Retroceder Home Correo Search Avanzar
La Cita Trunca 
 
 Actas
 Poesía
 Prosa
 Crónicas
 Notas
 
 Movimiento
 Anuncios
 Diáspora
 
 Catastro
 Poesía
 Prosa
 Ensayo
 Crónicas
 Notas
 Bibliografías
 
 Editorial
 
 Correo
Buscar

Actas : Prosa Mayo 7, 2017


Carta de la Compañía
Jorge Etcheverry

Enviar por Correo-E
 Versión Impresora 
Mi muy estimada Ripley, respondiendo a su preocupación, y me atrevería a decir alarma, debo manifestarles que las cosas han cambiado mucho durante su prolongado periodo de hibernación. Ahora está en funciones una nueva colonia de terraformación en el planeta objeto de sus preocupaciones, como debía esperarse y de acuerdo con las nuevas y más racionales políticas que está implementando la Compañía, cuyo crucero, no debemos olvidar, fue el que la rescató esta vez. Nuestra Compañía, la CICD, de la cual y por lo menos en teoría, usted todavía es una empleada. Para nosotros, y siempre hablando en nombre de esta entidad, no caben las discriminaciones que en décadas (o siglos) anteriores establecían barreras al comercio y el desarrollo y eran fuente de desconfianza y discriminación. Además, hemos superado las limitaciones de una tecnología que distaba mucho de ser como la que disfrutamos hoy en día, algunos de cuyos aspectos no dejarán de sorprenderla, me imagino, después de casi medio siglo de haber circulado por el así llamado espacio interestelar en un sueño en suspensión animada del que no habría podido despertar, por lo menos intacta, sino fuera por algunos de los adelantos, que, justamente, nos ha brindado esta nueva tecnología. Comprendo y entiendo su alarma. No nos interesa ni sacaríamos nada negando que usted está en lo cierto, que hace más o menos unos cincuenta años una colonia entera de técnicos y profesionales de la terraformación, junto con sus familias, fueron aniquilados por una raza de entidades no homínidas, que es como ahora denominamos a esos tipos de seres vivos, en lugar de calificarlos de extraterrestres o alienígenas, términos un poco anticuados que denotaban un terracentrismo y humanocentrismo ya obsoletos .
Para su información, y suponemos que conoce algo de historia—cosa no muy habitual entre los técnicos—esos incidentes del choque o más eufemísticamente, encuentro entre culturas, alienígenas o no—común en la ya casi pre historia de nuestra raza humana en el planeta tierra—se han repetido con frecuencia en el cosmos, en el espacio sideral. Luego de décadas, —a veces más—de equivocaciones y desconfianzas, muy explicables, por ambos lados, se ha llegado a compromisos bioculturales y si se quiere simbióticos, arreglos y acuerdos que nos favorecen tanto a nosotros como a las bíoculturas, especies y civilizaciones originarias de los planetas de que se trate, y que han resultado en la mayoría de los casos, en beneficios mutuos para ambas culturas, especies y poblaciones. Yo no pretendo aminorar su dolor por la pérdida, en ocasiones bastante dramática, de seres que en el curso de avatares comunes llegaron a ocupar un lugar privilegiado en su vida cotidiana, y cuyo prematuro fin fue fruto de malentendidos, que como repito, ya están en vías de solucionarse, si que no lo han sido ya en estos mismos momentos.
Ciertas alteraciones de nuestros hábitos y modos de vida, en aquellos lugares en que se lleva a cabo el interfaz no solo con la especie que nos preocupa, sino con otras con que realizamos intercambios—como por ejemplo tratar de llevar anteojos oscuros en público, usar gestos realmente universales, como la mano abierta y extendida para señalar que no hay armas en los órganos portadores, mantener las piernas abiertas para demostrar que no hay apéndices ocultos, mantener una distancia apreciable con el interlocutor para no infringir su espacio, no dirigir la palabra o señal hasta que la otra parte manifieste su intención de entablar diálogo, abrir lentamente la boca para permitir el examen de la cavidad bucal para mostrar que dientes y lengua son los únicos órganos y no hay otros escondidos. Estas son solo algunas de las precauciones que los personeros y portavoces de la Compañía, y otras instituciones políticas y económicas, muestran en los primeros contactos personales con otras entidades o especies alienígenas.
En el caso que nos preocupa, es conveniente que en el interfaz se evite por todos los medios el consumo de carne o tejidos carnosos en su presencia, bajo la forma de sándwiches, hot dogs, hamburguesas, etc., si hay alienígenas de este tipo o especie presentes (uso este término obsoleto para facilitar nuestra comunicación). Para ellos esto representa un sacrilegio, ya que dichos tejidos juegan una parte importantísima en la gestación de los individuos de su especie, llegando a adoptar un aspecto casi sacro. El inveterado consumo de carne por parte de nuestra especie fue una fuente de problemas y malentendidos con esta especie en los primeros momentos de nuestras relaciones comerciales y me atrevería a decir políticas. Demás está decir que la sangre acídica de esta especie extraterrestre ha constituido un gran beneficio para nosotros. En cuanto a los elementos básicos de nuestro intercambio comercial, ellos han implementado una política de recolección de sangre entre su población, y nosotros por nuestra parte, no hemos abocado a la producción de tejido carnal mediante clonaje en nuestros laboratorios y unidades de producción. El intercambio de ambos productos ha sido un acuerdo que ha beneficiado enormemente a ambas partes. Ellos (o ellas o ambos, ya que no poseen las limitadas determinaciones de género de que nosotros los humanoides gozamos) se han encontrado con una fuente inagotable de medios de reproducción, que los aleja de la esporádica y anecdótica—siempre costosa e impredecible—situación y circunstancias de reproducción de su especie. Nosotros, por nuestra parte, contamos con un amplio abastecimiento de un solvente universal más potente, dúctil y rápido que el agua primigenia y que cualquier sustancia ácida hasta ahora conocida.
Como decía, y a riesgo de incurrir en repeticiones, la pasada actitud colonialista del homo sapiens ha sido fuente de numerosos malentendidos a lo largo de la historia de la humanidad. El obsoleto antropocentrismo debe dar lugar a un nuevo acercamiento a las poblaciones alienígenas. No debemos repetir los errores del pasado.
En virtud a su larga—y me permito añadir, no plenamente reconocida—experiencia en lo que podríamos llamar trabajo de campo, que nos ha permitido conocer la mentalidad, hábitos y costumbres de esta extraordinaria especie de seres alienígenas, la Compañía ha decidido reconocer su magna—aunque a veces mal orientada— labor, Comandante Ripley, y por medio de esta comunicación, este humilde servidor le otorga, además de esta distinción—los Comandantes Honoríficos en Relaciones Interespecie son una nueva categoría que reconoce este nuevo campo de innovación, que goza del respaldo de un decreto de la Federación de Estados Terrícolas—un puesto administrativo de alto nivel en el que seguramente usted podrá desplegar las habilidades de desempeño, dedicación y experiencia de que la Compañía se ha beneficiado tanto durante su trabajo de campo.
Se despide atentamente Eduardo Jantzen, Director Ejecutivo, en representación de CICD ( Compañía Intergaláctica de Comercio y Desarrollo)


Top of  Page

Prosa
Secciones

Los herederos II. El consorcio de Dios (inicio)
dos textos breves
Dos relatos breves de Cristián Rosemary-del Pedregal.
Universo de espejos
Retorno con sueño, súcubos, cielo y risas de niñas jóvenes
Un cuento de Diarios de nada
Carta de la Compañía
Inteligencia artificial I
Informe de coyuntura
Los herederos II-El consorcio de Dios