"> La Cita Trunca: Prólogo de "Canadografía"
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Actas : Notas Diciembre 29, 2017


Prólogo de "Canadografía"
Jorge Etcheverry Arcaya

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Canadá celebra 150 años de existencia independiente en 2017. Se puede decir que la literatura latina en el país ha estado presente en los últimos 45 años. Fue a inicios o mediados de los setenta que esta literatura se inició como tal, con algunos precedentes y básicamente debido a los exilios resultantes de golpes militares, luchas revolucionarias abortadas u otras disidencias. La escritura latina en Canadá ha ido creciendo, se ha diversificado, podríamos decir reciclado y ha ido logrando mayor reconocimiento. Esto último está sujeto al crecimiento de la población de habla hispana, actualmente el tercer idioma no oficial hablado en el país, cuyas lenguas oficiales son el inglés y el francés. A eso se suma el interés que despierta América Latina en sus aspectos históricos y culturales, además de su creciente cercanía con Canadá en lo que respecta a la integración económica en el marco de una subglobalización regional. Los vínculos son mayores con Quebec, la provincia francófona, dadas las afinidades culturales e idiomáticas entre la cultura francesa, incluso la francoamericana, y la latinoamericana. En Montreal, la ciudad más grande de la provincia de Quebec, hubo y hay participación y temática latina en la industria cinematográfica y el teatro, y con cierta frecuencia se publican a autores de origen latino.

La abundante presencia chilena en la literatura canadiense escrita en español, o castellanógrafa, sobre todo en sus inicios, se explica por la presencia de un grupo relativamente numeroso de autores, intelectuales y docentes, en el seno de la comunidad chilena exilada y por el papel que desempeñó la cultura en la denuncia del régimen militar chileno y la solidaridad con las víctimas. De hecho, fueron integrantes de este grupo, siguiendo la iniciativa del narrador José Leandro Urbina ya de regreso en Chile, los que a fines de los setenta en Ottawa fundaron Cordillera, la primera editorial hispánica en Canadá.

Las temáticas y la forma de la narrativa chilenocanadiense o chilena en Canadá seguían las vicisitudes del trasplante de los narradores, su aculturación, la nostalgia y la comparación con el nuevo hábitat, su gestión de la inserción en medios no hispánicos, los problemas de la identidad social y cultural y el compromiso político. Todos estos elementos, menos quizás un cierto componente experimental, también se encuentran en diversa proporción en los otros autores latinocanadienses.

Canadá es un territorio demográfico cambiante, en permanente proceso de documentación y registro, lo que se ve reflejado en su literatura predominante, anglocanadiense y francocanadiense, y por supuesto en las literaturas minoritarias escritas en los idiomas trasplantados. Sus representantes, con cada nueva oleada que llega, tienden a repetir esa exploración e incorporación inicial del territorio y la resolución, o intento, del problema identitario, en el nuevo hábitat. Por supuesto que la combinación, preponderancia y factura formal de estas versiones cambia con cada nuevo replanteo, e incluso con cada nueva generación, pasando del modernismo humanista, vanguardista, complejo y canónico a la facilidad, pluralidad, inclusividad y soltura postmodernas. Tomada en su conjunto, sin embargo, podemos ver cómo se desarrolla en esa literatura la problemática del género a la vez que la autobiografía, la crónica y el testimonio, cómo esta escritura acoge el cosmopolitismo, el urbanismo McOndiano, así como la adscripción a diversos territorios nacionales y culturales.

En el mosaico etnocultural canadiense, los latinoamericanos representan un microcosmos que abarca culturas, razas y estructuras ideológicas y religiosas diversas. Incluso los investigadores sociales y económicos podrían tener problemas para ubicar por completo a América Latina en lo que se denomina el Hemisferio Sur. Esto se ve reflejado, por ejemplo, no solo en la pluralidad de los autores que conforman esta compilación, sino en los mismos escritores en forma individual. Pablo Urbanyi, por ejemplo, es argentino, canadiense y húngaro y, de una manera u otra, su obra se inserta en esos tres espacios. Las indagaciones identitarias y territoriales de Alejandro Saravia aparecen marcadas por una estadía anterior en Chile y su vida y ejercicio de la escritura pluri-idiomática en un medio anglófono y francófono. La narrativa de Juan Guillermo Sánchez transita de Bogotá a Toronto, “lugar de encuentro”, ejerciendo simultáneamente la poesía y el ensayo, explorando la cultura indígena y la megaurbana.
Debido a las limitaciones del acceso a lectores en un medio alófono en que el español es un lenguaje minoritario junto a diversos otros, el público lector se limita principalmente a los escasos interesados latinos, entre ellos algunos miembros de la élite o intelligentsia latina local en cada caso, a estudiantes del idioma español, mediante recomendaciones o lecturas, o supervisiones de tesis sobre autores latinocanadienses según preferencias o elecciones de sus profesores de idioma español o literatura y, por supuesto, a los canadienses aficionados a la cultura hispánica y el idioma español. Esto pone límites al nivel del idioma de los textos latinocanadienses, con la posibilidad de privilegiar obras de más fácil lectura y en estilos y lenguaje que podríamos llamar “tradicionales”. Este panorama está cambiando con la diversificación de la población latina que llega al país, la conexión o reconexión de los autores con instancias literarias y culturales del mundo de habla hispana, resultado de la globalización, pero también por el crecimiento indudable del interés por la literatura en español producida en Canadá, producto en parte de la aparición de autores latinos de segunda generación que escriben y publican en inglés y francés y suelen privilegiar géneros como el testimonio, la autobiografía y el teatro.

