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Notas
Recordando a Luis Lama
Carmen Contreras

Conocí a Luis, a través de lecturas de poesía del taller El Dorado en el Café Rasputín, y en encuentros a tomar café en el mercado Byward, donde él vivía.

Luis me impresionaba como un ser más bien oscuro, desde las gafas de sol que usaba constantemente, su pelo color azabache, su vestimenta negra de pies a cabeza, y sobretodo, su expresión seria y concentrada. Nuestras conversaciones eran mayormente triviales, sin tocar temas personales, sin referencias a tiempos pasados. Pese a lo cual, de a poco me fuí formando la impresión que Luis llevaba consigo una pena grande.

El lenguaje que usaba para expresarse incluía términos procaces en abundancia. Esto me chocaba sobremanera. A punto estuve varias veces de dejar el café a medio consumir y mandarme a cambiar. “Pero vaya”, razonaba yo misma en silencio… “si esto no es nada más que lenguaje colorido” … y ahí seguía sentada frente a él, entre estupefacta y entretenida. A ese colorido lenguaje, se agregaba su risa burlona y pícara.

Un día, mientras tomábamos café en Moulin du Provence, me dijo: “Carmen, estoy re enfermo de la guata. El doctor me ha dicho que haga una dieta comiendo nada más que cosas blancas”. “Que enfermedad será esta” pensé yo con escepticismo,

mientras Luis me ofrecía un pedazo de pastel blanco con crema blanca, que él estaba consumiendo con mucho gusto. Bromas a un lado, la enfermedad terminó por ser muy seria.

Pasaban épocas largas en que no hablábamos, hasta que tarde o temprano yo recibía una llamada o un email de él cobrándome sentimientos. Como que yo ya no me acordaba del “Gato Negro”? (como se autodenominaba).

Yo conocí a Luis en una época tardía de su vida. Nuestros encuentros fueron esporádicos pero afectuosos. Aunque no lo dijo nunca abiertamente, mi impresión es que se sentía muy solo.

Recordando a Luis, quiero invocar luz … que ilumine y acompañe su alma blanca y profunda de consumado poeta, en tránsito a otras esferas.

Carmen Contreras 27 de Julio, 2018