¿Ves eso allá. Los ves?—Sí, son unos cisnes negros. El de la izquierda ha crecido un poco, era más chico el año pasado—.Son tres. Parece como que se acercan—Sí, siempre uno puede llamarlos. Mi amiga los llama, y vienen, con su voz más alta—No se acercan mucho a los remolinos. Prefieren devolverse. O meter la cabeza en el agua, seguramente buscando algo
—Este año sólo he visto patos. De tres especies distintas, cuando el río se estaba deshielando—Y parece que se va a hacer de noche, luego No, todavía no son ni las cuatro—Sí, pero da la impresión que se va a hacer de noche, luego—Ví también unas garzas, volando. No, no las ví, las escuché, a lo lejos, en la mañana. O era un tren que pasaba. Todavía no he viajado en tren-Yo soy muy chica—
No, es que aquí la gente prefiere viajar en buses. Yo nunca tomo tren tampoco. Mira, ese pájaro tiene la cabeza azul, casi negra—Parece como un cuervo chico. No sé cómo se llaman. No había visto nunca esos pájaros, había tres especies de patos, no me había fijado antes
—Con mi amiga el año pasado nos sentábamos. Debajo de ese árbol grande, que cortaron, a conversar. No era así aquí antes. Todo cambia con la lluvia. Esos árboles que dan harta sombra, las ramas largas colgando hasta el agua. Sí, los sauces
—Esos—.
—Mira, mira por la ventana. Oye. Escucha la radio, o la gente que pasa hablando de sus cosas. Es la mañana. Todo el mundo sale a trabajar—
Cuando chico, en esa ciudad había casas con patio de tierra. La gente se llamaba a silbidos, y todos los pájaros cantaban juntos, muy temprano. Allá lejos, casi al borde de la existencia, el aire toma esos ruidos y los lleva más lejos. O acaso es una impresión. O acaso mis oídos son más finos: trenes, los pájaros esos, gallos, gorriones, palomas grises, pesadas, dando pasitos cortos en las calles empedradas
Otra gente de allí dice otras cosas: Habla de las vacas, de los campos, de desiertos largos, casi rojos, de calles que se empinan en la costa, de otras comidas que la gente come, de un color verde de las hojas—de una primavera larga, que dura varios meses, y de pan batido —de greda amarilla para las murallas, de piedras redondas para las cercas. De mucho pescado, de bosques densos y húmedos, de estatuas de santos. De carreteras largas que se pierden hacia el norte.