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Catastro : Notas Mayo 17, 2014


Aproximación al compromiso en la autora hispano canadiense
Jorge Etcheverry

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La literatura se asocia frecuentemente al compromiso. Se le dice al escritor que debe comprometerse. El compromiso es un término muy común y una realidad. Es una dimensión que ligada al vocabulario de la política, sobre todo de izquierda, adquiere aspectos éticos cuando se vincula al tema de la responsabilidad que tendrían los escritores hacia la sociedad, hacia el mundo en el que se sitúan. Las facetas y acepciones del compromiso son múltiples. En la difundida versión sartreana, el compromiso es la elección que hace una conciencia que se ha liberado de toda determinación, un para sí que mediante él elige dar uso a su libertad. Según esta concepción el compromiso es el ejercicio último de una libertad arduamente lograda cuando la conciencia reconoce y acepta su trascendencia respecto a toda determinación, incluyendo las determinantes físicas, sociales, culturales e incluso el cuerpo mismo. Al lograr esa libertad, el individuo renuncia a ella, la entrega al comprometerse. Esta concepción muy en boga en ciertos medios intelectuales coexistía con otras formas del compromiso que operan en sentido opuesto, y que actualmente han cobrado mayor vigencia: el compromiso surge de la asunción de las determinaciones y no del alejamiento de éstas. Así, sería la aceptación en un autor o autora, de las determinaciones de clase, nacionales, étnicas, sociales, genéricas, generacionales y corporales en un momento y situación determinados. Esto revela la parcial sustitución de la conciencia, como máxima entidad definitoria de lo por así decir humano del modernismo, a un indiscutible reconocimiento de otras instancias ligadas al ser material, concreto, social. La trascendencia permanente de la conciencia aparece como instrumento del mundo concreto, material. En el caso de la mujer, las dimensiones de género y la corporeidad física y biológica son elementos que se agregan a los condicionantes ya mencionados y que parecieran ejercer un imperativo para el compromiso que las escritoras asumen en mayor o menor medida. Si bien hay una historia prolongada de discurso femenino/feminista y los derechos de la mujer están establecidos en el discurso oficial mundial—siendo cada vez más escandaloso donde no lo es—ese discurso, como en el caso del discurso ambiental, la autodeterminación de los pueblos, los pueblos autóctonos, la paz y los derechos humanos dista de cumplirse en la realidad vivencial y concreta de los países. Así, los imperativos a las y los escritores se multiplican. Los diversos elementos del compromiso raramente aparecen aislados en las obras literarias, aunque una dimensión de este conjunto que se asume, explícitamente o no, aparezca como predominante en los textos de que se trate.
El compromiso político con la revolución social es el más conocido y del que más se habla y más se invoca como dimensión que los autores tienen que asumir en su obra. Su presencia resalta en las autoras hispanocanadienses producto de los exilios latinoamericanos del último tercio del siglo pasado, exilio no siempre oficial, ya que la línea entre exilados y otros tipos de transmigración se difumina si el foco se pone en la situación contextual del país de origen. El origen de las escritoras es otro elemento importante y variado—cultural, étnica y lingüísticamente—en que las reivindicaciones femeninas se armonizan en medida diferente con otros parámetros como la pertenencia originaria al Sur como opuesto al Norte y la inserción como minoría en el nuevo entorno, compartida por los escritores hispanocanadienses en general. Así, las opciones identitarias de estos autores se ven sobredeterminadas en el caso de las escritoras. También creo que aparte del contenido, existen compromisos con formas o proyectos de escritura. Pero entonces, ¿qué diferenciaría al compromiso—palabra fuerte—de otras formas de asunción o manifestación de la realidad? Según Carolin Emcke “Se denomina literatura comprometida a esa forma de literatura que no se ha creado para sí misma, sino que persigue un objetivo político, social, religioso o ideológico. He aquí, que la literatura comprometida no formula ninguna demanda concreta. Ella quiere llamar la atención por medio del lenguaje sobre los problemas e injusticias sociales y buscar soluciones”. (Literatura comprometida: para cambiar y describir el mundo, 2014). Dejamos aparte la falsa dicotomía entre “literatura para sí misma” y la comprometida, remanente lucaksiano que tiende a excluir lo que tenga apariencia de vanguardia e implica un cierto imperativo de accesibilidad, a la vez que menoscaba la visión del arte como siendo esencialmente reflejo, ya que al serlo convertiría al compromiso literario en una especie de tautología. En todo caso, en la visión contemporánea, el compromiso sería una asunción volitiva y por eso fuerte e intencional, en gran manera política, aunque no programática, no tan solo el reflejo o representación de una circunstancia o estado de cosas, lo que está presente por lo demás prácticamente en toda literatura. Pero es difícil afirmar que haya un paso, un salto o una mutua exclusión entre la creación como acto por así decir lúdico a la decisión de quien escribe de poner su escritura al servicio de una causa.
Como quiera que se entienda y matice, el compromiso es y ha sido un componente central, históricamente, de la literatura en castellano en Canadá, y por consiguiente la escrita por mujeres. No puede sino encontrarse en el exilio chileno que fue el más masivo, por ejemplo en obras como: "La forastera", de Nelly Davis Vallejos, 1983; Nieves Fuenzalida, (el testimonio comprometido "Three of Us Remain, the 39th Fragments of the Clan", publicado por Verbum Veritas en 1998) Carmen Rodríguez, poeta y narradora, ("Guerra prolongada", 1987). En general en ese momento, las reivindicaciones genéricas estaban en esos textos subordinadas respecto a las demandas de las luchas sociales en Latinoamérica y productoras de los exilios, pero no estaban ausentes, confundiéndose con las del pueblo en general:

