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Catastro : Ensayo Febrero 24, 2014


El ojo escindido: autores latinos en Canadá
Jorge Etcheverry

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Si bien hay escritores que se quieren testigos y cultivan a veces formas explícitamente adecuadas como el testimonio o la crónica, los escritores testifican por el mero hecho de seguir su vocación literaria, ya que ¿cómo es posible ser escritor sin ser de una u otra manera testigo?. Existe casi consenso en que la literatura es básicamente representación de la realidad. Porque el arte no crea. O mejor, crea en la medida en que no crea, es decir cuando reproduce, es decir revela lo preexistente, que ahora recién viene a notarse. La creación artística se hace a partir de una ‘materia de obra’, pudiendo recombinar sus elementos hasta producir algo nuevo, cuyos componentes e interrelaciones son sin embargo parte de lo real y cuya percepción y comprensión sigue sus leyes. Una vez que vemos o entendemos la así llamada realidad que nos enfrenta desde ese ámbito alternativo de la obra de arte en tanto espectadores, lectores o escuchas—esto último en menor grado ya que percibimos visualmente—, pareciera que recién esta realidad cobrara existencia, para entonces ser hipostasiada como lo verdaderamente ‘real’, preexistente a esa re-presentación que la develó. Es decir que el arte, incluida la literatura, pareciera hacernos ver por primera vez, darnos cuenta, dando preexistencia y solidez ontológica y axiológica a lo así develado. Contemporáneamente, una característica del escritor ha sido su marginalidad frente a la sociedad en que vive. Antes que poetas y escritores oficiales hay escritores críticos, poetas ejecutados, presos o en listas negras. No abundan los panegiristas de los estados de cosas vigentes. Pero esa misma distancia frente al friso del mundo—la mediación es esencial en y para la re-presentación— posibilita que el creador refleje la así llamada ‘realidad’, no importa con qué grado de distorsión y distanciamiento. Sobre esta estructura básica, no sólo de la representación artística, sino creemos, del conocimiento, se establece una gama de concepciones que va desde la independencia y autosuficiencia de la obra de arte frente a la realidad hasta su sumisión fotográfica a la misma.


 


La realidad que muestran los múltiples discursos exilados/inmigrantes, en todo caso trasplantados, que constituyen el corpus literario producido en Canadá por escritores que escriben en castellano, constituye un microcosmos de muchos de los conflictos, oposiciones y posibles integraciones presentes en el mundo. Los autores que producen esta nueva literatura atraviesan regiones geográficas, orígenes étnicos y generaciones, pero hemos escogido sólo algunos textos de poetas, el género más cultivado por este número creciente de autores, a manera de ejemplo de diversos puntos a tocar[1]. Si nos fijamos en la factura de los poemas, nos encontramos con un amplio abanico que en un extremo muestra una poesía tradicional, para llamarla de algún modo, o ‘poesía popular, como este fragmento de Ofrenda florida en el Día Internacional de la Mujer, de Yolanda S. de  Saldívar[2],


 


¡Excelsa Mujer Americana!


Te saludo en este día,


porque eres la esperanza del mañana,


tu fe, tu abnegación y sabiduría


iluminan el camino de los seres


que te siguen por doquier vayan tus pasos,


con amor y vocación tiendes los lazos


de los que anhelan beber en la cultura


la sabia del saber y el buen vivir


 


En el otro extremo tenemos poemas intergenéricos, o (neo) vanguardistas, por ejemplo estas líneas de Cuando la rosa besa, el poeta pica, de Alfredo Lavergne[3].


 


Enrarecido se desplaza el ángel


y el agotamiento del deseo en la lengua.


  Los dos, hacia la poesía para poetas.


 


  Lo tienes en tus manos


  y todo existe. Son dos


  los polos del animal.


 


 El sexo debería tener alas. Sólo


 para sacudir


 los vientos del mobile home.


