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Sale volando desde la tierra contrita Manuel Marulanda Vélez Tirofijo que murió dizque de un infarto el pasado 26 de marzo y le dice a San Pedro negociando la entrada en el cielo “en realidad me llamo por registro civil Pedro Antonio Marín”, pero el Santo omnisciente lo reconoce y lo quería mandar al purgatorio y le dice “no me vaya a venir a armar guerrillas aquí en el cielo, señor Marín, que aunque harto las necesitamos en teoría aquí todos somos ángeles” pero interviene Dios, el Big Tamale, el Mero Mero Barbudo de las diversas historias que diseñan los diversos universos, una barba de pelo que es todos los pelos de todos los colores, con ojos de iris de todos los colores, con piel de todos los colores, con un terno que es un arcoiris de todos los colores, con una voz que es todos los idiomas. A veces parece que tiene como cola y como varios pares de brazos y a veces le salen de la frente como cachos, pero no tiene tetas ni otras cosas porque las tiene muy ricas su señora la Diosa que le tiene puesta la mano en el hombro y él le está preguntando “¿qué hago mijita?” y ella le dice algo al oído y Dios le dice a Tiro fijo con voz de trueno, pero no tanto “mira, aquí en el cielo no necesitamos que nos vengas a armar las FARC que no tenemos clases ni explotadores ni explotados, por algo estamos en el cielo, qué te crees y no te vamos a andar mandando al infierno aunque lo tengamos empedrado de buenas intenciones no te vamos a estar poniendo con toda esa ralea maloliente que estamos tratando de erradicar desde antes de que mi cabro bajara y los echara a correazos del templo, porque sé que no te caen muy bien que digamos a tí tampoco ni te vamos a andar mandando retovado al purgartorio por que te vas a aburrir de lo lindo y vas a andar siempre mirando la hora y vas a estar siempre ansioso de subir o bajar y te vas a cabrear de discutir y pelear con socialdemócratas, rábanos, radicales, demócrata cristianos y funcionarios fiscales, porque el Purgatorio es el lugar donde deambulan los centristas, los amarillos”, y le pregunta a la tierra, la Gea, “¿Oye Gea, qué hacemos con este chiquillo Tirofijo, oye, corazón?”
— Mira Tata, Papito, ¿porqué no me lo mandas para allá abajo otra vez para ver si arregla un poco las cosas?—Claro, a tí no te importa, por aquí arriba, pero soy yo la que tengo que estar allá abajo, y esos fulanos me tienen todo el vestido sucio, manchado, el aire irrespirable sobre campos y ciudades, verdaderas naciones de esclavos muriéndose lentamente de hambre, mientras Ellos preparan sus Apocalipsis de bolsillo y se siguen dividiendo el suelo, las aguas, las plantas y animales y sus ejércitos circulan rampantes a todo trapo pasando a cuchillo, llenándose los bolsillos, esgrimiendo cruces, medias lunas, de un cuantuai. Mientras Ellos arrellanados en sus sillones lo miran todo por televisión y zás mandan bombas en aviones teledirigidos y se toman sus tragullos engordando, y bueno, tanta cosa que podría decir una—
“Bueno mijita lo mandamos de vuelta pero no de cuerpo presente y te aseguro que se va a encarnar en una progenie tan vasta como las sementeras del cielo y que a la postre te aseguro que van a terminar por acarrear el cielo y ponerlo allá abajo o van a tomarnos por asalto, pero ni tanto porque para eso estamos” Y Tirofijo se disuelve en millones de puntitos de luz que van a llover sobre la tierra y se van a meter por las orejas, narices y otros orificios de los jóvenes y niñas que sueñan por mientras, pero que se van a despertar como otros tantos guerreros |
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