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Notas
Del azar y otras nimiedades, de Alberto Quero (Art and Literature Mapalé & Publishing Inc (2018)
Jorge Etcheverry

Este libro del poeta y escritor venezolano residente desde no hace mucho en Canadá, Alberto Quero, nos lleva por las alternativas del desarrollo personal, espiritual y colectivo del autor, es decir de este constructo que en tanto lectores secretamos y construimos a partir del emisor poético o el narrador básico que nos habla desde las páginas de un libro. Los poemas de este libro están agrupados en tres partes: Antes, Ahora y Anuncios, nos muestran un maduro oficio poético y nos parecen estar indiscutiblemente inscritos en la tradición establecida de la lírica en idioma castellano. Claro que, volviendo al inicio, preferiríamos usar en vez desarrollo la palabra transcurso, —ya que el término “desarrollo” implica crecimiento, progreso, y tiene las connotaciones de una historia lineal. Además, en este poemario, el destino, que se debate “en sus círculos y espirales (66)”, no se presta a una concepción “progresista”, lo que no quiere decir que no se viaje. En este periplo el poeta/autor se va realizando a través de las diversas encrucijadas, en que confluyen las líneas o etapas personales de este proceso, por así decir “vertical”, de la biografía poética, con su dimensión horizontal, contextual, espacial, histórica, en un discurso que es primordialmente una búsqueda y ´problematización del yo, de la subjetividad y sus avatares. El primer estadio es el de la inocencia, la pureza original:

Yo fui joven e ingenuo, crédulo hasta lo abominable
cándido y simple como una nube (p.13)

Pero esta condición inicial o natural, una versión del mito adánico, se ve corrompida ya en su hábitat fundamental, la ciudad, espacio ambiguo que pareciera definirse como el ámbito originario. El poemario está escrito en una situación de desarraigo/proceso de radicación, entonces el lector tiene derecho a asumir que el emisor poético es la voz de un exilado, además de que los títulos de las partes, ya mencionadas, que componen el libro, pareciera corroborarlo. El ámbito preferentemente urbano se hace presente desde temprano en el libro, pero a veces se confunde con el espacio de la situación actual desde la que nos habla el poeta, y está siempre marcado por la degradación:

Fue así como conocí la calle y el humo,
la ciudad y su azufre,
supe cómo reptan los puñales… (p.19)

En esta ciudad hay rabia (p.25)

Este libro de Quero, en que como en toda obra se nos da un encuentro de lo vertical (personal) y lo horizontal (social, entorno) aporta otra visión, muy lírica, a las versiones neo canadienses del desarraigo, del trasplante. Es otra vuelta de tuerca, como diría Henry James, de esta constante que atraviesa la literatura en Canadá que se escribe en español, y que se va conformando en gran medida—aparte de los autores empiezan a escribir en el país—por esas voces que se van agregando, década tras década, procedentes de variados sitios del ámbito geográfico y la imaginería cultural, mitológica e ideológica de América Latina, y surgidos en distintos momentos históricos y generacionales. Cada nueva oleada de autores(as) se replantea su relación con el nuevo entorno, el espacio original, su intento de definición como sujeto sociocultural y económico, pero sobre todo se cuestiona su identidad existencial—tema bastante destacado en este libro—y el cotejo inevitable con el ámbito/situación originarios, a que se alude por ejemplo a través del discurso de sus actores sociales:

“Lo procaz nos agrada y lo basto nos consuela;
igual que a nuestros padres,
nos seduce la galbana y el desparpajo
y así será el destino de nuestros hijos.
Jamás escucharemos ni habrá profeta que nos arredre
con la vida, si es preciso, defenderemos nuestra molicie,
………………………………………………………………………….
la incuria que por médula tenemos
Ninguna autoridad tienes
para cortar nuestra desidia
ni para retorcer con sentencias nuestro desbarajuste
………………………………………………………………………….
Esos somos, y a eso tenemos derecho”
Así me dijeron mis paisanos (p.21)

Sin que en definitiva importe el signo ideológico y el contexto que da origen al exilio, al desarraigo, se trata de un proceso inacabable e inacabado en un mundo de transhumantes, de fronteras porosas y cambiantes que necesariamente volverá en unos años a adquirir otra expresión con otras voces literarias, y cuya misma falta de cierre, su carácter de proceso cultural abierto, propende a la novedad, el cambio, la transformación, siempre al interior de sus parámetros. Toda nueva generación o promoción literaria negocia su autoimagen, su perfil, su proyecto y sus interacciones con el presente y la historia en el territorio que le sea dado. O en el espacio vital de obligación o adopción. Algunos elementos temáticos presentes en este libro son entre otros, el de la reiteración, que se liga a la concepción no “desarrollista” lineal que se manifiesta en los poemas.

