En tiempos los presentes de una especie de resaca de la historia, en que esta misma resaca de que se habla se dimensionara en forma más bien de abanico en que la playa casi pareja, pero que desciende hacia la mar—así en femenino, a la antigua—en forma inexorable es sin lugar a dudas el cabo o el mango y que al revés de los cristianos esa resaca más bien se proyectara desde ese mar ignoto hasta ir tapándolo todo sin presagiar nada bueno— ese mar ahora en masculino—que corroe y nivela y gasta y hay algunos que hasta dicen que es una necesidad
En términos históricos—sociopolíticos—económicos—culturales, tecnológicos, lo que me pidan, o en sus distintas recombinaciones se despliega así el abanico de LA GLOBALIZACIÓN anulando identidades personales, familiares, de la cuadra, de calle y municipales, de plaza, mall, sector y barrio, del CENTRO DE LA CIUDAD, el CAMPO, las provincias, los GRANDES CENTROS URBANOS, de puertos de cielo atravesado por gaviotas—que no mueren con la polución, hace décadas que comen basura.
Aquí, desde donde sentado escribo estas líneas dejando por un momento que mi mente petrificada y segmentada atraviese las convenciones de género y estilo, tratando de asumir y expresar a mi limitada manera esa lacra sempiterna que le han puesto a la VANGUARDIA los poetas que después de todo descubrieron que tienen su corazoncito, los críticos que venden libros que se lean fácil —mientras se pueda—.
Trato de rebasar por un tantico toda esa cháchara chévere que tengo interiorizada como superego de bolsillo, como la mano angelical que acompaña a esa dulce voz femenina que ataja a la otra mano, la izquierda, que nunca sabe lo que hace la derecha, cuando se deja llevar por los inicios de una paja lingüística y conceptual, desigual y combinada
Mientras aterradas las multitudes y sus elites, sobre todo estas últimas, tratan de acomodarse a lo más de moda, lo más fácil, lo menos ruidoso, lo más correcto, lo más convencional, para poder sobrevivir
Aterradas ante la pérdida del YO individual social cultural nacional de sexo de clase. Enfrentadas a la pérdida, disminución o retroceso del STATUS SOCIAL que ya estaba casi al alcance de la mano antes de que pasara LA APLANADORA
Tratan ahora de conciliar, buscar aterradas LO HUMANO que para ellos y en estos momentos álgidos por los que atravesamos es más bien cobijarse en el vientre materno, la concha si se es caracol.
Y de un repente vuelven a brotar aterradas las viejas DECLARACIONES DE HUMANISMO, las camaraderías de barrio, exilio, partido, familia, las descubiertas y declaradas HERMANDADES EN CRECIMIENTO en el fondo y aunque con máscara populista al menos en algunos casos puedan ser otras tantas versiones de PATRIA FAMILIA Y PROPIEDAD
Pero no los castiguemos—no nos condenemos al menos en este primer CANTO ENUMERATIVO
Cuando deciden o decidimos votar aterrados por las viejas banderas que ruedan arrastrando polvo por las calles de la HISTORIA pero que si pasan a OTRAS MANOS a lo mejor cambia la cosa
Cuando deciden decidimos portarse portarnos bien para sentarse aunque sea en la galucha a mirar aterrados, que no a participar—como alguna vez se creyó—a ese GRAN TEATRO
Que amenaza dejarlos dejarnos afuera pese a sus nuestros esfuerzos, a ser buenos chicos y chicas
Que juegan a la rondas
Porque se olvidaron nos olvidamos de las piedras concretas y grises, que pesan
O que vuelan ingrávidas. Me carga repetir viejos dualismos
Entonces eliminen eliminemos lo RARO de lo que estén estemos escribiendo niños y niñas, busquen busquemos aquellos sentimientos que los hagan nos hagan hermanarse hermanarnos con amigos y vecinos que QUIEREN portarse bien para que les dejen algunas migajas
Desenmascaren a los LOBOS ESTEPARIOS, échenlos a peñascazos de las antologías, recuentos y críticas, festivales por esto o lo otro, Comités Centrales, movimientos de este u otros cariz y mandato
Díganle a ESA GRAN OLA AVASALLADORA que son buenos chiquillos y chiquillas, que comen, creen y se visten más o menos lo mismo, que no quieren hacer olitas
En una de esas se salvan
encuentran un PALO DE DÓNDE AHORCARSE