Además se puede señalar el hecho de la irrupción de la virtualidad y sus características de comunicación a distancia, que crea un público virtual local pero también ubicuo, que libera a los autores de las limitaciones locales y los vincula o revincula con el ámbito de la literatura hispánica per se. Esto va paralelo a la presencia binacional o plurinacional de los autores latinocanadienses. La última novela de Jocy Medina, escrita en Canadá, es clasificada como una de las novelas importante a leer sobre Cuba. La primera novela de Ángel Mota, obra que sondea la realidad mexicana, aparece en México pero él a la vez publica en Canadá, como es el caso de Marta Bátiz, también mexicana, que además difunde la prosa canadiense en México. El último libro de poemas de Julio Torres Recinos se publicó en España, así como un volumen de cuentos de Camila Reimers. Gabriela Etcheverry ha publicado cuentos en un periódico de La Serena, Chile, y, casi simultáneamente, otro de Canadá. Gloria Macher publica en Perú y Canadá, al igual que la autora y artista visual Borka Satler. Alberto Quero publica en revistas de Venezuela y en el Canadá inglés y francés. Mi último libro de poesía aparece en Chile y mi último volumen de cuentos en Canadá. Anabelle Aguilar publica en Costa Rica, Venezuela y España y la crónica de Marcelo Donato, incluida en este volumen, fue publicada originalmente en Francia.

Así vemos cómo la literatura y la prosa latinocanadiense se diversifican, o quizás manifiestan su diversidad originaria. Como decíamos, lo latino encierra muy diversas nacionalidades y filiaciones etnoculturales unidas por la zona de América de procedencia y el idioma español. Pero el nombre mismo, literatura latinocanadiense, está sujeto a discusión, ya que los españoles, los lusoparlantes y francófonos también hablan idiomas latinos e incluso se ha llegado a incluir a Quebec en la América Latina. Esta literatura ha transcendido su origen como grupo de autores exilados y uno que otro inmigrante para abarcar la gama de escritores castellanógrafos activos y en diferentes etapas y versiones de su carrera literaria en todos los centros urbanos importantes de Canadá, al punto que compilar una antología que incluya a todos los autores o a la gran mayoría sería casi como hacer una antología nacional de cualquier género de un país, no necesariamente de habla hispana. A la postre siempre hay que hacer una muestra de lo más representativo o destacado, sin que parezca posible una compilación totalmente abarcadora, además de que ya no hablamos de una literatura en español exclusivamente. Muchos de estos autores publican en inglés y francés, además del español, ya sea que lo escriban directamente y lo autotraduzcan o manden a traducir. Un ejemplo es la novela Retribution de Carmen Rodríguez, que fue un éxito de ventas. Por otro lado, tampoco es extraño que estos autores frecuenten diversos géneros literarios o compartan su creatividad entre varias musas, por ejemplo el cine y la plástica en Jorge Cancino; la música como vocación apasionada en Cristián Rosemary del Pedregal; el teatro y la música en Marcelo Donato y la plástica en el caso de Borka Satler.
Un elemento que ha acompañado a la literatura hispanocanadiense desde sus orígenes exilados ha sido que los autores funcionaban como promotores culturales en las diversas instancias de la difusión de las obras. Había cierto apoyo institucional, ya que Canadá alentaba de alguna manera las manifestaciones culturales de los sectores así llamados étnicos, pero más bien como proyectos de base comunitaria y no como producción de obras artísticas individuales más sofisticadas, aunque en principio cualquier ciudadano canadiense puede postular a becas de creación literaria. Así, muchas veces los autores devenían editores y organizadores de eventos, incluso activistas políticos y comunitarios, ya que hasta hoy y en cierta medida se mantienen la vigencia de los aspectos políticos que originaron el exilio latinoamericano que produjo una gran parte de estos autores y existen condiciones que hacen posible el traspaso de este estado de cosas a la escena local. Por ejemplo, Carlos Angulo Rivas hermana su producción literaria con la militancia social progresista y el periodismo de avanzada y Carmen Rodríguez sigue impulsando la equidad y la igualdad social desde sus inicios como activista cultural en la revista Aquelarre.

