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La flor del poema
La mujer fecunda hace de sus brazos una cobija para el hijo de sangre que vio nacer su vientre. La mujer poeta teje un nido de versos. El corazón se abre para dar paso a la eternidad de la razón. Como una nube vuela en el ojo de la tierra. El poema se eleva en un mensaje de paz y descarga las aguas que calman el grito desgarrador de sus hijos. El verso teje un mundo nuevo Con un racimo de estrellas abre los ojos del ciego hacia la libertad de la luz. México, 2006
Nacimiento
Se esbozan figuras en el aire pasos hombres caminan por el siglo Tiñen la cintura de la historia Frotan amarras de sus vendas Recorren versos populares en la calle La llama fraterna dibuja canciones desde el fango Cabalgan sin yelmo en mágicas revoluciones Sus cuerpos engendran la furia del olvido Un cielo invernal cortado por la dorada fragua del verso se aproxima Un alma liga a otra niños caminan por el siglo Las lluvias fluyen ígneas por la corteza
Cáliz de mujer
Todo instante se cristaliza en su mirada y le cuelgan trenzas de negra estirpe El calor del brasero marca el inicio del día La luz de dos estrellas guía su quehacer Aquella mujer que pisa el suelo sin pantuflas recrea la vida al comprar el pan Más allá un hombre esculpe estrías en su vientre Recuerda a otro cosechando cenizas en la brasa en vez de frutos.
Desnudo
He tejido mi silencio hilo a paso en la agonía del desposeído He cantado mis días sosteniendo los nudos de las cuerdas He dejado mi cuerpo para sonreírle al alma. He soltado los oros para mirar el bronce de las gentes Delirante vivo en los espacios de ausencia por lo que soy.
Estadio
El color de la paz abunda en un pañuelo blanco flamea por ríos de sangre su frágil vuelo al aire montaña de bondades ataviada perenne sólo en alturas Delicado ropaje sorprende cuando el rayo la convierte en río Cristalina niñez entrega a la tierra alimento maduro Siempre, siempre lo humano se desconoce por ambición Y rostros de poder sin aviso irrumpen en la cena No hay ingenuidad en esas máscaras —Reconoce de una vez el gesto de indiferencia- Será que no tengo hermano, pregunto Será que estoy desierto de mar, afirmo La abundancia disecada por la sal sin palabra testimonio de tortura El miedo entró en la muerte por la razón o la fuerza del fusil Cuando la libertad carece de habitante recorre el tiempo hasta el reencuentro final cautiverio del verso estampado en el poema Aunque el naufragio permanezca llegarás al puerto donde te vio nacer la tierra
Presentación La poesía de Ximena Troncoso nos deja muy claro que el título de su libro Frágil no corresponde a la realidad poética que encierra. No de fragilidad, sino de fuerza expresiva y sugerente nos habla la autora dibujándonos un universo personal, extremadamente singular y sensitivo, en donde habitar con ella en un leve viaje nos descubre las claves de esta poesía construida con pasión y sentido estético. Cuando Ximena escribe «El cuerpo yace eternamente en el largo citadino/ La ciudad duerme y yo estoy ardiendo/ un extraño de puntas al suicidio/ el dolor no está ausente», nos revela un estado de alma semejante al que advertimos en la poesía de Alejandra Pizarnik tan amada por los soñadores desesperados de América Latina. Cuando se refiere a aquel hombre de grandes manos, evidencia una ternura infinita y más tarde descubre que «La magia de la carne conoce/ la capacidad que tiene el alma/ de transgredirlo todo/ de viajar sola/ en un transporte de mares, olas, hojas, muchas y variadas hojas». Pienso este libro como un excelente aporte a la poesía de la mujer en Chile, un libro revelador de una intimidad y subjetividad vividas con vigor y valentía y expresadas poéticamente con una calidad estética depurada. Ximena Troncoso, que ha sido aplaudida en México y Argentina, nos entrega este regalo virtuoso, cuya virtualidad promete un crescendo en el encantamiento y el reencantamiento de nuestro mundo empobrecido, pero estupendamente real. Que Ximena Troncoso siga siendo estupendamente real en este universo poético suyo tan valioso y persista en su viaje maravillado aunque «Vulnerables sean las miradas de ojos grandes» y que «En claridad de almas los espejos traspasen espejos de virtud, no de armas», ya que, como ella lo afirma «La verdadera conquista de las almas es conjugar los verbos en igualdad». Igualdad de mundos, igualdad de fuerzas que alientan los suspiros de sombras eternas, sombras blancas que se extienden en dibujos que construye la vida misma. Paz Molina
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