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Prosa
Dos relatos breves de Cristián Rosemary-del Pedregal.
Cristián Rosemary-del Pedregal.

TAZA DE LECHE

UNO

Esa mañana, al despertar junto a ella, como cada día, lo supo. Nada tan perfecto podía durar mucho tiempo. Decidió entonces que le pondría fin por cuenta propia a todo ese falso establishment aquella misma tarde, cuando la armonía de la convivencia familiar llegara a su apogeo. Bastaría un par de groserías que rompieran el equilibrio; que confundieran las caricias; que rasgaran ese insoportable paño de delicadas palabras. Un golpe inesperado a Carlitos, sin duda el más sensible, despertaría su cólera. Lo demás vendría solo. Ella enviaría a los niños a su habitación; lo recriminaría; y estaría enojada con él hasta el día siguiente. Sí. Era la única manera de convertirse en una fuente premeditada de caos.

DOS

En la oficina, el día transcurrió plácidamente, como siempre. Estaba claro que sería difícil opacar el brillo de la felicidad. Se solazaba, pensando en que él sería el artífice del complot, mientras conducía aceleradamente su automóvil por las calles que, cotidiana e inexorablemente, desembocaban en su casa. Cuando faltaban todavía unas cuadras, pensó que quizá debería ser aun más enérgico y golpear levemente a su esposa. Eso facilitaría las cosas, y traería una avalancha incontenible. Pero no pudo continuar con sus pensamientos, porque escuchó una sirena, y luego una gran humareda, y ruido de ambulancias, y un bombero que le preguntó que si era su casa, y otro que le dijo “lo siento, señor; tratamos de salvarlos”…