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Notas
La vía Eco Socialista
Nieves y Miro Fuenzalida

El neoliberalismo es la nueva religión cívica del occidente y el crecimiento económico es su dogma sagrado. Su cuestionamiento equivale a un acto de sacrilegio. Si el crecimiento falla el pánico se apodera de la bolsa de comercio, de los políticos, de los negocios y, mucho peor, la gente pierde sus trabajos. Este es el ciclo recesivo que caracteriza al capitalismo. El dogma sagrado funciona en contra de nosotros, los seres comunes que no pertenecemos al 1% y en contra de los sistemas ecológicos del que depende la vida del planeta.

¿Hay alternativa? ¿Nos quedamos con el capitalismo hasta el fin de la historia? Desde el momento en que el socialismo y el comunismo empezaron a desaparecer del ámbito social no ha sido fácil encontrar una nueva alternativa. Algunos sectores de la izquierda se han sentido atraídos por el sistema cooperativista ¿Pero, es este un sistema realmente diferente del capitalismo, un sistema cuyo fundamento no sea el crecimiento y competencia económica, un sistema que no conserve la máquina capitalista?

En las últimas décadas otros sectores izquierdistas han venido creando e impulsando un vasto movimiento compuesto de fuerzas provenientes de diferentes sectores sociales y políticos conocido como eco-socialismo, socialismo verde o socialismo ecológico que presenta un programa que fusiona aspectos del marxismo, socialismo, política verde, ecología y alter–globalización. La expansión del sistema capitalista, según el programa, es la causa de la exclusión social, la pobreza y la degradación ambiental agravados por la globalización y el imperialismo occidental, sostenidos por el Estado y las estructuras internacionales. El objetivo del eco-socialismo es el desmantelamiento del capitalismo y del Estado, la propiedad colectiva de los medios de producción y la restauración del espacio común.

A pesar de que el cambio climático es la amenaza letal más inmediata al ambiente global las acciones para confrontar sus efectos destructivos han sido, hasta el momento, altamente inefectivas porque la reducción del combustible fósil, que es su mayor causa, afecta los intereses de la industria del petróleo y del carbón. El actual marco internacional para confrontar el cambio climático llevado a cabo en las conferencias de Rio en 92, Kioto, Copenhague y París han sido un fracaso. Las emisiones de CO2 y otros gases continúan aumentando junto con las ganancias del poder corporativo. Una de las medidas globales para reducir la emisión de gases ha sido el “cap and trade” (tapa y canje) que tiene la aprobación y cooperación de la mayoría de los países y el impuesto a la gasolina. Las medidas, hasta hoy, no han logrado reducir la emisión, pero si han sido una ganancia para las instituciones bancarias. Frecuentemente se dice que dada la naturaleza global del problema soluciones globales, más que locales, son necesarias.

El problema es que el marco global de las conferencias es controlado, no por científicos o representantes elegidos, sino por intereses corporativos. En el 2005, la mesa redonda del cambio climático del G8 incluyo BP, British Airway, HSBC, Petrobras, Rio Tinto, Toyota y Volkswagen. El objetivo ha sido, no el desarrollo sostenible, sino el mantenimiento de las ganancias. El documento de Rio sugiere que la adaptación del mercado puede resolver los problemas ambientales. En este marco, el crecimiento económico es la justificación oficial para disminuir la pobreza que, junto con el crecimiento y la temperatura, han continuado aumentado.

Mantener el aumento de temperatura por debajo de 1.5 grados C requiere rápidos y significantes cortes en la emisión de dióxido de carbono, lo que es improbable. El límite de los 2 grados C es el punto de no retorno, según la comunidad científica. De acuerdo al Banco Mundial avanzamos hacia un incremento de 4 grados C antes que termine el siglo lo que provocará la pérdida de los ecosistemas y biodiversidad y la elevación del nivel de los océanos. En este escenario no hay seguridad alguna de que sea posible la adaptación. El año 2016 marcó el récord en el aumento de temperatura mundial. Y cada año la temperatura mundial ha continuado aumentando. Estos números son la única evidencia que tenemos para determinar si los programas funcionan o no. El resto es pura fantasía.

Todo esto indica que la idea de que las fuerzas del mercado pueda ser la solución al problema climático han sido un fracaso porque hay una contradicción fundamental entre los sistemas ecológicos y el capitalismo. En tanto el sistema más se desarrolla, más y más deberá introducir los recursos naturales y la población humana del planeta dentro del ciclo de la mercancía, producción y consumo. El problema es que estos recursos no son infinitos y su continua reproducción de ninguna manera esta garantizada. La conclusión paradójica es que la crisis ecológica ocurre, no tanto porque el Capitalismo gasta y derrocha demasiado, sino porque gasta muy poco mientras acumula demasiado. Su economía se enfoca primariamente en desarrollar fuerzas productivas capaces de generar ganancias en detrimento de las fuerzas productivas de la biosfera lo que lo convierte en una fuerza opuesta a las capacidades del planeta… El desarrollo continuo, eventualmente, se vuelve imposible de sostener.

