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Catastro : Notas Abril 11, 2013


Lenguaje, realidad y memoria en la poesía de Jorge Etcheverry
Fernando Veas Mercado

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En mi intervención sobre la poesía de JE me voy a referir a ciertos aspectos lingüísticos; se trata de prosismos, expresiones coloquiales, dichos, frases hechas referidas al mundo inmediato del hablante poético que se caracterizan por su discursividad y que estructuran una visión reflexiva. Poesía caracterizada por un aparente casuismo que sobrepasa lo anecdótico con una expresión, despojada de imágenes previsibles. Normalmente, el hablante de los poemas de Etcheverry es un yo poético que quiere evitar el sentimentalismo para adentrarse en una expresión más rica y auténtica que corresponde a la concepción del poeta como un testigo que habita una realidad, muchas veces hostil, en la que debe desenvolverse sin olvidar sus principios.

01. En los poemas hay ironía, humor, lirismo, alusiones, guiños y referencias que conforman una realidad con un espacio privilegiado: la ciudad, en sus dimensiones deshumanizadoras y amenazantes pero también en sus atmósferas habituales e incluso, reconfortantes. En esa realidad hay seres de todo tipo. Hay también mucho vuelo, pájaros, ensueños y deseos y valores suspendidos salvados por una memoria activa que configura una personalidad poética poseída por un temple de ánimo en el que predomina la nostalgia, la memoria y la clarividencia.

02. En mi opinión, la poesía de JE es una mirada atenta, penetrante y lúcida sobre la realidad. Sus textos plasman ese mundo en términos y formas atípicas que configuran un estilo que, a veces parece diluirse, cambiar o desaparecer, pero que vuelve con fuerza en otros poemas en los que la utilización de las palabras no es nunca ajena a un hablante poético siempre asombrado ante la realidad a la que trata de arrancarle sus verdades, inconsecuencias y todo lo que la hace deleznable o para insuflarle un poco de humanidad.

03. Me voy a referir sobre todo a los libros El evasionista (1981) y Tánger (1990). También diré algo sobre A vuelo de pájaro (1990), Vitral con pájaros (2002) y Reflexión hacia el sur (2004) los tres últimos son antologías con poemas de diferentes épocas. Hablo de ellos cuando me permiten incluirlos en temáticas trabajadas o en un posible proyecto, en mi opinión. Leí dos otros conjuntos de poemas en internet. Hablativo agente y Textbook, además, podemos mencionar Cuaderno de  bitácora. Otra sorpresa, en ellos figuran poemas que vienen de varios rumbos (de A vuelo de pájaro de Vitral y textos antiguos y otros recientes no incluidos en ninguno de los libros). Hay aspectos como las influencias o la reelaboración de algunos temas pero eso lo dejaremos para otra oportunidad.

04. No podré hablar de la prosa de Etcheverry, de sus relatos ni de la novela De chácharas y largavistas; tampoco de su contribución crítica original y estimable, que explora temas como la obra de Beckett, el posible posmodernismo hispanoamericano y otros tópicos tratados con sensibilidad y conocimiento.

05. Su poesía evidencia múltiples, provechosas y muy bien asimiladas lecturas, lo que para mí es nodal es la actitud con la que enfrenta la realidad y por consiguiente cómo se va armando su escritura.

Naturalmente hay tópicos en sus textos. Etcheverry los revitaliza y les da un tratamiento novedoso. Eso se llama oficio pero, sin la mirada certera sobre la realidad, los trucos van a aparecer o bien, se va a desaprovechar una visión que podría ser original.

Las opiniones de Etcheverry sobre los demás, es honesta y por eso algunos de sus juicios pueden parecer lapidarios ya que simplemente tiene convicciones bien meditadas. Pienso por ejemplo en su poema Antipoema de Vitral:

Los poetas que leen son todos pésimos
Conozco a todos los músicos
Me sé sus canciones de memoria

Si Dios les mandó
Este desastre natural
¿Quién soy yo para aliviar su sufrimiento? (Vitral, p.71)

Claro, ni tanto ni tan poco. No cito fuera de contexto (no lo hay) Simplemente para mí es un ejemplo del fresco desenfado de su poesía.

Por otra parte, se autocrítica a menudo; eso forma parte de su andadura poética; La poesía como pega, Tiempo libre, Idea para un concurso, Ícaro, Darwinismo son miradas sin contemplaciones sobre los poetas, el quehacer poético y su resultado.

La poesía de Jorge E. Posee varias dimensiones. Es discursiva y a veces sentenciosa y reflexiva. Podríamos creer que se complace en la anécdota, pero esa estimación sería superficial. Hay siempre alusiones filosóficas, históricas y literarias que evidencian una formación sólida pero de la cual no se hace alarde. Escribe una poesía flexible en la que aprovecha muchos materiales que asume o que parodia.


1. El evasionista

El libro está organizado en tres partes con 10, 11 y 12 poemas respectivamente. Cada parte podemos decir que tiene sus características propias. Tánger es un continuum, con ciertos enlaces en diferentes niveles.

El hablante explicita su posición ante la poesía desde el comienzo:

“Alguna vez tendremos la oportunidad de dejarnos llevar por una manera de decir que toque los extremos del mal gusto…” (El Evasionista, 10)

“Pero está la vida por el otro lado: Estamos sujetos al amor y la estulticia, a la traición, a la mantención del cuerpo y el alma,...” Ibíd.

Esta doble vertiente alimentará esta poesía y Heidegger se desliza en una alusión: la de que el hombre es un ser para la muerte. El hablante está cercado. Escribe sin pretensiones pero se dice “sale pa´llá…” que es la primera autoapelación, escribir, sin pretensión pero, escribir ya lo es, de ahí ese recordarse esa especie de pequeña hipocresía y acto seguido una alusión a como se puede enriquecer un texto que no deja de recordarme el prólogo del Quijote. Acto seguido, encadena con un prosismo: “Volviendo al tema… Los chilenos somos todos poetas…” .Creo que en estas primeras páginas ya tenemos lo que será la constante de la poesía de Etcheverry que se aumenta con:

Suspendamos un momento esta letanía para rendir un homenaje a todos aquellos que usaron alguna vez una manera de decir que de algún modo está presente en la intención de estos escritos. (El evasionista, p.12)

El homenaje a poetas: Ginsberg, Perse, Lautréaumont, Eliot, define una concepción primera de su poesía. También la lectura de Esquilo, de sus párrafos rítmicos como respuesta a la poesía chilena de los 60 que se limitaba:

“a una sola imagen trabajada con esmero que,
traducía una impresión al alcance de todos
la restricción del lenguaje nacida de la asunción de una
parquedad supuestamente telúrica”
(El evasionista, 14)

Pero también están Beckett, Rimbaud y Whitman y Pound y de Rokha.

