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Prosa
Alas y mapas
Jorge Etcheverry Arcaya

La foto sepia de mi abuelo en uniforme de campaña junto a otros uniformados, en cuclillas abriendo o cerrando un mapa de campaña, o sosteniéndolo abierto, una foto de como 100 años, de los tiempos en él que era profesor de la Academia de Guerra y tenía como alumno a un futuro dictador de le República a quien nunca consideró muy brillante. Frente a mi escritorio, en la pared, pegué con tachuelas una fotocopia de esa foto. Es sabido que todo mapa está centrado en el lugar de producción. En 1569 por ejemplo, Mercator menoscabó la representación de las zonas más cercanas al Ecuador. En el que yo intento hacer—estudié geografía y la enseñé hace varias décadas, en mi país de origen—deberán incorporarse una serie de marcas que señalan visiblemente los centros de proyección de las diversas versiones de mapamundis, según las perspectivas geopolíticas de los autores. Trabajo de investigación de años y que está muy lejos de ser completo. Pero debajo o encima de mi complicado esbozo comenzó a aparecer, o me parecía, otra estructura, sobre todo cuando le daba una luz indirecta. Una imagen que combinaba la precisión y el absurdo. Si uno la miraba un rato largo producía un efecto de calidoscopio, de caos, y uno terminaba mareado. Pero he aprendido a desconfiar de mis percepciones por razones personales que no vienen al caso. Lo que sí, el caos es entrópico, el desorden a que aspira el cosmos. Ese vacío es la paz a que aspira la vorágine del universo. Es el mal a escala universal. Prefiero no elucubrar sobre el origen de esa fuerza que guía mi mano y mis instrumentos. Quisiéramos creernos sujetos de nuestras acciones, pensamientos. Pero por otro lado están esos dolores que tengo ahora a ambos lados de la espalda, junto al nacimiento del cuello, y que me diagnosticó una voz, en sueños, después de una visita a una clínica ambulatoria en que un médico joven me dio una pomada analgésica, comentó sobre el origen de mi apellido y me despidió con una palmadita en la espalda. Esa noche una voz femenina me dijo que debía aceptar esos dolores, el comienzo de mis alas, con lasque podría escapar de ese mapa turbio y caótico hacia el reino de la luz. Cuando la doctora me renueve las pastillas quizás podré sentir alivio frente a esas dos tensiones que se disputan mi ser.