La poesía puede ser muchas cosas. Puede ser vista de muchas maneras. Pero estas posibilidades, llevadas a su extremo, se reducen a dos: hay muchos que creen que la poesía no es más que una obra de lenguaje, una manipulación del texto y su referente representativo. Así, es posible manejar la poesía, tal como se manipula cualquier discurso. Pero también hay quienes piensan que la poesía se relaciona con “la condición humana y su conciencia, que la poesía está hecha de impulsos”, como manifiesta el poeta cubano Antonio Guerrero en su Nota del autor, al comienzo del libro Desde mi altura: es decir que es inevitable la representación de las condiciones concretas desde donde brota la poesía, y que se realiza mediante la intervención de la conciencia, el aspecto representativo del ser vivo. Pero en el suelo que da origen a la poesía, el impulso hacia la expresión complementa a la conciencia. Sin ese impulso vivencial y concreto no hay poesía. Sin embargo no se puede descartar la dimensión básicamente textual de toda obra literaria, sino integrarla concientemente a la obra poética. Y entre quienes piensan o practican esto último se cuenta el autor Antonio Guerrero, que se acerca con humildad al quehacer poético en tanto artesanía, como si se tratara de un arte y un oficio “porque mi conocimiento de la poesía tiene un nivel escaso y limitado”dice también en su Nota del autor . El autor nos entrega una obra de apariencia tradicional y sencilla, que se deja leer, pero cuya simplicidad deriva en gran medida de una concisión expresiva intencional del autor y nace del deseo y la necesidad programática de llegar al lector.
Vemos en este proyecto poético una relación explícita con la condición humana, cuyos componentes básicos son la conciencia, o lo que la conciencia representa y el impulso y lo representado por éste. Esta poesía se enraiza en este suelo que le sirve de savia nutriente, y no puede sino extenderse desde el desgarro y la vivencia individual del yo aislado y limitado que emite y sostiene esta poesía, hacia el ser humano colectivo, ya que el carácter social forma parte de la esencia humana misma. Esto lo expresa plenamente el autor en la dedicatoria del libro, que está “...dedicado/a todas aquellas personas que aman la paz/y trabajan por un mundo mejor”. Y no encontramos esta concepción tan sólo a nivel de las ideas y las imágenes expresadas, en lo que podría llamarse el contenido, sino también en las maneras lingüísticas de esta expresión y en las interrelaciones entre los diferentes elementos que se aúnan para conformar esta entidad poética y referencial. Ya el primer poema, IV, vemos ese tránsito de lo individual a lo colectivo: desde “Te traeré mi mañana” en el tercer verso, en que el sujeto poético se refiere a un tú, se pasa “se ha de andar al porvenir”, en que la segunda persona destinataria del diálogo, el ‘te’ se hace general mediante este ‘se’ que muestra un modo de hacer algo común a todos, anunciando la acción de marchar hacia un destino que así se vislumbra como trascendente al sujeto individual. Otros ejemplos y variantes de lo mismo podrían ser el poema Risa triunfal, “No importa si al reír no estoy contigo,/Lo más divino lo ha de llevar la mente,/Esa alegría y su moral de abrigo/Que nos hace vivir eternamente”; donde al final el poema se abre hacia un estado de cosas positivo (vivir eternamente) a la vez que introduce la dimensión colectiva del ‘nosotros’. Así, en el poema Yo quiero, desde “Yo quiero hacer canción de cada día”, en el primer verso, se llega a los dos últimos versos, en que leemos “Que al germinar mostremos sólo amor,/unidos, como pétalos de una misma flor”. En el poema El mundo de tu mano, se nos muestra un tránsito sinuoso del yo al nosotros: “Yo escribo, echo de menos la ventana/que nos hizo de puerta hacia la luna/y nos traía el sol en la mañana”. En las composición Un pedazo de cielo, leemos: “Frente al crimen mis ojos en la sombra/tratan de abrir un pedazo de cielo/donde poner la paz que el hombre nombra”. En estos dos últimos ejemplos queda en evidencia la contraposición entre una situación de limitación y restricción del ser humano individual y un mundo ‘de fuera’, en el primer caso dotado de atributos de luz y experiencia compartida, y en segundo, de esperanzada utopía.
