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Actas : Notas Enero 23, 2018


Multiculturalismo y revolución
Nieves y Miro Fuenzalida

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Parafraseando una película de Hitchcock imaginemos una conversación entre un visitante y un obrero en una fábrica de refrigeradores. Mientras caminan a lo largo de la línea de ensamblaje un refrigerador está siendo armado con una precisión admirable. Después de verlo totalmente terminado, los dos hombres se miran y dicen “ es perfecto”. Luego, uno de ellos abre la puerta y… un cadáver cae de su interior.

¿Creación ex nihilo? Frente al determinismo que define todas las esferas de la vida (negando que un evento en sentido propio pueda ocurrir al afirmar que todo puede ser explicado como el resultado de circunstancias ya presentes) Lacan afirma, por el contrario, la posibilidad de que el Orden de las Cosas no pre-determina todo y que, de tiempo en tiempo, algo genuinamente Nuevo puede surgir ex nihilo, es decir, desde la nada, desde los poros del Edificio del Universo. Ortega y Gasset decía que la naturaleza no ha hecho más que dar saltos. El famoso “eslabón perdido” que los antropólogos andan buscando, visto desde esta perspectiva, no sería más que un pseudo-problema... Según Zizek la brecha que el “eslabón perdido” supone tapar es, en realidad, la brecha de la negatividad que hace posible lo auténticamente nuevo… ¿No es, en cierto sentido, el “eslabón perdido” el que, también, la izquierda marxista andaba buscando para determinar con precisión científica el paso del Capitalismo al Comunismo? (las condiciones maduras, la contradicción capitalista final, etc...). Hoy día, nada de esto pareciera preocupar. El Capitalismo, ya sea estatal o de libre mercado, se presenta como el único y último horizonte que determina lo posible y la lucha política solo se reduce a una serie de batallas por el derecho a ser incluidos (las mujeres a ser como los hombres, el negro como el blanco, el inmigrante como el nativo, el homosexual como el heterosexual, etc... No fuera del sistema, sino dentro del sistema).

Todas estas batallas multiculturales, o políticas de la identidad si se prefiere, dice Zizek, son, por supuesto, legítimas. Y es aquí donde el liberalismo encuentra su causa. Solo que ellas, a pesar del liberalismo, no son, en sentido revolucionario, la lucha fundamental de hoy. En verdad, una emancipación puramente política no necesita de la crítica marxista de la economía política. Aquí la economía se presenta, simplemente, como una esfera mas entre otras esferas sociales. El problema es que, al presentar las cosa de esta manera, se ignora la premisa básica que revela que la economía posee un estatus primario, de que es una matriz generativa de fenómenos que, en una primera instancia, pareciera que no tuvieran nada que ver unos con otros (cosificacion, mercantilización del sistema ecológico y la cultura…) En la dimensión estructural del proceso de globalización actual la economía capitalista no es solo un dominio entre otros. Podemos hablar constantemente de luchas étnicas, ecológicas, feministas, religiosas o clasistas. Pero, cuando lo hacemos, no debemos perder de vista que esta última no es solo una más en la serie. Clase y lucha de clases implican, por supuesto, lucha económica anticapitalista. En la estructura floreciente de culturas y combates sociales el capitalismo es esa estructura neutral básica que, subyacentemente, persiste.

La resignación de cierta izquierda a abandonar la idea del fin del Capitalismo, la aceptación tácita de que el Capitalismo está aquí para quedarse y que las energías criticas deben concentrarse solo en las luchas multiculturales, dejan, después de todo, la homogeneidad básica del sistema capitalista mundial intacta. Esta es la diferencia clave entre un acto político revolucionario y la administración de las “cuestiones sociales” que siempre permanece dentro del marco de lo ya existente. La revolución no es simplemente algo que funciona dentro del “sistema”. Es un acto que cambia el verdadero marco que determina como las cosas funcionan… Y un acto capaz de generar algo nuevo no es el resultado de condiciones existentes, sino la acción que, precisamente, cambia estas condiciones, que transforma las coordenadas de lo posible.

El acto revolucionario, el Evento, dice Badiou, es la irrupción de algo totalmente original (la Revolución Francesa, la creación de la física de Galileo, la invención del estilo clásico de Haydn, la invención de la escala de doce tonos de Schoenberg…) pareciera presentarse como algo irreducible al orden del ser social. Badiou dice, por ejemplo, que las condiciones sociales son el sitio potencial del Evento, pero este es, por decirlo así, un acto abismal autónomamente fundado. No podemos explicar la Revolución Francesa simplemente a partir de sus condiciones sociales. Fue un acto autónomo que nos permite leer las condiciones como condiciones revolucionaras. Podemos apuntar a las circunstancias que le dieron nacimiento, pero no podemos explicarla, exclusivamente, a partir de ellas. Hay una especie de acto de creación original desde el cual un cierto universo de significados emerge como si viniera de la nada y que cambia el ámbito que nos revela la realidad. La noción Hegeliana de reversión dialéctica puede ser de alguna ayuda aquí. Algo surge y luego, retroactivamente, causa sus propias causas. No tenemos, simplemente, causa y efecto. Tenemos una causa que, de alguna manera, retroactivamente, pone sus propias presuposiciones. Dicho de otra manera, no hay fundamento objetivo último o criterio algorítmico desde el cual podamos determinar nuestras decisiones. En el ámbito biológico Maturana y Valera muestran convincentemente esta estructura circular en su teoría de sistemas autopoieticos. Para ellos, el verdadero problema no es cómo el organismo y su ambiente conectan o interactúan, sino lo opuesto... ¿cómo un organismo distinto y auto-idéntico emerge del ambiente? ¿Cómo una célula forma la membrana que separa su interior de su exterior? La respuesta de Maturana y Valera es… “por esfuerzo propio” que es semejante a la idea hegeliana de "poner las presuposiciones" a través de una inversión auto-reflexiva, es decir, de poner la causa después del efecto.

La cuestión, entonces, es… ¿cómo un Evento explota dentro del orden del ser social? ¿Cómo escapamos a la oposición Kantiana entre el orden de los seres y el momento mágico de la irrupción de algo verdaderamente nuevo? La respuesta siempre nos elude. Una aproximación materialista tendría que partir con la pregunta… ¿cómo es posible pensar la unidad del ser y el evento?

Lo que asemeja a todos los líderes genuinamente revolucionarios es que no esperan que las leyes de la historia estén a su lado, en que la figura del Gran Orden Simbólico garantice sus actos. Estos están llenos de riesgo y quien autoriza el riesgo es solo el que los elige. Si el salto revolucionario no es un corte radical en la textura de la realidad, entonces no es nada. Y si, posteriormente, no hay fidelidad con el Evento, lo genuinamente nuevo fracasa en emerger… ser fiel al Evento, dice Badiou, significa pensar y moverse dentro de la situación que el Evento ha abierto... significa la obligación de inventar una nueva forma de ser en acuerdo con el Evento… ¿No fue esta ausencia de fidelidad lo que explica la tragedia de las revoluciones del siglo XX? ¿Y que la misma tragedia se repitió, por ejemplo, en Egipto, con la primavera árabe?

Nieves y Miro Fuenzalida.
Canadá/Ottawa/22/1/2018.




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