Todo lo pintas,
sabia compañera;
la paz que el humano anhela,
la búsqueda imperiosa
de justicia
y trabajo (Nelly Davis).

El compromiso articula de diversa manera conglomerados axiológicos, donde unos valores prevalecerán sobre otros, pero se puede intentar su presentación global

Y la solución

hombre sí
trabajo sí
revolución sí
poesía sí
todo sí
la vida a todo grito

(Carmen Rodríguez)

Tampoco el compromiso, básicamente situacional y basado en un estado de cosas, tiene que dejar de lado otras preocupaciones más universales, como las determinaciones del ser humano en general:

El hombre
único animal
que tiene recuerdos
de la muerte,
quiere pasar como gacela
desapercibida
de una manada
que bebe rocíos
en la madrugada ( Nieves Fuenzalida)

La presencia de las posturas femeninas/feministas tenía más presencia e historia en el ambiente norteamericano y el mundo desarrollado, lo que no tarda en ser asumido por las autoras, cuando paralelamente se incrementan esos aspectos en la región de origen. A las ya mencionadas autoras originadas en el exilio chileno, se han ido agregando o dando a conocer otras autoras como Yolanda Duque, Aspasia Worlitzky, Gabriela Etcheverry, Camila Reimers Anita Junge-Hammersley y Constanza Durán, que en diversos géneros y estilos manifiestan el compromiso inicial y su transformación y evolución, que en general se reproduce en los diversos exilios: al primer compromiso básico ligado a la denuncia de las dictaduras, la muestra de la lucha de los pueblos y el llamado a la solidaridad se han ido agregando temas relativos al trasplante y la aculturación, la adscripción o pertenencia etnocultural y hemisférica, y la condición femenina, además de tópicos como la defensa de le medio ambiente y la paz que recorren todo el vasto espectro de la escritura y sus diversos niveles. Pero no toda asunción intensa o su proclamación constituyen compromiso en tanto escritura expresa y voluntariamente teleológica, según la estrecha definición ya citada al comienzo. Por ejemplo el testimonio, cultivado en sus diversas formas por las autores y autoras hispanocanadienses está muy cerca del compromiso en esos términos—como en el caso de las difundidas novelas autobiográficas de las autoras Carmen Aguirre y Carmen Rodríguez, a veces la biografía de otra protagonista, como en la reciente obra de la escritora peruano canadiense Roxana Orué, "Biografía de Magdalena Morataya". Camila Reimers, en "Tres lotos en un mar de fuego" hace lo mismo al ficcionalizar tres historias de mujeres. En la mayoría de los casos el compromiso es la asunción de las determinaciones de la escritora. Entonces veremos que en el caso de la escritura femenina hispanocanadiense se abre todo un abanico de compromisos, que están definidos en mayor o menor medida al asumir, exponer y defender el origen y circunstancia de las autoras. Por ejemplo, en la poeta Ama Luna, diversas facetas de su adscripción se entreveran en su poesía. Se ve una actitud básica que permea la escritura, por ejemplo en el poema "Allow Me To Tell You de dónde soy", podemos advertir la presencia de la reivindicación femenina, idiomática, política y del país y región de origen

“Soy de un little country, the más pequeño of them all”,

donde vemos que se establece una comparación implícita entre un aquí y ahora de alguna manera degradado y el ámbito originario visto o recordado a través de un lente utópico

“I am de donde the people se abraza and care for each other,
where you share with others tears of felicidad and pain,”
pero por otra parte
“But in that same place, mis derechos were violated también”

y se equilibra esta visión al rescatar al presente respecto a la utopía del origen, rompiendo la dicotomía del aquí y allá tan presente en la literatura trasplantada

