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Actas : Prosa Noviembre 17, 2018


La tierra de las sombras
Ariel Fuenzalida

Enviar por Correo-E
 Versión Impresora 
Todos los problemas empezaron cuando tomé el trabajo de la casa del profesor. El anuncio que respondí buscaba a alguien que cuidara la casa por una semana. Esto era lo que decía:

Se necesita: Estudiante pulcro,responsable, inteligente, con ambición e impulsos, para cuidar mi vieja casa victoriana durante la tercera semana de febrero. Los deberes más importantes incluyen recoger el correo, mantener la casa libre de intrusos, alimentar al pez y regar las plantas. Debe sentirse cómodo con la soledad. No debe tener miedo a la oscuridad y no debe ser seducido fácilmente. Pago: $ 1000. Los interesados deben enviar email a I_Magus@shadowlands.com junto con una carta de presentación y un CV en formato DOC.

No en completa posesión de todas las cualidades mencionadas postulé de todas maneras porque necesitaba el dinero desesperadamente. Era un trabajo simple que caía justo en la semana de lectura. Ya estaba harto del estudiante con el que compartía el departamento, amo las viejas casas victorianas y necesitaba ponerme al día con el trabajo de mis cursos

Qué mejor.

Ya que el mensaje vino a través de la lista del servicio de la universidad me imaginé que lo había publicado un profesor. Escarbé en la espuma digital y encontré a un tal Dr. I. Magus, Profesor de Caos, en la lista de los miembros del Departamento de Matemáticas y Estudios Religiosos como un experto en magia y ciencias ocultas. A la semana siguiente recibí un correo electrónico del Profesor Magnus diciéndome que el trabajo era mío y que debería ir a su oficina ubicada en el tercer piso del Edificio de la Facultad de Ciencias el Viernes previo al inicio de la semana de lectura a las 3:30 de la tarde a más tardar para recoger las llaves e instrucciones. Quedé totalmente extático.

Cuando el día llego me presenté a la hora indicada y golpeé en la puerta de su oficina. No hubo respuesta. En el momento en que iba a golpear nuevamente recibí un text message en mi teléfono celular del profesor diciéndome que las llaves estaban dentro de un sobre pegado a su puerta a mi nombre. Además de las llaves el sobre contenía algunas instrucciones describiendo minuciosamente cómo alimentar los peces. También especificaba que en siete días debería darle la llave a la secretaria del departamento a las 3:30 de la tarde a más tardar. Una vez confirmado que todos los peces estaban vivos y que todas las pieza con llave estaban en orden el dinero sería depositado en mi cuenta PayPal.
astante fácil pensé así que me dirigí a la casa.

La casa victoriana era magnifica. Antigua, pero bien cuidada. Tenía 17 piezas y todas ellas estaban con llave excepto la pieza de invitados y su baño en el segundo piso, el comedor y la cocina en el primer piso, y el estudio biblioteca en la parte trasera de la casa con una enorme chimenea. Después de explorar toda la casa me quedé con el estudio. No había nada más que hacer. La biblioteca estaba repleta de textos encuadernados en cuero cuyo obscuro contenido iba desde los rituales religiosos de los indígenas del Amazonas a la mecánica de los agujeros negros y la materia obscura. Libros llenos con ecuaciones incomprensibles y bifurcaciones que destilaban los límites de la física y matemática junto a encantaciones arcaicas, repeticiones herméticas, y comentarios académicos secundarios acerca de los Papiros del Mar Muerto. Los temas eran foráneos para mí. Cuando perdí el interés me puse a trabajar en mi ensayo cuya fecha de entrega se me venía encima y solo recorría la casa cuando me tomaba pequeños recreos.

El tercer día, mientras vagabundeaba descubrí el ático de la vieja casa. No estaba con llave así que entré. Cuando empujé la puerta desencadené una tormenta de polvo que me produjo un ataque de tos que me soltó las flemas adheridas a mi garganta. Después que el polvo se disipó pude mirar alrededor. No había mucho que ver excepto telarañas cubriendo cajas de bolas de cristal quebradas, cartas rotas de tarot que ya no podrían ver el futuro, varitas mágicas oxidadas que habían echado sus últimos hechizos y otros fragmentos de arcanos menores desparramados por el piso. Luego mi atención fue capturada por algo que había en el fondo de la pieza. En el rincón mohoso había un viejo cofre con memorias olvidadas. Manchado por el tiempo el cofre pedía, pulsando y anhelando, ser abierto. Levanté la tapa pero no pude ver nada excepto la ausencia de luz de su interior. Ruidos sordos y aullidos apagados se podían escuchar. El olor de noches sin fin flotaba en el aire polvoriento. No sé porqué pero metí la mano en el viejo cofre. En la madera crujiente, mi mano sintió una agitación. Había algo allí. Jadeando la saqué lleno de pánico ¿Qué era eso? La curiosidad se apoderó de mí y no pude evitarlo. Con trepidación introduje la mano nuevamente y sentí el movimiento de la oscuridad. La sentí pasar delante de ella un par de veces. Era fría y penetrante. Sin fondo. Hundí mi mano en su profundidad. Fue entonces cuando me tomó fuertemente. Trató de succionarme. Resistí desesperadamente en contra de ella. Junté todas mis fuerzas salvajes. No fue fácil pero me las arreglé para zafarme. Al hacerlo, sin embargo, también saqué a la sombra que no era la mía.

Una vez perteneció a un gordo cojo fumador de puros. Al comienzo, no me importó. En verdad, disfruté tener a alguien a mi lado. La novedad de estar solo ya se había acabado. La compañía de una sombra extraña es mejor que no compañía, pensé ingenuamente. Me pasé los siguientes días sentado en el estudio en frente de la chimenea. No hablamos ya que las sombras no tienen voz. Simplemente nos mirábamos el uno al otro. Observé, inspeccioné y estudié cada movimiento. Al final de la semana llegué a la conclusión que esta sombra no era muy brillante o profunda. Lerdo y vago total. Dejaba pedazos de sombras arrugadas y oscuridades rotas por todos lados. Nada, solo una superficial sombra es todo lo que era. Y la forma grotesca de chupar su cigarro despertaba repugnancia.

Cuando la semana terminó me sentí feliz de poder irme, pero cuando lo hice la sombra me siguió. Tal vez fui muy amable y acogedor. Ahora rehúsa abandonar mi lado. Día y noche observa todo lo que hago. ¡Está ahí... siempre ahí! Acechando, espiando, intrigando. Trato celosamente de echar mi sombra. Le grité lleno de enojo y frustración por días, pero en vano. Se aferró a mí aún más. Era demasiado. Cuando dormía yo escuchaba una orden incorpórea instándome a comer donuts y fumar. Cuando paseaba por la ciudad me sentía empujado a entra a negocios caros de cigarros y ordenar donuts en cada drive-thru por el que pasaba. Estaba totalmente perdiendo control. Gané peso y la sombra original solicitó el divorcio. Fue una escena horrible. Me entristeció profundamente ya que habíamos estado juntos por tanto tiempo. Fue el colmo. Algo extremo tenía que hacerse .No podía continuar así. Supuse que la única manera de deshacerme de ella era volverme completamente oscuro y engullirlo. Entonces salté al abismo y me convertí en oscuridad.

Ariel

Ottawa 2014
Love=Amor=Amour !!!
Nieves.
16/2018/11.




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