 


 Separados, somos oscuros


 conceptos de la pluma,


 que nos roza


 


Estos tipos de texto polares son casos extremos de la amplia gama textual de esta literatura, y remiten a dos ámbitos socioculturales, incluso geográficos y socioculturales. El primero a una cultura popular, o la idea que se tiene de la misma, y el segundo encaja con las presuposiciones del lector sobre la cultura urbana de las megaciudades latinas, con sus yuxtaposiciones y mosaicos, entorno que tenderá a producir formas literarias más ‘experimentales’. Pero en ambos casos se trata de elementos de forma y contenido que el autor experimentó, enfrentó y tematizó en su habitat originario, ahora presentes bajo otras caras en un nuevo contexto que añade nuevas dimensiones y contradicciones. El conjunto de estos textos de diversos géneros, inéditos, publicados, producidos o en producción se pueden agrupar como literatura hispánica hecha en Canadá, que va adquiriendo un perfil distintivo frente a otras literaturas subordinadas y/o marginales y respecto a las literaturas hegemónicas o predominantes el país, en inglés y francés.


 


La temática de esta producción no es siempre un hilo nítido, sino que es posible advertir elementos temáticos predominantes en la red temática presente. Algunos de los temas más evidentes y predominantes en esta literatura, en especial de esta poesía, que es el género más cultivado por estos autores, son: la nostalgia, patente por ejemplo en estas líneas de Claudio Durán[4]:


 


Ciudad, ciudad


me dejaste de querer cuando me fui [...]


 


Y así las calles y las herraduras de tus bicicletas


se fueron de mis ojos por el laberinto negro


de los insomnios


 


El exilio, muy  presente ya desde el origen predominantemente exilado de esta literatura, se concretiza en Exilios, poema de Julio Torres-Recinos[5]:


 


Los exilios se construyen
como pirámides de sueños,
de hombres, de esperanzas,
de mujeres y de años;
pesadas y anchas al principio
como para borrar así
su sombra o su origen,
o como para con su
pesadez insistir que todo
intento de olvido sólo
es torpeza, auto-engaño.
Después, dicen, los recuerdos
se vuelven más livianos;
el tiempo se apiada
y nos oscurece la memoria.


 


Otros temas muy frecuentes son la comparación entre el ámbito original y el actual, así como la exposición y la denuncia del estado de cosas en el país y la región original o el mundo, como en este poema, Su Excelencia George W. Bush, de Elías Letelier[6]:


 


El tirano sonríe


bajo la sombra


de una esbelta cruz de oro.


 


¡Dios no está!


 


Ahora,


después del diluvio,


bombardeará las iglesias


para que nada perturbe su poderío


 


El exilio puede no ser particular. Se generaliza en este fragmento de Paul Fortis. El estado de cosas en la región y el continente que provoca el compromiso y la denuncia políticos es además la fuente de conflictos civiles y dictaduras y por consiguiente de los exilios[7]:


La canción del exilado III


 


Hagamos un poema


los exilados


que sea nuestro himno


en cualquier suelo extraño


y exijamos al mundo


aunque el mundo esté sordo


un momento de paz


en nuestra vida trágica.


 


Además, el exilio se extrapola, universaliza y percibe como la transhumancia y el nomadismo tan propios de nuestro tiempo, ya desde el título Ciudades Errantes, poema de Naín Nómez, 1981, que de alguna manera retoma Luciano Díaz en Ciudad Viajera en 2004:


 


La ciudad, una nómada que me lleva.


Entre nubes y estrellas
se mueve rígida y sublime, inconmovible.
Sintiéndome, se rinde
y me sumerjo y me invita más adentro
y viajamos por el espacio
la transcendencia
suya y mía.


Y me deja caminar por sus avenidas
me deja subir y después bajar
y es feliz de tenerme dentro
y viaja, viajamos.


Y es feliz de tenerme dentro.
Y me lleva
[8].


También están presentes temáticamente la discriminación y las contradicciones de una existencia escindida y anfibológica geográfica, cultural, social, étnica y lingüísticamente, como aparece por ejemplo en Jesús Maya, Ama Luna, y en boca del personaje de un poema de Carlos Pérez[9]:


 


I should have known,


as we came to Canada,


because here I have not heard,


of anyone having to carry bags,


to fill them piece by piece,


with the agile and able body parts


of the one who was born


out of my mother's womb.


