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Actas : Poesía Junio 20, 2012


Los Ángeles Prohibidos por el Amanecer
Julio Miralles

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 Versión Impresora 

 

 

El pensamiento me entretiene,

me mantiene y me mata

 

 

Dedicatoria

 

A aquellos ángeles que dejaron sus aureolas encendidas durante la noche.

 

 

 

Los ángeles heridos dejarán hoy el hospital

 

Soy

 

Se llena de zapatos mi tristeza

y que hago

sino morir

esta muerte que me queda,

acallar estas flores,

reventar de perlas el espejo que me mira,

anudar la garganta  en la corbata de la espera...

Desnudo y moreno este destierro:

no tiene patria mi boca.

Tampoco mi corazón tiene bandera.

En mangas de camisa

aletea esta nostalgia de horizontes.

 

Otra derrota

en mi bitácora de vuelo.

 

Sin novedad

la caligrafía de la noche.

 

Naufragio inminente esta caída.

 

Mientras se oxida la tarde en su contorno,

llueve ángeles

el subsuelo de mi pecho,

polillas mendigas y ciegas

estrellándose de estrellas

en mi alma luminosa.

Pálidas,

grises casi,

casi ángeles,

mitad pájaros extraviados (callejeros)

vulgares coleccionistas de miradas

que necesitan muchas chispas

para abrazar un fuego...

y yo

Ángel

Santo

Patrono de la luz que los calcina,

entierro mariposas muertas

en sus ojos

porque es menester estar ciegos

para tener hambre de luciérnagas.

 

 

Del Temor

 

Besé tantos ángeles

en la ciudá de lo imperfecto

que el incendio de sus besos

me arrancó de la boca los te amo...

y no es que los amara en realidá

sino que era necesario amarlos en el beso

para que mis labios aprendieran

el maleficio del amor

porque cuando el amanecer gritaba sus destellos...

ellos...

los ángeles,

sacudían sus camisas de mercurio,

vestían en silencio sus penumbras

y temerosos del amor...

volaban lejos.

 

 

Que No Vuela

 

Ángel enfermo,

calamidá de ángel

el esqueleto de sus lágrimas,

flores de papel

el jardín de sus canciones...

No encanta en el sueño,

trae dormido y olvidado

el mensaje de su beso...

Sin embargo,

despierta a veces

caído

(tan caído)

desamparado entre la menta

deshojando la amapola de la noche

afiebrado

enfermo del amor

tose polen

y gira el girasol de su remanso

estornuda el corazón

y su entretela

florece furiosa en rojo i fuego...

y sin embargo

a veces despierta:

las alas astilladas

o empapadas de gaviota

y pretende el vuelo sorprendido,

aletea locura su deseo,

sin embargo,

despierta a veces

y sólo tiene brazos su apetito

y esos brazos

embarrados de tristeza.

 

 

De Tu Retrato

 

...Vuelve...

regrésame

ya sabes que vengo del olvido

y que venzo toda la muerte

acumulada en la uña

desgarrada

y negra

y sucia

de la noche.

...Mira...

cómo me le crecen

estas alas rompidas

y cómo me le rompen

en la garganta rota

las palabras

desta confesión de-lirio,

de flores y ventanas.

...Vuelve...

que para amarte

es que yo mismo he volvido

desde los ojos profundos de un retrato.

Yo mismo reencarné de mi tormento.

Yo mismo escogí tu cuerpo rajado de soles

oxidado de sales y mares

y de tu soledá alimenté de hambre

la piel sombría de tu nombre

y así te amé

aunque me le digan otros

que contigo

está re-caída

y re-matada

la esperanza.

...Vuelve...

y si no puedes regresar de tus asombros

entonces

dime

adonde te le encuentro

dormido y asombrado

y será mi mano en escogiendo tu retrato.

 

 

Del Sueño

 

Hermoso.

Hermano mío.

