Coquimbo
por Alfredo Lavergne
aGabriela Etcheverry
Allí encajonaron al pastoreo en los cuchillos de las olas
y confiaron la ensenada al pisotón de las montañas.
Los niños caminan a sus casas mirando las vigas del cielo
Para guiarse
empequeñecen Valparaíso y aseguran que Santiago es el Sur.
Sus niñas son diferentes a los jóvenes
El trabajo les corta las trenzas
cuando estiran sus sueños al Parque Forestal
y porque nacen luchando
para recuperar la suela que el hombre no robó a la luna.
En Coquimbo
un aire simple nos conmueve por su soledad temática
y un amigo poeta tiene versos de Cerro.
En un alero rocoso sus habitantes
bailan los trotes nortinos del no a la machacadora
y el del fin de las aventuras
por el movimiento de cadera del cobre.
Pero en esa ciudad
le lavan los dientes al barrio inglés.