Dentro de la ‘concepción de mundo’que subyace a esta obra poética y la estructura, la noción del vínculo yo-tú – nosotros se relaciona con la idea, implícita o explícita, de un estado de cosas degradado, cuya superación futura se debe entrever en una clase especial de utopía. Una utopía latente en el mundo de los objetos naturales, manifiesta más que nada en el carácter positivo de la objetividad presente en los poemas. Una utopía que para pasar de lo latente a lo patente necesita de una práctica, que incluye como una de sus partes la práctica y denuncia poéticas. Volvemos a citar el mismo fragmento de Un pedazo de cielo: “Frente al crimen mis ojos en la sombra/tratan de abrir un pedazo de cielo/donde poner la paz que el hombre nombra”. Así, la poesía es una actividad fecunda, que además puede cambiar al hombre, como se expresa en la tercera estrofa del poema Sin reverso: “Yo no soy más que un ordinario ser/triste y alegre, borracho de sueños/que busca con un verso un renacer”. Esta forma de praxis que es la poesía busca un renacimiento del ser humano.
Otro elemento temático en esta poesía, interrelacionado con los anteriores, es el de la universalidad humana, vinculado a una idea de la ‘condición’ humana como un compuesto de materia-conciencia que es universal, ya que define a todos los seres humanos, que deberían compartirla. Esto no es ninguna novedad para la tradición del pensamiento así llamado ‘occidental’. Este es un concepto que no pasa de moda, por lo menos a nivel de las palabras, ya que siempre lo invocan incluso los más tenebrosos tribunos en los discursos que leen antes de preparar sus masacres, aunque no sea tan evidente su concretización en las instituciones de la mayor parte del mundo contemporáneo, achurado por jerarquizaciones, subdivisiones, exclusiones y limitaciones. La más inmediata vivencia de la universalidad y por ende comunidad humanas es el ‘nosotros’, que se manifiesta por ejemplo en el poema Compañeros: “En las sombras históricas nos vimos/cual celestiales cuerpos aledaños”...”escribo lo que soy sin formas raras/ y en este soy, amigo, eres conmigo”. Aquí la experiencia del sujeto poético sobrepasa al individuo, en la medida en que lo integra en un colectivo humano que no se diluye en la abstracción conceptual en que se supone deberían nadar los universales, sino que se condensa y concretiza al singularizarse en un ‘tú’, que es cada uno de los componentes de ese ‘nosotros’ y que hace que la soledad individual sea concurrida. En Señales de vida, el poeta nos dice, retomando el hilo del fragmento de un poema de Benedetti que le sirve de epígrafe y del que este poema es un comentario enriquecedor: “Tengo una soledad tan concurrida/que no dispongo de un rincón privado/ y aunque mis puertas hayan clausurado/siguen entrando señales de vida ”.
Además, este universo poético, que de alguna manera es el plano, el esquema vivencial de una utopía posible, comporta una actitud de ‘cuidado’ hacia el objeto, de preocupación y amor hacia el mundo de objetos naturales y manufacturados, como se muestra en el poema Principios, como hermanos,: “Más de cuarenta años, quince mil días/casi de existir, de tener manos, de tratar a las cosas con humanos/y profundos cuidados, como mías ”. Estos cuidados equilibran la relación entre el ser humano y la objetividad de las cosas del mundo, rescatándolas de la mera utilidad, del predominio del valor de uso que en su absolutización actual amenaza con la degradación y destrucción del entorno natural.
Podemos ver que gran parte de lo que comunica el poemario sobre el quehacer poético, consiste en una superación de las limitaciones de la situación del sujeto poético hacia la libertad, como en el poema Cuatro paredes: “Cuatro paredes conforman el nido/donde nacen y nacen nuevos versos/cuatro paredes de un odio perverso/que no pueden frenar mi recorrido ”. Una de las asunciones implícitas en la lectura de esta obra es que permite al lector vincular esa situación limitante individual y concreta con la de la humanidad en general.
La poesía es una práctica, pero además es un don Volvamos a citar Cuatro paredes: “y ante el chantaje obsceno, vil y rudo/aprendemos a dar más de uno mismo ”. Es una trilogía de hermandad, principios y práctica, en este caso poética, lo que anula las limitaciones fácticas del sujeto poético confinado, así como también su soledad. En el universo poético creado por el autor, esto tiene como resultado la obtención de una libertad humana genérica. El poeta es libre en tanto inscrito en la urdimbre que teje junto a los otros seres humanos y siente y manifiesta la posibilidad histórica de la concretización de esa hermanad, que asume el carácter de una utopía posible, ya que se inscribe en la misma esencia de las cosas y los procesos. Así, la situación concreta de la prisión se trastoca en su opuesto: “Las noches al pasar no tienen horas/mi soledad cuenta sólo de auroras ”, se dice en el poema Señales de vida,.