En algunos textos de El evasionista hay el deseo de constituir una poesía que se aleje de la imagen tradicional y que pueda fundirse con lo habitual que, sin embargo, no es fácil de penetrar, de ser conocido porque en la expresión acecha el sentimiento que entorpece. La poesía implica perder esa sentimentalidad y acostumbrarse a otra, que implica una nueva relación con la realidad, aparentemente reducida pero, en el fondo, más rica y auténtica. El hombre debe elevarse renunciando a los estimados valores sociales burgueses, pedestres y ordinarios, debe dejarse llevar por los sueños pero sin renunciar a lo humano, a la vitalidad, a la aceptación de la fuerza genésica que será asumida sin disfraz y, sobre todo, sin renunciar a la historia. Pero, siempre volvemos a nuestros gastados ritos, porque es difícil o imposible mantener ese ritmo.

Las imágenes del mundo poético son variadas, son elementos que a veces se deshacen o chocan o son completamente ajenos al mundo habitual del hablante poético. Por otra parte, éste muchas veces no se siente único, como realizando una labor primigenia. Elabora sus textos a partir de ciertas consideraciones que lo tocan esencialmente y que son elementos banales o habituales de toda existencia. Pero justamente la observación y la reflexión evidencian la profundidad de la mirada sobre la situación en la que se encuentra una conciencia que debe desenvolverse, penosamente, en esa realidad. El hablante se percata que lo grandioso no es materia poética en sí y además, porque se ha abusado tanto y con lenguaje hueco pero también rechaza la poesía hermética, que ha conducido muchas veces a una poesía que se pilla la cola en su hermetismo. No se da el trabajo de definir esa materia, simplemente vive y escribe. Simplemente, la vida, como dijo Rimbaud.

Pero, por otra parte, el hablante recorre otras atmósferas, reside o deambula imaginativamente en otras regiones prestigiosas, hasta míticas, en las que casi en ensueño, se integra. Otras veces son recuerdos de momentos de un pasado mítico o legendario lo que de alguna manera contrasta con la situación a que hemos aludido antes, la ordinaria. Estdo de cosas 1, Fragmento 1, Ahimsa, Fragmento 2.

Varios poemas con estas características resultan herméticos, con imágenes que se van sucediendo, a veces, en un sistema personal difícil de penetrar. Sin embargo, el hablante termina por volver a un contacto real sin abandonar ese planeta. En una especie de violencia que lo determina, a la que no puede escapar. La vida gana la partida. A lo largo del libro la expresión más cerrada se va aplacando hasta concrecionar el programa declarado al principio y el libro termina con esa etapa insoslayable para el hablante poético que no se quiere falsear. Por eso, creo, Tánger conserva sólo algunos aspectos de ese primer libro y veremos cómo en los libros posteriores, que Etcheverry presenta como selecciones, podemos discernir una organización en torno a principios que todavía están marcados por la búsqueda, poco a poco se van afiatando y ya tendremos el Etcheverry definitivo que no ha dejado atrás, sus convicciones, sino una cierta manera de escribir primera aunque no completamente.

Ese intento del poeta debe ser aplazado:

“Quisimos abandonar la imagen y llegar a las cosas, que reptan en torno a nuestros pies- No tenemos todavía preparada la pupila
Pero me dijeron que podría perder un ojo –el izquierdo-
el ojo del corazón, que tuerce y disfraza”.
(El evasionista, Fragmento 4, 48)

El intento de producir una poesía si no más objetiva, despojada del sentimiento, no es fácil ya que si lo perdemos, en función de la pasión humana, se corre el riesgo de no llegar a nada. Por eso, en otro poema ha dicho que hay que equilibrarse en la cuerda floja.

Las circunstancias en la que se encuentra el hablante son privilegiadas, pero, se miran bien:

“Un día, un cataclismo ha de hundir esa franja de tierra en el Pacífico. Mientras tanto, démonos el lujo, la tranquilidad y el tiempo, para producir poesía, vinos, regímenes y teorías sociales”. (Tánger, 13).

Es patente el deseo de escribir poesía no sentimental:

“Enarbola como una bandera la expresión de la perplejidad/esconde tus pensamientos bajo la almohada para que compruebes su desaparición a la mañana siguiente./Acelera el ritmo de tu corazón vacilante, ponlo al ritmo de las candelas y las luciérnagas/ no ejercites tu cabeza, no demuelas tus pupilas con todos estos inútiles ejercicios.
(El Evasionista, p.98)

El poeta es libre, nadie lo puede obligar a: “hablar con voces gastadas”.

En el poema El sopor de los pájaros II explicita la necesaria sintonización entre emisor y receptor que no parece lograr la poesía tradicional ni la nueva en sus comienzos, o tal vez, nunca:

“La anulación de la voz se explica por la trituración de los sujetos. La obscuridad de la voz por la confusión del escucha” (El evasionista, 104)

No entra en disquisiciones sobre angustias existenciales o nebulosos conflictos, no se alude a las materialidades que impiden al receptor oír y más todavía, comprender cabalmente el discurso poético. Dispara iluminaciones que construyen en el texto la situación de acogida y lectura del poema sin caer en un falso historicismo o análisis sociológico que le quitarían ésa, lo diré, elegancia, que aparece en sus poemas a pesar del tono francamente desenfadado, apelativo, directo. Gracias a eso logra constituir su otro yo, ese posible cómplice, ese igual del que nos habló Baudelaire:

“No escuches las palabras demoradas y roncas, la interminable consolación del Pensamiento General, tan apreciado en el curso de la historia. No te distraigas en la Forma de proclamas y boletines, Ejercita tu vuelo breve, como una codorniz herida de una balazo, que sin embargo salta de acá para allá una vez que se aleja el cazador (...) Enróllate sobre ti mismo como el quirquincho, proyecta hacia afuera el abanico de tus púas como el puercoespín”. (Ibíd.)

