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Actas : Poesía Abril 3, 2017


Poemas de Aguas tumultuosas (1976)
Ulises Varsovia

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7. De la noche

De la noche hasta mi corazón llegan náufragos difuntos,
viajeros que vi partir desde mis horas vacías
y cuyo rumbo guiaron sucesos conmovedores.

Regresan mustios y heridos, llorando de otoño espeso,
escrita en sangre y derrrota la bitácora marchita,
humillados de cansancio y fatídicas desventuras.

No me llaméis vuestro padre ni vuestra antigua morada,
aquél que rezó y bendijo vuestra partida está enfermo,
no pidáis paternidad para el luto a mi bandera.

Yo sé que de noche existo como un puerto de naufragios
que el soplo de las tormentas abastece de despojos,
y sólo desamparados viajes regresan pidiendo amparo.

Remece mi corazón el llanto de lo que vuelve,
avergonzados viajeros piden perdón a mi puerta,
días que vi morir se levantan desde el tiempo.

Noche de estrellas azules cayendo contra el mundo,
nada conjura el acoso de su color homicida,
besa mi boca el verdugo embajador de su origen.

Acaso la vi partir y mis viajes la buscaron,
la vi zarpar y mis naves se hicieron hacia su ruta,
la vi fallecer en mí, y en mí quise encontrarla.

Acaso tal vez mis náufragos hallaron su sepultura
navegando en mi interior que en la noche reencuentro.
Acaso tal vez yo soy el único que no ha vuelto.


8. Ocurrir como un trueno

Ocurrir como un trueno salvaje en las noches de invierno,
volver al relámpago prístino puro que fuimos,
perder nuestro rastro muy dentro en nosotros buscando,
no ser porque amamos, no amar porque somos,
no dulce ternura si besos infieles.

El ciclo ancestral del amor en lo adiós o la muerte se cierra.
Crece la luz como un niño desnudo llorando en el alma,
su aciago destino es morir sin llegar al extremo del tiempo,
sin que toque su lenta agonía el conjuro sagrado del sueño,
vagabundo que cae al otoño y devuelve la tierra y regresa.

No hablemos de aquellas palabras que nadie osaría asumir,
callemos promesas difuntas que llevan el luto de viudas,
es dulce otorgar direcciones, es cierto, en las tiernas raíces,
despojarnos de orgullo y costumbres de recia prosapia
invistiendo de plenos poderes la aurora que nace y nos ciñe.

Es dulce acosar nuestras alas rompiendo los vuelos triunfales,
caer de rodillas humildes al pie de los dioses que nacen,
torcernos la ruta besando extranjeros designios que irrumpen.
Es dulce el tenaz cautiverio de amar las cadenas que amamos
mudando de sueños, quemando costumbres, rompiendo raíces.

Ocurrir en la noche telúrica ausente o total en el sueño,
sin cruel patrocinio de voces lejanas que exigen,
directo hacia atrás galopando en obscura estampida,
no ser porque amamos su triste mirada en la muerte,
no amar porque somos y es triste su triste mirada existiendo.


11. Existiendo

Existiendo con todas mis fuerzas,
roturando tiempo y distancia,
midiendo con mi ser la noche inmensa,
amando con el alma atenazada.

Bajo la lluvia camino y voy errando,
perdido para siempre entre sus hebras,
llorando mi cuerpo de su obstinado llanto,
sumido mi corazón en su insondable niebla.

Tendida está la tierra como si durmiera:
raíces y minerales son su profundo sueño.
Encima de los árboles comienza el planeta.
Grises las calles que cruzo. Sigue lloviendo.

Itinerario de rumbos despedazados,
pena infinita de amarla y seguir viviendo,
horario en que se inscriben mis viajes desolados,
tristeza de existir de tal manera, muriendo…

Amando tristemente con el alma,
lloviendo hasta en mi corazón la lluvia inmensa,
cantando a la que fue cuando me amaba,
existiendo con todas mis fuerzas.


16. Tal vez vivo existencias

Tal vez vivo existencias mortalmente heridas
y soy muchos seres dispersos que buscan.
Tal vez recorro planetas lejanos sin orillas
clamando con una voz heredada de la lluvia.

Ella, la lluvia bendita, hizo nido en mi substancia
amontonando sus pájaros tristes en mi alma,
cuando mi vida era un árbol de actitudes solitarias
y sus aves de orfandad en mí cantaban.

Hoy que estalla en mis maderas su galopar incesante
otro huésped mora en mí, y es dulce el haberla amado.
Y sin embargo es penoso seguir amando si es tarde,
si es tan lejos su tristeza, si hojas enfermas errando…

Aguas antiguas me mojan y ya no recuerdo,
ya dejé de amar sus aves que en mí cantaron,
hoy llevo estigmas de amor, la cólera de sus besos
que durmieron en mi amor y nunca más regresaron.