El eco-socialismo no busca soluciones dentro de este marco. El marco mismo es el problema. La solución es un sistema alternativo… ¿pero, cuál? No hay un modelo convincente para la sobrevivencia y ningún comité lo puede construir. Entonces… ¿con qué nos quedamos? Con lo más obvio, es decir, con lo que funciona, no para el sistema capitalista, sino para la salud de la ecología. El principio ecológico demanda atención a la idea del usufructo… dejar el ambiente, como mínimo, en tan buenas condiciones como lo encontramos al principio. La agricultura es un ejemplo. La industrialización del mono cultivo y los pesticidas con todo su poder ecológico destructivo tiene que ser reemplazada por la diversidad, el cultivo organico local y la cualidad de la tierra conservada como en la agricultura tradicional. Los derechos de propiedad socialistas son el elemento esencial del eco-socialismo que determina programas que promueven la igualdad y mantienen la ecología mucho mejor que la propiedad privada. Si el cooperativismo tiene un futuro anticapitalista, es solo dentro del eco-socialismo. Las políticas tradicionales necesitan ser discutidas y desarrolladas y diferentes programas específicos tienen que ser creados y adaptados para diferentes partes del mundo.

¿Cuáles serían las estrategias para implementar estos principios? No hay una fórmula simple para la transformación social. La idea de que un partido político pueda ganar votos y trasformar la sociedad solo ha producido más de lo mismo. Los partidos verdes de Europa, por ejemplo, han elegido miembros al parlamento y participado en los gobiernos. Gobiernos con partidos verdes y social demócratas como en Bélgica, Suecia y Alemania han logrado avances bien limitados. El partido verde de Alemania abandono toda su crítica capitalista y apoyó a la NATO y la invasión de Afganistán. En Noruega el partido socialista ha formado parte de gobiernos de coalición y, sin embargo, el país continúa siendo uno de los mayores productores de petróleo, una de las más importantes causas del cambio climático.

En Australia, Pete Garret, líder y miembro del Partido por el Desarme Nuclear formó parte del gabinete del gobierno laborista en el 2008. Como ministro del ambiente aprobó la explotación de las minas de uranio que son justamente las que crean polución tóxica y alimentan la industria nuclear. En América del Sur el ex presidente de Ecuador Rafael Correa llego al poder con el apoyo del movimiento social indígena y fue capaz de introducir protecciones ecológicas en la constitución y derechos de tierra a los indígenas y la fauna. A pesar de estas medidas en el 2009 el gobierno de Correa atacó a los indígenas y ambientalistas que protestaban en contra de las minas. En el 2010 un ministro crítico de las perforaciones en la Amazonia fue despedido junto con los intentos de cerrar una radio indígena. Este es un buen ejemplo de las contradicciones ambientales de los gobiernos de izquierda en el continente.
El problema, más que personal, es estructural. Países como Bolivia, Venezuela y Ecuador dependen fundamentalmente de la extracción de recursos naturales. Sin petróleo en Venezuela y Ecuador y sin gas natural en Bolivia estos países tendrían bien poco que exportar. Esta es la paradoja con la que se encuentran los políticos que intentan introducir reformas eco-socialistas. La presión para mantener políticas basadas en el crecimiento capitalista siempre gana. No basta con tomar el Estado capitalista para luego hacerlo funcionar de la misma manera. Se necesita quebrarlo y reemplazarlo radicalmente por uno diferente, un poder democrático, no estatal. Y lo mismo para el aparato productivo. Por su misma naturaleza, su estructura no es neutral, sino que está al servicio de la acumulación capitalista y la expansión ilimitada del mercado, en contradicción con la sobrevivencia de los ecosistemas y la salud de la población. Las fuerzas productivas, y no solo las relaciones de producción, tienen que cambiar radicalmente. Los logros de la modernidad son impresionantes, pero todo el sistema productivo debe transformarse si queremos preservar el ambiente natural que hace posible nuestra existencia.

Dada esta realidad las ideas y programas eco-socialistas solo pueden venir de las organizaciones de base, indígenas, campesinas y trabajadores urbanos, como lo vemos a través del mundo, más bien que del Estado. El problema es que el cambio climático puede que ya haya alcanzado su punto de inflexión. El aumento del óxido de carbono ha empezado a acidificar los océanos y destruir la cadena alimenticia marina y el derretimiento de las capas de hielo de los polos va a liberar el metano que existe debajo de ellas. Cuando esto ocurra nuestras posibilidades de existencia van a desaparecer. Walter Benjamin, el filósofo de la escuela crítica de Frankfort, una vez remarcó… “tal vez el motor de la historia no sean los cambios revolucionarios, sino la humanidad aplicando los frenos de emergencia antes de que el tren caiga al abismo”. A esta altura… ¿podemos seguir creyendo en los frenos?