El poeta y su poesía llevan una vida dura, de coraje: libra una batalla que seguramente no puede ganar:

“La palabra del mago ya no se escucha por los altoparlantes, no se difunde por los periódicos ni grita desde las aulas (...). El Gran Sueño se aleja a nuestras espaldas a medida que el calendario avanza, a medida que se acumula el metal en nuestras articulaciones”
(El evasionista, 108).

A pesar que la lucha por ciertos valores persiste en otros lugares del mundo, que no son la patria del hablante, y que él y sus congéneres parezcan subsumidos en metafísicas lecturas, que el yo desaparezca debajo de la nieve, el hablante se define como un fantasma o como alguien que debe nacer de nuevo o como alguien que trata de poner una distancia entre él y los demás. No es ajeno a esto la imagen del poeta, como voyeur, como mirón u observador pero, al mismo tiempo, voyeur en el sentido de vidente. Estos cambios propiciados, este cambio en el pensamiento poético, esta búsqueda para salir de las brumas constituyen los signos distintivos de esta poesía. Pero hay ciertas dudas respecto a esto último ya que no hay la misma claridad religiosa o política o de alguna tendencia espiritual o histórica; el hablante es prácticamente un huérfano. Ese casi estado de yecto engendra una poesía laica, ajena a presencias no poéticas o que tamiza las influencias. Al poeta, sólo le queda seguir viviendo, seguir escribiendo, seguir siendo poeta. Hay que notar que Etcheverry va constituyendo su propia referencialidad: el uso de mayúsculas o la canonización, podríamos decir de ciertas alusiones que si a veces tienen algún correlato, otras simplemente son creaciones, imaginaciones en el sentido de construcciones. Hay una oscilación entre una referencialidad histórica en muchos poemas o en versos de poemas y otra referencialidad estrictamente textual. Y otras, claro, casi retórica o convencional: gatos, cuervos, palomas, ratas....

Pero lo esencial para el hablante vuelve siempre:

“Los observadores impersonales no tocan el corazón de las cosas. Nos ven pasar con sus ojos sin entrecejo. Intento fundamentar la fecundidad de estas frases (cómo estamos). Crece el pasto debajo de la nieve. El yo desparece detrás del tumulto de las frases, de la hinchazón del verso largo”. (El evasionista, 112)

Otra vez la torsión lingüística, la pirueta humorística, la autocrítica por dejarse llevar por la grandilocuencia. El gesto no es gratuito, corta un flujo que es el que el poeta desea abandonar...y le cuesta, debe estar vigilante.

El evasionista se cierra con Epitafio a la escuela de Santiago que es un balance:

Debemos al menos reconocer EL PASO DEL TIEMPO.

“En Toronto se aburguesan imperceptiblemente
Los maestros, ahora podemos nombrarlos, MAESTROS DE TORONTO
(...)
-Entretanto hemos dejado entrar OTRA GENTE por la ventana
que de algún modo ha pasado a DETERMINAR
aspectos de nuestra vida
-No se puede decir que vivamos descomprometidos. Uno que otro poema aparece publicado en revistas” (El evasionista, 114)

El hablante intenta seguir en su línea y si se contamina un poco, por otro lado se renueva tratando de escapar a la vida cotidiana. Pero de todas formas:

“Algunos seguimos ligados a una revolución que a lo mejor
Es un sueño.
“Ello siempre con gran entusiasmo”
A lo mejor, tú, yo, ellas, debiéramos nacer de nuevo”.
(El evasionista, 116)

La posibilidad de recomenzar, dicho de manera dubitativa es más bien un deseo: el de tener la oportunidad de reemprender mejor la tarea.

2. Tánger

En Tánger, que evoca un puerto casi mítico desde la antigüedad ya que tal vez hasta Ulises habría pasado por él y, más cerca de nosotros, lugar especial y sitio en el cual vivieron muchos poetas y artistas, varios de ellos lecturas juveniles de Etcheverry: Kerouac, Burroughs, Ginsberg, famoso trío a los que hay que sumar Bowles, Beaton, Corso, Bacon, Orlovsky, Tennessee Williams, Capote y Gysin, ¡casi nada!, una buena parte de la Beat Generation.

Desde el comienzo, el tono es enunciativo:

“El vivía prácticamente en ese café.
Conocí a una mujer que era profesional del sueño.
A eso volveremos más adelante” (Tánger, 9)

El puerto aparece en su imagen de lo abierto y luego hay una reflexión Con un lugar común que lanza al lector hacia un pasado:

“La situación en que nos hemos visto envueltos tiene un montón de precedentes. En fin no hay nada nuevo bajo el sol. En este negocio parece que todo se hizo en los años sesenta. En la búsqueda de algo nuevo, no tenemos realmente dónde volver la cabeza”. (Tánger, 11).

Símbolos como los del puerto (Valparaíso) muestran el hormigueo vital y constituye un sitio privilegiado de contemplación, de la imaginación, que tiende a diluirse por el llamado progreso y el cambio de los tiempos que echan a la vera del camino lo que no es útil o, en esas concepciones, verdadero y que, además, mixtifican la realidad misma. La ciudad, el puerto de ahora, en el que deambula el hablante: los puertos son los esfínteres que exudan o inhalan húmedas corrientes de fluidez variables
(Tánger, 15)

El hablante es un protagonista que no se considera especial, que habla simplemente de algo al parecer importante y que busca sin éxito.En lo que se refiere a la poesía, está harto de tanto lugar común más bien:

“hay que regar la planta de la imaginación. Bañarse en los lugares comunes” (Tánger, 15)

Para eso:

“Seamos, pues como esas gaviotas, revoloteemos sobre el irisado mar de la realidad, avizorando los peces preciados con nuestra potente vista atravesadora” (Tánger, 16).

