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Actas : Notas Febrero 14, 2017


El retorno de Dios
Nieves y Miro Fuenzalida

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“Dios ha muerto” . Nietzsche./”Nietzsche ha muerto”. Dios.
Este viejo graffiti nuevamente adquiere actualidad. Atrapados como estamos dentro del marco exclusivo del mercado financiero global, las pasiones comunitarias, nacionalistas y religiosas se han extendido y exacerbado de tal manera que hoy han empezado a llenar el vacio dejado por la ausencia de todo otro proyecto político universal viable.
Si tomamos cualquier escrito de los líderes intelectuales de la centuria pasada nos encontramos con que estos creyeron firmemente que la modernización económica y social llevaría progresivamente a la desaparición de la religión como un aspecto significativo y fundamental de la existencia humana. Para unos, esta era una ganancia positiva. Para otros, en cambio, algo deplorable. Pero, por sobre todo, para el Racionalismo Iluminista la idea era que el secularismo modernista, al expandir la ciencia, el racionalismo y el pragmatismo, eliminaría la superstición, la irracionalidad, los mitos y los ritos que forman el corazón de la existencia religiosa. La nueva sociedad se orientaría hacia la tolerancia, la racionalidad y el progreso. La garantía de que todo ello ocurriera se encontraba en la separación del Estado y la religión. Una de las ideas implícitas en la noción de modernidad, que la diferencia de la pre-modernidad, es la de que en el orden social es la ciencia y no la religión la que provee las explicaciones básicas del mundo.
La prueba de ello la podemos encontrar en el hecho de que la imaginación tecnológica que actualmente nos caracteriza no podría dominar la fantasía social contemporánea si la ciencia no ocupara el lugar dominante que hoy posee en el campo cognitivo. La ciencia depende de la libertad. La religión, en cambio, pone límites a la investigación científica. Donde la religión es la explicación dominante del mundo, la progresión (o regresión) infinita de la ciencia depende del Libro Sagrado. La dinámica del desarrollo científico moderno no puede mantenerse sin la garantía de la libertad como principio básico. Y es esta dinámica, que cuestiona y libera el “significado de la vida”, la que hizo perder a la religión su posición dominante en la explicación del mundo transformándola en una mas de las lenguas de la imaginación histórica.
Pero, según Huntington, bien entrados en la segunda mitad del siglo pasado, empezamos a ver que estas esperanzas eran infundadas. Al mismo tiempo que la modernización económica y social se hacia global podíamos ver también la resurrección global del fundamentalismo religioso que se extendía a cada continente, a cada civilización y, literalmente, a cada país. Esta nueva aproximación religiosa busca la recuperación de una fundación sagrada de la organización social. Es la separación de Dios lo que ha hecho fracasar al modernismo y lo que se requiere ya no es “aggiornamiento”, sino una segunda Evangelización de Europa o la islamizacion de la modernidad, según la versión religiosa preferida. Los movimientos fundamentalistas surgen con el objetoexplícito de purificar las doctrinas e instituciones religiosas y re-configurar las conductas personales, sociales y publicas de acuerdo a normas divinas. Su impacto político tiene el potencial de acarrear una enorme significación social.
Sin lugar a dudas, la desecularizacion del mundo, dice G.Weigel, es uno de los hechos sociales de nuestro tiempo. Su emergencia obliga a preguntarnos… ¿que es lo que explica este fenómeno, este sobrante pre-moderno, esta insistencia orgánica que se hace presente en el universo pos-tradicional?
Paradójicamente el proceso de modernización social, económica y cultural que causo la retirada de la religión, ha causado también, al apoderarse del mundo en la segunda mitad del siglo 20, su retorno. El proceso de globalización desensambla las fuentes tradicionales de identidad y los sistemas de autoridad. La gente se mueve del campo a la ciudad, de ciudad a ciudad y de país a país, separándose de sus raíces al tratar de buscar nuevos trabajos. Esta nueva situación obliga a interactuar con un mayor numero de personas y ser expuestos a nuevas relaciones que fuerzan a buscar nuevas fuentes de identidad, nuevas formas estables de comunidad y nuevos preceptos morales que permitan volver a llenar la vida de significado y propósito. En un mundo de transformación rápida y caótica, sin consideración por la suerte del individuo, la religión se ofrece, nuevamente, como la guía espiritual capaz de satisfacer estas necesidades.
Es la respuesta prefabricada que proporciona la ilusión de descubrir o crear nuevas identidades históricas al proponer una distinción básica entre creyentes y no creyentes, entre la superioridad espiritual y moral de pertenecer al grupo y la inferioridad de los que se ubican fuera de él. En un sentido más amplio, la revancha religiosa a través del mundo es una reacción en contra del secularismo, el consumismo, la diversidad y el anti-esencialismo metafísico, frente a los cuales intentan reafirmar el valor del orden, la disciplina, el trabajo y la solidaridad humana. Los grupos religiosos encuentran su oportunidad al responder a las necesidades que el estado burocrático neo liberal ha dejado de atender.
