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Actas : Notas Febrero 7, 2020


De poetas y trincheras
Jorge Etcheverry

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Se dice que Platón habría expulsado de su república a los poetas. Cualesquiera que hayan sido sus motivos, eso demuestra que ya desde entonces los poetas eran como una pulga en la oreja, jodían, molestaban, y en una de éstas hasta tenían, o se creía que tenían, algún efecto. Sin embargo es curioso que uno de los lugares comunes más socorridos contra la poesía sea el de su inutilidad, ¿Para qué sirve la poesía?, es una pregunta corriente. Ser poeta puede ser sinónimo de inútil, desubicado, loco, y en algunas ocasiones vivo. En este último caso tenemos a ese poeta madurón, suiticón y embaucador con eso de la poesía de señoras de buen pasar aburridas en sus casas, personaje que Don Miguel de Unamuno nos presenta en su novela corta "Nada menos que todo un hombre", de 1931.

En general los detractores de la poesía y por ende de los poetas, vienen de variados campos. En Así hablaba Zaratustra, Federico Nietzsche pone en boca del narrador que “los poetas desean hasta cosas que las viejas se cuentan en la noche”. Claro que el ilustre filósofo, además de federico o por eso mismo era bastante misógino, ya que en otra parte de ese libro el mismo profeta poeta peripatético que es el personaje central del libro dice “Si vas con las mujeres no olvides el látigo”. Y ese tipo de cosas es más o menos corriente. Es decir, que en general entre los enemigos de la poesía y de los poetas se suele encontrar gente con opiniones bastante desagradables, esto definido de una manera muy sencilla: si esas ideas tuvieran vigencia universal sería el acabose, o al menos vastos sectores padecerían harto sufrimiento y daño, bastante más de lo que ahora existe, que no es nada de despreciable. Por lo general el poeta termina por situarse en el bando de los ‘buenos’ en el conflicto de que se trate, por lo menos en los tiempos contemporáneos. Es muy conocida la posición que adoptaron Federico García Lorca y Pablo Neruda en la guerra civil española, y cómo esto le ocasionó la muerte al poeta español.

Hay muchos e ilustres nombres de poetas hispánicos entre las innumerables víctimas que llenan los cementerios de lo que con justeza podemos llamar la ‘causa popular’. Basta mencionar a Miguel Hernández, Javier Heraud, Otto René Castillo, Roque Dalton, de trágico fin ante pelotones de fusilamiento, asesinatos o estadías en las cárceles. A estos se pudo agregar al joven activista cultural y poeta James Oscco, muerto por escuadras de la muerta en el Perú. Tampoco se restringe este sino al mundo hispánico. Hace un par de años un joven estudiante turco fue arrestado por leer un poema de Nazim Hikmet, el famoso poeta comunista turco que murió en el exilio en 1963.

Si bien es cierto que artistas y periodistas, en general quienes se dedican a representar la realidad por trabajo o vocación, siempre son algo peligrosos para el así llamado ‘sistema’, si no se avienen a entrar en arreglos con los ‘poderes fácticos’, los poetas ocupan en esto un lugar privilegiado. Si bien no representan las cosas con el detalle convincente y detallado de la prosa o la fidelidad a la realidad que sería parte del mandato de los periodistas, el poeta acarrea desde la antigüedad un halo profético, mediúmico, chamánico, ligado quizás al carácter básica y quizás definitivamente oral de la poesía y su innegable componente lírico. El poeta recita, expone, pero junto con eso está su expresión personal, sentimental, su posicionamiento acentuado frente a lo que se trate. Por ejemplo, Gunther Grass es un gran novelista contemporáneo, pero conozco personas nada de estúpidas que no pudieron seguir leyendo algunas de sus novelas y yo voy a tener que confesar que me pasa algo parecido con Marcel Proust. Pero un poeta famoso no se puede dar el lujo de ser latoso. Es casi un estereotipo imaginar o representarse a poetas con una causa que se dirigen a las masas. Los primeros tiempos de la revolución rusa son inconcebibles sin Vladimir Mayakovsky y Sergei Yesenin, ni sus últimas décadas sin Evgenii Evtushenko. El experimento socialista democrático chileno que culmina en el gobierno de Allende es impensable sin Pablo Neruda, ni el intento sandinista en Nicaragua sin Ernesto Cardenal. La incepción y consolidación de la revolución cubana se vieron acompañadas de la voz de Nicolás Guillén. Roberto Fernández Retamar, hace poco fallecido, Juan Pablo Fernández y Nancy Morejón han sido sus embajadores poéticos y culturales. Quizás una de las diversas cosas que el proceso bolivariano en Venezuela esté necesitando sea un vate nacional que lo cante para el mundo.

Pero no quiere decir que sólo la así llamada izquierda sea un campo fértil para que brote la poesía. Quizás sea mayoritario, ya que las causas por así decir ‘positivas’ tienden a aglutinar a los poetas. Pero siempre ha habido excepciones. El poeta anticastrista Armando Valladares recorría el mundo denunciando al régimen cubano actual. A Ezra Pound lo pusieron en una jaula en los últimos días de la segunda guerra mundial por sus alegadas tendencias fascistoides. El himno de batalla de los nazis, el Horst Wessel, fue escrito por un poeta. Y no hay tampoco un monopolio de lo que los lectores ingenuos denominan ‘calidad’, --el conjunto de predilecciones institucionalizadas en un momento dado--. Entre los poetas de la izquierda a veces se producen himnos conmovedores y otras panfletos latosísimos. Si me hubiera tocado pasar junto a la jaula de Pound a lo mejor le tiro su piedrecita huacha, aunque es uno de mis poetas favoritos y uno de los padres de la poesía contemporánea, cuya huella se deja sentir en muchos grandes poetas de la izquierda. Pero a lo que íbamos al principio. En la actualidad hay una gran movilización entre los poetas por causas como el medio ambiente, la paz mundial y la justicia y equidad sociales.

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