As today we walk this new land,


voiceless and poor,


while strange people in the street


seeing our skins, give us


the blind eye


 


También están presentes en esta literatura las diversas manifestaciones de la alineación, categoría ya típica de la sociedad desarrollada urbana y la correspondiente rebeldía que despierta; la asimilación a la nueva sociedad o su intento en sus diferentes formas. Está el choque o encuentro cultural, que a veces asume elementos aleatorios y conflictivos cultural y lingüísticamente y que alcanza en momentos cumbres altura metapoéticas conexas con una reflexión sobre el lenguaje original[10]. Esta muy presente la temática de la identidad social y personal[11] en los diversos géneros que cultivan estos autores, determinados de algún modo por características etnoculturales y la unidimensionalidad y homogeneidad propias de la sociedad avanzada, cuyo sistema concede o pretende controlar la identidad y el rol social. Los autores vienen de ámbitos nacionales, regionales y culturales con los que mantienen diverso grado de conexión. En su situación y entorno, no pueden evitar la inserción en contradicciones mundiales—primer mundo/mundo en desarrollo, metrópoli/neo colonia—que tienen su réplica en las sociedades desarrolladas, estructuradas alrededor de ejes etnoculturales y económicos. Estas contradicciones permean la estructura laboral, política, institucional y cultural, y se manifiestan en la oposición inmigrantes/desplazados vs. sociedad de corriente principal, como aparece en el siguiente párrafo de un cuento del poeta Felipe Quetzacoatl Quintanilla:


 


y de nuevo el bate sube, baja. En estos segundos (espacios temporales tan relativos) Mario piensa fugazmente en sus tres hijos, su esposa Dolores. La sangre ahora le brota por la frente. Se deja pegar una, dos, tres veces. Y entonces como de relámpago le cae la imagen vaga de su hermano muerto: la camisa cuadriculada que lo identificaba de entre los cuerpos de la fosa. Invadido de repente por una inmensa furia incontrolable, arrebata el bate. Con la fuerza de sus brazos, que han pulido pisos ya 10 largos años acá en Canadá, le llueve al gigante enmascarado con lluvia torrencial y relámpagos incontenibles. Furioso, loco, vengativo, llora y ríe y logra finalmente la caída del asaltante. Le quita la mascara para ver la cara detrás de la mascara, pero solo le parece otra borrosa mascara. Trata de grabarse en vano la cara del asaltante en su memoria, pero el mareo lo derrota y cae[12]:


 


Estos temas y contradicciones se ven acentuados por el origen exilado de la mayor parte—hasta ahora—de la  literatura en castellano hecha en Canadá. Tiende a establecerse una contradicción general implícita/explícita entre el ámbito del hablante o autor y su ‘comunidad’, — o lo que asume como su ‘comunidad’—, y la sociedad de ‘corriente principal’, a la que se define implícita/explícitamente, y se connota, como siendo ‘el sistema’. En este proceso se establece una  especie de contradicción básica y subyacente en términos étnicos, lingüísticos y culturales, que conlleva marcas axiológicas implícitas o explícitas.


 


Desde el lado de la emisión, y también o de la imagen del autor percibida o construida por el lector, este proceso se realiza poniendo en juego la dimensión inestable, fluida y precaria de la ‘identidad’, que además es un tema que se imbrica en todos los aspectos del rico tejido de la trama de esta producción.


 


En el modernismo y según el canon occidental logocéntrico y androcéntrico moderno, la literatura como representación se había asimilado a la conciencia, a su vez también una entidad refleja y universal. Así la literatura compartía la universalidad de la conciencia y su canon se extendía hacia todos los sectores y áreas geográficas. Con Sartre la literatura se hace objeto de una elección, de un compromiso en el territorio del ‘para sí’, de una toma de posición, esencial al ser humano definido como conciencia, que el escritor puede o no asumir. Para el postmodernismo relativista y por así decir sustancialista, el escritor tiene valor como representante y encarnación de su grupo, su idea, su religión. Este proceso por así decir de ‘cosificación’ de la literatura se empieza a dar desde fines de los setenta en esta literatura que coalesce en torno a ciertos núcleos exilados. Así ya desde entonces estos autores eran percibidos por ejemplo como ‘autores chilenos exilados’, o ‘salvadoreños’ etc., y no como autores individuales, a la moderna. Eso debido a las circunstancias propias de su origen, pero también a otras diseñadas por el sistema y presentes en la institución literaria canadiense, que así podía ‘cosificar’ a esta literatura, quizás de manera implícita e inconsciente,  como manifestación ‘comunitaria’ en contraposición  con la literatura de los verdaderos escritores de la sociedad hegemónica o subordinante, que son escritores individuales que producen obras para ‘el público en general’ dentro de un circuito mercantil estándar.