Hermano del aire

donde andas diciendo en secreto

el aroma de esas flores...

caes

y subes

y bajas

del sueño en lo profundo

ahí donde se te pierde el habla

y los lirios del deseo

se te marchitan

entre esos pétalos calientes de tu cuerpo.

Así entro en los jardines medievales de tus sueños,

de aquellos sueños

que tú sueñas

en doliendo,

en arañando de sudor y sobresalto.

Y en palpando

las telas de tu sueño

me deshago deste ahogo

de amarte corazón y cuero

y aún

y todavía

busco el beso de tu boca

allí adentro

en la fruta mojada de tu lengua

y en éxtasis

y frenético

deste frenesí

del musgo claro y tibio de tu pecho

me deslizo

hermoso

hermano

mío.

Hermano mío

hecho del aire.

Del aire

donde andas perdido en la región de los dormidos

o aquí donde tu pierna guerrera

se desliza

en la sábana sucia en mi deseo...

o aquí donde me encierro

en las esquinas eléctricas de tu sueño

de aquel sueño

que tú sueñas

de entre flores

y de entre corazones

tan

tan quebrados...

y entonces

es que recuerdo que en tu sueño

de algas y orquídeas salpicado

apenas te robo una caricia

y deso vivo...

deso...

y de un poema que traje de tu sueño.

 

 

De la Celebración

 

A veces

un ángel solitario me visita

y juntos  compartimos el pan

que se reparte en las prisiones

y celebramos este pan

y silenciosos bebemos sus migajas de esperanza,

su luminosa levadura

se hace milagro

el fuego del horno-corazón.

Después del rito sagrado,

él,

el ángel

vuela su sagrada libertá

mientras

sobre mí,

el poeta,

cae música sagrada

cae comida sagrada

y comprendo entonces

que soy el elegido

deste “lamentable honor” de amarte.

 

 

De la Indolencia

 

No sabes cómo duele este amarte

 y cómo en doliendo

se me le llena de luces

esta ciudá del deseo.

No sabes cómo se quiebran las estrellas a mi lado

y cómo en olvidando el mundo

se me le va la vida

porque deste mundo

sólo tu mirada asombra

y en ese color profundo de mares y selva

dentro de tus ojos astrolabio

cargados de ese no saberme...

este amarte tan caído

se fecunda,

se me le multiplica en el corazón.

y cómo borrarte

si hasta de tu nombre de naufragio

me abotono cada día

este traje de piel y trapo en tu recuerdo

 

 

Del Delirio

 

Ahora

dime

¡qué hago!

con esta boca negra

( ángel de vidrio)

dónde guardo este amor

dónde lo encierro...

Ya sé que en tu corazón

no quedan dormitorios

para reposar esta esperanza

y que se harían aguacero

las ventanas de tu dicha

si palpara yo ese corazón

con mi dedo vencido...

Qué

hago

ahora

con esta primavera que me sobra

¡dime! ángel de piedra,

dónde vaciar estas flores,

a quién devolver esta miseria.

 

 

De los que Vivimos en Penumbra

 

Quise volar

contradiciendo el reptil destino cruel

de nosotros: los caracoles.

Caminé al ritmo del reloj más apagado.

Soñé corazones,

lejanos corazones desorientados por la noche

naufragando en el olvido

el alivio frío y triste

de las madrugadas...

Solos

solitarios corazones

chorreando luminosa

su baba de esperanza,

acarreando la costra ensimismada,

sacando al sol

las tripas y averías,

deambulando desvelados,

asistiendo heridos

amparados en la noche y sus misterios...

y aunque fuera pecado,

de cuando en vez

de vez en cuando...

soñando alas.

 

 

“Porque todo es dolor

 

 

 

Del Tiempo Perfecto

 

Había tiempo para todo

en el tiempo de los hombres.

Pero las flores

tienen horas apenas para amarse

y mientras se alargan los estambres ilunados,

nosotros libramos nuestra pequeña batalla del amor...

