En auto
Por la carretera que se estira
sorprendentemente moderna
después de tantos años
Eso es muy abstracto
Digamos mejor
Después de acabos de mundo,
trasmutaciones
Elías que anuncia
sin despegar las manos del volante
“Fíjate, aquí empieza a cambiar el paisaje”
mientras seguimos a toda velocidad
con la pobre Rosa en el asiento de atrás
Con el credo en la boca
Y así luego de haber negociado la salida de Santiago
Desde una de las más acreditadas esquinas del barrio Alto
Providencia con Los Leones
Y haber atravesado
Tocando apenas
ese cinturón gris
En el mejor de los casos
Que pese a todo se sigue notando
Alrededor de la cintura de esa ciudad espejo
Porque el Leutén me dijo
Que en San Ramón
Por ejemplo
Vive un cuarto de Santiago
Es decir millón y medio de personas
No hay trabajo
Nadie paga impuestos
La gente vive de milagro
Encerrada en la pobreza como en un fortaleza impenetrable
Porque pobres eran el padre y el abuelo
Pobres serán sus mujeres e hijas
Si las tienen
Y así
después de este paréntesis
Para decir
No vimos la pobreza al salir de Santiago
Como esa mujer anciana y vestigial
De ropa indistinta
Que va por los barriales
con un perro
Hay neblina
O un niño
O un niño perro
Como en ese poema del Quique
Y como una flecha hacia el Sur
El que habla
Santiaguino por tradición y doctrina
Elías
Nacido en Santiago
Sureño de vocación
Que maneja
Los ojos negros fijos hacia delante
Esperando ver aparecer al Sur
Detrás de cualquier curva de la carretera
aunque es un decir
casi no hay curvas
porque vamos al Sur
Como una flecha
La carretera
bordeada de cercas metálicas
Que se lo manda guardar a las boreales
Distraída y fumando
--Alguien dice--
punteada
por pasos a nivel
marcada a intervalos regulares
por teléfonos de emergencia
Y peajes
A la salida y entrada de las ciudades