 


Así, el advenimiento de la red virtual de comunicaciones del web fue una gran adquisición, muy bienvenida por estos escritores, que les permitió aumentar la reconciliación/reintegración, al menos limitada[13], con sus literaturas nacionales o regionales. Esto les permitió saltarse u obviar los mercados del libro nacionales en cada caso— base de la crítica académica y periodística—, en que sus libros no circulaban, permitiendo la redefinición y reacomodo identitarios y la relativización de los procesos de circulación y jerarquía conexos a los mercados de libros nacionales. La disponibilidad de la nueva tecnología permitió también acentuar el perfil de la literatura latinoamericana en Canadá como distinta a la literatura ‘oficial’, carente en general del prestigio global de la literatura latinoamericana en que se imbrican diversos autores latinoamericanos que viven en país.


 


Después de estas notas, ejemplos y reflexiones, lo que tenemos como conclusión es una literatura en castellano que lleva la huella del exilio y que de alguna manera es contestataria del estado de cosas en América Latina, Canadá, el resto del mundo, dentro de su variedad temática y formal y sus diversos niveles de sofisticación y profesionalismo. Ligada en general a sus comunidades por su origen, intereses y práctica, pero también por el contexto y las imposiciones del sistema, desarrolla formas de activismo cultural y de comunitariedad que no propias de la sociedad anfitriona de corriente principal[14]. Tiene escaso interés para las diversas embajadas nacionales latinoamericanas, preocupadas de difundir las literaturas y culturas nacionales de sus respectivos países. Se encuentra en general fuera de los programas universitarios de estudios hispánicos, centrados en la literatura hispanoamericana canónica, y se ve casi excluida, sino no es por la ocasional traducción y edición, de los circuitos comerciales editoriales y literarios canadienses. Sin embargo esta literatura está desarrollando una producción multifacética, en general comprometida en un sentido amplio. Sus autores están experimentando una reinserción  creciente pero problemática con su región cultural y geográfica de origen. Esta literatura crece paralelamente a la población de habla castellana en Canadá, siendo uno de los ingredientes principales del desarrollo de un ‘perfil’ identitario, cultural y político de la comunidad latinoamericana en el país.


 






Notas


 


[1] Aunque una nómina e inventario exhaustivo de los escritores de esta literatura no cabe aquí, puedo mencionar que ya en 1997, el prosista chileno residente entonces en Canadá Leandro Urbina decía en su prólogo a un número especial de la revista Eclipse sobre autores hispanocanadienses, preparado por el poeta, traductor y crítico Hugh Hazelton, traductor de la literatura hispánica en Canadá y uno de sus expertos, que “It is difficult to know how many Hispanic authors write and publish in Canada, but their numbers, possibly over fifty, are considerable” . Me atrevería a decir que actualmente serían cerca de ciento cincuenta. Hay autores noveles y experimentados, en todos los niveles de profesionalismo, sofisticación estilística, publicación y reconocimiento institucional. En su mayoría son de primera generación, pero los hay de segunda. Predominan los chilenos, ya que desde 1974 llegó un grupo activo de escritores que iniciaron actividades de creación, difusión y editoriales. Aparte de los autores exilados/ inmigrantes, que se encuentran prácticamente en todos los niveles sociales y ocupacionales, hay canadienses que escriben español, como Hugh Hazelton y Paul Carr, estudiantes universitarios con visa temporal, como ejemplo la poeta Zaira Espinoza profesores visitantes en universidades, como Francisco Ucán Marín, el ocasional diplomático escritor, como Borka Satler y Francisco Rivas. En las ciudades importantes existe actividad editorial, series de lectura, programas radiales y páginas culturales en periódicos en castellano dirigidos a una población que habla castellano y que algunos hacen llegar al millón. Se publican puntualmente sus textos en editoriales canadienses, básicamente en la llamada ‘small press’, en las editoriales propiamente hispánicas, también pequeñas, en antologías y en revistas  periódicas, pero en general esporádicas.  Hay una creciente actividad en el web extra e intra universitaria y eventos literarios dedicados en parte o totalmente a la literatura hispano canadiense, como se la denomina. Esta literatura es objeto de uno que otro congreso universitario y se le dedican los encuentros anuales de Boreal, que organiza el Taller Cultural El Dorado en Ottawa (colectivo formado por Jorge Etcheverry, Eric Martínez, Luciano Díaz y Arturo Lazo) La Tertulia, que dirige el folclorista Patrico Ponce,  la Celebración Cultural del Idioma Español, obra básicamente de la poeta, crítica y traductora Margarita Feliciano y la Comisión Artistas, Escritores, Traductores literarios y Promotores Culturales, Afiliados a la ACH, presidida por la poeta Nela Río.. Hay redes de facilitación, como la Red Cultural Hispánica, dirigida por los prosistas Ramón Sepúlveda y Gabriela Etcheverry, la revista electrónica  Azularte del poeta Jaime Serey, el Taller Cultural Sur que dirige el poeta Tito Avarado, la revista Mapalé, editada por Clara Alfaro, la labor de activismo cultural del poeta Alejandro Mujica Olea y la poeta Carmen Rodríguez, la iniciativa editorial y en el web de los Poetas Antiiperialistas de América, del poeta Elías Letelier, etc.  Hay una presencia puntual de autores hispánicos en eventos literarios de corriente principal. Existe ya una crítica específica, tesis sobre autores hispano canadienses y cursos centrados en su obra. La presencia institucional y social del multiculturalismo, ahora menguante, que reconoce y acoge la multiculturalidad del mosaico etnolinguístico canadiense, fue decisiva en su momento para el apoyo infraestructural a esta naciente literatura, pero en la actualidad se avanza hacia un mercado nicho con su público, sus publicaciones, sus eventos y su crítica.