Apagaré en el furor vandálico de la lluvia
la hoguera cruel de pasiones que llevo ardiendo,
de modo que desesperen mis existencias de angustia
y mueran en mí sus muertes mis seres dispersos.


18. Callada noche

Callada, callada noche de torres elevadas,
vigilancia en su atalaya de un guerrero taciturno,
penosamente siendo cruzo las horas delgadas,
delirante de recuerdos canto mi dolor nocturno.

Ceremonia en el invierno: la noche un altar sagrado.
Adoro su invisible dios inaccesible,
su silencio conmovido, sus ángeles solitarios,
la piedra fría en que inmolo mi soledad terrible.

Vivir la noche temblando, sentirla besar el alma,
atravesar la marea de la penumbra gritando,
beber a sorbos la muerte, subir rezando sus gradas,
amar en la noche extensa, amar y seguir amando.

Hay en querer olvidar un niño triste llorando,
el haber amado tanto en su vigilia alerta,
y no sabemos si es cierto lo que deseamos:
querer olvidar también es querer que vuelva.

La noche callada escucha que no la quiero y la llamo,
que sé que no volverá y vigilo en la altura.
Ceremonia en el invierno: la noche besa mis manos.
Mis manos hacen señales sobre las torres nocturnas.


25. La misma tensión

La misma tensión, el mismo estallido existe
adentro de las velocidades de la noche
que en mi asolado corazón donde la lluvia llueve.

Seres implacablemente tristes
cobija mi confuso ser, y mi alma los sustenta,
siento sus gritos cruzar las soledades amargas,
escucho sus tribulaciones atravesar mi existencia.

Son los siglos de orfandad resumidos en mi vida,
los legados de mi estirpe emergida de la tierra,
aún huelen a húmedas raíces mis cabellos,
y cuando miro las ásperas arrugas del planeta,
los estigmas naturales de la geografía,
me quieren nacer abruptos ventisqueros en el alma,
la nieve de las cordilleras corona mi nostalgia.

Quizás hubo erupciones que alteraron los destinos,
avatares tumultuosos de la estructura terrestre,
y en la feroz convulsión de los mudos minerales,
cuando los ríos erraban cavando sus derroteros,
dio la tierra a luz especies para alimentar al tiempo,
dispuso en las soledades muertas un testimonio,
arrancó de su substancia inmortal formas mortales
y las lanzó por el mundo a vagar en lentos ciclos.

Soledades milenarias arrastro entonces conmigo,
interminables estepas que cruzaron mis ancestros,
noches apenas heridas por los rasguños astrales,
y la guerra que detuvo las vidas y los sueños,
y las muertes que se extienden sin final tras mi existencia,
también son mi patrimonio y debo sobrellevarlas,
y debo morir también todas esas muertes.

Tierra, tierra sagrada, tierra inmortal natalicia,
tierra abolida y depuesta por húmedas generaciones,
tu hijo final esta noche siente latir minerales,
escucha tu fuerza prístina bullir desencadenada,
asume tus soledades milenarias congregadas.

Pero dime que es mentira llorar y sentir miedo,
dime que es sólo la muerte lo que puede destruirme,
porque estoy solo y se alteran en mí tus heredades,
y casi quiero olvidar que recibí tus insignias,
y casi quiero morirnos definitivamente.

Y aunque sé que el mismo trueno que germina en mi existencia
hace girar el molino de las deposiciones,
aunque sé que tu telúrica estampida es mi desorden,
quiero romper el asedio porque estoy llorando,
quiero estallar en relámpagos totales con mi estirpe,
quiero morir una muerte sin final ni trascendencia.


26. Obscuros acontecimientos

Obscuros acontecimientos se asomaron a mi amargo ser,
defunciones vegetales volvieron de la tierra y fallecieron,
días raídos por el roce de los hechos sucedían,
la lluvia amenazaba al mundo erizada de desgracias.

Y sin embargo no quiso mi corazón ser amado,
tejió de duelo confuso su indumentaria de sombras,
acogió lejanos llantos que anidaban en el tiempo,
y queriendo no existir ni rodar al exterminio,
deseando morir de muerte sin exterminarse,
huyó al puro devenir donde un ciego lo esperaba.

Hoy busco por la tierra los aromas ofendidos
que despreciaron mis labios besando sólo la muerte,
amando sólo las hojas donde el tiempo agonizaba,
y es cierto que no perdonan sus leyes implacables:
la soledad es lo único que ha sobrevivido..

Ámame entonces con furia, soledad, hasta que mi alma
doblegue ante ti desnuda sus últimas resistencias,
su orgullo de fiera pródiga en altos poderes,
su terrible naturaleza descontrolada.

Y caigan a mi exilio las hojas infinitamente,
obscuros acontecimientos que mi corazón adore,
los pactos de filiación que me otorgó la noche,
y mi ser enamorado de la muerte no termine,
y lo que busco llorando no exista o no sea hallado.




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