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Actas : Notas Febrero 6, 2021


La disolución del ego
Nieves y Miro Fuenzalida

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La meditación tal como se da en el Occidente contemporáneo es una práctica terapéutica que tiene su origen en la tradición budista. De los círculos religiosos y espirituales su entrenamiento ha saltado a las escuelas, universidades, lugares de trabajo, dirigentes de Corporaciones y residencias de ancianos. Ya no solo la encontramos en pequeños cultos o grupos contraculturales sino que como parte de la “corriente principal” con millones de practicantes. Lo que promete, según sus proponentes, es nada menos que una revolución pacífica guiada por la clase media. Nada tan dramático como el terrorismo fundamentalista o la violencia de las barricadas callejeras y las guerrillas. Por el contrario. Lo que ofrece es una revolución que no requiere cambios de valores o del sistema económico, solo cambios en la forma en que nos relacionamos con esos valores... ser más paciente, más suave, más piadoso. El eslogan favorito, repetido constantemente por el Dalai Lama, es compasión.

Según esta literatura el problema no es el capitalismo, sino la “enfermedad del pensamiento” que afecta al individuo en la sociedad contemporánea. La dificultad está en la cabeza de la gente y no en las instituciones y estructuras de la sociedad. La enfermedad social que hoy sufrimos no es una condición material ni de distribución de la riqueza o justicia. Es, más bien, una cuestión sicológica que requiere terapia. El ciudadano contemporáneo compromete su autentica libertad al estar demasiado atado al pensamiento, divagando constantemente acerca del pasado y del futuro, preocupándose, angustiándose de lo que puede pasar o no pasar, deprimidos, estresados e infelices, atrapados en sus propias abstracciones mentales, desconectados del mundo y la gente que los rodea. La meditación patologiza y politiza ciertas formas de pensamiento y el camino está en liberarnos de estos esquemas mentales para emancipar nuestras comunidades. La meditación, entonces, no apunta al cambio de ideología, sino al contacto con nuestro autentico ser. La idea es que la meditación revitaliza el valor de las estructuras existentes al producir una relación más auténtica con ellas. Los cambios se producirían, entonces, primero al nivel del individuo y luego, lentamente, en la sociedad.

El movimiento meditativo sugiere, a lo menos, dos posiciones políticas: primero, capacita una forma genuina de autentica salud que emancipa a la gente del sufrimiento impuesto por el capitalismo, sin tener que cambiar sus instituciones y, segundo, funciona como una especie de religión secular dentro del capitalismo, una nueva forma de dominación ideológica, que le permite a la gente hacer frente a las condiciones alienantes del sistema sin la molestia de la revolución.
Las prácticas meditativas empiezan a surgir como discurso secularizado en el marco clínico y terapéutico de los 90s por lo que no es raro que su enfoque se haya centrado en su valor sicológico más que en su aspecto social, político y cultural. Pero, a pesar de este enfoque todavía uno podría preguntar... ¿qué pasa, por ejemplo, con la intercepción entre meditación, sabiduría y ética? La meditación secular conscientemente se ha distanciado de la tradición ética que ha acompañado su evolución en el Este que posee una ética bien distinta... ¿es esta ausencia de una ética coherente lo que transforma las practicas meditativas en una mera técnica carente de base moral? ¿una técnica de paz interior que permite continuar viviendo en el capitalismo?

En Shin Budismo el practicante cultiva una mente pura, sin ego, con el fin de unirse al Todo para luego retornar al mundo y continuar la vida como si nada hubiera cambiado. En varias versiones del Budismo nada tiene que cambiar materialmente, solo la actitud.
Si aceptamos la posibilidad de una experiencia existencial completamente auténtica que resulta en una profunda transformación invisible del ego, entonces sería importante reconocer este cambio no solo en nosotros mismos, sino también en los otros. El estado pos egoico se supone que ya no está circunscrito por la moralidad convencional. Es esta libertad radical la que supuestamente emancipa el potencial propio de la etapa pos egoica, cuya conducta subsiste fuera del marco de la racionalidad instrumental asociada con el capitalismo. El Bodhisattva, el ser liberado que reúsa entrar al Nirvana antes de salvar a todos los seres y que retorna al mundo para asistirlos en su jornada, es el prototipo del individuo sin ego para quien las convenciones de la moral cuotidiana no se aplican. La literatura budista está repleta con historias de Bodhisattvas que rompen todo tipo de leyes como mentir, robar, engañar e incluso matar, como medio para motivar a la gente en conductas que le ayuden a lograr el estado de alumbramiento. La metafísica budista se basa en la no-dualidad y romper la moral relativa del ego convencional pareciera no contravenir la moral absoluta del pos ego.

Desde el punto de vista de la salud mental es importante distinguir entre la liberación radical del yo y el estado de insanidad. En el discurso budista la cuestión importante es saber si el sujeto ha abandonado o no el ego antes de decidir si alguien genuinamente ha experimentado el llamado “cambio inmutable”. En los escritos Zen Budistas de D.T.Suzuki se revela una profunda complicidad entre la idea de “cambio inmutable” y la posibilidad de violencia excesiva y monstruosidad moral, como se dio en la segunda guerra mundial en Asia. La tradición Zen enfatiza la forma en que los individuos son transformados por la experiencia de la iluminación, no solo en ser asesinos más expertos, sino también en sacarlos del universo moral en el que pueden ser responsables por tales acciones. Los Budistas Zen en Japón después de la guerra han tratado de comprender por qué algunos roshi (maestro Zen iluminado) apoyaron las atrocidades de la armada imperial japonesa. El dilema, frente a esta práctica, sería este... el alumbramiento o “cambio inmutable” no va acompañado por el logro de una virtud moral superior... o, el sistema usado para verificar el alumbramiento es esencialmente defectuoso.

