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Actas : Prosa Julio 7, 2019


Arrachere
Jorge Etcheverry Arcaya

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Arrachere es el nombre de un país latinoamericano muy pequeño del que ignoraba la existencia. Conocí casualmente a uno de los personeros del consulado que van a abrir en un festival latinoamericano, cuando me comentó, frente al stand de un país que omito, “nosotros producimos unos pastelitos casi iguales”. Cuando le pregunté de qué país era él, me dijo “de Arrachere”. “Ahh”, le dije. Se sonrió, se explayó un poco: “Mire, no se sienta mal si no sabe que existimos, no se crea que es el único, además de que nuestro tamaño, la ausencia de crisis, golpes de estado, catástrofes naturales, etc. no nos ayudan a tener mucha presencia en la prensa y la televisión, mucho menos en los medios de comunicación social, ya que como dicen en inglés “No news is good news”. Para aparecer en la tele tiene que haber problemas. Más tarde, con algunos tragos y más confianza, le dije que por cierto el nombre Arrachera—como su país, pero con una “a”final—ere el nombre de un delicioso corte de carne en México, el Skirt Steak de por aquí, y que una persona arrechera, quería decir alguien poseído por el deseo sexual, caliente, como decimos en muchos países de Latinoamérica. A lo que me respondió que cómo andábamos por casa, miren que venir de una país que se llama ají, chile, pero también pico, como le dicen al órgano masculino también en México. Nos despedimos amigablemente e intercambiamos emails. Después de unos días me llegó una invitación suya. Querían darse a conocer. Habían arrendado uno de los mejores locales públicos disponibles en esta capital—Ottawa—en el centro mismo del barrio diplomático, a un par de cuadras del Edificio del Parlamento. Al llegar, mi conocido estaba en la puerta, oficiando de recepcionista. “Hola”, me dijo “está llegando mucha menos gente de la que esperábamos. No hay medios, ni siquiera los diarios latinos”. Le respondí “Mire, no se preocupe, aquí la gente no es muy curiosa, además, como esta es una sociedad multicultural, ya no les llaman mucho la atención estos eventos de promoción de países, que aquí en la capital pasan todo el tiempo. A pesar de que mucha gente viaja bastante, no saben mucha geografía”. Una vez en el salón y al escuchar a un orador me enteré que el nombre Arrachere celebraba al fundador del país, que lo había liberado después de una única y definitiva batalla con los soldados españoles, la mayoría de los cuales se había quedado en el nuevo territorio independiente. Arrachere, Arratxere en su ortografía vasca, vivió hasta pasados los noventa años y tuvo una vasta progenie. El mestizaje en el país careció de los terribles y cruentos momentos que se dieron en resto del continente. Además, no hubo guerras limítrofes, las formaciones naturales y cuerpos de agua que lo encerraban disuadían cualquier incursión y mantenían al país virtualmente aislado del resto del mundo. Al no contar con un recurso natural abundante y exportable, al contrario de la mayoría de los países del continente, que son básicamente monoproductores, el desarrollo de Arrechere fue lento pero uniforme. La gran variedad de microclimas, sobre todo en sus sierras, la feracidad de sus suelos y la abundancia de su flora y fauna, hicieron al país poco menos que autosuficiente. Su poeta más importante, L. Prueba, leyó una oda a Arrechere, sus lagos y montañas, sus mujeres. Encontré el poema bello, pero muy lleno de modernismo dariano, muy anticuado, aunque debo decir de paso que la poesía que llamo más “contemporánea” tiene un poco de presencia en el Cono Sur y después se va difuminando hacia el norte. Su danza folclórica típica se parece un poco a la cueca, lo que denota, como en nuestro caso, cierta influencia negra. Los bocadillos recuerdan a la comida centroamericana, no falta una versión bastante curiosa de la empanada, si se quiere un poco seca, magra de carne y con mucho ajo y pimiento rojo. De repente un grupo se retiró de la sala, encabezados por una mujer de cara ancha, pálida. “Los comunistas se van”, me susurró mi acompañante en voz baja. En un intermedio entre la interpretación de un aria y otra danza folclórica, un hombre alto, afable, de cara más bien larga, entregó tarjetas a los concurrentes: aparecía su nombre, su cargo gubernamental y abajo “Partido Comunista de Arrachere”. Ante mi mirada interrogante, mi amigo me dijo “tenemos maneras para evitar que se agudicen los conflictos”. Entonces, y a propósito de escopeta, pensé en Andorra, nombre que me había vuelto a la mente después de décadas, y por pura casualidad. Allí se produce un show de televisión llamado Sabiens donde se trata todo tipo de temas esotéricos, controversiales, ocultos, etc. Si no me hubiera encontrado con ese nombre por casualidad, viendo en al Yahoo uno de sus programas sobre los Annunaki, es posible que Andorra hubiera desaparecido por completo de mi horizonte mental. Al comenzar, el locutor dijo “Queridos oyentes, hoy hay un sol resplandeciente sobre Andorra”, y luego le preguntó a un periodista o investigador paranormal que venía llegando “Oye, Paquito, ¿y cómo andan las cosas por Europa?”.

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