Se trata en parte de la famosa doble vista de los surrealistas porque mucho de eso hay en este libro, pero con la diferencia, creo que las asociaciones surgen, no son provocadas y, por otro lado, no son gratuitas, en el sentido que no se trata de asombrar. Más bien, para mí se trata, en el buen sentido del término de lo real imaginativo, que no mágico. Se trata de imaginación, no de fantasía. Por eso el país y los seres son caracterizados por cualidades y defectos que no provienen de un análisis estrictamente cerebral. Por eso el puerto, por eso Tánger.

En esa realidad “Una lechuza canta “a lo lejos, canta”. Etcheverry opera una síntesis. Por una parte, la clara alusión al poema 20 de Neruda con todo lo que eso implica, por otra, una referencia no tan oblicua, creo, al epígrafe de El Obsceno pájaro de la noche de José Donoso y creo que el contexto parcial y total de la obra de Etcheverry me permite afirmarlo. Creo que vale la pena citar completa la frase de H. James:

“Todo hombre que haya alcanzado su adolescencia intelectual, comienza a sospechar que la vida no es un chiste, que tampoco una gentil comedia: sino que florece y fructifica al contrario en los abismos más trágicos y profundos de la esterilidad esencial en la que están sumergidas las raíces de su ser. La herencia natural de todo aquel que es capaz de vida espiritual es un bosque salvaje donde aúlla el lobo y grazna el obsceno pájaro de la noche”.

Debemos ser:

“Como una roca sólida rodeada de la arena lisa
Sin límites
De nuestras vidas
Que no van a dar a la mar
Sin más” (Tánger, 24)

Ahora es el turno de Jorge Manrique. No, no podemos ya aceptar ese tipo de consolaciones, un sólo verso basta para rechazar una concepción jerárquica y teológica de la realidad.

“Debemos dejar las imágenes abstractas, debemos dormitar sin cerrar un ojo” ( Tánger, 25) porque nuestra vida es precaria y la creemos banal a causa de las circunstancias.

Por eso, luego, en un poema va a utilizar como caja de resonancia, otra vez, a Neruda. Me refiero específicamente al poema II de Alturas de Macchu Picchu del cual Etcheverry cita por lo menos un verso textual sin esta vez entrecomillarlo: “En qué lugar de su conversación abierta” pero, no termina como Neruda que dice...

“entre los almacenes, los silbidos, en cuál de sus movimientos
metálicos
Vivía lo indestructible, lo imperecedero, la vida”.

Nuestro poeta dirá:

“entre el teje y maneje de los llamados del teléfono rojo
Acuerdos bilaterales y multilaterales
Pactos de no agresión y defensa del hemisferio
Norte Sur Este Oeste
Yace el deus ex machina
La causa primera
Del primer Motor
La fuente?” (Tánger, 27)

Allí donde Neruda se hace una pregunta vital, trascendental, que se explica por lo dicho antes y por lo que dirá después, Etcheverry nos pone ante la técnica, la economía, la violencia, el poder poniendo con mayúsculas los términos tradicionales eufemísticos hasta terminar con los de la tragedia griega (Deus ex machina) y la teoría de la existencia de dios de Aristóteles en una violenta ruptura (Causa Primera, Primer Motor).

Todavía daré otro ejemplo de esta manera. Este ser, que se mueve como los pájaros, va:

“Consecutivamente
Como mares despoblándose
Hasta dar con el cuerpo en las ciudades
Del Centro, del Norte...” (Tánger, 27)

Neruda dice en Galope muerto:

“Como cenizas, como mares poblándose,
En la sumergida lentitud, en lo informe”.

Mucho más adelante emplea como eco a Machado:

“Anduve por caminos pedregosos
Por ciudades, vistiendo diversa lencería

Me he mareado en diferentes cubiertas
He navegado por los siete mares” (Tánger, 63)

Estas son algunas de las alusiones que encontramos. Sería interesante estudiarlas a fondo. Si me he referido a ellas es porque creo que Etcheverry echa mano a ellas por su carácter. Como las metáforas, fueron originales. Luego, el uso y abuso las trivializan. El hablante se encuentra en una situación parecida (nada nuevo hay bajo el sol, para citarlo) pero diferente, de ahí el vuelco de la expresión, su utilización en este intento pragmático del texto, en el sentido de establecer un nexo, una conexión con su lector y la situación de lectura y la real, al mismo tiempo que advierte el peligro de deslizarse en una poesía que ya es pasado y, sobre todo, que obedece a una concepción de la historia y de la realidad sobrepasada. Desde el comienzo, el hablante se ha visto como un peregrino de la poesía, como ese griego que se lanza al mar, como ese luchador no violento de Ahimsa, como el ser extraviado de los primeros poemas de Alturas de Macchu Pichu y de Galope muerto, como los narodniki que ahora puede ver como aventurerismo.

Pero de todas maneras, escribir no será fácil y:

“Sólo podemos tocar el ángulo de las cosas con
Este rápido lenguaje.
Dejemos doblegar nuestras cuerdas vocales ante vuestro reclamo.
Vamos al grano” (Tánger, 22)

Más adelante insiste:

“No le tengamos miedo a los lugares comunes, tan viejos como la denuncia de los mismos” (Tánger, 44).

Pero el afinamiento debiera llevarlo a un estilo objetivo y sobrio:

“Esta es la descripción de dos cosas: el puerto, las gaviotas” (Tánger, 49). Agrega:

“Estamos de acuerdo en cuanto a la mantención de un tono más
menos general
Las confesiones de cada niña enamorada y cada joven aproblemado me aburren mortalmente” (Tánger, 50)

Cuando leemos el autorretrato (hay dos o tres) comprendemos por qué su combate por desbaratar esa poesía perimida es una necesidad vital:

“¿Cómo se puede detener las acumulación y el surgimiento de las Nuevas formas amenazantes, brotadas de la experiencia misma, como diría un buen materialista, como el que esto lee, como el que esto escribe?” (Tánger, 53)

Estamos en un momento importante. Los poemas tienen un lector que es el otro yo del hablante. Los otros, son los de siempre, los carreristas, los preocupados de tener trabajos bien remunerados. El hablante pertenece a ésos que ha caracterizado a lo largo de los poemas y que parece ser “especie que se extingue con nuestra generación” (Tánger, 55). Sin embargo, tampoco ella puede sustraerse a ese dejarse ir:

“Reconozcamos el enorme desperdicio de nuestras facultades
Y habilidades, de nuestro tiempo.
Reblandecimos en un Nivel De Vida relativamente alto.