[2] P.108, en Boreal, Antología de Poesía Latinoamericana en Canadá. Editada por Luciano. P. Díaz y Jorge Etcheverry, Verbum Veritas/La Cita Trunca, Ottawa, 2002, 149 pp. Este poema connota la pujante presencia femenina en las letras castellano. Ver Notas sobre la escritura femenina latinoamericana en Canadá , en http://albavolante.blogspot.com/2007/08/notas-sobre-la-escritura-femenina.html, que apareció en más o menos la misma forma en "Poética de escritoras hispanoamericanas al alba del próximo milenio”, compilado por Lady Rojas-Trempe, Catharina Vallejo, Miami, Ediciones Universales, 1998. A esas autoras se podrían agregar Camila Reimers, Gabriela Etcheverry, Carmen Contreras, Magdalena Ferreiro, Irma Paredes, Nieves Fuenzalida, Anita Jungue Hammersley, Borka Sátler, etc.


 


[3] P.75, en Boreal, Antología de Poesía Latinoamericana en Canadá. Editada por Luciano. P. Díaz y Jorge Etcheverry, Verbum Veritas/La Cita Trunca, Ottawa, 2002, 149 pp. El componente ‘vanguardista’ de esta literatura se inicia con el autor Ludwig Zéller, conocido poeta surrealista chileno que llega a Canadá en 1968 y el arribo post 73 de la mayoría de los miembros de la Escuela de Santiago—Naín Nómez, Eric Martínez y Jorge Etcheverry—, grupo poético vanguardista chileno de fines de los sesenta y comienzos de los setenta. Poetas como Luis Lama y más recientemente Paolo de Lima cultivan por ejemplo distintas versiones de una poesía en prosa con rasgos vanguardistas. Para la recepción canadiense de los textos chilenos, ver Notas sobre la recepción de textos poéticos chilenos en un país de acogida, de Jorge Etcheverry, en  http://www.critica.cl/html/etcheverry_02.html


 


[4] En “Claudio Durán. La infancia y los exilios. Santiago de Chile: Editorial Cuarto Propio, 2006” por Gabriela Etcheverry, en  http://etcheverry.info/hoja/actas/notas/article_1009.shtml


 


