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SIN TÍTULO
Los alcohólicos
Los drogadictos
No eran aquellas personas que
Vagaban en las calles
Con su costal de arpía
Cargando con
Todas las miserias y recuerdos.
Aunque también cargaban
Algunas cebollas
Fruta echada a perder
Un cuchillo y lo poco
Que se podían robar.
También cuentos, muchos cuentos
Y en las bolsas del pantalón
Las infaltables monedas.
Porque es bien sabido,
Por la gracia de Dios
Los vicios siempre
Son bien socorridos.
¡Bendito sea el señor!
La compañía infaltable de los
Perros sin dueño,
Olor a orines y plastas de mierda
Pegadas al pantalón.
Los alcohólicos
Los drogadictos
No eran aquellos
Que parecía que dormían
En el jardín del
Mercado de la primera sección
De San Agustín.
No era el cuervo y su nariz
Muchas veces rota
No era él, cuando recayó.
Su mamá no quería que fuera él...
Rodeaba la calle
Para no verlo, mientras
Ya muerto, el cuervo parecía que dormía.
No era el pollo
Que despertó una tarde
Con desgarramiento anal.
No era el benito
Matando a sus crías.
En la calle de sur dieciséis
En la primera sección de San Agustín.
Los alcohólicos y drogadictos
No eran aquellos
Que pedían dinero en las esquinas
A mitad de las calles.
Los que ya nadie quería
Los que se veían morir.
Los que yo veía...
No eran alcohólicos
No eran drogadictos.
Eran lo que quedaba
De ellos…
Lo poco, lo mucho que
Quedaba de ellos.
II
Martín era un escuincle
Tenia como 10 años
Le gustaba buscar acomodo
Junto a ellos, con la raza.
Le mandaban a comprar refrescos
Martín siempre ha sido afortunado
Para los amigos y ganarse su confianza.
Había uno que le decían el Diablo
Este compadre, rompía el culo de las botellas
Pegándoles en la boquilla
¡Con la palma de la mano!
Ya borracho
Gritaba que le echaran al más chingón
De la cuadra
Para que se partiera la madre con él
Como todo un cabrón.
Era su héroe
Una vez lo encontró en la noche
En la calle sur veinticuatro,
El diablo lo reconoció
Y le pidió que fuera por su padre
Porque ya no podía caminar
Le habían dado una puñalada
Entre las costillas.
El padre vivía en la calle sur cincuenta
Y hasta allá fue, los acompañó para indicarles
Donde estaba el Diablo
Llegaron juntos, después
Los vio marchar, recuerda las siluetas.
No los volvió a ver.
Y así…Martín recuerda el pasado
Al capi, quien había sido capitán de la fuerza aérea
Siempre enseñaba su credencial
En ocasiones se vestía muy bien…
Su mamá siempre lo acompañó.
O paco, el elegante.
Siempre bien vestido,
Memo el chemo, este todavía, mayor
Le gustaba el pegamento,
Droga reservada para nuestra niñez.
III
Martín recuerda…
Los seguían muchos perros
Muchos cuchillos
Mucho alcohol
Mucho pegamento.
Aunque se conseguía más y mejor comida
Puesto que no había TLC
No había muchas drogas nuevas...
De toda esa raza
Solo sobreviven dos
El pollo y el durazo
A los dos los han quemado vivos
Uno está en su casa
Yo pensaba que había muerto
Pero cuando su hermano estuvo en
En rehabilitación conmigo
Me contó que lo cuidaban.
Al durazo, pues lo traíamos de albergue en albergue
Como en un estado de cuarentena
Permanente…Y pues sigue vivo...
Sixtos, de recaída en recaída...
Su madre me fue a ver llorando
Ya lo daba por muerto
Dijo que su cuerpo
Lo iba a donar a la universidad
Pero queríamos que
Viviera un poco más
Lo ubicamos en la pulquería
En sur cuarenta y seis…
Lo secuestramos
Creo que ya a esas alturas
Me tenían más miedo
Que a la pinché policía…
Y lo internamos
Después me fui de mi barrio…
Ésta semana me enteré que él,
Ya no se revienta
Incluso se fue al gabacho.
¡Hey carnal!
Yo aquí dejando de ser poeta…
Muchas cosas fueron buenas
Mientras duraron.
IV
Los ojos…
No les mires a los ojos
Te pueden
Transmitir
Los delirios.
No les mires a los ojos
Esta vez no son
Las ventanas del alma.
V
Ellas…
Y aquí han estado ellas
Durante todo este tiempo…
Como flores marchitas.
Como cascaritas de naranja...
Terroncitos de tierra salitrosa
Como costras de sangre
Esparcida por los baldíos
De San Agustín.
MERLÍN
Merlín, ha sido tu mejor amigo
Y quien más te amado,
Sin pedir nada a cambio.
Era blanco, como la nieve
Como su alma
Como todas las cosas
Que no están sucias.
Merlín le dio mucha
Alegría a tu vida en cada mañana
Pero también una gran tristeza.
Merlín quedó tirado un mal día
Con una mancha roja
Que humedecía su pelo.
Lo atropelló un microbús
Pero murió rápido
No sufrió mucho.
Tú no parabas de llorar
Y todas las mañanas
Te hizo falta.
Lo enterraste
En un lugar secreto,
En un rincón de tu corazón
Donde la sangre corre
Por todas las avenidas
De tu alma.
Lo enterraste
Como otras tantas cosas.
En ese lugar secreto
En donde todas las mañanas
Yo tengo la fortuna
De acariciar el pelo de Merlín.
Jesús Maya 2005-10-31
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La cita Trunca. ed. Jorge Etcheverry. Ottawa: Editorial Poetas Antiimperialistas de América. Feb 28, 2009 |
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