Nos quedan como generación unos buenos diez años de rendimiento
Algunos tienden a creer que las tareas revolucionarias (I said that) implican juventud,
Craso error:
La juventud es la era del entusiasmo fácil” (Tánger, 56)

El hablante dice eso porque:

“Desde la salida misma de la adolescencia de algún modo había
estado siempre buscando el paraíso” (Tánger, 57)

Y si no lo hace de una manera, lo hará de otra, como cronista, como fotógrafo.

Muchas veces en un sólo poema se producen las asociaciones que le llevan a conclusiones que para muchos no están contenidas en las premisas primeras:

“Una vez alguien me dijo, desnuda...hay que hacer el amor con distintas personas,
con la misma persona, muchas, muchas veces...Mientras yo me inmovilizaba helado”.

“Los buscadores de novedades no salen nunca del círculo de lo conocido
Como en el primer encuentro el joven preocupado por su
Desempeño no logra alcanzar una erección
Tratemos pues (y este es un consejo)
De rescatar lo diferente
Para eso Dios nos dio ojos y cerebro
Equilibrémonos como el acróbata en esta línea delgada” (Tánger, 62)

Preocupación fundamental: no evitar lo que las cosas son disfrazándolas con un lenguaje falsamente prestigioso que liquidará su particularidad. Por otra parte, lo nuevo es raro y buscar donde no hay, y eso lo dice en otro poema, que ya nos queda poco, es caer en lo archiconocido. Más bien, y eso dicho sentenciosamente: rescatar lo diferente con la visión y la razón. El equilibrio entre los dos puede dar algo y eso debe hacer el poeta. Ni explayar su sentimiento ante la realidad, ni secarla con el logos.

El poeta tiene una aguda conciencia de su quehacer:

“Yo nunca hice nada que no fuera una pradera de palabras en la
Oscuridad
Cuartillas blancas
Tinta negra y plumas aceitosas
Candelas de sebo
Ampolletas” (Tánger, 63)

Si, agrega:

“Quizás sea posible concebir una estructura significativa que sea como una flor cuyo centro es el vacío, o más bien una entidad abstracta” (Tánger, 65)

que estará en conexión con otras cosas. Pero la realidad es que eso también implica una realidad que comienza a ser absurda y revitalizadora de los viejos fantasmas como los fundamentalismos e irracionalismos de todo tipo que pueden conducir, otra vez, a la catástrofe, al hambre, persecuciones, tortura, miseria, por eso:

“Qué lirismo no parece ridículo frente a la magnitud de estos acontecimientos”.

Como Canetti, el poeta debe reconocer que la poesía no servirá para impedir ni la brutalidad, ni la guerra, ni la muerte, pero que el poeta tiene la obligación de hablar y de creer que sí es posible, ser fiel a lo humano:

“Nos aqueja la vigencia de montar un nivel culto formal en el lenguaje. Las expresiones directas del yo a través de su manifestación pronominal no gozan ya de prestigio en los niveles académico y oficial” (Tánger, 69)

“Sobrevolad como pájaros la roja floración anecdótica” (Tánger,66).

Muchos elementos de la realidad parecen preludiar la oscuridad que va muy rápido y aquí la cita de W. Benjamín no es erudita, simplemente es uno de los primeros en advertir aquello de lo que fue víctima:

“... mientras se suceden las noticias cablegráficas y se reproducen en un nuevo lenguaje (anunciado y descrito por Benjamín) –entre las voces- en forma paralela a las canas de mi cabeza: Los cuerpos atrozmente mutilados, las carcasas, el aniquilamiento de vastos sectores naturales –mientras se elevan las voces- sin embargo pulsados desde abajo, desde adentro, por idéntica floración rítmica” (Tánger, 68)


“(Y en efecto hubo muchos antes que nosotros, encandilados por los innumerables reflejos del mundo)” (Tánger, 69)


“Es por eso que siempre te he considerado mi amigo. Tú no te haces ilusiones, pero tu escepticismo esconde una moral fuerte, un amor por el hombre (pásame un cigarro)” Tánger, 72.

Otra vez el coloquialismo que corta el rollo, esos cambios de tono para evitar la solemnidad o en el lirismo. El hablante no se deja atrapar por ese tono solemne que si bien necesita, debe al mismo tiempo ridiculizar con un giro que no banaliza lo dicho, sino que evita que lo dicho sea recibido en un nivel de lugar común, despojado de una esencial relación.

Los guiños son numerosos: Lautreaumont, Machado, Parra, de Rohka, Neruda. Hay parodias, ironía, utilización de versos con intenciones diferentes a las originales, en fin, varias cosas que sería bueno analizar, sólo hemos rasguñado algunas.

3. LAS ANTOLOGÍAS

En sus antologías va a reaparecer el poema Conversación con Erik Martínez que es una mirada casi melancólica sobre ese pasado combativo. Hay en su poema Epitafio a la escuela de Santiago un balance metálico de ese pasado, desertado por algunas figuras. El estado actual de la cuestión le hace decir que tal vez sería mejor nacer de nuevo pero, creo, no deja de ser una maldición a los desertores. Por otra parte, en la del 2004, Reflexión hacia el sur, su poema Homenaje a Gurdieff que, bien leído no puede sino reconfirmarnos en nuestra determinación de una actitud de fidelidad, entera y ética de su escritura. No estamos ante el principiante que, en su búsqueda de caminos, a pesar de sus convicciones político sociales se interesa en temáticas, filo y teosofías, creencias y saberes que las contradicen. Pero eso no es una paradoja sino la expresión cabal de la preocupación por las posibilidades que se le abrían a ese yo, preocupado naturalmente de sus propias elucubraciones y que va adentrándose en formas de ver y de advertir la realidad y de sumergirse en ella que le harán poco a poco eliminar una forma de hablar pero sin eliminar los fraseos y el uso de lugares comunes, citas y expresiones, de ese arsenal de mal gusto que había que arriesgar y que ahora domina. Eso ya lo podemos apreciar a partir de A vuelo de pájaro y sigue en Vitral con pájaros hasta alcanzar su más madura dimensión en Reflexión hacia el sur, hacia ese sur que nunca ha olvidado y que ve ahora claramente, mejor que en su primer libro, y que sin embargo cierra con un homenaje a Gurdieff que ya está lejos pero con el que guarda con deuda intelectual sino casi sentimental por lo que podría terminar diciendo, Etcheverry: quien nos viera y quien nos vio.