[5] Pese a la existencia previa de autores que escribían en castellano, la configuración de una literatura en castellano en Canadá se inicia con los exilios de la década de los 1970 y principios de los 1980, cuya primera oleada en que respecta al tema que nos preocupa fue la de chilenos exilados después del golpe de Pinochet en 1937, cuya labor cultural/política  y editorial sirvió para ir agrupando a escritores latinoamericanos ‘sueltos’ y nucleándolos en torno a diversas actividades, originadas o no específicamente en la comunidad chilena. Algo sobre estos primeros momentos se puede encontrar en La aventura de Cordillera, Jorge Etcheverry, publicado en Boreal - Primer Encuentro de literatura chilena en Canadá, Ottawa,  2003, 104 pp., versión electrónica en http://www.letras.s5.com/je030106.htm


 


[6], en http://www.letelier.org/actas/catastro/trazos/article_58.shtml


[7] En http://etcheverry.info/hoja/actas/poesia/article_866.shtml, parte de una selección de la antología Iguana. Escribir el exilio/Writing Exile, editada por Paul Carr, White Dwraf Editions, 2007, 159 pp.


[8] El poema en prosa de Naín Nómez forma parte del libro Historias del reino vigilado/Stories of a Guarded Kingdom, Ediciones Cordillera, Ottawa, 1981, 196 pp. El texto de Luciano Díaz, parte del libro Nómadas, está en http://www.letras.s5.com/ld181104.htm


 


[9] Del poema New Canadian, Riff-Raff, del 'chapbook' Araguaney, en http://etcheverry.info/hoja/actas/poesia/article_801.shtml


[10] Uno de los momentos cumbres es el libro La Ciudad, del poeta Gonzalo Millán, publicado en 1979 en Montreal, Québec, por la Maison Culterelle Québec-Amérique Latine, de exilados chilenos que habían militado en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de su país—lo que muestra la conexión entre poesía y exilio ya mencionada. La imbricación de la aventura lingüística-—vivir en un entorno que habla otro idioma problematiza el propio lenguaje— con una situación marginalizada en términos socioeconómicos y etnoculturales, adquiere caracteres políticos: “Así lo expresó Gonzalo Millán, que manifestó en el documental Blue Jay, del cineasta chileno Leopoldo Gutiérrez, que escribir en  español en Canadá era un acto político”, de Poesía chilena en Canadá: exilio, identidad y activismo cultural, de Jorge Etcheverry, Nota leída en el Primer Congreso de Poesía Chilena en el Siglo X Santiago de Chile. 7 al 9 de Noviembre de 2006


[11] Ver mi artículo El escritor latino, una persona difícil”, leído en Montreal en un congreso de la ACH en  la Universidad de Concordia a ahora en  http://albavolante.blogspot.com/


[12]  Este cuento, Noche de lluvia,  alterna situaciones en El Salvador y Canadá. Se puede ver en http://home.cc.umanitoba.ca/~fernand4/nochedel.html. En 1982 mi poema “Ethnical Blues” publicado por primera vez en Literatura chilena en Canadá, de Naín Nómez (1982) y que aparece en http://www.letralia.com/123/letras12.htm. Fue una manifestación temprana de esto: “El poeta Jorge Etcheverry, ex miembro de la llamada Escuela de Santiago, expresó en la soledad de un exiliado en una ciudad norteamericana donde las minorías étnicas viven aisladas unas de otras en la marginación de sus ghettos, hermanados únicamente en su soledad”, en La cultura anglosajona en la poesía chilena del Siglo XX, Niall Binn, Anales de Literatura Hispanoamericana, 1999, 28:123-139


[13] De la que esporádicamente gozaban escritores como por ejemplo el narrador Pablo Urbanyi, el poeta y narrador  Alfonso Quijada Urías y  varios autores chilenos. En el aspecto virtual se destaca la iniciativa del poeta Elías Letelier, Poetas Antiimperialistas de  América, www.poetas.com, que acoge a 31 poetas, entre ellos a cuatro poetas latinoamericanos que viven en Canadá  y a 8 revistas virtuales literarias,


[14]Un artículo que toca este tema en relación a la comunidad chilena es ‘La noción de comunidad en la literatura chileno-canadiense’, Por Luis Torres, poeta y profesor de la University of Calgary, publicado en la revista Alter Vox dedicada a Boreal I, encuentro realizado en Ottawa por el Taller Cultural El Dorado sobre la literatura chilena en Canadá, y que se puede encontrar en http://www.letras.s5.com/ld170505.htm


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