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Actas : Prosa Junio 11, 2019


Oftalmología
Jorge Etcheverry

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“Todo lo que tiene ojos está condenado a tener una cosa adelante, lo que se ve y otra cosa atrás, a la espalda, lo malo, lo que no se conoce, eso de lo que nosotros, en el medio, estamos siempre tratando de salir o de arrancar para llegar a lo de adelante”. Frunció el ceño, dijo para sí mismo “claro que en el caso de las arañas, por ejemplo, que parece que tienen ojos alrededor de toda la cabeza, a lo mejor no es tan así el asunto”. En el café que frecuentan diversos tipos de viejos (uno el que escribe) esa vez no había otros hispanohablantes, solo una niña colombiana que sirve café y que a veces se sonríe para sus adentros cuando nos oye

Los gringos la mayoría están acostumbrados en este país a escuchar gente que habla en otro idioma. Las nubes amenazan tormenta que se puede dejar caer en unos minutos. Afuera el gato de los cuarenta y tantos Celsius sobre cero se rasca el lomo contra los escaparates, las ventanas.

Siempre se ha identificado al sol con la sabiduría, la razón, algunos y algunas están poniendo ahora el grito en el cielo—en inglés sería más fácil quizás establecer vocabularios más justos—en ese idioma el mundo es casi neutro—el sistema desprende zarcillos que como redes nerviosas o de cableado eléctrico nos hacen sentir sus necesidades que son nuestras—antes ciego pese a millones de mujeres ajusticiadas de diversa manera, en hogueras, etc.—pero ahora es necesario que ellas produzcan y consuman junto a sus taimados compañeros que entran lenta y cautelosamente en las turbias y frígidas aguas de la concesión, de la resignación—pero qué tiene que ver esto con los ojos, de eso estábamos hablando—no te me vayas por las ramas, “no te creas, en la lucha entre texto y pantalla la última salió ganadora, aunque todavía no sé cómo funciona eso en el caso de los que leen en Braile”.
Un bardo ciego fue hace ya milenios creo uno de los más reconocidos cultores de este género

A sueldo claro de los sátrapas de turno, de los que ganaron, que son los que siempre aparecen vencedores en los libros de historia, esto es súper cliché pero no deja de ser menos cierto

Quizás esa misma falta de ojos fue lo que lo hizo escribir tan bien, ¿no crees Jorge?—mira no te lo discuto, pero estoy seguro de que hay montones de poetas ciegos que escriben pésimo, por no decir un vocablo muy chileno que uso a veces, pero que muchos hispano hablantes no van a entender. Un sol rojo se esconde ya no tan metafóricamente bajo el horizonte—estamos en la vera del incendio del mundo—en la sucesión de los siglos que son como pestañadas de tiempo me parece ver con un ojo interior el adelgazamiento primero y la combustión después de pueblos enteros. La ceguera aunque no física se cierne como pájaro de alas negras que lo cubren todo.

No se saca nada con tratar de no ver, de extirparse los ojos

O de querer verle el lado bueno a las cosas

El personaje central de la insigne novela El rostro verde del no menos insigne autor austríaco Gustav Meyrink que no goza de la fama, el renombre, el prestigio, el reconocimiento que se merece, al que tiene el justo, inalienable, indiscutible y evidente derecho que le corresponde, que se le debe y acredita

Pasa muchas pellejerías, tribulaciones como diría un cristiano más o menos protestantón. Ante el pavoroso espectáculo del estado de cosas que se le enfrenta saca unas tijeras y se las va a meter por las pupilas diciendo algo así como que quiere salir ciego de este mundo y entonces sale una especie de ángel, le bota las tijeras de las manos de una cachetada y le dice clarito que los que no aprendan a ver en este mundo menos van a poder hacerlo en el otro por muy celestial que sea

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