Ahora sabes:

hay flores que nacen

apenas para el beso

y a la tarde caen

heridas y fatigadas

por el fuego...

 

 

De la Memoria

 

Detrás de los viejos tragaluces

la memoria trae sombras

envueltas en fantasma.

Un gato negro

atraviesa de olvidos

la mala suerte del recuerdo.

Detrás de las ventanas,

los vidrios sucios del invierno

y la misma soledá

que incuba de amores secos el silencio...

 

Detrás de esos sueños

mi viejo corazón tragasombras

convierte en fantasma tus palabras.

 

 

De la Venganza

 

Sellaré con sal

tu boca mala,

conjuraré con sangre

la traición de tu lengua

y ya no podrás

ni pensar

ni sentir

mientras camines...

Maldita tendrás el alma

e inflamado en flatulencia morbosamente obeso el corazón...

Los pájaros del miedo

cantarán sus plumas negras

en los bordes de tus sueños

y mi cara en tu penumbra

será por siempre

tu desvelo

tu desdicha

y tu lamento.

 

 

Del Camino

 

Caminabas el destierro de los ángeles

allí

donde la pena

se hace hondapena y negra

y se tocan insaciables

los dedos del deseo.

 

 

De la Soledá

 

Maldita soledá

que adentras de negrores el alma mía.

Me le caes encima siempre,

te le resurgen  las alas dolorosas y piojentas

tan

tan ennegrecidas

que asustan

que arrastran

que arrancan de raíces el garguero,

que no saben volar,

sordas alas de murciégalo

ciegas alas

de paragua negro

ciega

sorda

muda

negra

soledá de condenados

odiosa comadre del silencio.

 

 

De la Cobardía

 

No pudieron encontrarme,

ya no estaba,

huí...

 

Huí además

para esconder

envuelto en trapo

este leproso corazón de espantapájaro.

 

Huí para no verte

para no amarte,

para no recordar los besos que me diste.

Exilio del amor esta congoja

brotando cobardía

y girasoles blancos...

 

Huí

herido de esta nada

mutilado y fósil

adelfo que muere aún en tu camisa

 

soy una rosa vacía sin remedio

 

soy un huevo vacío y sin cáscara.

 

 

De la Paraplejía

 

No sé dónde cayeron

las brasas de mi fuego.

 

Tal vez en tu almohada

se quedaron

estos

mis pequeños sueños de penumbra.

 

 

Del Deseo

 

El niño

no quiere

su jarabe entristecido

ni la cuchara manchada

en el licor arsénico

de amarte

y como si se tratara

de un penúltimo rito,

él llena de silicio

esta pócima de agujas

derramada en el olvido.

Maléfico oficio esta aventura

embustero arte

este

de amar.

Por eso

el niño

no quiere

el remedio del consuelo

ni limón

ni miel

tampoco el romero del silencio

ni el brebaje soporífero del tiempo.

 

El niño

quiere

solamente

que lo amen.

 

 

Me Amarás

 

Hasta que el ácido del tiempo

se derrame

en tus mejillas.

Hasta que la culpa

te camine

corazón adentro

y sus afilados alfileres

te atraviesen las encías...

del amor.

Hasta desgarrar

de espina y vidrio

tus rodillas.

Hasta que las manos te florezcan

de ortigas y cuchillos,

de clavos la garganta

y de alambrada

el pensamiento.

Hasta que ya no exista nadie

que me arranque del pecho

esta mandíbula.

Hasta que mane muerte

esta mano que mordiste.

Hasta entonces...

ofreceré mi corazón a las hormigas...

 

y te será obligación amarme.

 

 

 

“El agua nos amaba,

la tierra nos amaba,

las selvas eran nuestras”.

