IV
Solicitado pero más bien vaga, difusamente, por el conjunto de sensaciones y pensamientos que centrados en este Yo que sentimos y que por consenso llamamos mundo, universo y que nos figuramos en cierta manera y universalmente situado allá afuera, en ese territorio que en el mejor de los casos limita con nuestra piel—cuando todavía somos jóvenes y con soberbia y placer proclamamos nuestra identidad con ese cuerpo físico—o está encerrado claudicante en la cabeza—aunque para ciertos pueblos antiguos o primitivos que sin condescender así los llamo y que a veces nos son contemporáneos el sitio del alma estaba en el estómago
¿No es acaso una muestra de magnanimidad y de empatía como prefieren decir otros utilizando una palabra más moderna que se les aparece joven y bella, a medio vestir (o desvestir) nuevita en el universo delimitado de la semántica, la lexicología, y otras ciencias del lenguaje—pero aún así en avanzado estado de gravidez por las vastas significaciones que encierra esta palabra y que se aprestan como larvas que se volverán mariposas si todo sale bien y se echa a volar el vuelo de la hermandad humana?
Incluso la mera atención a este conjunto de cosas tan variadas pero que los años de vida y por sus repeticiones diarias y estacionales se van despojando de toda novedad con ayuda de la reiteración y la analogía, elementos que son sumamente útiles para cualquier entidad viva que pretenda ganarse su sustento con las materias primas animales y vegetales que nos rodean—permítanme hablar a nombre de cualquier cosa viviente
Si los pobres animales—incluidos nosotros—no pudieran asimilar otras formas vivas contiguas o existentes, que las siguen o preceden en el tiempo o la escala evolutiva, que forman parte del entorno o que se les asemejan no tendrían posibilidad de establecer patrones de caza, consumo y conducta, o las sensaciones—no siempre placenteras—que se derivan de todo este proceso
Entonces ellos y yo estaríamos sonados y nos extinguiríamos—o mejor, no habríamos existido nunca
Pero existo y uso el término manido: soy—como en el verbo: yo soy tú eres él es. Y también estoy como en el otro que lo acompaña pero que no son lo mismo pese a la ceguera de los gramáticos tradicionales: verbo ser y estar
Ahora con la masificación—ya estamos llegando a los siete mil millones o parece que ya llegamos—imbuido con un tono reflexivo lejano lamentémonos de las neuronas atareadas de la juventud, sobre todo la primera
No nos sintamos culpables para adentrarnos, uno entre millones de blogistas y colaboradores, miembros de infinitas listas que son otros tantos granos que cubren la coronta de la noósfera
Para uno mismo escribiendo, ya lo dijeron: “yo es otro”
Pero no
Nos queda el consuelo de esas oficinas metadáticas que analizan—según dicen y con presupuesto ilimitado—cuyo personal de expertos virtuales escanea—no ellos, otros dispositivos que trabajan para ellos—millones de entradas al día para distinguir al Oro Negro de los presuntos o posibles terroristas
Antes de que terminen sus estudios—dizque—anónimos como cabezas de alfiler y en el fondo marginados—que se piensan volar en pedazos en algún lugar concurrido de alguna megaciudad occidental
Pero no—porque ya nos hemos olvidado de nuestra contraseña y quizás estas líneas se cobijarán en algún sitio de un amigo o compañero de lucha
Cuando por motivos de carencia de otras colaboraciones más interesante o porque no le quede mucho hilo en la cañuela de la escritura nos brinda un lugarcito