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Catastro : Notas Abril 18, 2018


El porqué de Canadografía
Jorge Etcheverry Arcaya

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Canadografía: antología narrativa latinocanadiense, Jorge Etcheverry, compilador, Ottawa: Montecristo Cartonero, 2017

La presencia e intercambio literario entre Canadá y Chile no tiene la dimensión que ha adquirido en otros países de acogida del exilio chileno, como Francia, Italia, España, México o Estados Unidos, por ejemplo, que tienen mayor perfil y prestigio literario internacional, o Suecia, que recibió a un grupo de autores chilenos, principalmente poetas, bastante nutrido y organizado. Es decir que había y hay interés, en el caso de la conexión Chile-Canadá, pero no en la misma medida que existe otros países que acogieron a la diáspora.

De ahí mi sorpresa cuando Montecristo Cartonero, editorial chilena emergente y alternativa, de escritores y promotores jóvenes, me pidió que preparara una antología y aceptó con entusiasmo mi propuesta de una antología de narrativa latinocanadiense. Entonces, había interés no tan solo por lo que hacían los chilenos en Canadá, sino por la obra producida en el país por autores castellanógrafos latinoamericanos en general.

El resultado fue Canadografía, que de alguna manera fue el caballo de batalla de la editorial, que eligió presentar esta publicación en una feria del libro en Santiago como su “plato de fondo”, casi paralelamente a las presentaciones que se hicieron el 2017 en Ottawa y Montreal.

Ese relativo interés en Chile por la literatura producida en castellano en Canadá, básicamente la latinoamericana, se desprende de la presencia chilena en Canadá, que como se decía proviene del exilio chileno que resultó en una comunidad chilena en el país producto del golpe de 1973. El componente literario de este exilio mantuvo cierta relación con “el interior”. Una vez caída la dictadura, retornan algunos autores de Canadá y se da la presencia ocasional y variable de autores chilenocanadienses en Chile. Ya a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, Ediciones Cordillera, editorial chilena en Canadá (con un comité editor que incluía a los autores Gonzalo Millán, José Leandro Urbina, Naín Nómez, Ramón Sepúlveda y el autor de esta nota), publicaba a poetas chilenos del interior y de la diáspora en su “Cuaderno de poesía chilena” y en algunos libros. Los escritores retornados a Chile fueron, hasta donde sé, Gonzalo Millán, Helios Murialdo, Jaime Silva Iriarte, Naín Nómez, Manuel Jofré, Alberto Kurapel, Leandro Urbina, Marianela Puebla y Alfredo Lavergne. Varios de ellos mantienen una relación esporádica con Canadá y en algunos casos han publicado en el país, principalmente a través de editores y medios chilenocanadienses. La editorial Poetas Antiimperialistas de América en Canadá, dirigida por el poeta Elías Letelier, publicó a algunos poetas chilenos contemporáneos en papel y en un sitio web destinado a poetas chilenos de la generación de los nacidos en la década de 1950. Incluso se da el caso de algunos autores chilenocanadienses que son o han sido publicados en antologías nacionales de cuento y poesía en Chile. Varios de estos autores participan en congresos y encuentros en ese país. La antología La voz y la memoria, de los poetas chilenocanadienses Luciano Díaz y Luis Torres, que incluye una parte de los poetas chileno canadienses, fue publicada por una editorial chilena. También se ha dado el caso de autores chilenocanadienses que han participado en varios encuentros literarios y académicos en Chile, muchas veces dando cuenta de la literatura chilena que se hace en Canadá.

Canadadografía no pretende ser una antología exhaustiva. Opté por hacer una muestra que abarcara los distintos discursos, países de origen y generaciones a través de una selección de textos. Aún no se ha compilado una antología completa de la prosa castellanógrafa latinoamericana en Canadá y, de hacerse, sería bastante voluminosa ya que constantemente surgen nuevos autores. La pluralidad de la escritura latinocanadiense proviene en gran medida de la tradición e institución literaria/cultural del país de origen, la región del continente, la tradición y tendencias latinoamericanas globales, además por supuesto de la experiencia in situ, determinada en gran parte por un proceso de aculturación y variadas alternativas identitarias, además de la situación y/o la voluntad de producir textos literarios.

