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Actas : Prosa Julio 25, 2017


Retorno con sueño, súcubos, cielo y risas de niñas jóvenes
Jorge Etcheverry

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No sé si fue antes o después de la noche cuando ese súcubo me aplastaba y provocaba mi involuntaria erección sin por otro lado ofrecer agujero para el alivio de esa tensión acumulada, por otro lado es sabido que los súcubos no son entes reales, que no tienen agujeros materiales, pero como los antiguos chinos entregados a los vapores del opio, el asceta o no tanto visitado por súcubos siempre podrá se llevado a la eyaculación por sus propias tensiones interiores. No sé exactamente si fue antes o después, pero ahora me parece que fue al otro día cuando me sentaba en una silla o diván en esa terraza bajo esa campana de sol y cielo surcado por remotos pájaros que dejaban caer sus gritos entre mis párpados entrecerrados por la modorra y pensé que había sido un error desplazarme tan lejos, tan a lo ancho, todos estos años, en lugar de haber permanecido aquí, entre los breves kilómetros que delimitan estos ángulos de este triángulo que forman tres de mis más tempranas moradas. Entonces es que una cara clara, de límites imprecisables parece abarcar el cielo, aunque no sé a ciencia cierta si tengo los ojos cerrados o abiertos, lo más seguro entrecerrados y así es que me doy cuenta de que ese súcubo nocturno es esta misma cara de un color casi naranja. Un coro de risas femeninas jóvenes me llega a los oídos, las creo relacionadas con esos dos otros vértices, el del súcubo nocturno, acaso un sueño, acaso un gato que se instaló sobre mi pecho mientras dormía; el del rostro femenino y cálido del cielo (que no veo sino siento). Ellas forman así el tercer vértice con sus risas que provienen de cuerpos que sí, me depararán el solaz y la saciedad si me mantengo en este triángulo que se superpone al físico, en que habito o al que he vuelto, obscuro y sin embargo suave, obscuro y sin embargo cálido, sedoso y múltiple, implicando varios sentidos, como corresponde al pubis femenino.

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