Lo cierto es que no podemos leer a Etcheverry de manera lineal, en el plano connotativo. Tenemos que hacer un esfuerzo muchas veces para entrar en la denotación, en el sentido segundo que está aludiendo con la utilización de un lenguaje que, a partir de lo cotidiano, se impulsa a otras regiones. Por eso, creo, repite poemas, porque reorganizan su pensamiento, son momentos privilegiados y quiere repartir de ellos, tocar tierra y elevarse y seguir oteando lo que hay más allá de las palabras.


3. 1. En 1998 Etcheverry publica una miniantología personal, A vuelo de pájaro, que no trae ni introducción ni prólogo del autor, contrariamente a las dos antologías que seguirán el 2002 Vitral con pájaros y Reflexión hacia el sur del 2004. Los poemas: Que siga tocando la banda, Y la gente, Nilton y Conversación con Martínez reaparecen en Vitral. Gnosis, de El evasionista, figura en Vitral también. Por otra parte Textbook también contiene Conversación con Martínez, Termidur, El desprendimiento de los pájaros, El trono de San Pedro, Paraíso y Gnosis que están en Vitral. Sólo podemos hoy señalar que, a pesar de tratarse de poemas sueltos, o que podrían formar parte de Hablativo agente, es posible encontrar algunos temas que están en sus libros precedentes: la memoria del hecho chileno, la reflexión sobre la condición humana, la poesía y el rol del poeta.

3.2. En Vitral con pájaros se nos advierte que debemos considerarlo como un mosaico con elementos recontextualizables o como las piezas de una casa. Todo eso nos permite decir que si Etcheverry ha publicado tres antologías debe haber alguna razón que no creo sea la del prurito de publicar. Más bien, habría que pensar que todavía está buscando y que los nuevos poemas que se codean con los más antiguos son para él los que en determinadas circunstancias vitales tiene que armar de alguna manera para satisfacer ese deseo de actualización y de fidelidad a ciertos principios y, por sobre todo, a esa tensión creativa y a la búsqueda de las formas que lo satisfagan si no para editar una obra estructurada como un todo, para que cada fragmento, válido en sí mismo de alguna manera depare una relación con las teselas que lo rodean. Son unidades relativamente independientes por el color y la forma, tienen diferentes funciones pero configuran un todo significativo visto desde una cierta distancia. Y tal vez ésta sea la característica de la poesía de Etcheverry: iluminaciones, conflagraciones, composiciones y destrucciones, relámpagos y oscuridades, alturas y abismos, olores y sabores que, como la realidad no podrían ofrecer una unidad significativa más allá de la que le otorguemos en el momento de la lectura o en relación a la totalidad de su producción. De alguna manera: a lo Cortázar: Rayuela, Modelo para armar. Porque leer la poesía de Etcheverry ha sido como una larga conversación con anécdotas, interrupciones, sobreentendidos, alusiones, interpolaciones, todo eso, regado con humor, ironía y un poco de desesperación y angustia muy tamizada por aquello de evitar el sentimentalismo. Pero Etcheverry, que se quiere, en su texto, como hablante poético, un cerebral, es más emotivo de lo que quiere admitir pero que a la postre termina por confesar. Y si no ¿por qué esa mirada nostálgica hacia el pasado y esas terribles reiteraciones sobre la gris realidad, sobre esas vidas mínimas o marginadas, sobre Chile, los chilenos, los desposeídos, los engañados, los humillados, los asesinados, los ofendidos y los torturados? Porque al lado de toda la biología, de la física y de toda la razón y de todos los análisis objetivos, Etcheverry no puede aceptar que se aplaste lo humano. Porque no puede impedir que la res extensa de nuestro cuerpo a pesar de todo, determine nuestra razón, que estemos condenados a cargar con nuestra laceria sin que la inteligencia, que comprende todo lo que sucede y que lo expresa, pueda hacer nada para remediarlo.

Estudio más amplio que éste merece esa dualidad entre las creencias aludidas, de las cuales Gurdjieff es sólo una porción, y una racionalidad a la que aspira pero que en varias oportunidades confiesa que es sólo como un seguro o un intento de que el logos domine al pathos. Como sucede en dos poesías: la de Millán y la de Zurita.

Vitral con pájaros es el libro de sus poemas regalones como dice Etcheverry y que resume muy bien sus concepciones poéticas y la definición de su quehacer. Desde Vitral con pájaros del 2002 y Reflexión hacia el sur momentos y circunstancias más banales, de lo que llama la “Épica cotidiana” hasta aquellos reflexivos en los que hasta habla de la gnosis (alusión casi al pasar que implica lecturas y concepciones de un momento en su evolución intelectual en los que el hablante compenetrado con la realidad termina por comprenderse mejor). Es indudable el deseo de Etcheverry de reiterar que la poesía surge de cualquier parte, que el material, la vida, es inagotable aunque a veces, nuestra visión condicionada, nos impida verla.

Retoma en este libro algunos temas, la constatación a veces nostálgica que ya no somos los mismos, que, de alguna manera, como dice Luis Lama:

“Un chileno es una fantasma cuya vida terminó en 1973” (falta ref.)

Pero hay un cierto orgullo por haber hecho cosas, entre ellas, haber escrito. Su poema “Conversación con Martínez” (que figura también en A vuelo de pájaro) dice:

“No somos más los pájaros salvajes del 68
Que nos agarrábamos con el mundo
(A lo mejor sí,
a ratos
Por eso no nos va muy bien que digamos)”. (Vitral, 39

Llevar una forma de vida y, sobre todo, que eso implica un carácter de escritura, implica pagar un precio. Pero el poeta no se deja sobornar y vive, por eso:

“nos adentramos hacia arriba
Hacia lo alto” (Vitral, 60)

¿Y cómo no hará? Si a pesar de todo, en la ciudad hay belleza gratuita hasta en los nombres de las calles como lo expresa en el poema que abre A vuelo de pájaro: Termidur, Minuscabá.