Esta literatura emergente se concretiza en una variedad de géneros, que van desde el testimonio, documento, memoria, biografía, hasta la literatura experimental e incluso en algunos casos, neovanguardista. Se ha definido a la literatura post postmoderna como documental y testimonial, inserta en el juego de la equidad de los grupos humanos al interior del estado de cosas actual. Pero, como decía, Canadadografía también incluye el otro extremo—el de la literatura fantástica o el texto con rasgos experimentales—aunque la frecuencia de esto último es relativamente escasa: si la identidad incierta o amenazada en el nuevo medio es un tema visible o subyacente en la literatura latinocanadiense, es riesgoso asumir el experimentalismo, que no ofrece seguridad sino incertidumbre y búsqueda, además de que las formas genéricas tradicionales y reconocidas, hacen que la obra sea más comunicable y accesible, en un medio en que parte del público potencial de esta literatura está formado por estudiantes de español (castellano) y personas para quienes este idioma puede ser un segundo o tercer idioma.

El nombre mismo que se le dio a la antología, Canadografía, obedece al diseño del imaginario del país que esbozan los diversos contenidos y discursos narrativos de los autores, en esas variadas formas que abarcan desde la narrativa lineal hasta el texto plurivalente y fragmentario, desde el despliegue realista a la incursión en el ámbito de lo fantástico. Se incluyen autores originarios de diversos países de América Latina, de diversas generaciones, de diversa afiliación política, provenientes de diversos exilios, trasplantes, migraciones, algunos que se inician en las letras, otros con una trayectoria de décadas, autores que escriben y publican en español y otros que lo hacen además en inglés y francés, publican en el extranjero o se insertan o reisertan en sus respectivas literaturas nacionales. Así, se va delineando un panorama espacial, temático y escritural de lo que es la ingente narrativa latinocanadiense, que se reinventa y se replantea su existencia, lugar e identidad en cada nueva promoción.

Todos estos factores y elementos quedan de manifiesto en los autores que componen esta muestra, y que son Martha Bátiz, Jorge Etcheverry, Jocy Medina, Marcelo Donato, Carmen Rodríguez, Ángel Mota, Gloria Macher, Jorge Cancino, Alejandro Saravia, Julio Torres, Borka Satler, Juan Guillermo Sánchez, Alberto Quero, Cristian Rosemary, Camila Reimers, Carlos Angulo, Pablo Urbanyi, Anabelle Aguilar, Ramón Sepúlveda, Gabriela Etcheverry y Luis Molina.

La literatura canadiense y la de las minorías etnoculturales ínsitas en ella están en una empresa permanente de delinear una imagen del país y, en su interior, las suyas propias. Cada generación de las comunidades etnoculturales, cada nueva oleada de recién llegados, tiene que definir su identidad y delimitar su espacio en constante cambio. La literatura latinocanadiense se originó en gran parte en los exilios de las décadas de 1970 y 1980, fue inicialmente escrita en gran medida por la intelligentsia exilada, su temática básica fue la denuncia de la situación en sus países, la nostalgia y la adaptación al nuevo entorno Más adelante dio lugar a la búsqueda/negociación de la identidad, papel social y espacio en el entramado social, económico, político y cultural del país, combinándose o superponiéndose a la literatura exilada, y viniendo quizás a expresar las preocupaciones y metas de lo que podría denominarse una pequeña burguesía latinocanadiense ascendente. A esto ha venido a sumarse otra oleada de exilados, y el aumento del público lector potencial ha potenciado, por ejemplo, el nacimiento de las primeras empresas editoriales comerciales hispanocanadienses.

La literatura latinocanadiense ha ido ganando un espacio cada vez mayor, que no es tan solo correlativo con el crecimiento demográfico de los hispanohablantes, y, en mi opinión, podría convertirse en la tercera lengua literaria del país, después del inglés y del francés.


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Notas
Secciones

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