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Actas : Poesía Julio 12, 2016


Verdes Ojos Azulados
Luis Lama

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 Versión Impresora 
Caminé por el largo y angosto sendero de la muerte. Ella me esperaba alIi. Lo primero que vi fue sus verdes ojos azulados implantados en un Northern Red Oak y me miraban a mí. Me acerqué a observarlos, me miraban extrañamente, uno de los ojos me guiñaba, me acerqué más, no pude resistir la tentación de palparlos con mis dedos. Cuando así lo hice, se cayeron al suelo, en la tierra seca y oscura with scattered grass and dried, dark red fallen leaves. Los tomé en mis manos y jugué con ellos, los palpé, eran bolitas de cristal. Pensé en llevarlas a la ciudad y jugar con elIas, sí, jugar con ellas como los niños con otros niños. Sería el primer hombre en el mundo que jugaba a las bolitas con los ojos de una mujer. Me las imaginé rodando por la calle, golpeando a otras bolitas mientras miraba a los autos y a los peatones pasar. De pronto vi su cabeza sin ojos entre las ramas del árbol arcoiris, de tronco verde, de hojas amarillas y frutos azules y de ramas rojas. E1 cabello caía como un sauce 1lorón.

Me puse los ojos en los bolsil1os de mi pantalón, me encaramé al árbol y tomé la cabeza entre mis manos y la bajé. La piel del rostro era tersa, cálida, fina. Los cabellos tenían un frescor primaveral, las mandíbulas sólidas cerrando en aquella boca de gruesos labios, majestuosamente los pómulos prominentes y firmes. La puse
en el suelo. De mi saco de acampar saqué un estilete e hice un agujero de lado a lado de la cabeza, por supuesto, lo hice a través de la cuenca del ojo izquierdo. Lo limé con una rama y pasé una cuerda de un lado al otro, la anudé, con un nudo marino que aprendí navegando y me la colgué alrededor de mi hombro. Me metí las manos a los bolsillos y sacando los ojos los deposité en la palma de mi mano, guiaron alegres y miraron hacia el este una y otra vez, otra vez y una. Fui hacia allá y encontré el cuerpo sin brazos y sin piernas, sin signos de mutilación. Me acerqué a él, me puse los ojos de vuelta en los bolsillos, y me arrodillé frente al cuerpo, se veía tan bello, escultural. La mejor escultura del universo esculpida por e1 mejor escultor del mundo.Senos bien redondeados, vagina húmeda, nalgas bravamente bien delineadas, hombros rocosos y macizos, vientre plano, invitando, tiré de la cuerda que tenía alrrededor de mi hombro izquierdo y saqué la cabeza, la puse al lado del cuerpo, me saqué los ojos de los bolsillos y los puse en posición invertida contra el terreno al lado de la cabeza, metí mis dedos en mi boca y los salivé, humedeciéndola como la noche fresca en el cuerpo ardiente del mundo. Me saqué el cinturón, los pantalones, la camisa, la camiseta, pero no las botas, agarré la cabeza del pelo y bese sus labios con fuerza y con la otra mano la penetré e hize el amor con ella, la boca se abría y gemía, los ojos se volvieron y me miraron fijamente. Al instante se cerraron para no volverse a abrir. Sus brazos cayeron de uno de los árboles adyacentes y se hicieron de mi cuerpo abrazándolo, empujándome, con violencia, con certeza, con furia, sus piernas aparecieron detrás de otros árboles y caminaron desnudas musculosas y esbeltas hacia nosotros y se unieron al cuerpo entrelazando el mío. La cabeza se soltó de mi garra y se unió al cuello y los ojos atraídos por las cuencas magnéticas se hicieron del rostro. Y allí, un hombre y una mujer hacían el amor en el bosque, las hojas, espejos de miles de junglas ocultaron en complicidad el hecho que nadie, ningún ser humano recuerda sino yo, por el momento orgiástico en el que ella y él, él y ella, yo y él, yo y ella, yo, ella y yo nos convertimos en barro, en adobe, en nada, en todo en la tarde aquella antes de que yo perdiera los ojos, la cabeza, el cuerpo, los brazos y las piernas y ella tratara de encontrar una manera de encontrar todas las
piezas.

Una mujer desnuda, fragmentos de un hombre desparramados por el bosque, entre ellos un par de ojos negros fundiéndose con la foresta.

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