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Actas : Prosa Diciembre 28, 2018


Argamácida
Jorge Etcheverry

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Es indiscutible que esa concepción del barro, la arcilla, la argamasa primordial con que se iba a amasar el universo, sus seres animados e inanimados tiene desde su incepción una connotación negativa. En algunas religiones en nuestra tradición, como ejemplo ciertas iglesias gnósticas y maniqueas, hay un componente así, claro que proviene de una corrupción de la creación original, que es buena, y luego se corrompe, por la acción humana o por intermedio de un demonio al que al final se le encomienda la creación del universo. O bien desde los inicios hay dos entidades, que se confunden o se combinan, pero que cada una tiene su individualidad separada, negativa o positiva. Pero en esta cosmogonía ya desde la materia prima, por así decirlo tenemos esta dualidad. Además de que este dios, figura principal del panteón de Tlön, es representado como una entidad dotada de múltiples extremidades y, o, tentáculos o apéndices que van formando espacios y objetividades con la materia que titula esta nota, y que es una traducción aproximativa al castellano (español). Así, esta divinidad se podría representar como un Siva que tuviera un número variable de pares de brazos, además de otros adminículos prensiles o táctiles, dedos, tentáculos, etc., que curiosamente, y en el ámbito de la ficción, corresponderían más bien a la representación del Cthulhu lovecraftiano, que como bien sabemos tiene una amplia presencia en la ficción contemporánea, no así en la religión. La tesis de los mundos paralelos, también cara en la ciencia ficción o la literatura fantástica, sería lo único que podría dar cuenta de este traslape, desde el punto de vista de la cosmogonía de corriente principal, es decir aceptada como patrimonio, muy distinta a la de ese país o mundo ficticio que también en nuestro plano tendría una concreción literaria (Borges), y supondría una cierta presión de ese otro ámbito en la realidad nuestra, que se manifestaría como ficción literaria, quizás porque el terreno de las religiones es sólido y establecido, básicamente quizás indiscutido. Pero esto sería caer en la más sórdida de las especulaciones, y no nos podemos dar ese lujo, más aún teniendo en cuenta que este presunto hallazgo arqueológico y su desciframiento no gozan de ninguna credibilidad en el mundo académico, todavía tambaleante desde el asunto de la impostura que representó el manuscrito Voynich.

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