Este rescate de la soledad, se muestra en el poema Siempre ileso, también comentario a un fragmento poético de Mario Benedetti que dice: “llevaba la alegría siempre ilesa/de la gente que cumple con la gente”. Esto deja de manifiesto además la inscripción de esta poesía dentro de la corriente que ha producido además de Benedetti, a Dalton, Neruda y Cardenal para nombrar sólo a algunos, corriente a la vez de la historia y su expresión. En este mismo poema podemos leer: “Lo vi con su optimismo esta mañana/encendiendo el amor por todos lados,/con brasas de los sueños realizados,/con sencillez total y abierta gana ” Podemos aventurar que el ser objeto de esta visión representa al habitante de la utopía, al tipo de ser humano que la hace nacer y al ideal en que uno quisiera convertirse.
El establecimiento de un diálogo con textos poéticos de Benedetti, convertidos en epigramas, en la sección Los sueños dan trabajo, reafirman esta impresión dialógica y de trabajo conjunto, de camaradería. Así este hablante nos entrega en esta poesía otro punto de relación con la presencia del colectivo humano y la realización plena del ‘yo’ en esa fraternidad.
El tema de la conciencia, que el autor mismo invocaba al presentar el libro, es otro elemento importante de esta poesía. Una poesía de la conciencia. Nos muestra una superación del confinamiento físico determinado, que de alguna manera es todo confinamiento, y que de algún modo es además el individuo, por medio de la conciencia “Y aunque un mundo soñado no es lo mismo/que este mundo real, rasgado y dolorido,/mi pensamiento mantendrá su genio”, se afirma en el poema Fin de año.
En esta poesía se muestra además el tema del encuentro y la necesidad del otro, dicho de otra manera, la solidaridad esencial, que se manifiesta como la síntesis de la poética, la histórica y la humanística de este sujeto poético, debido al carácter irrecusable de poesis, de praxis, que advertimos como elemento crucial de esta poesía, que además es un vehículo para una ayuda a la toma de conciencia. “Con respeto a las cosas y a mí mismo”despertaré contento y solidario ”, manifiesta el emisor en el poema Con respeto. La solidaridad es una parte central de la concepción de la humanidad y de la práctica poética, que hemos visto es también una práctica que se ejercita en el camino a esa utopía inserta en el flujo de la realidad: “Será buena, tan buena la jornada,/que habremos inundado el futuro/y tendremos la victoria segura”, se dice en el poema No estoy solo. La casa deviene la poesía que cobija todo este proceso: “Ésta es mi casa. Aquí sucedo y cuido/aquí espero sentado alguna muerte/sin reprocharme todo lo vivido”, se lee en el poema Sin reprocharme. La soledad y el aislamiento se convierten en el extremo de un abanico que se abre desde la limitación del individuo aislado hacia la totalidad exterior “Puertas cerradas alarman al tiempo/Mientras la soledad lentamente es rocío,/algo me hace saber que el mundo es nuestro:”. Porque El mundo es nuestro. Y eso dependerá del impulso y la conciencia del hablante, como se nos entrega en Uno Mismo: “Pero la soledad es uno mismo,/tu entrega, tu energía, tu reposo/y en ella puedes ser cima o abismo”.
En este libro, los procesos sociales se ven representados a menudo mediante imágenes, en este caso naturales, que el lector contextualiza y dota de esta doble significación, guiado por la mano certera del poeta. Un ejemplo acabado es el poema Presagios, “Supongo que el sol saldrá por todos lados/para con júbilo despertar la hierba,/pasos de agua bajarán del cielo/e irán a descansar bajo la tierra”. Esta es una poesía en apariencia simple, pero condensada y con una imaginería prístina, fresca y casi arquetípica.
Entonces, volvemos a la frase inicial, que la poesía puede ser muchas cosas. En este caso nos parece ser a la vez la expresión de un estado de cosas limitante y muy concreto, la condición de la prisión injusta, un destino recurrente entre los poetas latinoamericanos, pero también su superación en una integración en el ser humano universal a través de la hermandad, el compañerismo y la solidaridad. Este proceso permite a la vez vislumbrar una utopía tan posible como probable, ya que representa en estos tiempos, y cada vez más, no sólo el sistema social justo, sino la posibilidad de rescate, regeneración y salvación del mundo ambiental material en que el ser humano habita y cuya prístina y sencilla representación objetiva es tan evidente en los poemas de esta autor. El universo poético de este libro nos ofrece una trascendencia hacia una universalidad humana en un mundo material concreto, cuya realización no requiere de la tortuosa intervención de una religión, sino la práctica individual y colectiva, una de cuyas formas es la poesía.