En general, en el relativamente reciente surgimiento de una industria editorial hispánica, aún confluyen el editor, el promotor cultural y el autor, quien muchas veces sigue arraigado, de manera diversa según los casos, en su comunidad originaria inmigrante o local. Ramón Sepúlveda y Camila Reimers comparten sus esfuerzos entre su producción literaria y el periodismo comunitario en diversos medios, lo que no significa que el aspecto por así decir “académico” esté ausente, ya que diversos autores tienen una fuerte formación académica y/o ejercen la docencia en planteles de estudios superiores, como Marta Bátiz, Julio Torres Recinos y Ángel Mota.

Algunas instancias en el registro y la promoción de la prosa latinocanadiense son, por ejemplo, mi antología en lengua inglesa Northern Cronopios, que agrupa a prosistas chilenos en Canadá; Latinocanadá, de Hugh Hazelton, autor, traductor y académico cuya tesis de doctorado, que lleva ese título, fue una antología comentada que incluía a varios prosistas latinos y que fue publicada en inglés por una importante editorial canadiense; Retrato de una nube: primera antología del cuento hispanocanadiense, de Luis Molina Lora y Julio Torres Recinos; Guillermo Rose, prosista peruano avecindado en Canadá, estimuló la producción de la prosa literaria en español en Canadá mediante el concurso de cuentos “Nuestra palabra”, que se llevó a cabo durante diez años y que pasó a convertirse en parte del horizonte de expectativas del prosista hispánico activo o en ciernes. La revista Alter Vox, de Ottawa, publicó alguna prosa latinocanadiense, y la revista The Apostles Review de Montreal, financiada en parte por los mismos autores mediante un ingenioso sistema de prorrateo, ha publicado a gran parte de los prosistas hispanos que producen actualmente. En el campo editorial, Antares Publishing House of Spanish Culture, que dirige en Toronto la poeta y académica Margarita Feliciano, ha agregado algunas obras de prosa latinocanadiense contemporánea a su lista de publicaciones. Mapalé, que dirige en Ottawa Silvia Alfaro, ha publicado algunas obras de prosa creativa y testimonial de esta literatura. En Ottawa está también Lugar Común, empresa conjunta del narrador y poeta de origen salvadoreño Julio Torres Recinos y el narrador Luis Molina Lora de origen colombiano. Es la editorial que más seriamente ha emprendido la tarea de publicar prosa de autores latinos en Canadá.

En resumen y para terminar de presentar esta muestra, importa reconocer la variedad microcósmica de esta literatura castellanógrafa en un país alófono, así como su relevancia para el proyecto nacional canadiense (inferido por quien escribe pero no evidente como declaración de principios). Canadá se debate entre su posición como uno de los países capitalistas más ricos y desarrollados y un proyecto socialdemócrata fuertemente arraigado en su tradición política. Una situación como expresión cultural de una minoría etnolingüística con cierta relevancia cultural y en aumento, ha puesto a la literatura hispanocanadiense en una encrucijada de categorías como el género y sus interrelaciones económicas y políticas, la subordinación de las minorías, la racialización del otro, la identidad individual, cultural y social, la descolonización, la apropiación cultural etc., que además de vincular a las minorías etnoculturales con el mundo no occidental, abren oportunidades de promoción y estudio para la academia progresista canadiense y favorecen ciertos tipos de escritura. Por otro lado, esta literatura ha dejado de ser una literatura de exilados para convertirse cada vez más en una literatura castellanógrafa por derecho propio, producida por el segmento hispanófono de Canadá. Los autores tienden a publicar en medios hispánicos en el extranjero y no faltan los casos en que se los reconoce en su respectivo país de origen y se los publica en antologías u otros medios. Así esta literatura, por su carácter multifacético y potencialmente internacional, representa lo global dentro de lo local, un calidoscopio cuyos colores y formas se iluminan según la caída de los rayos de luz, la mirada del observador.


Jorge Etcheverry Arcaya
Mayo de 2017



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