Portada
 
 
 Actas
 Poesía
 Prosa
 Crónicas
 Notas
 
 Movimiento
 Anuncios
 Diáspora
 
 Catastro
 Poesía
 Prosa
 Ensayo
 Crónicas
 Notas
 Bibliografías
 
 Editorial
Buscar

Actas : Prosa


63 lectores(as) en línea


Fragmento de novela inédita
Jorge Etcheverry


Enviar por correo
 Versión de impresora

I

 

¿Han oído hablar de la Gran Fraternidad Blanca? Se dice que en el corazón del Asia existen dos ciudades subterráneas, Schamballa, la Ciudad Negra y Agartha, la Ciudad Blanca. Ambas se reparten respectivamente el mal y el bien sobre este mundo. Que no sean más que pálidas reminiscencias de dos centros inimaginables del bien y del mal a escala universal, o que su influencia irradie desde la tierra hacia todo el universo, eso no se sabe. Quizás en cada mundo habitado (de los cuales pronto captaremos las señales gracias a un nuevo programa de la NASA fruto de la red de protección Stars War), exista una ciudad, o polo del mal, y uno del bien. Quizás en los planetas aún no habitados y en formación, ciertos minerales o gases ejercen esa influencia, como puntos magnéticos opuestos en el primer caso, o a lo mejor son los polos que organizan la concreción de esa masa gaseosa e informe que en un comienzo son los planetas, en el segundo. A lo mejor esas fuerzas operan en las estrellas, las enanas blancas, que son las que soportan planetas viables, para luego condensarse cuando los planetas evolucionan, por medio de la polarización de la luz. Pero todas estas son teorías, y los maestros de ambas órdenes han guardado por centurias un mutismo que los discípulos necios llaman “orgulloso silencio preñado de sabiduría, ante la imposibilidad de impartir conocimientos que nosotros, los pobrecitos humanos corrientes y molientes estamos incapacitados para comprender”. Estoy dispuesto a asegurar que su ignorancia respecto a dichos temas es proverbial, y ese mentado silencio ha llevado a la perdición a más de un impaciente, llámese Ícaro, Ulises, Jasón, Meyrink, Hesse, Rimpoche, Daumal, Méndez Roca o Hubbart. Ha causado la desaparición de más de un innominado Fulcanelli.

Esa sabiduría puede ser que haya florecido en otros tiempos, y se haya perdido como casi todas las cosas buenas, según los hermetistas y los no tan hermetistas como mi ex vecino el señor Zegarra, que antes trabajaba en la Compañía de Teléfonos y que dice que todo anda peor desde que se ganaron la concesión los australianos. En todo caso, un enorme burocratismo parece haberse posado con sus alas negras y pesadas sobre la dirección mundial de ambos movimientos, y no hay más que abrir el periódico para darse cuenta. Pero esto no quiere decir que estas organizaciones sean inoperantes. Muy por el contrario.  Cada joven punk o skinhead acechante en los metros norteamericanos y europeos, cada terrorista vasco, irlandés o fundamentalista, cada boina verde, guerrillero, talibán o mujadín. Los que avivan la cueca en la convulsionada Europa, o aquél otro que en los mítines o concentraciones de la siempre convulsionada América Morena descarga una cadena de pesados eslabones sobre el agraciado adversario, en pleno rostro, desfigurándolo permanentemente en medio de un crujido de huesos rotos (Un golpe bien dado con una cadena puede desgajar una rama bastante gruesa de un árbol frutal de digamos, unos cinco años), está trabajando para Schamballa, aunque rebose de idealismo, o no tenga la más remota idea de la existencia de esta entidad, aunque se encoja de hombros con una sonrisa irónica prendida de la comisura de los labios, al terminar su faena y guardarse en un bolsillo el hábil instrumento, considerando con sorna esas cosas de teósofos, anticuadas, sacadas de los libros que leía su abuelo, porque ese joven puede estar imbuido de una sana pasión materialista (dialéctica o no).  Pero el problema parece ser el que las fuerzas del bien (algunos socialistas, algunas ONG, algunos hippies atrasados, la Congregación de María, Amnesty International, la Cruz Roja, la Red Crescent el Ejército de Salvación, etc.), sobre todo los que combaten por algo que, conforme a la manía reductiva de los humanos, es, en una palabra, El Bien, y no son el mero nombre en una plancha de letras doradas, usan a veces los mismos métodos. Las torturas inflingidas a un Aramburu, allá por los sesenta, el ajusticiamiento de Pérez Zújovich, el asesinato de Guzmán, el ahorcamiento de Ceballos (delator chileno ajusticiado en el Perú), la ejecución de Trujillo, el atentando (fallido) contra Pinochet, ya hace bastantes años, etc. etc., nos aseveran la razón de estas conclusiones. Por lo tanto, aquel que fiel a su vocación de buscador (hipster) desee dirigirse al fondo de las cosas, debe encaminar sus pasos hacia el Imperio del Mal.