 

 

Del Paraíso

 

También estaban los árboles,

la Luna

recién acostumbrando

su sonrisa creciente

y en tu jardín:

raíces encantadas

bayas adormecedoras

musgos de la muerte...

y en tu jardín

la fruta prohibida del amor

exhalando su desdicha

para que cayeras

ángel

en su dulce trampamarga

y caíste

y no hubo sacrificio en tu caída:

 

Estaba al alcance de tu brazo.

Tenía la forma de tu mano.

El aroma, exacto.

Exacta madurez sus gajos.

Perfecta de color.

Única, silvestre, intergaláctica.

Húmeda como el primer beso adolescente y clandestino.

Como una prima, tentadora.

 

Y la tomaste

la mordiste

la despedazaste

sin piedá entre tus dientes.

Y de entre el sauco y el romero de los sueños

y de entre el ajenjo y el ópalo del miedo,

desnudo y ciego y tembloroso

vuelves

vuelves

vuelves

vuelves

vuelves

vuelves

vuelves

vuelves a tomarla

a morderla

a despedazarla

sin piedá entre tus dientes.

 

 

Del Valle

 

Fragmento de otoño inesperado

desvanecido

reclamado por tu madrastra vieja y siniestra: la Luna...

Borracho...

en correhuela, en trébol, en pastobravo revolcado...

Maltratas a la noche donde brindas,

brindis amargo el ajenjo de tus labios

mirada trepando en madreselva

alma fabricada en ventolera.

De aguarío ángel húmedo

aún del valle

y hasta de la majada fría

vienes a reposar en mi

tus huertos y volcanes...

¿Acaso cazaste salvaje y silvestre la noche empumecida?

¿Devoraste charqui las estrellas del guanaco?

¿Bajaste, acaso, al río Claro y las totoras fueron espada y lanza en tus mejillas?

Ni hubo, tal vez,

batalla en tu fatiga,

sólo cansancio,

cansancio de niño perdido,

despeinado en terrales u otros vientos.

Aprendiendo del queltehue

el desesperado grito de la lluvia en Gualliguaica.

Adivinando el fuego  en la efímera añañuca Tambo adentro.

Compartiendo sed y paciencia

con el cactus candelabro en Montegrande.

Jugando a la escondida con la tarde en Condoriaco.

Endulzando la tarde con las uvas benditas de Talcuna.

Golpeando una puerta en Rivadavia.

Tejiendo en Chapilca el amor indio.

Asistiendo a la greda en su alfarero parto

rozando a Diaguitas por el hombro.

Bailando chino en la procesión de San Isidro.

Arrope de duraznos la siesta en Peralillo.

 

¿Pero en verdad eras tú ángel mendigo?

Borracho,

chiquillo asustado en la chinchilla,

sandalia rota de charcos y raíces,

lengua encendida en el mate y en el vino,

herida la garganta en el silbido y en la quena,

sucias las manos en la siembra,

vencido en el olor de la papaya,

vendimia de la leche el queso blanco

pedazo lleno de tu Luna blanca

regalo de las cabras

que parieron en Septiembre

inundando de gemidos las quebradas.

Quebrando el aire de misterios,

vendiendo flores los Domingo,

pateando la pelota del olvido,

riendo la cesantía del invierno,

entre la salvia persiguiendo mariposas,

asoleando tu belleza en la escama de la iguana,

palpitando el corazón en la espuma dulce del copao,

señalando el cielo a los turistas,

recitando el verso del amor en la cama caliente del verano.

 

Tu sudor entristecido

hace carnaval mi camisa de Febrero,

descubres la risa del pimiento,

lloras como el sauce derrotado,

amas como la nostalgia de los trenes

y tus besos se presienten  cuando enciendes el cigarro.

 

Luego vienes a buscarme

y la noche  choca contra el cielo y lo derrama

y yo

el feo más hermoso

me reflejo en el titanio de tu cuerpo.

 

 

Del Cerro El Plomo

 

A falta de dioses más justos

me ofrecieron a la tierra en sacrificio.

De cántaros y plumas me rodearon.