ya he adivinado
cuanto de leve hay en el destino,
en sus círculos y espirales (p.66)

También se tocan la aceptación de sí, el reconocimiento del estado de cosas y la comparación entre etapas presentes y pasadas del yo, del sujeto, sujetos a examen

Una vez, creo
fui joven y febril, pleno y cantante
pero eso me es ahora simple pretérito simple (p.36)

Me sé capaz de asirme a cualquier cosa
sin apocamiento ni verguenza (p.50)

Se alude a la indeterminación del yo, su multiplicidad

¿Cómo soy ahora: vano o predecible?
…y no soy más que algo que crepita
o se duplica indefinidamente
…tumulto soy (p.45).

Figura también el cambio de estado, el trasplante, la transhumancia,

Si algo conozco son las mudanzas.
He transcurrido, fluctuante,
entre idas y venidas (p.44)

Estos temas que se entretejen, se desarman, se vuelven a armar, tienden a esbozar una isotopía de lo provisorio, inestable, inacabado y reiterativo del “yo y su circunstancia” como diría Ortega. No hay una presencia preponderante del mundo objetivo material circundante, de lo que podría llamarse el “correlato objetivo”, sino más bien sus repercusiones tamizadas a través del hablante lírico. La voz transida, tensa, herida, y podríamos decir conmovedora no rehúye la indagación de su identidad, de su yo, que se organiza, se niega, se critica, se asume y se cuestiona. En este libro, se nos entrega una voz lírica sin tapujos, que debido a las evidentes virtudes de este lenguaje poético, no cae en el sentimentalismo o el cliché, tan comunes en la poesía lírica o de denuncia o adscripción y en la prosa testimonial, sino que se mantiene una tensión irresoluta en su intercambio con el lector. Es una voz que explora la identidad del hablante, sus posibilidades y limitaciones, y proclama abiertamente su espiritualidad y su credo trascendental. El libro se abre interpelando a Dios, que es también el autor probable de una versión quizás más realizada del emisor lírico:

“Alguna vez, Señor, escribiste otra versión de mí” (p. 9)

Así como el poeta es un pequeño Dios, según Huidobro, Dios puede ser el autor del universo y de las diversas versiones potenciales o paralelas del autor/emisor poético. En el último poema del libro, YHVH, queda manifiesto el paralelismo de la escritura y creación del universo por parte de la divinidad con la escritura del poeta. El libro se cierra:

“Mi canto es leve y diminuto. No te servirá como corona.
Pero también él nace de un estremecimiento, el mío,
que es arrollador como tu incandescencia y es ella la que lo concibe.
Solo eso permanece en todas mis versiones.” (p.67).

Antes nos referíamos al aspecto “existencial” de la problematización identitaria de este emisor lírico. Aquí está presente esa angustia de ser, esa sensación de inacabados de los proyectos de constitución de la entidad fluida del yo, hay una conciencia que refleja este proceso con respecto a su ideal proyectado. Estos elementos nos devuelven al modernismo y a la primacía del yo y la conciencia, un poco a contrapelo respecto a las asunciones post modernas identitarias basadas en aspectos etnoculturales y genéricos—parte del “en sí” como diría Sartre—y que definen al poeta/o escritor como portavoz de un grupo definido por características etnoculturales y físicas y por su lugar, función social y adscripción ideológica. Rasgos que harían de la literatura posterior al post modernismo una literatura testimonial, en opinión de algunos, sobre todo en el mundo anglosajón. En este libro, el yo y la conciencia tienen la primacía. La vertiente existencial se une al trascendentalismo cristiano, de una manera kiekegardiana.

Y luego, a manera de conclusión, no queda más que incitar al lector a sumirse en esta meritoria obra lírica, que además constituye un testimonio de las vicisitudes de una versión contemporánea y latinoamericana del estado de yecto, en un mundo constituido cada vez más por ámbitos urbanos, permeado cada vez más por la fluidez de las fronteras y naciones, tachonado de migraciones y de exilios, de nómadas.