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Actas : Notas Noviembre 6, 2017


El fin del liberalismo
Nieves y Miro Fuenzalida

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En 1992 Fukuyama argumentaba que estamos presenciando, no solo el fin de la guerra fría o el paso de un periodo particular en la historia de la pos guerra, sino el fin de la historia como tal. Esto es, el punto final de la evolución ideológica de la especie humana y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano. No necesariamente el modelo estadounidense o el sistema capitalista, sino gobiernos enmarcados en alguna forma de democracia parlamentaria operando con algún tipo de mercado.

¿Cuál es esta democracia liberal que iba a ser la forma final de gobierno? La piedra angular de la filosofía liberal es la creencia de que yo soy un individuo poseedor de una esencia singular que no puede ser dividida en partes o subsistemas. Si logro penetrar en mi interior encontrare en sus profundidades una voz que constituye mi libertad y mi auténtica si mismidad. Solo yo puedo conocer cosas acerca de mí que nadie más puede descubrir. Esta es la razón que el liberalismo le otorgue tanta autoridad al individuo. Uno no puede confiar en nadie más para hacer elecciones. Estas dependen solamente de mí. Incluso renunciar a hacer elecciones es una elección.

Hasta el siglo pasado el individualismo tenía bastante sentido... ¿quién, en su sano juicio, no iba a creer que somos individuos? Dada la tecnología del siglo XX nada, ni siquiera las agencias gubernamentales más poderosas como la CIA, tenía el poder computacional para analizar todos los datos que recolectaban. Esta era una buena razón para considerarnos seres autónomos. En este nuevo siglo la cosa empieza a lucir bien diferente y sin exageración se podría decir que estamos presenciando el fin del liberalismo. Las nuevas tecnologías tienen el potencial de despojar a los humanos de su autoridad y traspasarla a la inteligencia artificial. A pesar del horror que esto pudiera producir en algunos la mayoría voluntariamente renuncian a su privacidad e individualidad, conducen su vida “online” y les da un ataque de angustia si la conexión con la red se interrumpe, aunque sea por unos pocos minutos. El colapso del individuo no provendrá desde alguna decisión gubernamental, sino desde dentro del mismo individuo. La voluntad humana, que se supone nos define, impulsa a desarrollar tecnologías que pueden controlar y rediseñar la voluntad. El problema es que, una vez que tengamos ese control, la voluntad pasara a ser solo otro producto diseñado... entonces, en ese momento ¿qué haremos con ella? ¿ qué es lo que va a reemplazar la voluntad y experiencia humana como la fuente suprema de autoridad y significado?

Según el historiador Yuval Harari el mejor candidato es la “Información o Datismo”, la visión del universo reducida a un flujo de datos. El valor de cualquier fenómeno o entidad, según esta nueva creencia, está determinado por su contribución al procesamiento de datos. Las leyes matemáticas, que se aplican igualmente a los algoritmos bioquímicos y electrónicos, eliminan la barrera que antes existía entre la máquina y el animal y eventualmente los algoritmos electrónicos descifraran y superaran los algoritmos bioquímicos. Es la promesa de una teoría singular general que unificaría todas las teorías científicas, desde la literatura y musicología a la economía y biología. Don Quijote de la Mancha, la tuberculosis y el vuelo del moscardón son solo tres formas de datos que pueden ser analizados usando las mismas herramientas y conceptos básicos.

Hasta hoy día eran los humanos los que destilaban los datos en información, la información en conocimiento y el conocimiento en sabiduría. El Datismo cree que los humanos ya no pueden copar con el inmenso flujo de datos que la tecnología digital genera. Su procesamiento tiene que llevarse a cabo, por tanto, por los algoritmos electrónicos cuya capacidad excede la del cerebro humano. Los gurúes de Silicon Valley ya no confían mucho en el conocimiento y sabiduría humana y prefieren colocar su confianza en “Big Data”.

Sociedades enteras como la colmena, la colonia de bacterias y las ciudades pueden ser vistas a través del procesamiento de datos. La economía, según los expertos, es un mecanismo que recolecta datos acerca de deseos y habilidades para luego transformarlos en decisiones. El libre mercado capitalista y la economía comunista estatal no son, de acuerdo a esta visión, ideologías contradictorias. En el fondo, es la competencia de dos sistemas diferentes de procesamiento de datos. El capitalismo usa un procedimiento distributivo, las decisiones surgen a partir de la competencia entre productores, y el comunismo, un procesamiento centralizado, en donde las decisiones las toma el gobierno. Si el capitalismo derrotó al comunismo, no fue porque es mas ético o democrático, sino porque el procedimiento distributivo de datos en una época de rápidos cambios tecnológicos funciona mejor que el procesamiento de datos centralizados. Pero, bajo condiciones alternativas, como las del imperio romano por ejemplo, el procesamiento centralizado tiene una ventaja, que es la razón de porqué la Republica Romana cae y el poder se traslada del Senado y la Asamblea Popular a las manos de un solo emperador autocrático.

