general, el acceso a tecnología sofisticada y relativamente barata respecto a los países del así llamado ‘sur’ ha dado una inesperada ventaja a los poetas hispano canadienses, además de la presencia virtual antes mencionada, una posibilidad de gestión respecto al país o la zona de origen, llegando incluso a influir en la distribución del espacio acordado a los autores ‘del interior’ por la institucionalidad cultural y literaria. En este sentido, el sitio Poetas.com, impulsado por el poeta Elías Letelier, no sólo ha logrado la difusión de poesía y artículos de poetas latino canadienses, sino de toda Latinoamérica, convirtiéndose en un centro de referencia mundial virtual de los autores progresistas.
Dentro del ejemplo chileno, con que estoy más familiarizado, pero que se puede hacer extensivo en general, la difusión virtual, por su facilidad de acceso, rapidez, fluidez y frecuente descuido, no es aún considerada al mismo nivel que los textos publicados, y esto se ha puesto de algún modo al servicio de la pugna por espacio entre escritores ‘del interior’ y de la ‘diáspora’. El poeta, académico y periodista virtual Javier Campos manifiesta este problema, afirmando implícitamente su validez en general para los escritores chilenos en la así llamada ‘diáspora’.

Pero esta nueva dimensión de la virtualidad ha permitido a los poetas hispano canadienses no sólo salvar la distancia respecto al país de origen, sino la vinculación con otras revistas o portales virtuales de habla hispana existentes en todo el mundo, creando una especie de comunidad virtual que permite toda suerte de proyectos comunes.

Asediada por la solicitación de la globalización, que impone formatos, temáticas y sistemas de intercambio, la poesía de que aquí nos ocupamos está en vías de desarrollar un nicho bastante específico en la literatura canadiense. Me atrevería a decir que es la literatura más importante, por su propia abundancia y mérito, después de la literatura en francés y en inglés.

Esto por supuesto, incluye a la poesía, que es el medio de expresión preferido de los autores hispanoamericanos en Canadá, aunque en sí misma carece de otra homogeneidad que no sea la lingüística. Por ejemplo, desde la obsolescencia del discurso literario normativo institucional como la única norma general de la ‘buena’ literatura, las comunidades y los discursos antes marginados se han establecido o han ingresado al ámbito de lo canónico, y han logrado carta de aceptación otros discursos que lindan con la expresión personal ante los avatares de la existencia en un estado de cosas determinado o con el testimonio.

Aparte de un florecimiento de discursos, temáticas, tradiciones y estilos que reproducen el microuniverso latinoamericano en Canadá, patente por ejemplo en la antología Boreal de poesía latinoamericana en Canadá, este fenómeno que confronta a la institucionalidad literaria con formas emergentes, ha intentado ser agrupado con el conjunto de discursos propios de la literatura hispanoamericana, o de toda otra literatura por así decir ‘étnica’, en un nivel axiológicamente inferior al de los textos literarios de la corriente principal.

Por ejemplo, y dentro de la literatura chilena en Canadá, un proyecto iniciado como acuerdo entre las bibliotecas nacionales de Chile y Canadá, de iniciativa de la Gobernadora General de Canadá, y centrado en la recopilación y envío de textos producidos por escritores chilenos en Canadá, derivó imperceptiblemente en uno de recopilación de material testimonial, que abarca desde el producto privado de un exilado x hasta la obra publicada de un autor reconocido. Por supuesto que no hay nada malo en esto y es encomiable y necesario. Pero este cambio ‘natural’de orientación revela una postura de la institucionalidad cultural hegemónica, muchas veces no conciente, frente al producto ‘étnico’, y la presencia de presuposiciones parecidas en parte de la comunidad. En general, los proyectos antológicos sobre literaturas ‘étnicas’, y por tanto la hispánica, originados en la institución literaria del país proceden como llamados abiertos y no como selección previa de autores, con notables excepciones, como un número especial de Canadian Literature titulado Hispanic-Canadian Connections o un número especial de Boreal editado por Hugo Hazelton.

En medio de este abanico de opciones y determinaciones, se ha ido constituyendo una capacidad autónoma editora, crítica y de alguna manera institucional, que se dirige hacia un mercado ‘nicho’, compuesto no tan sólo por los autores y ciertos miembros de la comunidad, sino en pequeña medida las universidades, los países y región de origen, ciertas instancias gubernamentales de financiamiento, promoción y preservación de los patrimonios culturales diversos, y ahora, virtualmente, la comunidad poética hispanohablante en general. Si bien no hay que desconocer la importancia del acceso a la publicación en las lenguas oficiales por los medios más ‘establecidos’, no hay que olvidar que la selección cultural hecha por las instancias intermediarias que vehiculizan este acceso no corresponde siempre a ciertos elementos componentes básicos de la literatura latinoamericana en Canadá, especialmente la poesía. A manera de ejemplo, sería muy difícil que una editorial canadiense, incluso quebequense, se atreviera a publicar el último libro inédito e Luis Lama, no tan sólo por el probable escándalo, sino por su inscripción dentro de una literatura de vanguardia muy sui géneris, producto en gran medida de la estadía de los poetas en Canadá. De esta manera, pensamos que la mantención de esa capacidad de gestión cultural latinoamericana autónoma es decisiva para la preservación de la poesía latinoamericana en Canadá en todas sus variadas manifestaciones y niveles.

En el centro de un proceso de aculturación, pero embarcada en la búsqueda de un perfil propio en el mosaico intercultural canadiense; siendo reflejo o manifestación del impacto de un nuevo entorno y cultura, pero ejercitando una anfibología bihemisférica; oscilando entre adoptar el papel ‘natural’ del autor que produce un discurso para su distribución y venta en el mercado, y la gestión cultural, comunitaria y muchas veces política de una determinada ‘agenda’ poética, los autores que hacen esta poesía se sitúan entre las fuerzas encontradas, complementarias y dialécticas de la globalización y la particularización.

Por último, esta poesía ha demostrado su capacidad de pervivencia generacional, mediante la acogida a autores noveles recién llegados y la trasmisión a nuevas generaciones.