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El ojo en la mira
Me acuerdo entonces de la frase que había leído en esa novela de ciencia ficción hace ya tantos años, “la niña que estaba enchufada”, de James Tiptree Jr, donde en una parte aparece un piloto raptado a cuyo avión siguen cazas de la fuerza aérea que empiezan a disparar ráfagas como advertencia. Entonces el piloto le dice a su captor “¿le molestaría mucho apuntar la pistola a mi cabeza, donde la puedan ver?”. Y eso le digo al joven delgado de ojos saltones que me lleva delante como escudo al salir del banco que acaba de asaltar y de donde acabo de sacar mis últimos ahorros de escritor maduro. Luego de un momento de perplejidad me obedece. Me dice ¿Porqué?, a mí da lo mismo, la policía no va disparar”. “Mire”, le digo, “para usted esto es cosa de libertad y para mí de publicidad. Camine un poco más adelante para que salgamos mejor en la televisión”.
Un día de estos
Un día de éstos me voy a cabrear. El sábado en la mañana me tomaba un café en un restaurante y pasó un conocido latino muy bueno para la conversa, sin oficio conocido pero al que algunas señoras de su país de origen consideran un poco brujo. Se sentó conmigo. Nos pusimos a conversar. Me dijo: “Imáginese Arturo que entra un amigo a su casa y le dice “Oye mira, estoy hinchado, tengo mucho gas” y le pide permiso para bueno, alivianarse. Como dijo José José Bohr, usted se queda “mudo de asombro”, pero como el que calla otorga, el individuo se desahoga y te dice “Todavía me siento mal, ¿Dónde está el baño para echar una cagadita?”. Bueno, cuando se va, deja la casa pasada. O se trata de ese tipo que va al banco y le dice a la cajera, “¿Me dá permiso para robar el banco?”. En esos casos nunca se sabe, es mejor evitar la violencia. Ella dice “Bueno, total, como la plata no es mía”. Después el ladrón le dice a la polícía, “mire, lo que pasa es que yo le pedí permiso y ella me lo dio”.
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La cita Trunca. ed. Jorge Etcheverry. Ottawa: Editorial Poetas Antiimperialistas de América. Sep 1, 2008 |
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