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Actas : Prosa Diciembre 12, 2016


Carta de la Compañía
Jorge Etcheverry

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 Versión Impresora 
Mi muy estimada Ripley, respondiendo a su preocupación, y me atrevería a decir alarma, debo manifestarles que las cosas han cambiado mucho durante su periodo de hibernación. Ahora está en funciones una nueva colonia de terraformación en ese planeta y, como debe de esperarse y de acuerdo con las nuevas y más racionales políticas que está implementando la Compañía, cuyo crucero, no debemos olvidar, fue el que la rescató esta vez, Compañía y de la cual y por lo menos en teoría todavía es una empleada, ya no caben las discriminaciones que en décadas (o siglos) anteriores. Lo anterior quizás por la necesidad que imponían las limitaciones de una tecnología que distaba mucho de ser como la que disfrutamos actualmente—y algunos de cuyos aspectos no dejarán de sorprenderla, me imagino, después de casi medio siglo de circular por el así llamado espacio en un sueño en suspensión del que no habría podido despertar, por lo menos intacta, sino fuera por algunos de los adelantos que, justamente, nos ha brindado esta nueva tecnología. Comprendo y entiendo su alarma. No nos interesa ni sacaríamos nada negando que está en lo cierto, que hace más o menos unos cincuenta años una colonia entera de técnicos y profesionales de la terraformación, junto con sus familias, fueron aniquilados por una raza de entidades no homínidas—es como ahora denominamos a esos tipos de seres vivos, en lugar de calificarlos de extraterrestres o alienígenas, términos un poco anticuados que denotaban un terracentrismo y humanocentrismo ya obsoletos.

Para su información, y suponemos que conoce algo de historia—cosa no muy habitual entre los técnicos—esos incidentes del choque o más eufemísticamente, encuentro entre culturas, alienígenas o no—común en la ya casi pre historia de nuestra raza humana en el planeta tierra—se han repetido con frecuencia en el cosmos, en el espacio sideral. Luego de décadas, —a veces más—de equivocaciones y desconfianzas, muy explicables, por ambos lados, se ha llegado a compromisos bioculturales, arreglos y acuerdos que nos favorecen tanto a nosotros como a las bíoculturas, especies y civilizaciones originarias de los planetas de que se trate, y que han tenido como resultado en la mayoría de los casos, beneficios mutuos para ambas culturas, especies y poblaciones. No pretendo tampoco aminorar su dolor por la pérdida, en ocasiones bastante dramática, de seres que en el curso de avatares comunes llegaron a ocupar un lugar privilegiado en su vida cotidiana, y cuyo prematuro fin fue fruto de malentendidos, que como repito, ya están en vías de solucionarse, si que no lo han sido ya en estos mismos momentos.

Ciertas alteraciones de nuestros hábitos y modos de vida, en aquellos lugares en que se lleva a cabo el interfaz no solo con esta especie, sino con otras con que realizamos intercambios—como al uso casi permanente de anteojos oscuros en público, el uso de gestos realmente universales, como la mano abierta y extendida como señal de que no hay armas en los órganos portadores, mantener las piernas abiertas para demostrar que no hay apéndices ocultos, mantener una distancia apreciable con el interlocutor para no infringir su espacio, no dirigir la palabra o señal hasta que la otra parte manifieste su intención de entablar diálogo, abrir lentamente la boca para permitir el examen de la cavidad bucal para mostrar que dientes, lengua son los únicos órganos y no hay otros escondidos. Estas son solo algunas de las precauciones que los personeros y portavoces de la Compañía, y otras instituciones políticas y económicas mantienen en los primeros contactos con otras entidades o especies alienígenas.

En el caso que nos preocupa, es conveniente en el interfaz evitar por todos los medios el consumo de carne o tejidos carnosos en su presencia, bajo la forma de sándwiches, hot dogs, etc. , si hay presentes alienígenas (uso este término ya obsoleto para facilitar nuestra comunicación) de este tipo o especie. Para ellos esto representa un sacrilegio, ya que dichos tejidos juegan una parte importantísima en la gestación de los individuos de su especie, llegando a adoptar un aspecto casi sacro. El consumo de carne por parte de nuestra especie ha sido una fuente de problemas y malentendidos en los primeros momentos de nuestras relaciones comerciales y me atrevería a decir políticas. Demás está decir que la sangre ácido de los extraterrestres en cuestión ha sido un gran beneficio para nosotros, ellos por su parte, se han demostrado dispuestos a instaurar una política de extracciones sanguíneas de ese precioso líquido, y por nuestra parte, la producción de tejido carnal mediante clonaje en nuestros laboratorios y unidades de producción y su intercambio por su sangre ha sido un acuerdo que ha beneficiado enormemente a ambas especies contraparte. Ellos (o ellas o ambos, ya que no poseen las determinaciones de género de que nosotros los humanoides gozamos) se han encontrado así con una fuente inagotable de medios de reproducción, que los aleja de la esporádica y anecdótica—siempre costosa e impredecible—situación y circunstancias de reproducción de su especie. Nosotros, por nuestra parte, al presente contamos con un amplio abastecimiento de un disolvente universal más potente y rápido que el agua primigenia y cualquier sustancia ácida hasta ahora conocida.
Como decía, y a riesgo de incurrir en repeticiones, la actitud colonialista del homo sapiens ha sido fuente de numerosos malentendidos a lo largo de la historia de la humanidad. El obsoleto antropocentrismo debe dar lugar a un nuevo acercamiento nuestro a las poblaciones alienígenas. No debemos repetir los errores del pasado.

Debido a su larga—y me permito añadir no plenamente reconocida—experiencia en lo que podríamos llamar trabajo de campo, o en el terreno, que nos ha permitido tener una profunda penetración en la mentalidad, hábitos y costumbres de esta extraordinaria especie de seres alienígenas, la Compañía ha decidido reconocer su magna—aunque a veces mal orientada labor—Comandante Ripley, y por medio de esta comunicación, este humilde servidor le otorga, además de esta distinción—los Comandantes Honoríficos en Relaciones Interespecie son una nueva categoría que reconoce este nuevo campo de innovación y está respaldada por un decreto de la Federación de Estados Terrícolas—se le ha asignado un puesto administrativo de alto nivel en el que seguramente usted podrá desplegar las habilidades, de desempeño, dedicación y experiencia de que la Compañía se ha beneficiado durante su trabajo de campo.

Se despide atentamente Eduardo Jantzen, Director Ejecutivo
en representación de CICD (Compañía Intergaláctica de Comercio y Desarrollo)

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