Bebieron mi sangre,

mi corazón fue devorado.

Entre mágicas plegarias

fui embriagado.

Adormecido fui

de yerbas misteriosas,

hongos de la muerte,

musgos alucinógenos del sueño.

Mi corazón fue devorado,

lanzas de piedra lo agitaban,

(con sellos de oro fueron mis ojos)

De virtudes fui arropado

inclinado como la tarde

 

desvanecido

 

fui

 

enterrado...

 

Soplo de oro y profecía

según las predicciones de la coca

o las constelaciones sagradas del guanaco.

A la mesa de sanguinarios dioses fui servido.

Así aplacó su furia el trueno enfurecido,

así fue próspera la papa en su cosecha,

las lluvias vinieron a su tiempo

y a su debido tiempo

el choclo

la greda

las palabras...

 

Después vino el olvido

y esta

mi otra vida de fantasma.

 

 

De Muy Lejos

 

Acunado en tu idioma,

misterio de fiordos,

hielos azules

para tu boca lejana.

Allí dormí

sin comprender tu nombre.

Sólo mis sábanas

sabían pronunciar tu cuerpo

o descifrar la runa

encarnada en tu silencio

(carta boreal de tus auroras)...

Dónde estás ahora,

gringo,

neandertal de pluma rubia,

Yeti trasnochado de azaleas,

sucio de adolescentes pubis

(estilos imberbes apenas despertando sus semillas)

extranjero como la muerte,

ajeno a mi corazón como la envidia

y sin embargo

puse descalzos

mis secretos

a tu puerta.

La juventud se me hizo eterna

 y te la di

creyendo que eran perennes

las hojas de mi antojo.

 

Pero tú no venías de la tierra conmovida

y en tu idioma no existía la palabra amor.

 

 

 

Ángeles prohibidos por el amanecer”

 

 

Ciudá Ángeles

 

Ciudá mariposa

celebró de alas

su rosada noche

y amaneció de néctares

chorreando fluidos

por los cuatro vientos

la rosa del pecado.

Ciudá mariposa

se soñó volando lejos

pero despertó vacía

roto el hechizo

de la fiesta

y se sintió fea

y vieja

y sola

y oruga triste más que un tango.

 

 

De la Farra

 

Llora vidrios de colores

su borrachera de fábula.

En el corazón

le estrelló la Luna

su maldición de lentejuela

y mientras le pintaba los labios

a la tristeza,

el espejismo de la noche

se le quebró entre las manos

del amanecer...

Y vencida la noche,

suelta su trenza loca,

su corazón mariposa

siapaga diapoco

 

Mientras

 

a lo lejos

(no muy lejos)

resplandece

la

hipócrita

ciudá

de

los

disfraces.

 

 

Del Carnaval

 

Quería ser mariposa en Juchitán.

Para ello bordaba en cartulina

las alas de su anhelo.

Pero lo sorprendió el carnaval

con su trámite de flores de papel y satín

y se quedó dormido

besando púberes pubis palpitantes.

Cuando descosió

el azul encaje de su sueño

... ya era tarde ...

estaba viejo

gordo

y solo

ninguna flor era ya capaz de sostenerlo.

 

 

De la Maldita Noche en su Copa Vacía

 

Apetito gótico tu cólera

esa sed

y esta hambre

de encontrarnos en el beso,

la mordida ardiente

del último deseo.

Un brillo sereno

te recorre la comisura barroca

de la boca en maquillaje.

Madona

virgen brutal

al estilo de la muerte,

mantis no tan religiosa

abandono de la noche,

peluca de la noche tan fecunda,

maldita la noche en su copa vacía,

tacoalto tu sueño de vampira.

Una lágrima de sangre

viaja tu mejilla

y aborrecible tu sed

que la atraganta.

 

Lasciva y absoluta

vas en tu féretro indigente

(donde recónditamente mueres cada día un poco)

 

 

Ángela

 

Diva.

