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Actas : Poesía


89 lectores(as) en línea


Poemas de 'Silenciosa algarabía'
Paolo de Lima


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Una historia que no se puede fijar...

 

 

Una historia que no se puede fijar, nómada

y errante Historia que no se cuenta Ni a sí

misma siquiera Sin pasado No tiene relación

con nada Ni con el tres ni con el mañana

A flujos, sin interrupciones, en el medio

exacto de dos puntos sin principio

Con flujos de edades, edad niña, edad joven

y adulta, anciana, edad de muerte y tiempo

Edad que no se cuenta ni cuenta

sin estancarse el flujo, corriendo, oyendo

Huyendo sin escaparse ni sentarse

y entonces vamos, hacia allí

Una historia que fluye, en su flujo, sin

confesión de parte ni obligada

Sin poder ni Poder Con poder y Poder

Contra Poder / Auténticas líneas

de investigación, líneas de hormigas

negras, marrones y rojas –Líneas de la mano

/// Dice que es su historia /// Algo entre

la línea: la guerra Entre los flujos: la tensión

Que no vale nada, ¿y a ti qué te importa?

No aflojar no interrumpir Siempre viajar

Con los dedos y con los pies

Escribir sin molde ni modelos, ni las de tv

Fragmentariando, segmentando sin segmentos: por

interrumpir la línea, abracadabro, arcano y sucio

Tos, asma y cruz Oír sin párpados, sin pedir

Aborto del punto derramándose en la línea, fluyendo

en los pliegues y los bordes, entre los entres, en el medio

exacto de su nacimiento Azul tu agencia, sin ya siquiera

un montículo o una luz de luna que responda Que responda

hacia fuera, o en las fronteras de tus cavidades

Una historia que no se puede fijar, que nadie desea,

que nadie (no hay nadie) desea fijar.

 

 

 

Caer desde el cielo debajo de la lluvia y del sol

 

Comenzar desde ahí hacia acá con un pero o una coma

en la pausa que separa cinco paredes superpuestas

en los canales del río, en la barra apostada

en una sexta pared al lado de la casa que te mira

al llegar en bicicleta sobre el riel del tren

que atraviesa entre corchetes una ruma de papeles

pugnando por transformarse en pequeños aviones blancos

con sus letras y sus números y volar

hacia abajo, espléndidos, sin quemarse, surcando el aire

de las seis de lo que sea, las seis paredes después del comienzo

hacia acá, en este papel que también vuela y vuelve y no regresa

para partir y caer en picada libre, impresionante,

sin corchetes ni barras de separación

caer desde el cielo debajo de la lluvia y del sol

al nivel de la luna que juega con los edificios

de la ciudad, aquí, en mi mirada hace cinco segundos

sin preguntar si son líneas o fragmentos de ejércitos de hormigas

el avión de papel siguiendo a la luna entre los edificios

oscuros y silenciosos de las dos de la mañana

y una bala y una carcajada y unas botellas rotas

en otra madrugada que comienza desde ahí hacia acá

con un pero o una coma, en la pausa que impone el punto

para continuar en otro lado, en los rieles que persiguen las bicicletas

o en los aviones blancos con fragmentos de ejércitos de hormigas

sin letras ni números ni oficios, sin barras de separación ni corchetes

cayendo con la lluvia constante y fuerte como un recuerdo que no se va

que no se quiere ir ni en trenes ni en bicicletas ni en aviones de papel

con ejércitos de hormigas desde ahí hacia acá

surcando sin rieles el aire de las seis.

 

 

Desde las arenas del Océano Pacífico las estrellas de mar retornan al cielo

 

En una tarde ya no hay sol, en Ottawa ya no hay nieve

hay puentes cayendo sobre los bosques /

bosques golpeando con sus mejores árboles

los lagos y ríos que rodean la ciudad

Ottawa y Montreal viven juntas

en un desierto de campo inundado de ríos y lagos

donde los cielos intercambian su escenografía

sus llantos / En los límites de los campos

una ballena observa la línea borrosa de una carretera

en fuga hacia el Sur, su mirada perpendicular

abarca el horizonte de la mirada de otra ballena

en los archipiélagos del Sur: Ambas miradas chocan

en el muro enrejado y ensangrentado paralelo al río Grande—

Desde las arenas del Océano Pacífico

las estrellas de mar retornan al cielo

a cargarse de polvo lunar que arrojan en su caída

sobre las avenidas y las calles de nieve entre Ottawa y Montreal

donde seis hombres, tres mujeres y sus perros

observan el vuelo azul de la mirada de las ballenas

para calentarse entre las sombras de los bosques

mientras esperan la noticia Federal: En una tarde ya no hay sol,

en Ottawa ya no hay nieve, no los puentes no los lagos

ni los ríos, no el sol ni la nieve no la lluvia—

Los archipiélagos se reúnen a conversar sobre la caída

del polvo lunar desde las estrellas que retornan a sus playas /

playas que en el ulular infinito de los tiempos dislocados

invitan a la irrupción prolongada del chorro de agua

desde el lomo de las ballenas que al caer se fragmentan

en los archipiélagos inundándose en el límite de los campos

y en el límite de los ríos con sus muros grandes.

 

 

Si regresan las ballenas

 

No hay noche en Ottawa

que caiga en la luna del puente a mi regreso

absorbiéndolo

en los pasos dados por la pronta llegada—

no hay llegada ni regreso

hay

cuando el río empieza a congelarse en octubre

los patines de los ciudadanos corriendo en el descanso

sobre el invierno

 

Sobre los témpanos

no hay pensativos desbordes en los deshielos

si regresan las ballenas

atienden en uno al que en el poema

recuerdan

como dentro de una inventada respuesta

No son quienes enteros en la sentencia se parten

los que te miran

como una soga colgando del puente—

Si tratas de invertir el soliloquio en el espejo

el roce de la piedra

en las veredas del río

 

Si tratas de patinar en el lomo de la ballena

el pago de los guisos—

las plegarias de las aguas

cuando en la noche las hojas de los árboles

de rojo cubren

el tiempo y espacio vacíos.





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