 

Ya te imagino encaminando tus pasos hacia tantos lugares de América, disfrutando de la hospitalidad de los sanguinarios paramilitares colombianos, de los militares salvadoreños, de los herederos de Duvalier en su blanco palacio lleno de guardias negros como el charol, vestidos de pies a cabeza con uniformes igualmente blancos. Te veo perdiendo el seso en las frenéticas danzas del Vodú o la Lambada, pasando por el ensangrentado Medio Oriente y sus sectas fanáticas rumbo al Tibet después de recorrer el África hambrienta, postrada por el SIDA, diezmada por guerras civiles genocidas. Te veo manteniendo correspondencia con las numerosas sectas satánicas de San Francisco y París, frecuentando chinos inmigrantes y nietos de rusos blancos, que no desean retornar a su patria ancestral por ningún motivo, pese al derrumbe del imperio burosoviético. ¿O es que te ví en la inundada Louisiana usando serpientes como collares, cantando como un Nerón de nuestros días frente a la Nueva Orleáns desapareciente?. Craso error.  ¿No te has detenido a contemplar algunas casas del sector Avenida Matta, casi el pleno centro de Santiago?  ¿No te has detenido a escudriñar la cara de las viejas beatas que salen de la Iglesia de San Francisco los domingos, después de la misa de 11?  ¿Has visto la expresión del público que repleta las salas que ocasionalmente pasan las películas basadas en las novelas de Stephen King?  ¿Has visto al inchi-mali en tus ocasionales correrías por la provincia de Arauco?  ¿Has leído el Informe Rettig? El folclore de Chiloé y de la zona del Maule te llenarían de espanto.  Si tienes los medios y la habilidad tecnológica, el torrente de degeneración que circula solapadamente en el mundo virtual de sitios web dedicados a las últimas depravaciones del cuerpo, la mente, la cultura y el espíritu te dejaría deprimido(a) por una semana. No hace poco una mujer que conozco recibió una advertencia. Por ningún motivo las niñas deben responder a un navegador de Internet con el nombre Slavemaster, que se rumorea ha causado ya la muerte de 56 mujeres. Trata por lo tanto de identificar el lomo del dragón dormido que vela el (aparente) sueño de la ciudad.  No hay que descuidar tampoco el papel aparentemente insignificante que cumplen o cumplían grupos como el de Arrigó, el Poder Joven de los sesenta, los Caballeros Americanos del Fuego, que todavía andan por ahí. Un grupo de sacerdotes ibéricos, orgullo de las congregaciones españolas no pudo resistir ese llamado.  Actualmente compiten con las machis en Arauco.  Yo sostuve, en tiempos pasados, largas conversaciones con algunos de ellos.

 

Si tú me hubieras encontrado en mitad de la noche, cuando caminaba por la calle San Diego a la Alameda a tomar el metro, quizás te hubiera llamado la atención mi aspecto desamparado de soñador todavía joven.  Esta vocación por el conocimiento y el estudio, en un sentido amplio, la sienten los entes soñadores y librescos que, como yo y quizás como tú, lector o lectora, venimos de hogares por lo menos de la clase media, es decir, nos podemos dar el lujo de posponer por unos años nuestra triste entrada a un mercado de trabajo cada vez más exigente y con menos recompensas, mientras nos quemamos las pestañas en toda clase de estudios, hasta que algo nos hace mirar, o mejor dicho caer, dentro de la así llamada vida concreta.  Entonces sentimos ese impulso que ya no nos abandonará jamás.  El impulso de la búsqueda, que no es el del mero conocimiento.  Hace unas décadas, un joven del barrio alto, descendiente de extranjeros, salió un día de su casa.  Lo que le sucedió es algo que no podemos conjeturar.  Luego la gente podía verlo, plantado a toda hora y todos los días en las esquinas del centro, saltando, zapateando y vociferando el Evangelio de San Juan.  Así he tenido ocasión de verlo, solo, o rodeado de unos cuantos discípulos o espectadores, bajo la lluvia o el sol, innumerables veces. Y era necesario perderse en estas consideraciones preliminares ya que tú seguramente, como todos los señalados, eres, como decía, un ser débil y libresco.  Para ti estas cosas deben buscarse en el Oriente o en libros raros y añejos, como La clavícula del hechicero, el Tetragrammaton, el Necronomicón del árabe loco Abdul Alzahred o el Libro Apócrifo de Azhmán.  Y estoy casi seguro de que estarías dispuesto a gastarte tus escasos recursos, si los tuvieras, en un viaje turístico pagadero en mensualidades por el cercano Oriente.

 






Subir
La cita Trunca. ed. Jorge EtcheverryOttawa: Editorial Poetas Antiimperialistas de América. Jan 21, 2009
© Derechos Reservados
Prosa
Un cacho de romanticismo
Miniapocalipsis con playa
Back Seat of a Greyhound Bus
Prosas breves
Casablanca
Intercambio epistolar
Corazones partidos
Hombres y arañas
Juegos de allá abajo
La rosa de Francia