“I am from one of the most humanitarios countries
un país that opens its doors and welcomes people like you and yo.”
“is it here? or is it there?
or tal vez just a mixed of the two
donde la linea divisoria
of where I am from has faded out
making me of a special and unique blend”,

lo que resulta en un nuevo compromiso y una nueva identidad personal y colectiva :

"Wherever I come from does not matter, lo que importa is what I share with you and what I have decided to be

Just like this Spanglish that mucha gente now speak”

En Aspasia Worlitzky, la escritura comprometida puede surgir de una petición de un otro significativo, que no es tan sólo un individuo. En una gran parte de la literatura exilada y comprometida está presente la pareja de compañeros, que de alguna manera tiene una significación colectiva:

“Y quieres que escriba,
que publique, que diga,
que denuncie, que te hable". (Poema tu mujer)

El cuerpo, como se decía, es una dimensión muy presente en la literatura femenina. Campo de batalla, territorio a reivindicar, derecho inalienable y objeto de la cosificación masculina, en mayor o menor grado, y con raíces que se remontan al alba de los tiempos. Parte de una mitología y tradición que tiende a equiparar a lo masculino con la claridad, el pensamiento y la conciencia, y lo femenino con la tierra, la materia, la regeneración, pero también la tentación y la impureza. No faltan ejemplos entre las autoras hispano canadienses que asumen este tema. Cito: “El cuerpo torturado, el cuerpo mutilado, el cuerpo envejecido, pero siempre amado y dotado de poder, se erigen en el sistema poético de Nela Rio, no sólo como enunciado que recurre permanentemente en sus libros, sino también como lugar de enunciación privilegiado por donde discurrirá un auténtico discurso de la identidad" (El cuerpo torturado y mutilado en la obra poética de Nela Rio, de Elena Palmero González). Así, el cuerpo escenario material de horrores en las circunstancias que originaron los exilios, revela su carácter político y la política adquiere corporeidad. Los elementos míticos y tradicionales subyacentes incluso en las sociedades más modernas refuerzan el papel tradicional de la mujer a nivel institucional y político. Otros elementos de compromiso que han adquirido un carácter casi imperativo para los escritores(as) son el medio ambiente y la paz, que gracias a los medios virtuales han producido ingentes cadenas de partidarios, sobre todo a nivel de practicantes de la poesía en todos los niveles de desarrollo. Las proposiciones o demandas para el compromiso de las escritoras siguen en general las pautas y conjuntos de valores vigentes, que no es lo mismo que su existencia o concretización social e institucional concreta. Pero se cuenta en todo caso con una historia y un panteón de íconos que apuntan a valores, conductas e incluso instituciones. La autora peruano canadiense Lady Rojas presenta algunas de esas figuras. Aparecen Mandela y Martí, María Parado de Bellido de la historia nacional peruana, además de figuras femeninas y expone la situación general de la mujer contemporánea, inseparable de la situación general, como en el poema "Y si soñara". En otro, Elena Poniatowska es celebrada en cuanto desenmascara la historia y el discurso axiológico oficial, y sitúa a la mujer como sostén de la realidad social. Ese proletariado definitivo cuya redención conllevará la de toda la humanidad:

“ellas que ya son gobierno, ellas, el pueblo, guardianas de los hombres, repartidoras de los víveres, sus hijos a horcajadas sobre la cadera o recostados en las hamacas de sus pechos”

Para terminar con estos ejemplos, veremos que el compromiso se instaura como una necesidad ineludible, al menos para quien lo acepta:

“¿Complicidad?
No entiendo la ruta verdadera
de un poeta que no grite verdades
en estos intrincados tiempos “

nos dice Yolanda Duque. Porque los tiempos son intrincados. Si bien se está configurando un conjunto de posiciones o principios axiológicos que tienden a una universalidad humana, y que parecen ser la base del compromiso actual, hay una zona gris y están circunstancialmente determinados, amén de que existen básicamente solo a nivel del discurso institucional. El grupo de valores que se tiende a constituir como polo del compromiso se ve modificado según se habite en una ciudad occidental o en ciertas regiones del así llamado “Sur”, y a veces chocan con versiones locales o globales del progreso económico o los derechos humanos universales. Una concepción ambiental choca contra las pretensiones de propiedad territorial de algunos pueblos. La afirmación etnocultural se valida en ciertos contextos como afirmación legítima y en otros se convierte en germen o realidad de movimientos o estados integristas y xenofóbicos. Las aspiraciones minoritarias oscilan entre la demanda de espacio cultural y político o el aprovechamiento institucional de grupos de interés especial. La expresión, apoyo y difusión cultural se limita por factores externos ligados a la pertenencia concreta material de los presuntos autores, cuya trasgresión conduce a la apropiación cultural. La navegación y manejo de esta compleja maraña es una tarea más que se agrega a la agenda de las autoras que escriben en castellano en Canadá.

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