Según Harari, esto implica que, en tanto las condiciones del procesamiento de datos cambien nuevamente en el siglo XXI, la democracia puede declinar e incluso desaparecer. Con el aumento de la velocidad y volumen de la información, instituciones como las elecciones, los partidos y parlamentos van a dejar de ser eficientes porque ya no van a poder procesar los datos lo suficientemente rápido. Estas instituciones se desarrollaron cuando la política se movía a mayor velocidad que la tecnología. Ahora la cosa es diferente. La actual revolución tecnológica está dejando atrás los procesos políticos y los dirigentes y electores empiezan a perder la dirección. El espacio cibernético es crucial en la vida diaria, la economía y la seguridad. Pero las elecciones críticas entre diferentes diseños web no surgen de un proceso político democrático, sino por los diseñadores de la web. El Internet es una zona libre y descontrolada que erosiona la soberanía estatal, ignora las fronteras, elimina la privacidad y presenta un riesgo formidable a la seguridad global. Al momento en que el estado impone ciertas regulaciones cibernéticas, el Internet ya ha cambiado, a lo menos, diez veces. Las políticas democráticas tradicionales pierden control y ya no son capaces de proveer visiones significativas para el futuro. El gobierno administra el país, pero ya no lo guía. Y los gobiernos autoritarios y dictatoriales tampoco lo hacen mejor. Ellos también están agobiados por el flujo de datos y la creación de nuevos mundos y nuevos seres humanos ya no está en la agenda.

Si los diseños de las políticas tradicionales no están a la altura de los tiempos, entonces nuevas y más eficaces estructuras se van desarrollar para reemplazarlas. Y estas pueden ser bien diferentes de las instituciones democráticas o autoritarias... ¿quién las va a construir y controlar? ¿qué visión del futuro surgirá?
El datismo empieza como una teoría científica neutral, pero en poco tiempo ha comenzado a parecerse a una religión que cree tener el poder de determinar lo que es o no es. Su valor supremo es el “flujo de información” y los seres humanos pasan a ser solo instrumentos para crear el Internet-de-Todas-las-Cosas que, eventualmente, se esparcirá del planeta tierra a toda la galaxia y luego al universo en su totalidad. Este sistema cósmico de procesamiento de datos estará en todas partes y controlará todo y los humanos están desinados a fundirse con él. Pero, más importante que sus profecías es su lado práctico. Su función es aumentar el flujo de datos conectando más y más cosas para producir y consumir más información y conectar todo al sistema, no solo los humanos, sino los automóviles, el refrigerador, la cocina, los arboles de la foresta, las vacas en el pastizal, etc., etc. Ninguna parte del universo debe quedar desconectado de la gran red de la existencia. El mayor crimen es bloquear la corriente de información. La libertad de información es el nuevo valor de la época, que no se debe confundir con la libertad de expresión. Esta pertenece a los humanos. La libertad de información, pertenece a la información.

Para el humanismo liberal las experiencias ocurren dentro de uno y es allí donde encontramos el significado de todo lo que ocurre. Los datistas creen que las experiencias no tienen valor si no se comparten. El significado no lo encontramos dentro de nosotros. Lo que necesitamos es grabar y conectar nuestras experiencias al gran flujo de datos y dejar que los algoritmos descubran su significado y nos digan que debemos elegir. Si tomas la foto de tu gato publícala en Facebook y revisa tu cuenta cada tres minutos para ver cuántos “Likes” tienes. La idea es ésta ... “Si tú experimentas algo, grábalo. Si tú grabas algo, descárgalo. Si tú lo descargas, compártelo”. Graba la secuencia de tu ADN, usa aparatos biométricos que miden tu presión arterial, tu respiración, ritmo cardiaco, etc. etc. y déjalos fluir en el Internet. Filma todo lo que haces y ponlo “on line”. Deja que Google y Facebook lean todos tus emails, escuchen tus conversaciones y lleven un registro de tus “Likes” y clic. Si haces todo esto, entonces el Internet-de-Todas–las-Cosas te puede decir que decisiones tomar mejor que tú.

Al equiparar la experiencia humana con un patrón de datos, dice Harari, el datismo socaba nuestra mayor fuente de autoridad y sentido y anuncia una revolución no vista desde el siglo XVIII. Según los pensadores humanistas de la época Dios es producto de la imaginación humana. Ahora los datistas dicen... Si, Dios es producto de la imaginación humana, pero la imaginación humana es producto de algoritmos bioquímicos. La revolución datista probablemente va a tomar algunas décadas más. O uno o dos siglos. La revolución humanista, si recordamos, tampoco ocurrió de la noche a la mañana. Tomó bastante tiempo para que algunos empezaran a decir que los humanos son sagrados por derecho propio y no porque Dios los creo. Con el tiempo el Internet-de-Todas–las-Cosas también será sagrado por derecho propio. En el siglo XXI los gigantescos bancos de datos y el poder computacional van a ser mejores guías que los sentimientos. Google y Facebook no solo sabe exactamente como nos sentimos, sino también conocen un millón de otras cosas acerca de las cuales ni siquiera teníamos idea. Mejor que escuchar a nuestros sentimientos será escuchar a los algoritmos externos.

¿Qué va a ocurrir si los algoritmos no conscientes eventualmente superen la inteligencia consciente en el procesamiento de datos? ¿Si el datismo conquista el mundo, que ocurrirá con los humanos? Cuando la autoridad se traslada del ser humano a los algoritmos... ¿Qué va a quedar del liberalismo y el fin de la historia?
Es bien difícil predecir el futuro. Lo más que se puede hacer es enunciar proyecciones y posibilidades que siempre están constreñidas por ideologías y sistemas sociales presentes.

Nieves = Miro Fuenzalida.
Canada/Ottawa/11/5/2017.






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