Una historia que no se puede fijar...
Una historia que no se puede fijar, nómada
y errante Historia que no se cuenta Ni a sí
misma siquiera Sin pasado No tiene relación
con nada Ni con el tres ni con el mañana
A flujos, sin interrupciones, en el medio
exacto de dos puntos sin principio
Con flujos de edades, edad niña, edad joven
y adulta, anciana, edad de muerte y tiempo
Edad que no se cuenta ni cuenta
sin estancarse el flujo, corriendo, oyendo
Huyendo sin escaparse ni sentarse
y entonces vamos, hacia allí
Una historia que fluye, en su flujo, sin
confesión de parte ni obligada
Sin poder ni Poder Con poder y Poder
Contra Poder / Auténticas líneas
de investigación, líneas de hormigas
negras, marrones y rojas –Líneas de la mano
/// Dice que es su historia /// Algo entre
la línea: la guerra Entre los flujos: la tensión
Que no vale nada, ¿y a ti qué te importa?
No aflojar no interrumpir Siempre viajar
Con los dedos y con los pies
Escribir sin molde ni modelos, ni las de tv
Fragmentariando, segmentando sin segmentos: por
interrumpir la línea, abracadabro, arcano y sucio
Tos, asma y cruz Oír sin párpados, sin pedir
Aborto del punto derramándose en la línea, fluyendo
en los pliegues y los bordes, entre los entres, en el medio
exacto de su nacimiento Azul tu agencia, sin ya siquiera
un montículo o una luz de luna que responda Que responda
hacia fuera, o en las fronteras de tus cavidades
Una historia que no se puede fijar, que nadie desea,
que nadie (no hay nadie) desea fijar.
Caer desde el cielo debajo de la lluvia y del sol
Comenzar desde ahí hacia acá con un pero o una coma
en la pausa que separa cinco paredes superpuestas
en los canales del río, en la barra apostada
en una sexta pared al lado de la casa que te mira
al llegar en bicicleta sobre el riel del tren
que atraviesa entre corchetes una ruma de papeles
pugnando por transformarse en pequeños aviones blancos
con sus letras y sus números y volar
hacia abajo, espléndidos, sin quemarse, surcando el aire
de las seis de lo que sea, las seis paredes después del comienzo
hacia acá, en este papel que también vuela y vuelve y no regresa
para partir y caer en picada libre, impresionante,
sin corchetes ni barras de separación
caer desde el cielo debajo de la lluvia y del sol
al nivel de la luna que juega con los edificios
de la ciudad, aquí, en mi mirada hace cinco segundos
sin preguntar si son líneas o fragmentos de ejércitos de hormigas
el avión de papel siguiendo a la luna entre los edificios
oscuros y silenciosos de las dos de la mañana
y una bala y una carcajada y unas botellas rotas
en otra madrugada que comienza desde ahí hacia acá
con un pero o una coma, en la pausa que impone el punto
para continuar en otro lado, en los rieles que persiguen las bicicletas
o en los aviones blancos con fragmentos de ejércitos de hormigas
sin letras ni números ni oficios, sin barras de separación ni corchetes
cayendo con la lluvia constante y fuerte como un recuerdo que no se va
que no se quiere ir ni en trenes ni en bicicletas ni en aviones de papel
con ejércitos de hormigas desde ahí hacia acá
surcando sin rieles el aire de las seis.
Desde las arenas del Océano Pacífico las estrellas de mar retornan al cielo
En una tarde ya no hay sol, en Ottawa ya no hay nieve
hay puentes cayendo sobre los bosques /
bosques golpeando con sus mejores árboles
los lagos y ríos que rodean la ciudad
Ottawa y Montreal viven juntas
en un desierto de campo inundado de ríos y lagos
donde los cielos intercambian su escenografía
sus llantos / En los límites de los campos
una ballena observa la línea borrosa de una carretera
en fuga hacia el Sur, su mirada perpendicular
abarca el horizonte de la mirada de otra ballena
en los archipiélagos del Sur: Ambas miradas chocan
en el muro enrejado y ensangrentado paralelo al río Grande—
Desde las arenas del Océano Pacífico
las estrellas de mar retornan al cielo
a cargarse de polvo lunar que arrojan en su caída
sobre las avenidas y las calles de nieve entre Ottawa y Montreal
donde seis hombres, tres mujeres y sus perros
observan el vuelo azul de la mirada de las ballenas
para calentarse entre las sombras de los bosques
mientras esperan la noticia Federal: En una tarde ya no hay sol,
en Ottawa ya no hay nieve, no los puentes no los lagos
ni los ríos, no el sol ni la nieve no la lluvia—
Los archipiélagos se reúnen a conversar sobre la caída
del polvo lunar desde las estrellas que retornan a sus playas /
playas que en el ulular infinito de los tiempos dislocados
invitan a la irrupción prolongada del chorro de agua
desde el lomo de las ballenas que al caer se fragmentan
en los archipiélagos inundándose en el límite de los campos
y en el límite de los ríos con sus muros grandes.
Si regresan las ballenas
No hay noche en Ottawa
que caiga en la luna del puente a mi regreso
absorbiéndolo
en los pasos dados por la pronta llegada—
no hay llegada ni regreso
hay
cuando el río empieza a congelarse en octubre
los patines de los ciudadanos corriendo en el descanso
sobre el invierno
Sobre los témpanos
no hay pensativos desbordes en los deshielos
si regresan las ballenas
atienden en uno al que en el poema
recuerdan
como dentro de una inventada respuesta
No son quienes enteros en la sentencia se parten
los que te miran
como una soga colgando del puente—
Si tratas de invertir el soliloquio en el espejo
el roce de la piedra
en las veredas del río
Si tratas de patinar en el lomo de la ballena
el pago de los guisos—
las plegarias de las aguas
cuando en la noche las hojas de los árboles
de rojo cubren
el tiempo y espacio vacíos.