Como en El evasionista, la lucidez del hablante poético está muy consciente de la condición humana en Res extensa dice:

“El cuerpo

como este perro

sentado a nuestro lado

que espera con ojos implorantes

que le tiremos

comida

que lo cuidemos

que lo bañemos

para matarle las pulgas/

que le demos sus remedios de vez en cuando

Somos gente

nuestra existencia oficial

Es de la cabeza para arriba”.
(Vitral, 72)

A este poema sigue El centinela:

“Este cuerpo
Esta especie de tapa
De un libro fome
(y lo manejo
hasta cierto punto) (...)
y me preparo a engañar
a ese vigilante eterno
(...) Pero no se deja embaucar
y menos sobornar
Y la máquina
yace despierta esa noche
Y él también está despierto
Porque siempre está mirando”. (Vitral, 73)

Si no controla su cuerpo, menos las relaciones con los demás que debe aceptar aun en sus momentos más anodinos

Por todo esto, cuando Etcheverry escribe “La esencia de la poesía” pone abajo entre paréntesis, que no está dedicado a Hölderlin, porque:

“De repente un animal
Con carne hecha de memoria
Ensueños, el paso del tiempo
Te muestra sus garras
(...)
la vida sigue su curso
Uno parado en la vereda
Eso es poesía
Y a lo mejor ni siquiera te publican”. (Vitral, 64)

Si para Hölderlin hemos sido abandonados por los dioses que, tal vez, volverán, a Etcheverry le interesa el hombre y su vida y su memoria aunque asumirla implique un desgarro. No se escribe poesía, se hace, como la vida, son formas de conciencia y experiencia y, a final de cuentas, para mí, es una forma de existencia de fidelidad, de asunción y también de conocimiento, de saber que la escritura, a pesar de todo, esté condenada al olvido y que, de alguna manera no sea vista como una forma no ya económica sino de acción sobre la realidad. Pero, como el hablante, a pesar de todo, sí lo cree, persiste en su escritura.

Tradicionalmente los poetas escriben por lo menos un poema que se llama Arte poética. En Etcheverry he encontrado sólo uno en Textbook. Pero hay otros en los que se habla de poética y poesía en Tánger. La esencia de la poesía y La poesía como pega es un trabajo enorme ambiguo, sin valor...el poema que lo complementa es: Tiempo libre, Idea para un concurso, Darwinismo, Ícaro, Antipoema, y otros, son declaraciones de principios. En ellos el poeta muestra sus cartas, con las que no ganará pero a las que ha sido y será fiel; no se dejará ir, como los que, para decirlo con Neruda:

“Transaron las ramas de los vínculos”

Un buen ejemplo de ese tema que viene desde el primer poema del El evasionista, es La historia del hombre corcho, o gato, los carreristas, los que se ubican, los aduladores, los logreros a los que como su abuela, dice: Vade retro. Por eso, el recuerdo de los del sur le lleva a aceptar la casi inocencia de los emigrados y de los que allá viven, simplemente sin esas culpas que otorga ese afán de muchos de ubicarse, como sea.

El tema del poeta y su escritura se da todavía en ese Poema con final mantra. Vale la pena detenerse porque de alguna manera implica la persistencia de ciertos elementos muy queridos y, por otra parte, conjuga los aspectos religiosos con los de la filosofía del lenguaje a la Austin. Claro está, eso lo digo yo. Recuerdo haber leído en mis años de estudiante un libro que se llamaba La curación por la palabra en la época clásica que escribió si la memoria no me falla, Pedro Laín Entralgo. Esa concepción griega se acerca mucho a la budista y a las religiones hindúes que practican ciertas formas de encantación. En el fondo, creo, todo poema es una encantación.


3,3. El hablante en los poemas de Reflexión se sincera:

“Y no pecamos ni venial cuando decimos sin temor a los clichés
Que nos hemos parado frente a La Esfinge y le hemos hecho toda
Clase de preguntas
Pero que nunca supimos quién armaba las respuestas: nosotros o
La Esfinge
Y así andábamos, al borde del abismo, petrificados a medias, sin
Poder pasar al otro lado.
Un resto de pudor nos impide el uso llano de la primera persona”
( Reflexión, 30)

Y el poema inventa un interlocutor, el hablante se desdobla, el conflicto que viene desde atrás no ha sido solucionado porque... tal vez no hay solución y es mejor que tal vez sea así:

“Pero a mí me parece que tratas de hacerte la víctima
Oye, mira, eso estaba bien para el siglo diecinueve. Ya no tenís dieciocho años”. (Reflexión, 32)

El hablante lo ha hecho todo, cree:

“Pero al menos caminaba lleno de esa antigua corriente eléctrica
La de las luchas pasadas, las manos y la historia

No hay que creerle nada
Un texto siempre inventa un personaje” (Reflexión, 32)

El yo y los de su generación, como dice otro poema, son hoy un resplandor extinto, sin embargo, creo que de alguna manera, esos Quijotes que retrató José Varela en un bello poema, algunos de los cuales han desertado, son como aquellos que sin poseer ya el resplandor en la hierba como dice el poema de Wordsworth, de todas maneras, queda algo, para decirlo con palabras de Tennyson:

“Aunque mucho se ha perdido, mucho nos queda; y aunque no somos ahora esa fuerza que antaño movió la tierra y el cielo, somos lo que somos: una invariable voluntad de heroicos corazones, debilitados por el tiempo y el destino, pero fuertes en su afán de luchar, de buscar, de encontrar y de no doblegarse”

Si el hablante desconfía de:

“La poesía actual e hispánica para qué hablar de la chilena
Atraviesa por el vértice del ala incorpórea de ese gigantesco pájaro poético (Neruda) (...). Les pese o no, a muchos,
Díganme si hay una pizca de Neruda en lo que estoy haciendo, si yo me cobijo también bajo esa sombra gigante” (Reflexión, 48)

Porque el hablante sabe que no se debe escuchar las palabras mesuradas ni sobre cocina ni sobre poesía. Se considera parte de un grupo de verdad poetas porque:

“Nuestra poesía tiene que dejarse llevar por la tormenta. Deposita tu ritmo en este ritmo venido del otro lado del mundo, que se junta con el tuyo, una corriente brotada del Polo Norte. Juntos podemos hacer hasta la revolución. Yo no es otro”. (Reflexión, 36)

Dice, invirtiendo la proposición de Rimbaud: Yo es un otro (Je est un autre). Este es un poema de su último libro es la suma y síntesis. Etcheverry clama su identidad porque ha sido fiel a su memoria. Cuando Rimbaud, en una carta a Paul Demeny, el 15 de mayo de 1871 le dice: que se ha comprendido mal al romanticismo, como si la palabra fuera comprendida por el poeta. Y dice “Car je est un autre, Si le cuivre s¨il n´y a rien de sa faute. Cela m est évident : j asiste á l¨eclosion de ma pensée : je la regarde: je l¨ecoute, Je lance un coup d archet » Y luego enuncia su teoría del poeta como un voyant, un vidente por las alteración de todos los sentidos: todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura. Podemos observar que en el caso de Etcheverry, la alusión no es gratuita ya que para ser otro debe alterarse completamente y ajustarse a las normas. Pero, por otra parte, en la comprensión de la exclamación de Rimbaud, Es responsable directo y asume sus escritos y no se ve como un poseso o un vidente transportado o en éxtasis. Rimbaud está inaugurando una nueva concepción de la poesía y a su vez Etcheverry la está subvirtiendo. Por eso, dice que hará todo lo que nunca ha hecho: voy a esconder mis garras y limar mis colmillos....pero todo eso es pura ironía, no lo hará. No, yo no es un otro. Yo es un otro, si el que llevaba puesto antes no te gustaba. Amor y razón, como en La bruja. Y, lo más importante, el rescate de la poesía como un quehacer intelectual lúcido y no el poeta como instrumento de fuerzas oscuras o como una identidad diferente a la del yo del texto. Y de alguna manera es Nietszcheano y orteguiano. Yo soy yo y mis circunstancias y rescata la concepción social del yo, política. Por otra parte, para Nietszche, el hombre debe ser inocente y autorrealizarse, debe llegar a ser lo que es. La obra y el hombre en todas sus dimensiones

Por lo dicho, considero que el carácter de la poesía la poesía de JE reside en buena medida en dos aspectos fundamentales que todavía podría resumir en la palabra estilo. Sí, no tengo, no tengamos temor de decir que nuestros escritores tienen estilo. Sobre esta famosa-maldita palabra se ha dicho mucho. Hay quienes sacan la frase Buffon: le style c´est l´homme hasta definiciones casi fisiológicas o estrictamente filológicas. Me aventuro a decir que en Etcheverry se da una buena conjugación de la expresión verbal, en su frase, en su vocabulario, en lo que alguien llamo los ademanes lingüísticos, en las modalizaciones, giros de palabras, dichos, frases hechas, sentencias, proverbios. El uso del lenguaje habitual y, por otra parte, lo que Proust llamaba la visión en el sentido de la visión de la realidad. Eso está presente desde su primer libro. Los temas y los motivos de su poesía se restringen, se amplían en un movimiento de vaivén, de cambios pero siempre hay elementos que persisten y que se funden en la expresión, es ése su estilo. Un estilo que sigue buscando. Tal vez el arte consiste en sus mejores logros, en esa búsqueda que configura obras que nunca se acaban y, por eso, tal vez, los poemas sueltos, la mini o antologías a secas cuya selección le incumbe al propio poeta. Búsqueda de expresión, de sentido, de deseo de comprender, de explicar, búsqueda siempre, viaje, obra siempre rehaciéndose, siempre mejorándose como aquel misterioso cuadro que se dice que Miguel Ángel llevaba siempre consigo, que miraba, pero que no dejaba que nadie más viera, que retocaba y que jamás terminó. Ojalá Etcheverry siga con ese paso rápido, con esa mirada penetrante y ese ánimo de buscar que nos lleva a hacerlo con él cada vez que lo leemos.

Por ahí caracteriza al poeta como un centinela, no es el único que ha dicho eso, como tampoco que nuestra residencia es la tierra y este tiempo, uno de penuria y de horror. Pero el poeta es también aquel que nos lleva arriba, con los pájaros, a un pasado en que se creyó en la utopía que todavía puede ser mañana. Es esa creencia, en el sentido orteguiano, la que le hace decir con determinación:

“-Para eso somos músicos-
(...)
Hay que seguir tocando
aunque haya cuatro pelagatos,
vamos
andando
que siga tocando la banda
que siga tocando”

Gatineau, Junio 2007


Bibliografía

El evasionista, Ottawa, ediciones Cordillera, 1981 (Edición bilingüe; traducción de Christina Shantz
La calle, Santiago de Chile, Editorial Sinfronteras, 1986
Tánger. La bruja, Santiago de Chile- Ottawa; coedición Ediciones Cordillera ediciones Documentas, 1990
A vuelo de pájaro, Ottawa, Verbum Veritas, 1998.
Vitral con pájaros, Ottawa, Editorial Poetas Antiimperialistas, 2002.
Reflexión hacia el sur, Saskatoon, Ediciones Amaranta Press, 2004
Hablativo agente (Internet)
Tetxtbook: Jorge Etcheverry: textBook. (Poesía)
http://www.letras.s5.com/etcheverry200603.htm

Bitácora: Jorge Etcheverry: Cuaderno de Bitácora
http://www.letras.s.5.com/etcheverry210603.htm

 

Fernando Veas Mercado. Ha publicado artículos en revistas de Chile, USA, Canadá, México y Perú sobre teoría, poesía, teatro poesía y novela hispanoamericanas. En Eseca Unam, la sede en Gatineau de la Universidad Autónoma de México, ha dado cursos sobre cuento hispanoamericano, escritura creativa, sobre el cuento hispanoamericano, la poesía de Pablo Neruda, Don Quijote y La narrativa de García Márquez. Ha dado numerosas charlas y conferencias sobre autores hispanoamericanos y ha presentado varios libros y autores en Ottawa y Gatineau. Contacto: fveasm@yahoo.ca. Página ilustrada con obras del artista Roberto Cabrera (Guatemala).


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