La cuestión, entonces, es esta... si presumimos la existencia de la experiencia del “cambio inmutable” obtenido a través de la meditación... ¿cómo sabemos si hay algo empíricamente verificable acerca de la condición pos egoica? ¿y cómo sabemos si esta condición va acompañada de algún imperativo moral? El filosofo Zizek hace una interesante comparación con la película La Guerra de las Estrellas. La “Fuerza”, que Jedi y Sith obtienen cuando la mente está en paz, en estado meditativo y en sintonía con el Ser, opera como una fuente de poder más que como un determinante ético. La “Fuerza” tiene un “lado obscuro”, pero todavía es la “Fuerza”. Una experiencia existencial completa.
La meditación en el occidente de acuerdo al consenso científico tiene más que ver con cuestiones de salud que con consideraciones éticas. Pero, el escepticismo y la preocupación con cuestiones sociales, culturales y políticas, a pesar de todo, permanecen. Según Zizek, la meditación en occidente, es un mecanismo al servicio del capitalismo, una forma de acomodarnos a las demandas y el estrés de la vida contemporánea... ¿no es aquí donde la meditación occidental empieza a parecerse al “opio del pueblo” del que hablaba Marx, refiriéndose a la religión?
¿No es esto paradójico? Porque, después de todo, el fin de las prácticas meditativas en el Zen Budismo es la aprehensión directa de la realidad (sunyata). La experiencia del satori se da cuando el “yo” es expulsado completamente de la conciencia y experimentamos el universo libre de dualismos esencialistas. En las soteriologías hindúes el mundo natural y social es una ilusión (maya) construida por la mente. La intención es producir una percepción del mundo libre del esencialismo religioso e institucional, una que no sea reemplazada posteriormente por otra percepción igualmente esencialista.
¿Por qué, entonces, la meditación vuelve a legitimar la subordinación a la máquina social? En el siglo II DC el pensador Hindú Nagarjuna elaboró el concepto de “surgimiento co determinado”. Desde el momento en que las cosas surgen en dependencia ellas no tienen esencias, es decir, carecen de un ser propio. En otras palabras, los objetos de la experiencia no son cosas en sí mismas. Solo son lo que son en relación a otros objetos y estos a su vez dependen también de otros. No hay un todo separado de sus partes. El ser y la naturaleza de las cosas derivan de su mutua dependencia y no son nada por sí mismas. Actualmente Deleuze usa la noción de ensamblaje para designar, no un estado de cosas, sino un proceso continuo de ordenamiento de cuerpos, objetos, afectos y conceptos heterogéneos que conectan unos con otros... un arreglo dinámico de flujos, conexiones y devenires que constantemente crean y dispersan las relaciones entre los diferentes elementos que tienen la capacidad de transformar el todo. Un acto continuo de creación y transformación. Los ensamblajes configurados por afectos son, digamos, la estructura de toda posible actividad.
Y es en el ensamblaje capitalista donde el practicante de la meditación occidental se conecta con los flujos de capital y trabajo, con la producción al servicio de más producción, con el lucro como ultimo valor, con el discurso neoliberal y la expansión hegemónica. Al igual que el practicante del zen japonés se inserta en la cultura samurái, el funcionario corporativo occidental practicante de la meditación “new age” se inserta en la cultura corporativa. La meditación “New Age”, entonces, no cambia la ideología, sino que revitaliza el valor del ensamblaje existente al producir una relación más autentica y eficiente con ellas. Aquí nada cambia materialmente, solo la actitud. En breve, una mejor acomodación a las demandas del capitalismo corporativo.

¿Es esta, uno podría preguntar, la única función de la meditación? No, exactamente. Lo que no debemos olvidar es que un ensamblaje no es un arreglo de cosas estático, congelado en el tiempo, sino un todo dinámico e inestable compuesto de una multiplicidad de elementos orgánicos e inorgánicos. Una configuración espacio temporal de cosas que se juntan y separan. Y, justamente porque es inestable y temporal está abierto a nuevos experimentos, nuevos territorios, nuevas conexiones. Si la meditación es una experiencia pura no contaminada por el lenguaje, las creencias y la tradición, si, en otras palabras, es la capacidad de transcender el contenido de la mente para tomar contacto con el vacío que en última instancia somos, como la tradición budista proclama, entonces, la experiencia meditativa tiene la posibilidad de colocarnos fuera de nuestra identidad socialmente construida y escapar a la codificación y normatividad institucional. Dada esta distancia... ¿podríamos decir que quedamos libres para descubrir o crear nuevas y diferentes totalidades, distintos ensamblajes, conexiones nunca antes imaginadas? !!!

Amor=Love=Amour !!!
Nieves y Miro Fuenzalida.
Canada/Ottawa/5/2/2021.





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