Divina actriz pintarrajeada.

Pelirrubia.

Largo noche tu abrigo decadencia,

camarín oxidado,

arrugas nupciales

mala Carrá

Rafaela fatal...

La tarima es el cadalso,

ensayo general de tu desdicha

y desde la oscuridá murciégala

de la bambalina húmeda

te surge orquídea

la mueca parapléjica.

Arrancas aplausos

a la muerte

y en bajando el telón y las cornisas,

se te le iluminan los zapatos

deambulando en las cafeterías de la tarde...

Orquídea vieja

araña travestida de aracinta

ángel

travesti

de la nada.

 

 

La Mariposa Encantá

 

Para qué decirlo

es una mariposa

luciérgana encendida

desparramada

electrónica

araña y adivina.

Para qué decirlo

si todo aquello

valle adentro

es bien sabido:

Come uvas en otoño

y en verano,

copaos y sandias.

 

Le faltan dientes

y le cojea el ala izquierda.

 

Odia las flores

y ama el vino.

 

Fabrica dulce de membrillos,

saca el ojo

quiebra empachos

hace conjuros...

 

Pero no le hablen del amor

porque para el amor

tiene cerradas

con diez candados

las puertas de la dicha.

 

 

De las Derrotas

 

Los ángeles viejos

aman divagando

de besos tristes la piel que los derrota

y mientras aman

se les hace plegaria

la boca de tortuga

y el corazón vacío

( vacío y viejo )

se les prende de destellos últimos...

y a ratos

y sorpresivamente

cansados y sordos paquidermos,

tienen la ilusión de sentir alas.

 

 

Del Olvido

 

Yo viejo,

tan viejo,

bajo el horizonte

sentado todavía

en la silla enclenque de la tarde

empuñando el bastón de la nostalgia

donde la memoria

se sostiene apenas

tiritando su invierno encanecido.

Saluda

mi sonrisa sin dientes

sin sonrisa

ni tiempo...

Babeo la tristeza penúltima

antes de abrazar mi muerte

y lejos,

tan lejos,

borrándose casi,

el recuerdo del amor...

¿Qué era el amor?

ya ni me acuerdo...

¡Pero era tan hermoso!

Luego

cubre mis rodillas la frazada de la noche

y una mano cálida

empuja hacia occidente

mi silla patética...

Después

la tos – la fiebre – la demencia

y esta enfermedá...

esta enfermedá tan rara

¿Cómo es que se llama esta enfermedá

en la que a uno se le olvidan las cosas?

 

 

De la Despedida

 

Cuando vine a ti,

traje lo puesto:

el corazón empecinado en amarte,

la negra soledá

mugrienta en su deseo,

y de esta soledá

se me le hizo capricho

 

enumerarte

 

acontecerte

 

mariscarte

 

en las redes añosas de mi cuerpo

hasta que ya no fueses carne

y la ostra de tu alma

me devolviera madreperla la esperanza.

Ahora me voy,

no llevo mucho:

dos pantalones para vestir este recuerdo

y un espejo

para mirarme las cicatrices de tu beso.

 

.

Referencias

 

En título                   : “Los ángeles prohibidos por el amanecer”

Vicente Huidobro

Altazor – 1931

 

En página n° 2         : “El pensamiento me entretiene, me mantiene y me mata”

Sara

 

En página n° 4           : “Los ángeles heridos dejarán hoy el hospital”

Vicente Huidobro

Ruta - Poemas Árticos – 1924

 

En página n° 15          : “porque todo es dolor”

Vicente Huidobro

Altazor – 1931

 

En página n° 25          : “El agua nos amaba, la tierra nos amaba,

las selvas eran nuestras”

Vicente Huidobro

Éramos los Elegidos del Sol – Últimos Poemas – 1948

 

En página n° 31          : “ángeles prohibidos por el amanecer”

Vicente Huidobro

Altazor – 1931

 


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