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Actas : Prosa Junio 9, 2015


El Arte Macabro
Jorge Etcheverry

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El Arte Macabro

Como su colega de los últimos días del siglo diecinueve, el Jack The Ripper contemporáneo (así llamado por analogía ya que él nunca reclamó el derecho para ese nombre) también tiene una especialización. La que ejercitaba el Jack The Ripper tradicional que todos conocemos no parece ser adecuada para este delincuente que pareciera empeñado—llevado o no por el ansia de fama—en imprimir su sello en el mapa enrevesado, irregular y sangriento de nuestros tiempos. Cosa que es por lo demás bastante difícil, basta ver la tele o meterse en el internet. Después de las memorables y relativamente recientes hazañas delictivas llevadas a cabo por Magnotta, y antes; Matamoros en México, el ex-marino Ng; o ese americano joven y bien parecido que fue ejecutado recientemente como autor presunto y en parte probado de más de cien asesinatos y cuyo nombre se me vuelve a escapar de la mente, es difícil si no imposible lograr fama a través del crimen, cuando aparecen en la pantalla de la computadora o tableta, y casi sin esfuerzo y en unos segundos, las decapitaciones colectivas de los narcos mexicanos, de los islamistas, y las diversas ejecuciones, atentados y mutilaciones que brotan en todos los medios producto de anhelos místicos e espirituales de múltiples actores sociales y culturales--que no voy a nombrar para evitar que le pongan precio a mi cabeza si esto alguna vez se publica--que como decía se dedican a la crucifixión, quema, tortura, decapitación y violación de los infieles allí donde las circunstancias les permiten hacerlo. Pero incluso los casos antes mencionados a manera de ejemplo no son más que pelos de la cola, como no sé si se dice todavía, opacados por la sombra horrendamente magnífica de Dachau, Autzwitz, Sabra & Chatilla, Lonquen (en Chile), Rwanda, los recientes hechos en México, en breve, la larga lista de ocasiones y lugares donde la tortura, muerte por hambre, desmembramiento de las víctimas, en cantidades ingentes, llegando casi al genocidio, que se han realizado--a veces mezclados con matices sexuales--en estas primeras décadas de este siglo nuestro. Y como si fuera poco, la Democracia parece haber traído una tendencia, o un impulso, si queremos calificar la intensidad de este movimiento, a poner al alcance de las muchedumbres de las ciudades grandes, o mejor, de los individuos, ya que las masas no existen sino como agregados de individuos, las sofisticaciones de riqueza (relativa), la cultura, la salud (discutible), la alfabetización, la nutrición (dicen algunos), y en resumen, todas las ventajas nacidas con la Revolución del Humanismo que empezó alrededor del siglo 15.

Y uno de los logros de la democracia, incluso del socialismo, es que, por su acoplamiento con esta otra flor de los tiempos actuales—la megaciudad ultramoderna—, el crimen, incluso el más sofisticado, se ha vuelto accesible a la gente con algunos medios, una computadora o una tableta y un poquito de imaginación. Y este proceso está aumentando.

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