Para Samuel Hungtinton, este movimiento anti-secular y anti-universal es, a excepción de su manifestación cristiana, anti-occidental. Aceptan la inevitabilidad de la ciencia y la tecnología y los cambios en estilos de vida que ellos acarrean, pero rechazan la idea de ser occidentalizados. Según muchos de sus líderes, la religión es el motor del desarrollo y solo un islamismo purificado podrá jugar un papel importante en la era contemporánea, similar al protestantismo ético occidental. Sus activistas provienen de la clase media, de los grupos profesionales y los miembros del gobierno y del comercio. Tanto en el medio Oriente como en la India, el retorno fundamentalista es la manifestación mas poderosa en contra de la “occitoxificacion”. Es una declaración de independencia cultural. En el orden mundial que surge después de la guerra fría, la cultura es, al mismo tiempo, una fuerza unificadora y divisoria.
Durante la mayor parte de la existencia humana los conflictos entre civilizaciones fueron intermitentes o no existentes.Todo esto cambia a partir del siglo XV. Primero, el Occidente constituye un sistema internacional multipolar desde el cual conquista y coloniza al resto del mundo. Luego, en el siglo XX, durante la guerra fría, la política se hace bipolar y el mundo se divide en tres partes… el occidente, los países socialistas y el “tercer mundo”, que es el escenario en donde los dos primeros desarrollan sus conflictos. Con el fin de la guerra fria, una distincion importante para los pueblos y naciones, junto con la ideologia, economia o politica, es la distincion cultural. Lo que los pueblos cogidos en la dislocacion global tratan de responder es la pregunta mas basica que los humanos puedan encarar…
¿Quienes somos ? y la respuesta la buscan en la forma tradicional en que los seres humanos siempre la han encontrado …haciendo referencias a las cosas que son mas significativas, tales como la ascendencia, el lenguaje, la historia, las costumbres, las instituciones y la religión. La identificación se define a partir de grupos culturales y sabemos quienes somos solo cuando sabemos quienes no somos y, frecuentemente, cuando sabemos en contra de quienes estamos. Las conductas del Estado-Nacion, al igual que en el pasado, continúan siendo modeladas por la búsqueda del poder y la riqueza. Hoy día también deberíamos agregar, a diferencia del pasado, las preferencias culturales, las semejanzas y las diferencias.
Para Hungtinton las agrupaciones de estados mas importantes ya no son los 3 bloques de la guerra fría, sino las 7 u 8 civilizaciones mayores que hoy constituyen nuestra historia (“Sinic, Japoneses, Hindues, Islamic, Ortodoxos, Western and Latinamerican”) Para los pueblos que buscan su identidad y la re-invencion de su etnicidad los enemigos son esenciales y las enemistades mas peligrosas ocurren a lo largo de las lineas que separan una civilización de otra. Actualmente el conflicto más cercano, dice Hungtinton, es entre el radicalismo islámico y el secularismo occidental.
¿Realmente?… ¿no es esta noción del choque de civilizaciones bastante cuestionable? De acuerdo con Zizek, esta es una idea que tenemos que rechazar. Lo que hoy estamos viviendo no es un choque de civilizaciones. Lo que vivimos es un choque dentro de cada civilización. Una pequeña dosis del vilipendiado reduccionismo económico no vendría mal aquí. En lugar de sumergirnos en el análisis infinito del fundamentalismo islamico y su intolerancia a la democracia liberal… ¿no seria mejor re-dirigir nuestra atención al trasfondos económico del conflicto, al choque de intereses económicos y geopolíticos de sus actores?
En lugar de ver la intolerancia islámica inscrita como algo inherente al islamismo como tal… ¿no seria mejor verlo como el resultado de las condiciones socio-politicas modernas? Cada característica atribuida al Otro esta también ya presente en nosotros. El fanatismo del islamismo fundamentalista facista también lo encontramos en la ultra derecha occidental que se expresa como racismo ultra-nacionalistas en las calles de las capitales de Europa, en el bombardeo de Oklahoma en Estados Unidos y en los evangelistas como Jerry Falwel y Pat Robertson ( el 11 de Septiembre fue el castigo de Dios por el hedonismo americano). No estaría demás recordar que, incluso, el mismo presidente Bush admitió que lo mas probable fuera que los causantes de los ataques de antrax se encontraran, no en el islamismo, sino,en el fundamentalismo cristiano y populista de la ultraderecha americana que hoy abarca mas de dos millones de individuos …
El verdadero choque cultural no deberíamos buscarlo entre diferentes culturas sino dentro de cada cultura, entre el fascismo fundamentalista y la democracia, entre las fuerzas neoconservadoras y los anhelos progresista de las mayorías explotadas.


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