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Poesía
Marcha por un parque de Manglar
Francisco Ucán Marín

¡Que magnífico caminar a lado tuyo!
Las raíces nos abrían paso, entre cocodrilos y flamencos.
Ojos cafés, únicos, canicas que apesadumbran mi utópico pensar.
No he visto mirada como la tuya, revelo.
Con pizcas de bondad, coqueta a la luz y ritmo al caminar.

En silencio me dediqué a beber tu figura, confieso.
Y en uno de esos breves encuentros, probé tu sabor a chocolate.
No supe cómo acercarme más a ti, maravillosa creación.
Deshojo razones y justificaciones,
y no quería por impulsivo, o por inconsciente,
perderme de tu presencia.

¿Qué orfebrería divina fue la que moldeó tu vida
y confabuló la de tu alma sincera, apasionada e hinchada de brisa fresca?
Hoy, un zéjel exquisito intenté maquilarte y no, no me salió.
Atañer quiero, porque extraño tu voz que ilumina el día,
Y tus ojos cual exhalaciones de sol, aun en un día nublado,
ahuyentan las frías tardes de este Otoño.